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  • Inicio > Historias > Discusiones Y Soberbia
    2002-10-19
    )

    Discusiones Y Soberbia
    2002-10-19


    Vengo de cenar con unos amigos, la cena habitual de los viernes que, por cuestiones de andar moviéndome de un lado a otro continuamente, había dejado de ser habitual. Aparte de los habituales hoy estaba una persona que no conocía, pero buen amigo de un buen amigo, llamémosle R. La charla ha ido yendo por los derroteros habituales hasta que, y puedo asegurar que yo no fui quien comenzó la cosa, surgió una historia bastante dolorosa. El hijo de R tiene leucemia y anda con quimioterapia. El otro día, la enfermera que estaba colocándole el gotero con la quimio le comentaba al padre que, realmente, eso no cura, sólo envenena. Imaginad la cara de R, y su silencio que sólo escondía un absoluto estupor. Ella fue explicándole que en el Cosmos existe un balance que se ha de reflejar en nuestro cuerpo, que esos balances se pierden, a menudo por la actitud negativa de la persona o de los familiares, como podía ser en este caso de los padres. Que esa leucemia sólo se podría curar intentando restaurar el balance mediante diferentes terapias que (ahí se le vió el juego), precisamente, ella aplicaba por las tardes en su casa si lo deseaban. Justificándose, ante los comentarios de R, esta persona explicaba que lo del trabajo en la Seguridad Social por la mañana era eso, un trabajo, que ella sabía que no servía para nada, pero que con su labor sanadora por las tardes sí se sentía realizada, y veía los resultados positivos.

    Le he preguntado a R si no se le había ocurrido hacer una protesta por escrito al servicio de oncología del hospital, y posiblemente llegar más adelante con una denuncia en toda regla. R me ha explicado que no, que en estos momentos lo que quieren es seguir con la quimio, ver que su niño se salva y que, claro, cómo van a meterse en un fregado de ese tipo, cuando esta persona tiene que estar ahí... Que había intentado recabar la opinión de otra de las enfermeras, y que ésta había excusado pronunciarse, más allá de un "bueno, ya sabes... tampoco puedo decirte lo que tenemos que soportar aquí". Le he ofrecido echarle una mano con el tema, poder ir más allá, pero no estaba por la labor. R era completamente escéptico y estaba bastante indignado por el tema. Pero no se animaba a hacer otra cosa, y así nos lo ha contado.

    Se me ha ocurrido pensar en otras clínicas en las que la misma persona que administra la terapia te pasa una estampita de una virgen o un santo, así como de tapadillo, aunque, claro está, en este caso luego no te vende una terapia "alternativa". Así que lo hemos dejado, digo, el asunto de las estampas, para ponernos a hablar sobre el asunto de las terapias alternativas. ¿Alternativas a qué? R, que en el caso de su hijo era completamente escéptico ha confesado, sin embargo, que no todo es así, que los científicos (por mí... sin comentarios) nos oponemos a este tipo de historias sin más, sin querer comprobarlas, porque tenemos una soberbia que nos impidde reconocer que hay otras cosas.

    El súbito cambio de actitud me ha sorprendido y le he preguntado a qué se refería. R ha comentado que va a menudo a un brujo de una población cercana a Pamplona, bueno le llaman "brujo" pero realmente no lo es: él diagnostica por la iridología (es decir, mira con una lupa el iris del cliente y hace un diagnóstico). R me ha dicho que siempre le ha clavado todo. Que luego las hierbas que le recetó no servían para nada. Pero que el diagnóstico era siempre infalible. Por mi parte, me he sentido obligado a explicarle que, por mucho que él lo creyera, la iridología no funciona. He matizado que realmente la iridología (o mejor, las iridologías, porque las diferentes escuelas existentes son incompatibles entre sí, al menos describen diferentes males ante el mismo fenómeno) no está comprobada, que nunca ha conseguido demostrar sus afirmaciones y que, además, tampoco existe una base fisiológica que permita establecer las conexiones necesarias para creer que el iris es una especie de mapa del organismo humano. Le he hablado de cómo funcionan las consultas de adivinos, de sanadores, de muchos otros que, incluso de forma inconsciente o no del todo deliberada, pueden captar matices en la voz, pequeños gestos que hacen que el cliente esté dándole la información suficiente como para hacer un diagnóstico acorde no con la realidad, sino con lo que el cliente cree o sabe. Que además una persona entrenada tiene un buen "ojo clínico" y esto no es más que una cosa evidente, sin propiedades iridológicas. Que, por si esto fuera poco, la memoria selectiva hace que me estuviera contando las cosas como él cree que pasaron, pero que muy posiblemente no habían sucedido así (por ejemplo, R afirmaba que no había dicho nada, ni mú, que nada más entrar se le había acercado el brujo y le había dicho lo que tenía, etcétera). A todas mis objeciones, que simplemente planteaban posibilidades alternativas que uno no debería descartar a priori como explicaciones de su experiencia exitosa con el iridólogo, él se oponía completamente. Era imposible, me decía.

    Y me achacaba una soberbia completa, me invitaba a que yo lo probara. ¿Para qué? le contestaba yo... si me acertara no demostraríamos nada, y si no lo hiciera, tampoco lo haríamos. Me he ofrecido a proponerle al brujo que se grabe la "consulta" con dos cámaras sincronizadas, una mirando al brujo, otra a él. Y que luego podría indicarle sin mucho problema en qué momentos estaba realizandose la lectura fría, si es que ése era uno de los mecanismos utilizados por el brujo, como cabe sospechar. Eso tampoco demostraría nada, pero permitiría comprobar algunas cosas. No estaba por la labor. Ya le he dicho que, de todas formas, y especialmente teniendo en cuenta que este brujo lleva viviendo del tema varios decenios, no accedería nunca a algo así, a ese control mínimo que podría desbaratar la hipótesis de la lectura fría, o al menos ... No. Y no. Que yo era un soberbio.

    A estas alturas de la discusión, de la que justo hago un breve resumen, podeis imaginar que el resto de los amigos ya miraban hacia otro lado, y pasaban del tema. Nosotros dos, R y yo, sin embargo seguíamos. Él empeñado en que me fuera yo, pagara las 14.000 pesetas que cobra por la consulta y lo comprobara. Yo que, desde luego, no pienso ni loco en pagar algo así para no hacer nada. Le he contado casos similares, cómo estos procesos funcionan, la falibilidad de la percepción y la memoria humanas, no en el populacho, sino en todos los humanos. He ido a otros argumentos intentando darle la vuelta al asunto, preguntándole a R si él creía que la medicina "oficial" estaba de manera perversa negándose a reconocer terapias o métodos de diagnosis que realmente funcionan simplemente porque no les gustan, cuando realmente la historia de la práctica médica muestra más bien lo contrario, que en general aquello que funciona se adopta, incluso antes de comprender por qué funciona. Le he hablado de la responsabilidad que, realmente, tendrían personas como el brujo por demostrar sus afirmaciones, eso del peso de la prueba, que yo no era el que tenía que demostrar que no funcionaba, sino ellos en dar adecuadas pruebas de que lo hace. Le he hablado del criterio de parsimonia, esa navaja de Occam que nos inclina a pensar que las explicaciones sencillas, sin invocar extrañasa conexiones iridológicas, podían dar cuenta del fenómeno.

    No ha habido manera. Para R yo soy un soberbio de cabeza cuadrada y mente cerrada. Él era el verdadero escéptico, porque había descubierto el truco de la enfermera oncológica, pero reconocía el valor de la iridología. Ya eran casi las dos, las otras mesas del restaurante se habían vaciado hacía rato, los camareros comenzaban a mirarnos con odio y hemos tenido que irnos. Así, la discusión se ha cerrado. Por supuesto, yo no le he convencido de nada. A lo más he podido agradecerle que, al menos, la leucemia de su hijo la trata la medicina "oficial", que la posibilidad de cura es alta en un caso como el del niño, y que no se le ocurrió llevarle a que le leyeran el iris y lo trataran con hierbas. Pero me ha quedado una sensación triste, como siempre pasa con este tipo de discusiones. Siempre sucede cuando un creyente es puesto en duda de su fe. Lo peor es que, además, no reconoce que sea una creencia que no está basada en evidencias razonables y lo más objetivas posibles. De repente, yo pasé de ser un escéptico como él a ser un soberbio.

    El problema es que, ahora, cuando escribo esto, tampoco tengo una moraleja adecuada.

    2002-10-19 02:34
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