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la boca
artículos, escritos y demás piezas perfectamente obviables perpetradas por Javier Armentia (@javierarmentia por algunas redes)

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2023-01-25
)

21 años y el núcleo de la Tierra
2023-01-25

Hoy esta pecera cumple años. La primera entrada fue hace 21 años, precisamente. Hace frío este amanecer y tampoco me da para una reflexión especial... Pero es curioso, ayer me pasé un rato hablando con periodistas en algunas televisiones intentando explicar que, a pesar de que los titulares recogían que el núcleo de la Tierra se estaba parando, o se había parado o eso, no era para tanto ni así como se decía...

Porque estar parado en un coche en el tren en marcha significa que no te mueves de tu asiento, no que estés quieto. Y esas cosas parece que chafan un poco la idea extrañamente atractiva que tiene imaginar un fin del mundo como en el de la peli "The Core". Que la verdad no te estropee un buen apocalipsis parece la tendencia.

En cualquier caso, en el programa de la mañana de TVE "Hablando claro" metieron una pequeña entrevista sobre el tema. Luego, en el informativo, extrajeron dos frases mías que quedaron descontextualizadas con todo un relato catastrofista, a pesar de que me tiré todo el rato diciendo que no habría efectos más allá de los cambios habituales en la rotación de la tierra debido a las estaciones o a algún sismo gordote.

En fin, es lo que hay y este año, con 21 de historia pequeña de este pequeño blog, queda como reflexión de aniversario.

El vídeo de TVE1:


Ah, también me hicieron un repor en el Teleberri de ETB2. Aquí el vídeo:


2023-01-25 07:56 Enlace
2023-01-16

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Blues del lunes
2023-01-16

En el Diario de Noticias del lunes 16 de enero de 2023 escribo sobre lo del #bluemonday de siempre. Bueno, más o menos:

Blues del lunes

Con eso de que esta columna aparece los lunes siempre me toca escribir precisamente en ese al que llaman “el lunes más triste del año”, el Blue Monday, que en inglés es una marca con tirón. Aunque cuando apareció escribí indignado por esta memez, lo cierto es que intento soslayar la estupidez cada año porque el tema no da para mucho más y a estas alturas debería estar olvidado. Ya cuando nació la peregrina fórmula que calculaba el día más depresivo del año estaba claro que era simplemente un montaje publicitario para una agencia de viajes vestido de pseudopsicología pop, auspiciado por el nombre de un tipo que por otro lado tampoco era nadie especialmente experto en el tema de una tal universidad inglesa para más relumbrón. Yendo al fondo del asunto, la ecuación planteaba que teniendo en cuenta los tiempos en que descansamos, consumimos actividades culturales o nos relajamos frente a lo que nos cuesta viajar al trabajo, los retrasos por el tráfico, el tiempo en que nos estresamos o varias imbecilidades más (se lo juro por la wikipedia, está todo ahí) sale un guarismo que nos marca si el día es chungo o no. Y que el tercer lunes (porque sí, porque yo lo valgo diríamos) del año es el peor de todos. Que podría tener su lógica si uno se pone a mirar la cuesta de enero, el frío o yo qué sé, pero es que ni la tiene ni puede ser cierto que colectivamente toda la población del mundo nos encontremos en el peor día de nuestro año.

Qué cansino oírlo y más aguantar cada año a quien lo justifica desde una pretendida óptica científica. No hay tal, es un montaje publicitario y no tiene nada que ver con nosotros ni nos afecta así que mejor olvidémonos. Quédense con la frase anterior: si se la aplicamos a tantas y tantas cosas que nos venden como noticia últimamente cuadra perfectamente, hasta lo del salpique.

2023-01-16 11:53 Enlace
2023-01-08

)

Una de carbón, por Reyes...
2023-01-08

El sábado 7 de enero, con la resaca de los reyes y todo eso, comenzamos el año en el programa "Esto me suena" de Radio Nacional, que dirige y presenta José Antonio "Ciudadano" García. García habló de reinas y gestaciones reales con Berta Martín; estuvieron Sergio Martín con noticias de la semana, regalos navideños y demás; Sergio Fernández siempre acerca una cocina rápida y deliciosa; Pep Bruno contó un cuento de tradición árabe, "La gacela fiel" y yo me dediqué al carbón (con perdón de la Reina @tvaldessolis esta vez la Carbon Queen fue Mildred Spiewak). Ah y hablé de "Carbón" de @xurxomar.

El resumen en la web del programa:
Este sábado hablamos con Pedro Gargantilla, autor del libro Embarazos y partos de las reinas de España junto a Berta Martín. Repasamos, a través de un recorrido histórico y original, cómo fueron las gestaciones reales. Después, Sergio Martín repasa la actualidad informativa en su sección ‘Si yo tuviera un programa…’. El cuentista Pep Bruno nos narra La gacela fiel, del libro Cuentos de los bazares de tradición árabe. El astrofísico Javier Armentia nos habla de carbón. Y, por último, nuestro cocinero Sergio Fernández, nos enseña recetas para no complicarnos el fin de semana y quedar como reyes.


Lo contaba en Mastodon.

2023-01-08 11:19 Enlace
2023-01-04

)

Experiencias con el vehículo eléctrico: 1 - Apps y más apps.
2023-01-04

(Feliz año 2023, por cierto)

Como cada año, me digo por estas fechas, un poco antes de que llegue el aniversario de sus primeras entradas (el 25 de enero de 2002, así que este año cumpliremos 20 ni más ni menos) que debería retomar lo del blog, que la tontería de twitter ya va pasando, es decir, a mí se me va pasando, y que al usar más el Mastodon me he dado cuenta de que los tiempos de las comunidades de gente a quienes seguías por lo que contaban eran más interesantes que ese escaparate de pringaos y odio en el que hemos vivido demasiados años, ahora ya corralito descarado de un tipo poco ejemplar.

Luego viene la realidad y pasa lo que pasa, así que tampoco prometo nada (además, como comentábamos el otro día en la radio con Mamen García en "SER Ciencia con Javier Armentia y Joaquín Sevilla: propósitos de año nuevo" esto de los propósitos es una lucha encefálica casi perdida de antemano, un fenómeno que sería análogo a la desintegración radiactiva, con un periodo de semivida de unas cuatro semanas o cinco según los autores.

Y ya ven que me enrollo. Porque mi primera entrada del año pretende además inaugurar una serie de mis experiencias (alguna de ellas) como conductor de un vehículo eléctrico. Pero 100% eléctrico, quiero decir: me he dado cuenta de que cuando le dices a alguien que te has pasado al coche eléctrico todo el mundo te dice: "ah, qué bien, ¿hídbrido verdad?". "No, solamente eléctrico", contestas sin más y le miras la cara que ha pasado a ese estupor característico de quien ve a un amigo cometer una enorme estupidez que acabará con su vida o casi. Da para hablar, también de la filosofía o la sociología del asunto. Pero no hoy: simplemente avanzo que cuando cambiamos en octubre un SUV de gasóleo con bastantes kilómetros y años optamos por dar este salto un poco por darlo, sin convencimiento de casi nada. Es más, con el completo convencimiento de que el vehículo eléctrico no es solución de nada sino parte del sistema que nos lleva a la crisis ecosocial climática y tal. No es lo peor que puede uno hacer, pero abandonar el vehículo particular es algo más que lógico: una mole de una tonelada para mover mis cien kilos, que pasa el 90% del tiempo solo ocupando sitio... Mientras llegan las soluciones (o el fin del mundo como lo conocemos) me arreglo con este coche que tiene una autonomía justa pero razonable. Ya digo que esto dará, o no, para otras disquisiciones.

Pero lo que quería comentar así para empezar a contar algo es una historia sorprendente que muestra muy bien cómo cuando se deja a las iniciativas privadas campar a sus anchas (aunque se haga con enormes subvenciones de capital público y todos los parabienes del sistema) reina el espíritu extractivista y de comercio que nos está llevando al colapso. Hablo de los puntos de recarga de vehículo eléctrico que hay en algunas calles o en gasolineras y otros sitios. Que son pocos, o van a ser demasiado escasos ya durante este año, pero no voy a eso tampoco esta vez. Es que son un carajodemierdadesupudeloscojodelachingada.

Mexplico: cuando tú vas con tu vehículo de combustión de toda la vida y tienes que recargar vas a un sitio, pones la manguera, le echas lo que quieras y pagas. Una tarjeta de crédito, el móvil o hasta admiten billetes y monedas si te pones. Por supuesto, si tienes ganas de hacerte del club de la empresa que lleva esa gasolinera, estupendo, tendrás tus beneficios y tus descuentos o lo que sea.

Pero con el coche eléctrico no es así nunca. Para empezar nada de poner la manguera, darle a cargar y luego cuando sea pagas. Qué va: normalmente tendrás que ponerte a leer la información del punto de recarga que te invita (o conmina porque no da alternativas) a que te bajes una app para el móvil con la que accedes a su sistema. Por supuesto, la primera vez te tienes que hacer una cuenta de usuario ahí, metiendo todos tus datos personales, fiscales, de facturación y algunos más que te cuelan porque así son las compañías depredadoras. Por supuesto has de aceptar todo lo que te pongan y lo mismo sería que te hayan puesto una condición en la que aceptas entregar a tu hijo primogénito al consejo de administración de la empresa energética (normalmente las mismas petroleras, gaseras o eléctricas que son responsables del 80% del calemtnamiento global y que han carteleado contra todas las medidas de sostenibilidad que ha intentado los poderes públicos durante decenios, antes de que optaran por comprarlos, pero esto es otra historia). En fin, que tú aceptas como un bendito y asumes que un día serás inmolado por eso, pero ahí vas. Claro, también tienes que poner un método de pago, lo que implica también comprobar con tu banco y hacer un pago simbólico o no tanto dependiendo de qué empresa te está comprando como esclavo. Incluso alguien como yo que ya se sabe los números y los datos y digito razonablemente rápido se pasa en el mejor de los casos un cuarto de hora poniendo todo a punto.

Entonces ya puedes intentar recargar, siguiendo las instrucciones que NUNCA son similares. Pensemos en el lujo que es que exista algo normalizado en el mundo como son los boquereles estos y cómo funcionan... pues olvídate de todo porque en el mundo eléctrico no sólo conviven diversos tipos de conector (qué te voy a contar que sigues sufriendo el abuso de los tipos de usb de conexión desde hace 20 años mientras escuchas eso de que las compañías y "Europa" han llegado al acuerdo de hacer un solo tipo de conector etcétera, todas esas mierdas que nos dicen y que nunca se hacen están también presentes en el mundo eléctrico) sino que además el procedimiento de carga es complejo como para tener que coger un pesadísimo grimorio (vale, aquí es el móvil o una pantalla del tótem de recarga) y decir exactamente en orden las palabras requeridas del conjuro. No se te ocurra conectar el enchufote antes de tiempo porque las más de las veces tendrás que reiniciar todo el proceso apagando incluso el móvil, cuando no se te trabe el coche y ponga el modo seguro y entonces te pasas otro rato apagando y encendiendo el vehículo y estirando como un poseso de la manguera que está trabada y no hay manera.

Esto es como un monólogo interior en el que me paso otros 10 minutos fácilmente, haciendo una cosa, la otra, leyendo lo que viene después, yendo para atrás, descubriendo que la app se queda de repente pensando en algo, o mandando datos o yo qué sé, y la pantalla del surtidor otro tanto... Muchas veces (en esto tiene especial habilidad Iberdrola en mi caso) el proceso culmina con una serie de luces verdes o azules dependiendo del chisme y, zas, de repente todo se para. El proceso ha fallado. Y vuelves a comenzar, cosa que harás una o dos veces más antes de reconocer que no hay manera, a pesar de que ya casi llevas media hora intentándolo. Entonces llamas al teléfono de asistencia, que siempre lo hay.

En estos tres meses he hablado no menos de 10 veces con teleoperadores (habitualmente amables y esto consuela) contando mis penurias y es cierto que casi siempre se ha conseguido arreglar la cosa. La solución más poderosa y que tiene cierto encanto es cuando te dicen: espere que voy a reiniciarle el cargador. Y ves que de manera mágica el tótem se apaga y se enciende y aparece el sistema operativo de detrás en el proceso de arranque... con unos minutos más parece que se arregla.



Aunque es cierto que al principio te pasas un rato intentando decirle a la persona que te atiende dónde carajo te está pasando lo que te pasa. Porque (y ya me ha pasado varias veces en puntos perdidos en medio de la península) puede que no seas capaz de saber cuál es el nombre o código único de ese punto de recarga que no te funciona; y es que a veces vienen varios en fila y el sistema de numeración de los mismos puede ser de izquierda a derecha, de derecha a izquierda, o más o menos creativo dando saltos. Mira que sería sencillo indicar con un código visible y destacado cada toma, pero no, esto parece más complicado que que los policías se identifiquen claramente a los manifestantes que están hostiando. O de repente te tienes que saber el nombre del paraje o del polígono o la estación, y nunca te lo ponen en grande y ahí para que lo consultes y quedas como un patán inútil. Para mí que esto no es casual, tiene el mismo interés de mantener cierto secretismo que te recuerda (porque todo el proceso te lo recuerda en cada momento) que tú eres el pringado y no tienes ningún derecho, porque la Compañía en su magnanimidad es la que te permite acceder a su licor sagrado, en este caso el fluido eléctrico.

Ya ni entro en todo el tema de lo ladrones que son, el precio que ponen y demás, porque no merece la pena. Por supuesto cada compañía intentará que le compres un plan o un prepago para tener sus ofertas. Pero qué más da: lo lógico sería que a la entrada del recinto pusiera el precio del día como lo hacen con la gasolina o el diesel, y que tú simplemente te enchufaras en una boca libre y al final pagaras con la tarjeta.

Pero no, eso no lo veremos ni pronto ni tarde porque nunca ha habido el menor interés en que esto esté estandarizado y regulado. Y eso que no paro de ver puntos de recarga que tienen los sellos de que están subvencionados con generosas ayudas de planes europeos de las próximas generaciones para la descarbornización y electrificación y demás. O sea, que encima lo hemos pagado nosotros, siempre lo pagamos nosotros.

Y esta es la razón, señor juez, por la que la emprendí a garrotazos contra el puesto de recarga el otro día.

No, en serio, la historia es muy incómoda y estaba revisando ahora que tengo como veinte apps diferentes cargadas en el móvil que he tenido que ir instalando en estos tres meses. Imagino que conseguiré tener unas 50 y más o menos por ahí se estabilizará la cosa, salvo, claro, que viaje al extranjero. No es lógico, ni razonable, y lo peor es que no hay alternativa alguna a esta situación, ni tampoco se espera que nada cambie en el futuro. Lo más triste es que muchas administraciones locales, en su loable intento de apostar por el vehículo eléctrico, han abrazado soluciones propietarias de empresas depredadoras del sector eléctrico de manera que para aparcar en Pamplona tienes a una empresa en convenio que usa una app específica. Y resulta que en el ayuntamiento de al lado de Pamplona, el del Valle de Egüés, tienen su contrato con la misma empresa pero usan una app diferente. Que los dioses les confundan, a Vilalta y a las otras operadoras del timo eléctrico con ansias de monopolio y vasallaje medieval. Y otro día les cuento las ideas de bombero de otros ayuntamientos que han metido estos puntos de recarga en parkings de titularidad municipal pero de gestión privada donde el desmán es ya inconmensurable, pretendiendo que te hagas tarjeta de usuario de parking además de la del punto de recarga... cosa que descubres, claro, cuando llegas a pasar un solo día en esa villa. Pero de estos abusos municipales ya hablaré, si eso, otro día.

Para un recién llegado al mundo de la movilidad eléctrica este mundo de las apps de las recargas es el más mezquino y sucio que te abofetea cada vez que tienes que usarlo. Por supuesto, como privilegiado que puedo tener mi punto de recarga en el garaje del piso, esta situación me pasa solamente cuando me desplazo fuera, pero precisamente los coches son para eso...

Es cierto, claro, que hay algunas empresas que tienen apps con sus mapas que pueden darte servicio en diversas redes de otras empresas, algo así como un agregador (cuando aparece un servicio de internet que agregas servicios de pago de otras empresas sabes que es un sector depredador y desregulado donde hay gente sacando pasta aprovechándose del descontrol, es la historia del capitalismo) pero tampoco suelen solucionar demasiado. Justo el punto de recarga que te pilla cerca no vale para ese electromapa de turno. Y la tarjeta que tiene la compañía que hizo mi vehículo eléctrico, tampoco vale siempre y para todos los sitios, además de tener, en el fondo, un tufillo a negocio del tipo "no te preocupes que yo voy a seguir sacándote pasta como sea durante toda tu vida".

En fin, que si merece la pena el vehículo eléctrico no es precisamente por la forma en que está desregulado el asunto de los puntos de recarga. Y en este ya demasiado largo análisis no he comentado nada sobre la historia de la baja densidad de estas redes de recarga ante la creciente avalancha de pringaos que nos hemos pasado al EV. Por supuesto, soy consciente de que no soy el primer humano que se enfrenta a esta situación, ni el primero que lo comenta en su blog o por las redes ni seré tampoco el último. Eso es lo que me da pena, por cierto.

Vale ya por hoy, que tengan buen perihelio.

2023-01-04 10:28 Enlace
2022-11-28

)

Mudanza
2022-11-28

La columna MILENIO en Diario de Noticias y Deia, lunes 28 de noviembre de 2022

LA cuenta de Twitter que cerré definitivamente hace unos días la había activado en 2009; era la segunda vez que me paseaba por esa naciente red social, que entonces estaba limitada a mandar mensajes de 140 caracteres, lo mismo que cabía en un SMS. Era un espacio interesante, donde podías dejar comentarios, poner enlaces y responder a lo que otras personas decían. Por mi (de)formación, principalmente interactuaba con gente de ciencia, pero esa comunidad emergente fue creciendo, también se incorporaron otras características que me parecieron innecesarias o, al menos por mi parte, no deseadas. Llegó, claro la publicidad, y los algoritmos que iban seleccionando por ti lo que verías, todo ese esquema piramidal del capitalismo de la atención que es Internet del que de una forma u otra hemos caído presos.

A lo largo de estos 13 años hubo muchos momentos en que consideré seriamente dejarlo, porque el mal rollo iba creciendo, la gente que jaleaba, las hordas de odio y demás tomaban a ratos la estepa tuitera y había que resguardarse. Señores que fueron adalides de la racionalidad y la empatía se transformaban en vociferantes fascistas a la primera de cambio. La propia estructura jerárquica del invento favoreció esto, por más que se establecieran mecanismos de control para expulsarlos. Sin embargo, ahora se compró el invento un nuevo sátrapa, ese ultramillonario ególatra e infantil (un pleonasmo) y la pestilencia me ha resultado excesiva. Mientras tanto dejé más de cuarenta mil opiniones, evidentemente prescindibles, en lo que fue una plaza pública de diálogo y ahora es un mercado de compraventa para fundamentalistas. Deberíamos reclamar lo público, lo distribuido, evitar las ocurrencias de emprenderores de éxito, pero no hay manera, así que por el momento, hago mudanza. Buen lunes.

Por cierto, en mastodon.social: @javierarmentia@mastodon.social

NOTA: recuerdo que cuando me di de baja en Facebook ni siquiera escribí algo, quizá porque era tanto el hastío producido por la porquería que me inundaba la página que no había mucho que comentar. Con Twitter ha sido algo diferente: llevaba años allí porque de alguna manera a pesar de todo el ambiente tóxico y que cada vez se degradaba más podía ir apartando alrededor toda esa basura y quedarme con las cosas de la gente maja, historias muy necesarias y, sobre todo, mucha información de calidad. Instagram lo sigo manteniendo simplemente por inercia a pesar de que ya no es nada para mí. Simplemente la costumbre de tomar una foto con la cámara y dejarla allí con un comentario sobre lo que me hizo tomarla es una inercia demasiado poderosa para eliminarla sin más. Aunque igual simplemente dejo la imagen en la Mastodonia porque total para qué andar liándome.

Alguien me comentó si no habría sido mejor mantener los nombres de usuario, por si alguien quiere suplantarme... Lo cierto es que en el fondo me da igual. Creo que no tengo tanta notoriedad como para preocuparme por cuentas falsas, pero mira, si pasa ya veré.

Lo único que me inquieta (un poco) es que conociendo cómo mi historia por las redes ha sido la de quien apostaba por proyectos que parecían estupendos pero que luego desaparecían porque el mercado ese no opinaba lo mismo y los fulminaban (jux, storify, tantos otros...) posiblemente acabaré con otra mudanza en el futuro. Pero eso es lo que nos espera: nómadas digitales nos llamó alguien.

2022-11-28 11:15 Enlace

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