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    2002-01-29
    )

    Dioses Y Tibiezas
    2002-01-29

    El otro día, en la otra bitácora, coloqué la siguiente entrada (transcribo):

    Compasión

    (26-enero-02)

    Los viernes por la noche es noche de cena de cuadrilla (me explico para los que no vivan por esta zona del mundo: la cuadrilla es la peña, el grupo de amigos, la "pandilla", que se dice en otras zonas). Nos juntamos un número variable de personas, de entre 30 y ya casi 50 años, con profesiones distintas, con distintas aficiones, de género diferente y de diferente opción sexual. Esta noche estabamos nueve. Cumplimos bastante bien las normas básicas que comentaba Ramón y Cajal como necesarias para una buena tertulia: principalmente, hablar de lo que no se sabe. De lo que no es su expertise que dicen los finos.

    Somos bastante destructores, nos gusta y, creo, nos parece una básica actitud ante la vida. Podríamos calificarnos de ateos y republicanos, pero todos sabemos que en este país es necesario ser anticlerical y antimonárquico además. Tenía yo la cosa, la espina, de una discusión que en una lista de socios de Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico. Se hablaba del asunto del ateísmo como creencia frente a la creencia como creencia, por así decirlo. De si hay ateísmos blandos y duros, de si... uuuf, ya sabeis, ese tipo de discuión teo/teleo/lógica que siempre se plantea... y, como suele pasar, en un tono en el que parece que hay grados de fiabilidad o de respetabilidad, como si mntener unas u otras posturas le hiciera a uno más o menos descerebrado. Es la típica discusión que suelen plantear los ex-meapilas (comperdón) o agnósticos, que no se quieren mojar, yo qué sé, por si acaso tienen tiempo aún de arrepentirse cuando estén en el lecho de muerte y un familiar cabroncete les ponga un cura con los olios cerca... [Nota: ¿sueno intransigente? Pues será que lo soy, pero no sé por qué uno ha de ir cogiéndose la chorra con papel de fumar en estos temas...]

    Bueno, en la discusión se iban aportando diferentes ideas, matices... Yo andaba como mordiéndome un poco las uñas a ratos, con ese escozor que produce el querer escribir algo pero luego pensa que total para qué... Un par de veces pinché el botón de respuesta del lector de correo, escribí unos párrafos y... luego borré el texto. Supongo que os habrá pasado esto más de una vez (la gente que no ha pasado nunca por esto suele ser peligrosísima, de los que te rebotan todo lo que les llega, o que contestan casi sin haberse serenado un poco....). Vamos, que lo pongo en plan mono, pero andaba acobardado más bien. En mi defensa comento además que por virtud y vicio de mi ISP, desde casa no puedo ahora usar su SMTP para enviar respuestas, porque han decidido que no les gusta el acceso que tengo... como ando vago en reinstalarme un servidor de mail propio, pues no puedo usar la cuenta con la que ando suscrito a los foros arpíos.

    La discusión ha ido derivando de un tema a otro y recientemente se ha introducido uno que es el que he planteado en la cena, cuando ya estábamos con las copas y unos cuantos se habían ido a la mesa de al lado a echar un mus (aviso: mus navarro de esos con cuatro reyes y cuatro ases, una tortura... pero así es Navarra). Ando más bien difuso o espeso, así que voy dando mucha vuelta antes de llegar al tema.... El tema al que me refiero es el de la moral, o mejor, del comportamiento ético.

    En opinión de uno de los que participaba en el foro, el problema del ateísmo es transmitir su ética, frente a la ética de los creyentes. Esta persona venía a decir que la ética que puede plantear un ateo es una ética de consenso. Frente a la superioridad que permite una ética revelada, en el caso de la creencia trascendente. Bueno, la "superioridad" venía avalada más por una facilidad de plantear algo como "bueno" (porque lo dice Dios) y por una cuestión demográfica (todos los creyentes en esa religión coincidirán con lo que dicta su dios).

    Para mí que todo esto es falaz... Está comprobadísimo que Dios (el que sea, o los que sean, o las que sean) no dice nada. Hay un tío o varios que dicen estar en contacto con él más o menos frecuente, y que son realmente los únicos autorizados para hablar en su nombre por estos pagos. Los vicedioses son realmente quienes proporcionan esa "ética revelada". En el caso (luego hablo de esto, que es lo que producía el título) de que la ética atea fuera un simple consenso... bueno, incluso así me parece más fiable algo en lo que se han puesto de acuerdo unos cuantos que algo que dice el vicedios de turno por su cara bonita o por ser quien es. Vaya, que para regirnos, prefiero la democracia a la dictadura. Y en el terreno ético lo mismo.... O sea que esa pretendida superioridad (de autoridad y demográfica) es puramente ficticia: es pura aplicación de la jerarquía antidemocrática (la jerarquía no puede ser de otro modo en este caso):

    Y a lo que iba... (que ya vale de vueltas), el asunto de la única ética como ética de consenso. No está mal. Pero eso de decir que lo que es bueno o malo se define solamente por un consenso entre iguales es contar sólo la mitad de la verdad. Es fundamental que exista un consenso, porque las reglas que establecemos para vivir en sociedad son siempre más adecuadas cuando nos vienen mejor a todos. Pero esa alusión introduce una velada acusación de relativismo que es injusta: implica que lo que es bueno o malo cambiará al albur de la opinión de los consensuantes, como el viento cambia de dirección...

    No lo creo así, una verdadera ética (es decir, la atea) surge de algo terrible y únicamente humano: llamémosle compasión. (A veces algunos le llaman cariño). Compasión en el sentido de ser capaz de ponerse en el lugar del otro. Un ser libre que es capaz de actuar de manera que, poniéndose en el lugar del otro, respete su libertad, es un ser ético, con una idea bien definida del bien.

    No es simplemente un consenso: los derechos humanos no nacen solamente de un consenso, sino de la evidencia de que, aplicando la compasión, los otros alcanzan el mismo estado de libertad y derecho que nosotros.

    Así que esta noche hemos hablado de compasión, de lo jodidamente difícil que es ponerse en el lugar del otro, de lo que nos cuesta ser buenos, en definitiva. Pero, también, de cómo precisamente quienes se erigen en monopolizadores de la ética desde posturas creyentes son los que menos compasión tienen.

    Ha surgido un caso real y reciente, que me comentó un amigo que es profesor en un instituto. Una chica de cuatro de ESO quedó embarazada. Su novio, de veintipocos, quería formalizar la relación con la mujer; la familia conocía el tema y respetaba cuaquier decisión que ella tomara. Ella había decidido tener el niño. Un sector del instituto, el carca de siempre, quería erigir a la chica en algo así como una bandera de la defensa de la vida frente al aborto. Evidentemente, otro sector, progresista, pensaba que la chica debía abortar, qué locura llevar adelante un embarazo a esa edad... Ambos sectores afirmaban tener la razón y con ella plantear la única solución ética. Sin embargo, lo cierto es que ninguno de los dos bandos aplicaba la compasión necesaria para analizar el trasfondo ético: esa mujer, de 16 años, debía ser la única medida de la situación. Al ponernos en su lugar, podríamos descubrir que en su libertad, la opción que había de tomar era la que ella decidiera y no otra.

    Mi amigo, visto que ella decidía seguir con el embarazo, estaba convencido de que la ética marcaba que fuera adelante con su decisión, por mucho que él pensara que estaba equivocada o que se enfrentaba así a unos riesgos excesivos. Curiosamente, los sectores del integrismo católicó del instituto se acercaron a él en esa época como nunca lo habían hecho (os podeis imaginar cuánto sufría mi amigo...). Y aquellos con quienes siempre había coincidido en lucha social, le daban la espalda. A la chica le pasaba lo mismo.

    ¿Qué paso? Afortunadamente, se dejó decidir a ella. Según pasaba el tiempo, con la presión en el instituto y, sometida a una serie de circunstancias que nunca había sospechado ser sometida, ella vio que su relación con el padre de su feto no estaba bien fundada, que el apoyo familiar encubría prejuicios religiosos... y cambió de idea. Decidió que tenía 16 años, mucha vida por delante, y que cuidar de un hijo iba a ser un compromiso que no podía aceptar. O algo así: decidió, en cualquier caso, abortar. Y posponer su maternidad al futuro.

    Mi amigo, entonces, asumió que éticamente tampoco podía sino apoyar la nueva decisión. Los sectores carcas se convirtieron de repente en martillo moral de la joven mujer. Los progres la querían ahora de nuevo en su seno. Una vez más, ni unos ni otros tuvieron compasión.

    La historia acababa aquí. No había más moraleja. Una amiga, que estaba en la cena, me ha reprochado esta ausencia de un final mejor. Qué le voy a hacer, si no soy Paul Auster... He pedido un poco de compasión, y asi, hemos acabado las copas y nos hemos largado del restaurante. (Quizá hubiera sido mejor que jugara al mus...)

    j.a.

    ----fin del rescate de la memoria del Pez----

    Hoy he ahondado más sobre el asunto. Me refería en el artículo anterior a una lista que la Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico tiene montada como foro de opinión e información para sus asociados. Aprovecho para hacer un poco de propaganda... ¿No conocéis la Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico? Pues no sé a qué estais esperando...

    He mandado una contestación a la lista: era lo lógico, aunque también es lógico que en una especie de e-diario como éste se puedan incluir referencias a las cosas que uno va leyendo, le van pasando, etc. Pero esta vez, tras varios intentos, he conseguido escribir un texto más o menos completo. Lo pongo a continuación por aquello de aprovechar el trabajo propio (dicho de otra manera, me intertextualizo alegremente). Por otro lado, como esta bitácora tiene otros objetivos, otros lectores, no está de más que me exponga un poco.

    Eso sí, lo reedito levemente, para dejarlo más autoconsistente. El título, que es el de este texto, lo mantengo:


    Dioses y tibiezas


    ¿Sabéis lo que es estar un buen tiempo mordiéndose la lengua leyendo algo a
    lo que te apetece contestar, pero que no tienes ese momento adecuado para
    hacerlo? ¿O cuando uno va leyendo y se encuentra con argumentos falaces y
    tiene ganas de ponerse a gritar: "te pillé, te pillé... se te ve la
    sotanitaaaa" pero, claro, aquí delante de la pantalla no hay manera?

    Pues eso me ha estado pasando con las idas y venidas que en la lista de ARP_SAPC se traían con esa historia de compartimentar en cajoncitos bien estancos el grado de creencia religiosa de la gente, o de poner marchamos más o menos de calidad (tipo "nihil obstat" más que tipo ISO 9002, todo hay que decirlo) a las éticas.

    • Nota: aquí debería hacer mención al tipo de cosas que iban apareciendo en los últimos días en la mencionada lista, pero no voy a hacerlo. Invito a los curiosos que se adentren en el mundo del escepticismo científico, del pensamiento crítico, de la racionalidad... Baste saber que se trataba de una discusión en la que en cierto momento fue surgiendo cierto trabajo caracteriológico sobre la creencia o increencia de las gentes, de eso que podríamos llamar la tentación trascendente (me encanta el término). ¿Hay una especie de continuo entre el ateo (stricto senso) y el creyente? Si bien desde fuera parece que no es posible ser "un poco creyente" o "un poco ateo", de la misma manera que uno no está "un poco embarazado" o "un poco muerto del tó", lo cierto es que históricamente, ese gradiente ha dado mucho juego. Demasiado juego, de hecho, y sobre eso iba mi comentario...


    De verdad que más de tres veces me he puesto a escribir una contestación, un comentario. Y todas las veces he decidido tirar a la papelera el mensaje sin lanzarlo a la lista. (Es una profilaxis que suelo practicar, aunque de manera incompleta porque con un criterio adecuado nunca saldría un mensaje... y uno tiene cierta propensión a la verborrea -everborrea más
    bien).

    • Otra nota: este párrafo sólo crea cierta tensión dramática para el lector. Que se vea que el autor sufre ante estos debates, que eviscera ante ellos y que, conmovido o arrepentido, recoge sus eyaculaciones antes de lanzárselas al resto del mundo. Vamos, perfectamente prescindible (esta nota se la dejo a un hipotético biógrafo, que sé lo que tendría que sufrir conmigo y así puede obviar, o subrayar en su caso, ciertas tendencias del Pez. Por cierto, prometo callarme un poco en estas notas... que hacen aún más imposible la lectura, por no hablar del contenido del discurso. (Lo dice el rey del anacoluto...)


    El otro día puse una anotación en una bitácora que tengo por ahí y que ahora ando mudando a otro sitio (antes en http://javarm.blogspot.com y ahora en http://javarm.blogalia.com) al hilo del asunto. Si alguien quiere echarle un vistazo anda por el primer enlace).

    En esencia, mi crítica a todo el asunto viene a ser una crítica a esa
    capacidad que tenemos los humanos de discutir y discutir sobre las cosas sin querer llegar al fondo de la cuestión. Obviando el fondo, doramos el asunto de retóricas y semánticas y nos metemos en discusiones del tipo del sexo de los ángeles. Todo, además, posiblemente, porque queremos ser muy educaditos, tener consideración a todos los demás (perfectamente necesaria esta consideración) y a lo que dicen (ésta a menudo prescindible).

    Pasa con el asunto de la creencia trascendente. ¿Por qué hay que ser
    mínimamente respetuoso con una idea tan perversa e infundada? ¿Porque supone el regocijo de miles de millones de personas? ¿Porque a lo largo de la historia todas las culturas han sucumbido a ella? Bien podeis entender que estos argumentos no sustentan ni justifican nada: falacias que, sin embargo se nos venden como algo poderoso para tratar con más cuidado, obviar o ya casi alabar este tipo de irracionalidades.

    El colmo de los colmos es ese devolver en forma de "y tu más" que muchos teístas, deístas o fideístas utilizan para caracterizar el ateismo como una más de las suyas... pero algo desviada más o menos. O sea que cuando uno dice: "ojo, a mí no me hagas comulgar con tus ruedas de molino", ya está poco más o menos que convirtiéndose en un devoto de la religión del Santo Ateísmo. Pues no. No es así, ni ha sido así nunca, incluso aunque muchos pretendidos ateos sigan diciendo que sí, que lo suyo es una especie de religión de la no religión (como hacen, por ejemplo, los alemanes, que
    cobran dinero del Estado por sus clases alternativas a la religión católica
    o protestante, confesiones que también cobran).

    "Sire, no necesito de esa hipótesis" es aquella frase de Laplace a uno de
    los Napoleones (el I) en la anécdota sobre la publicación de una Mecánica Celeste (gracias Breixo por la confirmación de la anécdota, posiblemente hipócrifa) y el comentario del dictador de por qué no se hablaba en ella de Dios. Esa es la actitud adecuada. Para hablar del mundo, para vivir de él NO ES EN ABSOLUTO NECESARIO (lo grito) invocar ni a dios ni a patrias ni a amos. Ni San Anselmo con su ontología, posiblemente el único argumento medianamente decente para apoyar la existencia de dios, queda libre de la crítica filosófica que tira por el suelo la necesidad frente a la contingencia.

    Estamos hablando de categorías diferentes: si uno quiere pintar su mundo con el color de un dios o de una trascendencia, allá el, pero no lo hace por necesidad alguna de andamios para ese mundo. Son sus andamios, su construcción. Allá él, pero que por favor no nos encargue tener que sostenérselos mientras se pinta la fachada del bungalow.

    De igual manera, como polis, como sociedad humana, que hemos desarrollado una imagen quién sabe si adecuada o incompleta de nuestra propia condición, nos dotamos de una ética. ¿De consenso? Joder, no podría ser de otra manera. Una ética puramente naturalista acorde con la evolución marcaría una supervivencia de la especie frente al individuo. Y sabemos que esto no es así, bueno, que no nos gusta ir por ese camino... Pero, por ser de consenso, o tender a ese consenso, ¿es inferior a una ética presuntamente revelada? ¿es menos compacta?

    Una ética revelada se la curra un pequeño grupo de ideólogos que montan el chiringuito con ansia de monopolizar todo. Si les cuela, se hacen famosos y viven más de 2000 años del momio. ¿Es eso éticamente más válido o sólo demuestra "visión comercial"? El que luego sean incapaces de adaptarse a los progresos de la cultura humana, ese monolitismo, ¿concede algún valor especial y añadido a su ética, salvo la constatación de su reaccionarismo? Lo mires por donde lo mires, una ética "sobrenatural" no aporta nada al debate. No supone un valor añadido para la creencia, porque es parte de la
    pescadilla trascendente mordiéndose la cola. Una vez más conviene no caer en la circularidad y totipotencia que pretenden vender "ex nihilo" los que sufren de esa tentación trascendente.

    • Nota: Hago alusión aquí al asunto de la "coherencia". Uno, así al pronto, puede establecer como valor la coherencia. Pero, analizándolo profundamente, coherentes son los sionistas y los antisemitas, que llevan a las máximas consecuencias sus terribles ideologías. Ser coherente, salvo que uno sea una luz láser, poco valor ético proporciona... más allá de la repetición. Ojo, con esto no defiendo la incoherencia o la volubilidad...
      Hay una canción del Bunbury que me saca de mis casillas siempre que la oigo, más por cuanto es una pocholada de tema, la titula
      Contradictorio y viene a decir:

      y si ayer dije blanco,
      y mañana de un salto me paso a lo negro.
      no lo veas extraño aún ando buscando,
      donde me quedo.

      contradicción,
      en el mismo centro,
      de la contradicción,
      en el mismo centro.

      Pues no, uno tiene que saber dónde está, aunque sea el centro de la tormenta. Pero ese posicionamiento, que es coherente en tanto en cuanto es honrado (y solidario con el mundo y con los otros), no es tozudo. Uuuuf la coherencia, qué peligro tiene, esa tozudez que decía el Marqués de Peralta, tan a punto de ser canonizado -me refiero a Josemaría Escrivá de Balaguer. Dios nos libre de la gente coherente... :-)


    Cada vez más, siento que no solamente es intelectualmente sano ser ateo, sino que es la única postura medianamente coherente ante el mundo en que vivimos. Y que, puesto que vivimos donde vivimos, esa defensa de la limpieza intelectual (llámesele honradez...) exige un anticlericalismo activo (extensible a quienes desde cierta tibieza les hacen el corralito a los meapilas de turno).

    Frente a la estrategia de los "sectores trascendentes" de desvirtuar la crítica a lo irracional de sus posturas (lo estamos viendo en diferentes grados en el thread de esta lista), hemos de exigir que clarifiquen su postura, que justifiquen cómo dentro de su visión sobrenatural encaja la obviedad de que estas máquinas ideológicas han supuesto estructuras de poder (político, económico) con afanes totalizadores, capaces de llegar a los extremos bien conocidos, de las más extremas abyecciones humanas...

    Nada de ontologías, teologías o morales sobrenaturales: guerras santas y jihads, genocidio, xenofobia, clasismo... son buenos ejemplos de la "calidad" de la creencia trascendente. Buenos ejemplos porque son reales, porque son abundantes, porque son fenómenos que se dan por y para el mantenimiento de ese tipo de creencias. (No me vengan con que no todos los creyentes son así, que ya lo sabemos: ni todos los católicos son del opus ni todos los musulmanes son de Al Qaeda. Pero ésos son lo que son por ser creyentes, o mejor, siendo creyentes justifican ser lo que son. Luego el "dato" de su creencia no es una mera correlación, sino un factor causal...)

    • Nota: Se suele acusar a esta forma de ver las cosas de ser de una cerrazón con altas dosis de intolerancia e intransigencia. Se suele comentar la gran cantidad de personas que, bajo el auspicio de una creencia, son solidarios, verdaderos luchadores de la solidaridad humana, adalides de una ética que realmente es compasiva, y que pretende cambiar el mundo a mejor. No es así. De la misma forma que hay gente muy muy mala que es atea hay gente muy muy buena que es creyente. Una vez más, estamos equiparando variables bastante ortogonales. Una cosa y otra no tienen que ver.

      Cuando esto se dice, se olvida a menudo que muchas ONGs católicas que hacen gran labor asistencial en países en desarrrollo (eufemismo con el que nombramos las zonas más deprimidas del mundo) están haciendo muy buena labor en lo suyo, pero olvidan lo "otro", lo que no sirve a sus preconcepciones. ¿Por qué no reparten condones? ¿Por qué no enseñan a los jóvenes a rebelarse contra insidiosas prácticas como la circuncisión femenina, la sumisión de la mujer? En tiempos recientes, ha habido interesante y gran debate en el seno de las ONGs que cooperan en países de Hispanoamérica sobre la forma en que los mismos proyectos de desarrollo (proyectos en los que, por ejemplo, se forman profesionales en diversos ámbitos, o se crean infraestructuras necesarias para el desarrollo sociocultural y económico) mantienen un reparto de géneros intolerable. A las niñas, les enseñan economía del hogar, agricultura y ganadería, a los hombres, ingeniería aplicada. Esto pasa, y seguirá pasando porque muchas de estas labores "humanitarias" surgen sesgadas desde una visión pasada por el tamiz de la religión del ser humano.

      Por otro lado, no estaría de más una estadística de cómo la gente que se mete intensamente en temas de cooperación desde posturas religiosas van avanzando hacia posturas de solidaridad social bien ateas o, cuando menos, desarrollan una crítica desde lo social a sus jerarquías que, aunque lo obvien (como lo hacen los que abrazan teologías de la liberación cristiana) que con ello incurren en pecado, anatema o delito dentro de su dogma. Un tema sobre el que se podría hablar más, largo y tendido, pero hoy no tengo el cuerpo...


    En fin, si un biólogo evolucionista muy reputado no tiene ganas de ponerse a criticar sus prejuicios, su sesgo sociocultural, su vagancia de llevar una cruz muy pesada (contra dios, ¿contra la patria, contra el rey?) y quiere ponerse en plan ursulina, pues vale... pero, por favor, que no haga tanta ostentación, que ofende un poco.

    Aquí termino el exabrupto. Punto por punto o globalmente, cualquiera podrá criticar (o demoler) lo que acabo de soltar. Pero, en el fondo, sabe que hay mucho de razón en esto. [[No merece la pena andar criticando uno u otro
    punto de una de estas homilías que me suelto, por otro lado :-)) ]] No, en serio, a lo que me refiero es que, por favor, intenten quienes mantienen posturas trascendentes sustentar mínimamente su argumentación, en vez de dedicarse a clasificar (en clases y en clasificaciones) los grados de creencia/increencia y demás, para quedar como en la línea de enmedio o algo
    así. ¿Acaso no apostamos por el pensamiento crítico? Pues eso.

    Saludos

    javier armentia



    2002-01-29 17:11
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