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    2005-01-12
    )

    Prediciendo Terremotos
    2005-01-12


    Territorios, Ciencia-Futuro, EL CORREO, Miércoles 12 de enero de 2005

    ¿Fueron capaces los animales de presentir el desastre sísmico del día de Navidad en el Índico, mientras que la Geología sigue sin conseguirlo?


    Cada vez que tiene lugar un desastre natural es lógico que muchas personas se pregunten si es posible llegar a predecirlos antes de que sucedan, pudiendo así facilitar soluciones que eviten, si no los destrozos, sí la pérdida de vidas humanas. En el caso de los movimientos sísmicos, a pesar de los avances en el conocimiento de estos fenómenos geológicos, el pronóstico sigue siendo casi imposible.

    Afortunadamente, en alguna ocasión se ha conseguido, sin embargo, realizar una predicción con cierta antelación gracias a la aparición de síntomas que pudieron ser correctamente interpretados. En 1975, en la región cercana a Haicheng en la provincia chinade Liaoning, se comenzaron a registrar en los instrumentos de medición geológica que controlan esta zona de alta sismicidad una serie de parámetros (nivel de las aguas, desplazamientos de masas de tierra), que fueron incrementándose a finales del mes de enero. Los sismógrafos comenzaron a detectar movimientos más bruscos el día 3 de febrero, y las autoridades procedieron a evacuar la ciudad de Haicheng, de un millón de habitantes. Al día siguiente, el 4 de febrero, se producía un terremoto de magnitud 7,3 que destruyó la ciudad, pero sólo provocó dos mil muertes humanas. Se estimó que sin el aviso y las medidas de las autoridades se habrían producido más de ciento cincuenta mil muertes.

    Sin embargo, este caso es una excepción: no siempre se dan estos avisos geológicos que permitan pronosticar un movimiento sísmico. (Monitorizada por los mismos geólgos chinos, y con idénticos métodos, no se consiguió prever el terremoto del 28 de julio de 1976 en Tangshan, también una ciudad de un millón de habitantes, donde hubo 250.000 muertos: no se produjo precursor detectable alguno del seísmo) Por otro lado, en zonas de alto riesgo de terremotos, como las regiones en torno a la falla de San Andrés, en California (EEUU), a pesar de la intensa monitorización con inclinómetros (que miden los posibles cambios de las pendientes), geodímetros (que utilizan láseres para controlar la distancia entre diferentes puntos de referencia, habitualmente dos cimas montañosas a amboslados de una falla), ni con un control continuo de los flujos de los manantiales y niveles de las aguas embalsadas, se han podido predecir adecuadamente los seísmos registrados.

    Según los expertos, la situación podría cambiar: el pasado mes de octubre se daban a conocer los resultados del estudio Rundle-Tiampo, así denominado por los dos investigadores principales del mismo: John Rundle, director del Centro de Ciencias Informáticas e Ingeniería de la Universidad de California (EEUU) y Kristy Tiampo, de la Universidad de Western Ontario (Canadá). Su trabajo, para la Agencia Estadounidense del Espacio (NASA) consistía en la puesta a punto de un modelo informático que, a partir de los datos geológicos de una región, pudiera llegar a pronosticar la zona en la que se podría producir un terremoto. Utilizando los datos en el último medio siglo de la amplia red californiana (que incorpora actualmente más de 4.000 medidores entre San Francisco y la frontera mexicana), este modelo, denominado QuakeSim, calculó el potencial sísmico de diferentes zonas en el último decenio, encontrando 15 de los 16 seísmos producidos en ese periodo.

    Empleando también datos geológicos desde satélite, comprobaron que los principales terremotos se producían en una serie de puntos calientes que el programa informático puede detectar. En ellos se van produciendo pequeños temblores, que podrían ser usadospara alertar de otros futuros en zonas cercanas: se comprueba así algunas teorías de actividad en regiones sísmicas, que cada vez más tienen en cuenta los efectos, incluso lejanos, que tienen sobre la acumulación de energía en las regiones donde existen fallas. Sin embargo, el modelo -que se espera desarrollar por completo en los próximos años y que comenzará a realizar una monitorización global por satélite- no puede aún predecir ni todos los seísmos ni pronosticar la magnitud de los mismos. Un aviso, porlo tanto, insuficiente, por más que sea esperanzador.

    En promedio suceden cada año unos 20 seísmos de magnitud igual o superior a 7, en la escala Richter. Normalmente se localizan en zonas de elevada sismicidad, producida por la interacción de placas tectónicas, o asociados a vulcanismo (a su vez propiciado por la tectónica de placas, los continuos movimientos de la corteza terrestre). En los últimos años ha existido un agitado debate entre los mismos geólogos sobre la posibilidad de llegar a una predicción adecuada de estos fenómenos, como el que propició la revista Nature en 1998, en el que se vio que la búsqueda de pistas precursoras no siempre generará buenos resultados, porque existe una componente aleatoria que siempre escapará a los pronósticos. Tras el terremoto de Kobe, en 1995, las autoridades japonesas comprendiero que, aunque es necesario invertir en el establecimiento de modelos predictivos, posiblemente era más sensato (y efectivo) invertir paralelamente en la prevención de los mismos, con mayores exigencias en las obras públicas y en la edificación, establecimiento de redes de alerta y de protección civil.

    En promedio, se estima que entre un 10 y un 30% de los terremotos importantes del último siglo han presentado movimientos previos (atendiendo a más datos que los sismogramas, los modelos informáticos podrían llegar a aumentar esta predictibilidad por encima del 70%, según los más optimistas).

    Sexto Sentido Animal
    ¿Y si los geólogos se están olvidando de algo? Los servicios internacionales de noticias del 31 de diciembre hacían referencia a un análisis realizado en el Parque Nacional de Yala, en Sri Lanka. Según los datos, apenas habían muerto animales, aunque sí casi todos los humanos que trabajaban allí. Igualmente, zoólogos de Sumatra mostraban su sorpresa por la manera en que los tigres huyeron antes de la llegada del tsunami. Como suele pasar, la noticia se distorsionó llegando a parecer que ningún animal había muerto. No es así, y es comprensible que las informaciones no se centraran en la muerte de animales cuando el recuento de pérdidas humanas no se ha hecho todavía por completo.

    Sin embargo, es entendible que muchos animales pudieran notar algunas pistas sutiles, como movimientos de tierra o de las aguas que preceden a la llegada del maremoto, ondas de presión. Igualmente es comprensible que algunos animales veloces y hábiles parasubir a los árboles pudieran encontrar más rápidamente refugio que los humanos. Aunque se ha investigado exhaustivamente la posibilidad de utilizar animales como alertas en casos de seísmos (como el informe de Barbara Murck, Brian Skinner y Stephen Porterde 1997donde se analizaban datos que cubrían varios decenios; también experimentos de laboratorio en las universidades japonesas) las conclusiones nunca han sido claras. Parece que unos minutos antes de un gran temblor muchos animales pueden sentir las primera vibraciones. En algunos casos, unas horas antes podrían sentirse, en algunos casos, los avisos sísmicos. Pero no aportan una solución alternativa.

    2005-01-12 01:00
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