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la boca
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  • Inicio > Historias > Fecal Management Subsystem
    2002-08-01
    )

    Fecal Management Subsystem
    2002-08-01

    la luna lunera hollada
    Vaya con el nombrecito: subsistema de gestión fecal. Y más cuando uno se entera de que el chisme, empleado por los astronautas durante sus paseos lunares (sí, los elegidos para la gloria también tenían necesidades humanas) era un simple pañal de celulosa, uno de los logros, por cierto, de la carrera espacial que llevó a los gringos a la Luna hace poco más de 33 años. Para gestionar lo mismo, dentro de la nave, disponían de un defecation collection system. Es decir, una bolsa de plástico que en la boca tenía un circulito adhesivo de papel, para asegurar la posición y evitar una nada deseable fuga (especialmente si el asunto iba liquidillo, cabe imaginar). ¿Más? Por supuesto, estaba el urine transfer system, que era un conducto para recoger la orina que se encajaba en el pene mediante un tubo de latex (condones talmente, pero abiertos por el final). El sistema para los paseos lunares correspondiente era similar, pero guardaba el contenido en una especie de bolsa que se sujetaba a la cintura. De color naranja, además.

    Bueno, estos son unos pocos de los conocimientos que el visitante del Kansas Cosmosphere, en Hutchinson, KS, puede encontrarse. En el museo disponen de casi todas las naves espaciales, estadounidenses y rusas que cuentan en la historia espacial; algo realmente notable, y lo atestiguo con dos ejemplos:

    v2 enteritaUno. Ahí tienen, en la sección dedicada a Peenemunde, un V1 y una V2 completitos. Y una de las historias mejores contadas sobre todo el mogollón que montaron los gringos para quedarse con casi todo lo posible del desastroso proyecto nazi dirigido por Von Braun (si hubieran invertido todo el dinero que se gastaron en las bombas volantes en cazas a reacción otro gallo les habría cantado a los aliados en el desembarco de Normandía, por ejemplo, pero eso es hacer historia ficción y no vale). La operación "paper clip" está contada maravillosamente. Y el cabreo de Stalin, lógico por otro lado, porque los norteamericanos se pasaron Yalta por ahí mismo, también... Se echa de menos, claro, algo de autocrítica: en ningún lado he visto algún comentario sobre lo ético que podía ser echar mano de jefes de proyecto del gobierno alemán para reconvertirlos a la lucha por la democracia. Pero, ya se sabe, estamos en la tierra del todo vale por el mundo libre, etc...

    Dos. La colección de naves rusas es impresionante, y además se comenzó cuando aún existía la URSS. De hecho, cuentan que allí mismo, en el hangar que tenían, las piezas llegaban de tapadillo camufladas en vagones de grano para que los satélites espías rusos no pudieran revelar que se tenía tanto material suyo. Cosas de la Guerra Fría.

    El Kansas Cosmosphere bien merece una visita, y eso parecen pensar las casi 400.000 personas que cada año pasan por este lugar perdido del Universo. Esta tarde la hemos pasado allí, una pena no disponer de más tiempo porque el museo, con piezas notables y réplicas no menos notorias, está lleno de texto. Como para pasar dos días leyendo sin parar a buen ritmo. Imposible de sobrevivir al intento, claro. Si alguien se pregunta por qué en Hutchinson, que lea lo que cuentan en la web ellos mismos. El planetario nació en 1962 (y casi siguen igual, conste...). También tienen uno de los primeros cines hemisféricos IMAX, donde he visto la peli SpaceStation, casi una hora de imágenes tomadas por los expedicionarios de la ISS, realmente una maravilla (aunque a Tom Cruise, que hace de narrador famoso, podían haberle dejado callado más tiempo: tienen los gringos una especie de miedo enorme a dejar que las imágenes y los sonidos hablen por su cuenta, algo que siempre he constatado en las producciones de planetarios y documentales de por aquí).

    Hutchinson queda como una hora de bus al este de Uíchítáa, por la 66. Uno va recorriendo campos, principalmente de maíz, estanques, arboledas, un paisaje completamente humanizado pero agradable. Los pueblos disponen de unos silos enormes, realmente descomunales, más de doscientos metros de pared vertical al lado de la vía, más monumentales, por cierto, que el Museo Príncipe Felipe de Calatrava (jejee... lo digo como comentario maligno, evidentemente). Uno va recorriendo la autopista y casi no se ve más que los campos, y alguna granjita entre ellos. Y, de repente, un cartel que en blanco sobre rojo dice: "¿estás listo?". La curiosidad, obliga, y miras al pasar por el otro lado y, escrito en blanco sobre azul, y del revés, pone "Jesús va a darle la vuelta a tu vida". Ignoro cuántos accidentes ha provocado cada uno de esos carteles. Desde luego, si a mí me pilla conduciendo, ahora no os lo estaría contando.

    Luego, de repente, ve una carreta llena de simpáticos personajes que podían ser un anuncio viviente de mediados del XIX, pero no, son amish de hoy que viven ahí, en Yoder. Tan simpáticos, al menos desde el autobús. Así que los dejo tranquilos por esta vez. (No puedo, sin embargo, dejar de recordar lo que nos pasó hace unos años en la Chiquitanía de Bolivia, con unos mennonitas con los que coincidimos en un pueblo. Iba con unos titiriteros segovianos que se pusieron a hacer monadas a los niños que iban con los mennonitas. Las caras de los niños eran una gozada, todos rubitos ellos, y todo risas que llenaban la plaza. Entonces, la madre los recogió rápidamente diciéndoles enfadada: "reirse es cosa del demonio". A nosotros nos dirigió una nada caritativa mirada y se fueron y no hubo más. Cierro paréntesis).

    ¿Se nota que me aburro por aquí? Realmente sí, dejando aparte el congreso que sigue matándome del todo. Bueno, el congreso no tanto como la manía gringa de poner el aire acondicionado a niveles que te congelas fijo. Entre lo que sufrí en Costa Rica allí donde había "civilización" (ya hablé de lo agringados que andan por allá) y lo que estoy pasando en Uíchítáa no sé si sobreviviré del todo. Por lo menos ando con un resfriado y media faringitis realmente notables. Son gilipoyas, de veras. No lo soporto... La gente, incluso los gringos, andan igual: todos helados, sin atrevernos a movernos porque te enfrías aún más. Y nadie dice nada. Y si dices algo te miran como diciendo: "claro, como tú vienes de un país ecuatorial..."

    El comentario no es imaginario, que esta tarde, después de escuchar una conferencia de un astronauta en un auditorio que está a 200 metros del Cosmosphere, la organización ha comentado que, dado que hacía mucho calor (andábamos por los 95 grados con sol, Fahrenheit, claro. Pero el otro día en Córdoba hacía más calor y ahí sobrevive la gente mucho mejor), que me lío, sigo... que eso, que como hacía mucho calor, nos ponían unos buses para no ir por la calle. Alunizante. Yo he aprovechado para andar un poco al aire, y poder de paso echar un cigarrito.

    No, hoy no hablaré del calvario de ser fumador. Al fin y al cabo, estoy en mi habitación del hotel, de la planta de fumadores, y por eso puedo escribir a gusto esta laaaaarga entrada. (Aunque la mujer que hace mi habitación decidió hace dos días, supongo que porque no le dejo un par de machacantes en la almohada de propina, llevarse el cenicero y ando llenando los vasos de colillas. Pensé al venir en iniciar un programa de desintoxicación al tabaquismo, pero visto que no hay otra cosa mejor que hacer y que con la cosa de fumar he de salir del hotel que aloja el congreso y a los congresistas y así recupero un poco la temperatura corporal me he dado cuenta de que fumo de más, y no creo que los Ducados me den para acabar la semana. ¡Ay!

    Desde Uíchítáa para "Por La Boca Muere El Pez", transmitió El Pez, como siempre.

    P.S.: Vaya, terra debe andar caída por ahí y no leeré el correo, me temo.

    2002-08-01 04:15
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    Comentarios

    1
    De: rvr Fecha: 2002-08-01 15:32

    ¡Vaya lujazo de crónica, Javier! Eso que cuentas del museo espacial da mucha, pero que mucha envidia de no poder estar por ahí para fisgonear.



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