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    2002-08-21
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    Ante Los Desastres ¿Pánico O Altruismo?
    2002-08-21

    wtc -NYT
    Publicado en EL CORREO, suplemento Territorios (Ciencia/Futuro), el miércoles 21 de agosto de 2002

    El cine de Hollywood nos ha habituado a escenas en las que, ante una catástrofe, la multitud huye despavorida, preocupándose tan sólo por su supervivencia, llegando a atacar a los demás para asegurar salir como sea. Y la percepción popular, como no podría ser de otra manera, es similar: el pánico parece un poderoso motor de la conducta humana, que ante el peligro parece volverse completamente irracional.

    Sin embargo, estamos realmente ante un mito. Desde hace más de treinta años se ha estudiado cómo se comportan las personas en situaciones reales en las que se esperaría una conducta dominada por el pánico. Realmente en situaciones catastróficas (sean de origen natural, como huracanes o terremotos, o artificial, como incendios), la gente no pierde completamente el control, y de hecho se ha detectado un alto nivel de cooperación entre quienes, como es natural, intentan ponerse a salvo. De esta manera, la falsa idea del pánico empieza a ser sustituida por un alto nivel de altruismo en las conductas de las masas humanas.

    bookDiferentes estudios que han analizado los factores psicológicos y sociales de la respuesta a situaciones peligrosas, como el estudio publicado el año pasado por la Academia Nacional para la Ciencia de los Estados Unidos, realizado por los sociólogos Kathleen J. Tierney, Michael K. Lindell y Ronald W. Perry, muestran cómo en la planificación que existe en numerosas instancias públicas frente a desastres, se siguen manteniendo líneas de actuación que intentan evitar un pánico que realmente no se da, llegando a impedir realmente una efectiva toma de decisiones. Por ejemplo, a menudo las autoridades evitan dar información sobre la situación peligrosa al menos durante un tiempo. El mito indica que esa información sólo crearía una situación de angustia mayor entre las personas implicadas, de manera que su conducta se vería mediatizada por ella. Los psicólogos indican que en esa fase las personas pueden, confundidas, quedarse inactivas o incluso presentar una actitud fatalista. Se habla a veces de una "negación" psicológica, que ha sido muy exagerada, porque es lógico que ante una situación inesperada uno reaccione con cierta incredulidad. Pero, por el contrario, la información rápida permite que esa confusión disminuya, favoreciendo el que la gente actúe de forma adecuada. El mito, por lo tanto, falla estrepitosamente: una mayor y más rápida información puede ayudar a sobrevivir. Por el contrario, la actuación de las autoridades negando u ocultando la gravedad de la situación puede ser contraproducente, haciendo que la gente simplemente no dé crédito ni atienda las indicaciones, a sabiendas de cómo actúan normalmente.

    Estudiando la manera en que grandes colectivos reaccionan ante los avisos que anuncian de una posible catástrofe (por ejemplo, las alertas de la llegada de un huracán) se ha comprobado que las campañas de sensibilización y de educación previas son muy útiles. Cuanta más gente conoce cómo se debe actuar, la actuación colectiva es más ordenada. En el caso de los huracanes, las reacciones típicas en la costa caribeña de Estados Unidos hace medio siglo eran huir en coche hacia el interior. Sin embargo, los estudios empezaron a alertar de cómo estos intentos de escape sólo provocaban mayores desastres: la gran cantidad de gente en sus vehículos colapsaba las vías de comunicación, quedando así estas personas completamente a la intemperie, pero además impidiendo que los servicios de socorro pudieran desplazarse. Las campañas intentaron entonces favorecer la idea del "refugio casero": buscar la zona más segura y protegida del propio hogar. El resultado fue sorprendente: en las anuales llegadas de huracanes el número de víctimas se ha reducido casi a cero en este país.

    panic - the guardianEl catedrático norteamericano de sociología de la Universidad Rutgers Lee Clarke acaba de publicar un análisis de la manera en que se comportaron las masas en el atentado del 11 de septiembre de 2001 contra las Torres Gemelas de Nueva York, confirmando esta idea de que el pánico no aparece. En esas situaciones, "las reglas de actuación no son muy diferentes de las que rigen la vida cotidiana". La gente tiende a ayudar a los demás incluso antes de ponerse a salvo ellos mismos, no perdiéndose el sentimiento de comunidad. Sin embargo, como hacen notar Tierney, Lindell y Perry, la gente no actúa como una masa indiferenciada: los factores socioculturales y económicos tienen un importante papel, como sucede también en las situaciones cotidianas, creándose subgrupos por razón de "género, etnicidad, clase social, o incluso conocimiento y experiencia ante una adversidad". La necesidad de la gente de preservar su seguridad y su vida en estas situaciones peligrosas convive, por lo tanto, con las desigualdades de nuestra sociedad, dándose un proceso aparentemente paradójico: el desastre provoca una reacción solidaria y altruista (todos están ante el mismo peligro), pero manteniendo, especialmente, ciertas marginaciones (especialmente hacia sectores normalmente ya marginados). Así que hay que desechar también ese mito que en las películas "de desastres" de Hollywood siempre aparece retratado: todos somos iguales ante la catástrofe. Según los sociólogos, no es así, y ello debería llevar a planes de prevención y de actuación específicos para los diferentes grupos sociales.

    Orden En La Vorágine
    En medio de una situación catastrófica la conducta personal y la conducta colectiva interactúan rápidamente. Son situaciones de peligro físico importante, de confusión y en las que no es sencillo actuar. En los primeros modelos que se hicieron del comportamiento de las masas, se planteaban como dos fuerzas opuestas el pánico y el altruismo: el primero induciría a buscar por encima de todo la propia supervivencia, el segundo incitaría a la colaboración especialmente hacia los más desvalidos. Una muchedumbre intentando salir de un hotel o una discoteca incendiada sería, guiados por la primera fuerza, una verdadera marabunta capaz de aplastar a quienes queden caídos en el camino hacia el exterior. Las simulaciones de este tipo, sin embargo, predicen siempre muchas más muertes de las que en catástrofes de este tipo realmente suceden. Precisamente, apuntan los estudios, porque la colaboración es mucho más efectiva. Las muertes, en su mayor parte, se producen por malas indicaciones a la hora de poder salir, o porque haya gente que quede aislada sin posibilidad de escape.

    Enlaces:
    El estudio del sociólogo Lee Clarke, en la revista Context, de la Asociación Sociológica Americana
    El libro "Facing the Unexpected", de Tierney, Lindell y Perry se puede leer en red, en las páginas de la National Academy Press.

    2002-08-21 10:05
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