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2019-12-03
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Dos semanas para el planeta (#MILENIO @NoticiasNavarra)
2019-12-03

La columna del lunes 2 de diciembre de 2019. Abriendo la #COP25. MILENIO, Diario de Noticias.

Empieza en Madrid la COP 25 chilena. Cosas del mundo que está del revés, donde la democracia está siendo puesta en cuestión de mil maneras. Y no es lo peor, porque en cierto modo todo se está yendo al garete. Esto lo digo con cierto optimismo, porque podríamos estar aún peor, y no creo que sea el momento de tirar la toalla y desear que llegue el asteroide que nos barra de una vez de la historia de la Tierra. Veremos a partir de hoy la menguada presencia de presidentes y representantes de los estados implicados, incluso de los que se están yendo. Europa se ha declarado en emergencia climática, aunque la mitad de la derecha y toda la derechona europea ha dicho que esta emergencia no les importa lo suficiente, que prefieren meter miedo con mentiras en torno a la inmigración que les da más réditos. Desde luego, la esperanza de acuerdos con unanimidad parece lejana, incluso los consensos tibios de otras reuniones anteriores. Un ejercicio: nombre al menos 5 de los sitios donde se han celebrado alguna de estas reuniones. Le informo que la primera fue hace 40 años, que ya hace 40 años que los datos científicos son suficientemente claros como para saber que es la actividad humana la que está generando el calentamiento acelerado, que podría tener consecuencias globales y graves si no se para cuanto antes y que por lo tanto desde entonces somos colectivamente unos míseros que hemos de hecho aumentado nuestro expolio de un planeta que no puede con nosotros. Una vez más, lean esto como un cierto optimismo: aunque hemos dejado pasar unos años preciosos, aunque ya estamos viviendo consecuencias que se predijeron para más adelante, todavía hay opciones para quedarnos dentro de un margen razonable. Más o menos. Hace falta que en estas dos semanas nos comprometamos con el cambio. ¿Nos atreveremos?

2019-12-03 09:35 Enlace
2019-11-27

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Esa música nos une (#MILENIO @NoticiasNavarra)
2019-11-27

Publicado el lunes 25 de noviembre de 2019. MILENIO, Diario de Noticias.

En 1970 el biólogo Roger Payne publicó un disco con las canciones de yubartas, las ballenas jorobadas que todavía viajan por los océanos. El disco fue un éxito de ventas, quizá porque como humanos nos sorprende demasiado que otros animales canten. No es algo habitual, y en cierto modo la música nos distingue como humanos del resto de animales. Hace unos días, en unas charlas deliciosas de ciencia en “Desgranando Ciencia”, en la facultad de Ciencias de la Universidad de Granada, la física y música Almudena Castro contaba cómo somos casi la única especie capaz de tocar las palmas a coro cuando escuchamos algo como la Marcha Radetsky. Podemos percibir el ritmo, las repeticiones de los sonidos, y predecir el momento correcto en que chocar las palmas. En experimentos con chimpancés, éstos, por más que lo intentan, llegan un poco tarde, tras oir el sonido. Quizá con los primeros instrumentos que hicieron nuestros antepasados hace más de 40.000 años ya estaba todo inventado. Posiblemente cientos de miles de años antes nuestros ancestros sabían cantar y bailar, cooperar en ese juego increíble que produce la música.

Un estudio publicado esta semana que recoge músicas de 300 culturas diferentes de todo el mundo ha mostrado que por encima de las muchísimas diferencias, casi todos usamos canciones similares en contextos parecidos: hay canciones de amor;hay nanas;hay canciones para curar, para recordar, para llegar al paroxismo en danza y pasión. O para el duelo por la perdida. Los ritmos y la melodía cambian, incluso las armonías son diferentes de pueblo a pueblo, pero casi cualquiera puede reconocer una canción de cuna africana o siberiana. La música está muy dentro de nuestro ser, posiblemente porque fue algo que surgió con la necesidad de cooperar, de avanzar en un mundo difícil. Cantemos, falta nos hace.

2019-11-27 19:33 Enlace
2019-11-24

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Datos y algoritmos (#milenio @NoticiasNavarra)
2019-11-24

La columna del lunes 18 de noviembre de 2019 en la contraportada de DIARIO DE NOTICIAS: Milenio.

¿Cuántas veces ha dado a aceptar sin leer lo que estaba aceptando en el móvil? Permite así que se puedan utilizar datos de lo que estamos haciendo (por ejemplo, las direcciones a las que navegamos, los productos que nos interesan, las personas que seguimos) pero sobre todo de cómo lo hacemos: el tiempo que pasamos, cómo concatenamos acciones. Todo queda registrado y permite hacer perfiles, reglas y pautas de nosotros. Es cierto, como dicen los gigantes de internet, que esto facilita nuestra vida: los algoritmos aprenden a predecirnos, y así son más serviciales y útiles. ¿El límite? Por el momento, lo poco que imponen unas leyes que no estaban diseñadas para esto y que lentamente, y contra las presiones de los lobbies, se van instalando. Es decir, casi nada, y con una globalización que juega en contra de aquellos países que establecen controles públicos.

Así leemos que Google ha recopilado datos médicos de decenas de millones de estadounidenses que permitirán que su asistente sepa más de su salud y les aconseje mejor. Potencialmente también veremos cómo algunas empresas accederán a esos datos médicos y complicarán la vida de personas con peor salud en lo que se refiere a seguros, créditos y demás. Los algoritmos de inteligencia artificial, está demostrado, que bebieron de los datos judiciales en ese mismo país, hacían un análisis para calcular beneficios como el tercer grado de los reclusos que resultaban ser siempre malos para los negros. La IA que aconseja el crédito de una tarjeta de Apple es sexista: a las mujeres las valora menos, sin más. Al no haber transparencia ni control público, sólo cuando se denuncian se llegan a corregir estos casos. ¿Cuántos quedan impunes? Más de lo que pensamos. ¿Podremos hacer que los algoritmos eviten el racismo, sexismo, prejuicios? Sin duda. Pero hay que empezar ya.

2019-11-24 23:58 Enlace
2019-11-15

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Elecciones (#MILENIO @NoticiasNavarra)
2019-11-15

La columna del lunes 11 de noviembre, al día siguiente de las elecciones, tenía un título esperable. Aquí la tienen. En MILENIO, Diario de Noticias.

Hace unas noches, en ese momento íntimo de la madrugada y de la jornada de reflexión electoral, me puse a hablar con un buen amigo, David Sierra, periodista, en su programa de radio de ciencia, Dos trillones de átomos de Radio Nacional. El número, por cierto, viene a ser el que corresponde a un simple grano de arena. Y es que las cosas pequeñas a veces se vuelven gigantes a la luz de la ciencia.

Y en esa hora bruja surgió la idea de qué nos mueve a votar en un sentido, a opinar algo. Y cómo nos afectan más los aspectos emocionales: el miedo, creernos mejores, esas cosillas. Son los que dirigen un voto que acaba siendo poco racional y quizá hasta demasiado emocional. Por ejemplo, vas metiendo el miedo en el discurso público y la gente se modera en las reivindicaciones sociales, comienza a sospechar de las compañeras mujeres que parecen peligrosas feminazis, se pone más de derechas apoyando políticas económicas que solamente favorecen a los ricos, compra una alarma porque lo mismo te invaden la casa, y comienzan a darle pavor los grupos de niños morenos del barrio, quién sabe, lo mismo acaba abofeteando maricones a la primera de cambio.

Está medido: incluso la gente que se declaraba progresista, cuando atendía a un mítin lleno de miedos de esos a la mujer, al inmigrante, a la libertad, a la equidad, moderaba sus planteamientos. También se vio que cuando a la gente se convence de que puede ser mejor que todos los demás, cuando se le da a elegir un poder de superhéroe y elige ser invulnerable, deja de ser tan estricto contra mujeres, inmigrantes o gente LGTBI. La idea de que a él no le afectará eso debido a su superpoder le permite ser magnánimo en sus opiniones políticas. Cosas del núcleo cingulado o de las amígdalas, ahí en el cerebro. Cosas de que nos afectan cuestiones más allá de la realidad. Hoy vemos el resultado.

El podcast:







Dos trillones de átomos - 10/11/19





2019-11-15 18:44 Enlace
2019-11-11

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Prefiero la ciencia (#MILENIO @noticiasnavarra)
2019-11-11

Esta es la columna de la semana pasada, del lunes 4 de noviembre de 2019. Aún tenía 56 años, y todavía no habíamos comenzado las Semanas de la ciencia en Navarra. Y todavía no había sucedido lo de las elecciones del 10 de noviembre. Vamos, que el mundo era más joven. Ahí está, en MILENIO, mi columna de los lunes en DIARIO DE NOTICIAS.

Vuelven las semanas de la ciencia con esa apuesta por hablar de ciencia urgente. Este jueves habrá ciencia en la plaza del Castillo, estos días habrá actividades y visitas a centros de investigación, conferencias, ciencia en el bar Zentral y todo por la cara, la de personas que apuestan (apostamos) por la importancia de esa ciencia que no aparece en la campaña política más que de refilón, porque sigue sin estar entre los grandes temas de esta sociedad. Algo que seguirá así a pesar de que para avanzar en los asuntos realmente importantes (no los que ocupan los mítines de estos días, relean: “Realmente importantes”) hay que ponerle mucha ciencia a la cosa. Y compromiso con la realidad y con los hechos.

En Delhi la gente se asfixia. La contaminación del aire está en niveles críticos. En esta época del año se queman los rastrojos de la producción de arroz produciendo un humo letal lleno de partículas que atacan los pulmones de los millones de habitantes. No es nuevo, cada año pasa eso, pero cada vez es peor contaminando más aire y afectando a más personas. Hace unas semanas una serie de catastróficas vergüenzas en las que están necesariamente implicados los gobernantes y las empresas prósperas de la región acabaron con la vida del mar Menor. Reglamentaciones que permiten una agresión constante al medio y que soslayan los informes científicos son la herramienta perfecta para hacerlo. En unas semanas tendremos una cumbre ambiental por aquí, y a pesar de las evidencias de la emergencia climática, ayudada por prácticas que solamente buscan el beneficio económico pero son amparadas por los gobiernos de todo el mundo, habrá pocas soluciones: aquí también prefiero la ciencia. La necesitamos, eso y una conciencia social que entienda que los problemas lo son de todas las personas, en todos los lugares, cada día del año.

Adenda


La columna original acababa aquí, pero era una versión reeditada de algo que había quedado más largo. Añado los dos párrafos que desaparecieron durante la edición, que hablaban de otros temas que en ese momento sentí relacionados de alguna forma con esa visión crítica de la ciencia y de lo importante para cambiar el mundo. Ahí van:

No tengo mucho más que decir al respecto: prefiero la ciencia y el debate basado en evidencias y pensamiento crítico a los alzamientos nacionales de ese pensamiento único que nunca se fue pero que ahora vuelve con más impunidad. El otro día una psicóloga, o alguien que la suplantaba, en un perfil digital me escribía diciendo que mi estilo de vida gay es miserable pero que ella puede cambiármelo para tener sentimientos heterosexuales. Pura pseudociencia, mentiras y odio. Una psicóloga que está multada en Madrid, pero que sigue anunciándose impune, aupada por esos partidos nacionalcatólicos que apoyan barbaridades como las terapias de conversión o la lgtbifobia. Aquí también prefiero la ciencia, y la ley, frente a quienes quieren además limitar derechos de tantas personas.

Y en breve tendremos cumbre climática en España, aunque haya venido de rebote desde un Chile en lucha social: una oportunidad para reclamar una vez más ciencia frente a la inacción interesada de los gobiernos y las empresas. También prefiero la ciencia y la acción en esta emergencia climática.

2019-11-11 20:37 Enlace

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