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  • Inicio > Historias > La Ciencia Y Las Palabras Tabú
    2003-10-15
    )

    La Ciencia Y Las Palabras Tabú
    2003-10-15


    Publicado en Territorios, Ciencia y Futuro, El Correo, miércoles 15 de octubre de 2003

    Valoramos la ciencia como factor de progreso, pero también nos asustamos de sus implicaciones ¿Lo hacemos de forma racional o moviéndonos por instintos?

    La percepción pública de la ciencia viene mediada por numerosos factores, que a menudo nada tienen que ver con el contenido y alcance real de las investigaciones, sino con ideas populares que se van asentando, propiciadas desde los medios de comunicación y, a menudo, alentadas desde sectores interesados en hacer valer sus opiniones. En general, siempre se suele comentar que existe un analfabetismo científico funcional en una parte de la ciudadanía: el desconocimiento sobre aspectos fundamentales de la ciencia y la tecnología actuales se suele poner de manifiesto en encuestas de opinión. En diferentes encuestas que se han ido realizando en los últimos decenios se muestra cómo la gente puede creer que el hombre convivió con los dinosaurios, cómo no entienden la estructura atómica de la materia o muchas otras "lagunas" en los conocimientos objetivos. En el Eurobarómetro, una encuesta que se viene realizando desde hace quince años se incluía en 1996 una pregunta para valorar el conocimiento de las tecnologías genéticas por parte de los europeos. Dos terceras partes de los encuestados decía que era correcta la afirmación "los tomates naturales no tienen genes, sólo los transgénicos los tienen".

    Sin embargo, la valoración que se establece sobre la ciencia es mucho más positiva que lo que cabría concluir del estado de desconocimiento. En los mismos Eurobarómetros, se ve cómo el ciudadano europeo concede en general mucho valor a la ciencia, depositando en ella una confianza alta a la hora de la resolución de importantes problemas como los ambientales, las enfermedades o en general, por su capacidad de mejorar la calidad de vida. Recientemente se ha publicado el estudio "Percepción social de la ciencia y la tecnología en España", promovido por la Fundación Española Ciencia y Tecnología (FECyT). Los encuestados en este trabajo, valorando en una escala de 1 a 5 en la que 1 significaba que no había asociación alguna y 5 una asociación completa, relacionaban la ciencia con "progreso" (4,35), "bienestar" (3,74), "riqueza" (3,55), "oportunidades" (3,55). Hacen notar los autores cómo la asociación con el progreso es mayor que otras características que se suelen relacionar con los avances científico-tecnológicos.

    De esta manera, la idea que podríamos obtener del estado de la percepción social de la ciencia sería en cierto modo positivo: valoramos la ciencia, aunque la desconocemos. Una conclusión obvia, precisamente en la dirección que trabajan los planes comunitarios en este sentido, sería favorecer la comunicación sobre ciencia, la educación, y fomentar las vocaciones a la vez que realizar políticas de inversión en ciencia que permitan la creación de un verdadero espacio científico europeo no sólo como motor de la industria, sino con la capacidad de involucrar al ciudadano.

    La realidad, sin embargo, muestra que hay sectores de la ciencia en los que esa valoración cae, o en general, en los cuales se establece una duda o incluso un temor ante la propia ciencia. El asunto de los organismos transgénicos es un buen ejemplo donde se muestra cómo la investigación científica y la opinión popular se separan de manera importante. Las efectivas campañas de alerta (a menudo sin justificación racional alguna) por parte de algunos sectores del activismo ecologista han conseguido que la percepción de lo "transgénico" sea muy negativa. De poco sirve que las grandes multinacionales de la biotecnología hayan promovido una imagen casi idílica del avance que podría suponer estas técnicas en solucionar el hambre en el mundo, o mejorar la calidad de los cultivos. La sombra de la duda sobre la inocuidad de los productos ha conseguido que, incluso (o principalmente) en los planos políticos se hayan establecido moratorias o programas de contención ante estos nuevos productos.

    La fuerza de las palabras convierte a algunas en verdaderos tabús: sólo mencionarlas hace que la gente se posicione críticamente (por más que se reconozca el desconocimiento de por qué no gusta o por qué se teme). El hecho de que principalmente la vía de información sobre temas de ciencia sean los medios de comunicación generalistas (en primer lugar radio y televisión) en los cuales la información científica ocupa un pequeñísimo porcentaje del tiempo de emisión, algo que los propios encuestados califican como insuficiente, facilita el que ciertas ideas se transmitan acríticamente. Un ejemplo reciente, que aún promueve calurosos debates en las todas las escalas sociales lo constituyen los efectos (presuntos) de las radiaciones emitidas por antenas de telefonía. Dejando aparte el hecho de que ningún estudio contrastado adecuadamente ha conseguido demostrar el efecto cancerígeno de las antenas (ni tampoco del uso de los teléfonos móviles), y a pesar de que las investigaciones establecen que estas tecnologías trabajan dentro de un margen de riesgo adecuado, simplemente hablar de "radiaciones electromagnéticas" supone que mucha gente piense que son algo dañino.

    En anuncios de televisión podemos oír cosas como que un producto "protege contra las dañinas radiaciones electromagnéticas". ¿Pero no es la luz una radiación electromagnética? ¿No lo son las ondas de radio o las de TV? El propio calor nos llega en forma de radiación infrarroja, la misma con la que conseguimos que los mandos a distancia hagan su función. Un mundo sin radiaciones electromagnética sería un mundo muerto. Confundir de esta manera al público, podríamos pensar, sería delictivo si no se contara con una percepción de lo dañino mediada por campañas políticas en contra de la telefonía, por ejemplo, en donde se juega a asociar la "radiación" también con otra palabra tabú: "radiactividad".

    Nada tiene que ver una con otra, pero en un mundo que sobrevivió a una tensión de decenios con la amenaza de la guerra nuclear, todo lo relacionado con ese mundo nos sigue pareciendo peligroso y desasosegante. Lejos están los años en que los detergentes proporcionaban un "blanco nuclear":hasta los años cincuenta la ciencia del átomo era percibida como uno de los mayores avances, a pesar del uso bélico de la misma a finales de la II Guerra Mundial. Pero posteriormente todo un activismo antinuclear consiguió hacer cambiar a la opinión pública: todo lo radiactivo es peligroso.

    Es evidente que tales maximalismos no son acordes con una actitud científica que ha de valorar siempre los riesgos y las consecuencias de forma menos apasionada. Pero también es evidente que nos movemos de forma mucho más gregaria y menos crítica que lo que sería conveniente. El hecho de que cuando un médico solicita para un paciente un diagnóstico mediante resonancia magnética nuclear casi sistemáticamente oculte las dos últimas palabras, por la asociación casi instantánea que establecemos entre "nuclear" y cáncer, es un síntoma de que las cosas no se están haciendo bien.

    Y PALABRAS COMODÍN: LO NATURAL
    La alta valoración que ponemos al adjetivo "natural" es la otra cara de la misma moneda que hace tabúes a los términos científicos. Parece que todo lo natural fuera intrínsecamente bueno (a pesar de que tan naturales son los virus como cualquier agente infeccioso o veneno que existe en la naturaleza). Basta con echar un vistazo a los anuncios de cualquier tipo de producto para encontrar cómo se ejercita la desinformación propagandística en este sentido.

    El hecho de que mucha gente prefiera una "medicina natural" indica el desconocimiento y el prejuicio que establecemos: de hecho, unas dos terceras partes de los medicamentos convencionales tienen principios activos que son "naturales", pero el proceso industrial permite, adecuadamente, establecer la forma de aplicación y la dosis adecuada que lo hacen un tratamiento efectivo. Por el contrario, y sirva como ejemplo, un cocimiento (natural) de plantas recetado como una verdadera panacea por una medicina que se dice alternativa supone una dosificación incontrolada: ni se puede saber exactamente cuánto medicamento estamos ingiriendo ni podemos controlar otras sustancias que se están introduciendo a la vez.

    La moda de lo natural frente a lo artificial sigue existiendo, pero se aprovecha de nuestro desconocimiento para vendernos algo que, realmente, no es ciencia, sino pura pseudociencia.

    2003-10-15 20:50
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    Comentarios

    1
    De: Algernon Fecha: 2003-10-15 22:35

    Excelente artículo, Javier.

    De esta manera, la idea que podríamos obtener del estado de la percepción social de la ciencia sería en cierto modo positivo: valoramos la ciencia, aunque la desconocemos.

    Esto es un poco inquietante. Hay que reconocer las virtudes de la ciencia moderna, y sus limitaciones. Algunas personas consideran que la ciencia obra milagros, y otros, por el contrario, que la ciencia sólo es capaz de engendrar entes nocivos. Ninguna de esas dos ideas es cierta.

    Desde luego, tal y como puede apreciarse en televisión, la divulgación científica todavía es demasiado escasa. Y por cierto, que la ciencia reciba un apoyo basado en una impresión irracional de "progreso" y "bienestar" me irrita, porque los científicos no somos semi-dioses, sino seres humanos.

    Claro está que en tiempos tan oscuros, incluso esa clase de apoyo no viene mal...



    2
    De: Vendell Fecha: 2003-10-15 22:52

    Me ha gustado mucho esto. ¿Dice algo el estudio de la FECyT de la medida en que estamos dispuestos a apoyar la financiación de la ciencia a través de los prespuestos? ¿Consideramos que la ciencia es una inversión rentable o sólo un capricho que da lustre? ¿Dice algo de la (abismal) diferencia que tiene que haber entre la percepción del público en general y la que existe entre los políticos?



    3
    De: Jezabella, Lady of the Sith Fecha: 2003-10-16 00:47

    Totalmente de acuerdo, querido Javier...

    La cicuta es totalmente natural, así como el digital y todas las la Amanitas.



    4
    De: rvr Fecha: 2003-10-16 00:57

    Pues yo veo los telediarios y lo que veo es que el Papa va bien... ¡Uy! Pero si esta entrada no hablaba de la Iglesia.



    5
    De: canopus Fecha: 2003-10-16 02:01

    Si señor. A ver si se dan todos cuenta de una vez que la ciencia no es más que pensamiento crítico aplicado al conocimiento empírico, y que precisamente por eso hemos conseguido todos los logros científicos.

    Y que cualquiera puede pensar por si mismo y aprender todas esas cosas que parecen "mágicas".



    6
    De: Luis Javier Capote Pérez Fecha: 2003-10-18 10:52

    Se me ha adelantado la señora ésta sometida al reverso tenebroso de la fuerza, pero toda la razón del mundo: natural es el veneno de las cobras, un tifón en el mar de China, un derrumbamiento de tierras, etcétera... El problema es que la estupidez humana también es natural.



    7
    De: Mc Fecha: 2003-10-18 17:23

    Muy bueno y cierto. :)



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