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    2007-04-28
    )

    Nota De Lectura: 'El muégano divulgador' (revista)
    2007-04-28

    La Dirección General de Divulgación de la Ciencia de la UNAM (Universidad Nacional Autónoma de México) publica desde una revista mensual que en versión electrónica pueden encontrar aquí, llamada "El muégano divulgador". Hago una pausa y coloco algunas apreciaciones que permiten entender el contexto.

    La UNAM es una ciudad entera, allá en el DF. Con líneas de autobuses que unen no sólo la ciudad con ella, sino sus diferentes partes. Como todo en el DF es exagerado, no es de extrañar que uno se pueda pasar más de una hora en el bus de un lado a otro. Hay hasta un antiguo crater y su colada, al lado de una de las bibliotecas. Edificios mazacotes de hormigón, de esos tan del gusto de muchos arquitectos hispanoamericanos hace decenios, configuran numerosos edificios. Hace unos años pasé por allí para sumergirme en un laboratorio donde se auscultaba en cada momento el estado de salud de Don Popo, el volcán activo Popocatepetl (pónganle acento en la "a" al pronunciarlo. Una hora más allá estuve en un auditorio gigantesco, al lado de una biblioteca no menor. Luego tardé otra hora en alcanzar unas facultades con aularios que parecían más grandes que todo Pamplona... Más de diez museos existen en esa UNAM, que tiene unos 290.000 alumnos (España tiene algo más de 1.400.000 en conjunto, por si sirve de comparación. La UNED es por aquí la universidad con más alumnos, en torno a los 140.000, seguida de la Complutense con algo menos de 80.000).

    Con ello, se puede entender la enorme magnitud de la UNAM que es, además, una entidad editora descomunal, aparte de muchas otras cosas. Y es entendible, así, que disponga de organismos de importancia, como esa Dirección General de Divulgación de la Ciencia. Es una apuesta importante, con varios museos de ciencia, exposiciones, investigación, publicaciones... Y sobre todo con un elenco de divulgadores encargados de hacer las cosas bien. Muy bien. Sin duda, un ejemplo que en este país del Año de la Ciencia deberíamos tener como modelo. (Deberíamos añadir: y sólo es la actividad de la UNAM, porque la divulgación científica también es importante en otras universidades mexicanas y a través del ministerio...)

    Voy finalizando la pausa: una de las publicaciones de esa DGDC es "El muégano divulgador", un espacio para reflexión sobre la actividad divulgadora. Los muéganos son unos dulces de masa de harina de trigo frita y cubiertos de caramelo, algo que uno muerde y teme, con razón suficiente, que no podrá volver a separar las mandíbulas nunca más. De natural poco dulcero, mordí uno hace años y tuve suficiente... aunque causan cierta adicción en otras personas, claro. En México lo del muégano se aplica en el lenguaje en un sentido más metafórico a aquello que tiene ligaduras fuertes (una familia muégano es, por ejemplo, la familia clásica de tres generaciones en casa...). En este caso, el muégano divulgador proporciona ese pegamento que une una actividad necesaria. (Lo cuentan en su propia web, conste...)

    Así, desde hace siete años, los ya 36 números publicados (comenzó como mensual, ahora trimestral) proporcionan muy interesantes reflexiones sobre la divulgación de la ciencia. Acaba de llegarme noticia del último número -37: abril-junio 2007- con materiales la mar de dulces y sabrosos. Y pegajosos, léase, atractivos y sugerentes. El número se abre con una reflexión de Mariana Espinosa, "Realidades de la ciencia y bien común", en el que presenta a dos personajes: Oscar, un ingeniero sin especialización que se quedó sin trabajo y siendo manitas vive de los arreglos caseros, y un investigador de la UNAM, Xavier, que trabaja en cosmología. A riesgo de destrozar el artículo, copio el final (si quieren, mejor que no pierdan todo lo que queda en medio, que aquí pongo el enlace del PDF del artículo):
    Óscar y Xavier viven distintas realidades a través de un contacto distinto con la ciencia; sin embargo, insistir en que Óscar entienda las ensoñaciones físicamente fundamentadas de Xavier probablemente no ocasione más que la acumulación de datos inservibles que se transformarán en mitología falseada. No es de extrañar que la gente ajena al estudio de la ciencia hable de la energía y la mecánica cuántica de manera, ya no laxa, sino profundamente errónea.

    En los últimos 20 años estos términos se han introducido en el léxico vulgar y son centro de discusiones y prácticas seudocientíficas.

    La mala comunicación de la ciencia tiene consecuencias contraproducentes tanto en los aspectos culturales como en los sociales, en especial en un país como el nuestro, en el que el analfabetismo científico es la realidad general.
    Una interesante reflexión, que podemos comprobar esta semana cuando hemos oído las estupideces que se decían al hilo del descubrimiento del nuevo planeta extrasolar "parecido" a la Tierra, o de ese mineral "parecido" a la kryptonita de Supermán (o asuntos que siguen llegando, como eso de que ahora algunos físicos desdeñan simplemente la realidad externa al observador como explicación mejor de los experimentos cuánticos, o lo de que el Universo acabará siendo materia aburrida en vez de pura energía aburrida, según cuenta Lawrence Krauss y que habrá que ver cómo recogen por aquí los medios, si es que lo hacen). O que explica -en parte- la hilarante defensa de la "calidad científica y periodística" de gente como Iker Jiménez y sus programas audiovisuales que suelen hacer por aquí los más variados, pero exaltados siempre, comentaristas. Por supuesto, me lo apunto también como crítica a lo que hago por aquí y por otros lados.

    Vayamos acabando. Otro artículo de este último número del muégano, de Sergio de Régules (en la sección Ideas), titulado "La elocuencia desencadenada" comenta, entre otras cosas (enlace al PDF, que, claro, recomiendo mejor que quedarse con la cita):
    La elocuencia narrativa y el arrebato lírico escasean en las revistas científicas especializadas. Como consecuencia, muchos científicos piensan que extirpar del texto todo rastro de naturalidad y elocuencia es la mejor manera de escribir no sólo en ciencia, sino en general. Esos científicos pueden ser personas agradables y hasta expresivas en el trato cotidiano, pero cuando toman la pluma se ciñen la camisa de fuerza e imparten cátedra desde un pedestal de hielo.

    Ya se ha iniciado un movimiento que pugna por aflojar las ataduras. Henry Gee, editor de ciencias biológicas de la revista Nature, recomienda a los científicos leer a John Keats y a Jane Austen para escribir mejores papers. Dice Gee: "la prosa enredada de los científicos produce una frustración parecida a la de un boxeador que, con las manos enguantadas, tratara de pelar un plátano". Pero el mensaje de Henry Gee (y otros editores de ciencia) tardará en penetrar en la conciencia de la comunidad. Entre tanto, la elocuencia de la mayoría sigue encadenada.
    Una lectura muy recomendable para este fin de semana, si me permiten la sugerencia.

    Añado:
    Sabía que me dejaba algo. La sección Peripatéticos ecológicos la escribe en el último número el mismo de Régules de la cita anterior, y bajo el título "Modelos" habla de algunas formas de proceder de ciertos autores de divulgación. Presento una, que es genial... (una vez, más, el PDF del artículo):
    El modelo depredatorio: En este modelo el lector es como una presa: hay que agarrarlo desprevenido, atacarlo por sorpresa y saltarle al cuello antes de que tenga tiempo de huir, o siquiera de darse cuenta de que le llegó la hora. He aquí un ejemplo anotado:

    “Amiguito, ¿sabías que todos tenemos genes? (Perfecto: el lector no sospecha nada. Engañado por nuestra amabilidad rayana en la ñoñería, se deja llevar y sigue leyendo.) Los genes son como unas semillitas que hacen que nos parezcamos a mamita, a papito o al cartero. (El lector está medio atontado. Es el momento de atacar sin piedad). Se sabe que muchas especies de Drosophila son polimórficas para inversiones cromosomales. Éstas se detectan fácilmente por examen citológico de los núcleos de las glándulas salivales larvales”.

    Misión cumplida. El enemigo (o sea, el lector) ha muerto, pero la ciencia se ha presentado con fidelidad y pureza, que es lo que importa en este modelo.

    2007-04-28 11:26
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    Comentarios

    1
    De: La Materia Oscura Fecha: 2007-04-28 22:48

    Muy divertida la clasificación de modelos divulgadores...

    Faltaría el modelo wagneriano:



    ¡Acallad el jubiloso torrente de vuestros lamentos, miserables mortales, y sabed que un día sombrío amanecerá en el que el Sol ya no brillará del mismo modo que lo hace ahora! Pero cuando ese día llegue, es posible que los humanos ya no existan como tales ¡Meditad presos de temor!

    (Declámese en tono hierático y perentorio)

    >:P



    2
    De: ElPez Fecha: 2007-04-29 00:48

    Sin duda, la divulgación al estilo wagneriano acabaría con todos los asistentes de pie, jubilosos, clamando la bondad del progreso y demás ;-)



    3
    De: Malambo Fecha: 2007-04-29 09:39

    Atrapante. Son las 4.35 de la noche, debo dormir un poco y, sin embargo, aquí sigo con el Muégano destapado.



    4
    De: La Materia Oscura Fecha: 2007-04-29 10:38

    Hombre, yo lo que esperaría más bien, es una especie de catarsis colectiva, que era lo que Nietzsche esperaba de Wagner antes de que sus diferencias ideológicas los separaran. >:P



    5
    De: La Materia Oscura Fecha: 2007-04-29 10:41

    Claro, que es posible que esa catarsis induzca a más de uno a ponerse en pie jubiloso, clamando la bondad del progreso y demás... >:P



    6
    De: Sergio de Régules Fecha: 2007-06-27 00:17

    ¡Qué sorpresa! Gracias por recomendar y leer "El muégano divulgador". Que les guste todo.



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