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    2003-02-06
    )

    Escepticismo O Guerra Ambiental
    2003-02-06


    (Territorios, Ciencia-Futuro, El Correo, miércoles 5 de febrero de 2003)

    A finales de 2001 se publicaba un libro titulado "The Skeptical Environmentalist" ("El Ecólogo Escéptico", aún no publicado en nuestro país), escrito por un danés, profesor de estadística, llamado Bjørn Lomborg. La tesis de Lomborg es que la información que se ha venido presentando en los últimos años sobre la existencia de un cambio climático originado por la acción humana, que tendría en el futuro consecuencias devastadoras si no se toman medidas inmediatas, es incorrecta. Con ello, políticas como las que se derivan del protocolo de Kyoto son gastos innecesiarios: sería mejor invertir ese dinero en desarrollo de los países del tercer mundo, porque de hecho la situación mundial está realmente mejorando. Para Lomborg, las asociaciones ecologistas, muchos científicos y los medios de comunicación han conseguido crear un fantasma que realmente no existe. Así, ni los bosques están desapareciendo, ni las especies se extinguen como se dice, y si hay un cambio climático, no merece la pena atacarlo, porque servirá para mejorar las condiciones de vida de mucha gente en el mundo.

    El libro, que resulta de lectura apabullante, con profusión de datos, citas y notas a pie de página, tiene además un lenguaje fluido y sugerente: cuando uno lee las argumentaciones de Lomborg se ve casi obligado a creer que ciertamente, nos están engañando por completo con esa -como él la denomina- "letanía" de los ecologistas: que la Tierra está enferma, cada vez más contaminación, especies y bosques desapareciendo a un ritmo cada vez más acelerado, y el calentamiento que ya está produciendo daños globales, como la desaparición del coral o el futuro deshielo de los polos...

    En Dinamarca, el libro fue un éxito nada más publicarse, y la versión inglesa -publicada en 2002- arrasó las librerías en Gran Bretaña y Estados Unidos. Rápidamente, los medios de comunicación recogieron el escepticismo de Lomborg, especialmente la prensa económica y también especialmente los medios estadounidenses. Al fin y al cabo la política de EEUU contraria a suscribir el protocolo de Kyoto recibía un espaldarazo con estas tesis, y por otro lado, el mundo económico siempre ha visto que frente a sus planes de expansión dentro de la globalización siempre han sido los grupos de defensa ambiental los que más daño han hecho a su imagen pública.

    Sin embargo, la comunidad científica no se entusiasmó. Desde el principio, las críticas pusieron de manifiesto que la selección de datos y de citas de Lomborg era muy sesgada. De los posibles indicadores estadísticos, sólo elegía aquellos que eran favorables a su tesis. Los expertos en investigación ambiental y ecólogos llevan mucho tiempo intentando establecer qué variables son las adecuadas para indicar el estado de nuestro planeta. A lo largo de varios decenios, instituciones como el WorldWatch Institute plasman estos indicadores a modo de "termómetro" global. En las revistas científicas, que cuentan con sistemas de arbitraje y revisión, las investigaciones no apoyan en absoluto las tesis optimistas de Lomborg. Por otro lado, hay que reconocer que el danés tampoco es el primer eco-escéptico, debiendo sus posicionamientos mucho a otros que antes lo intentaron, de los cuales el más famoso fue Julian Simon, economista estadounidense que popularizó en "El último recurso" (Ed. Dossat, 1996) tesis similares, que hablan de progreso en vez de amenazas.

    Lo cierto es que Lomborg no es un experto en el tema, aunque la publicación del libro le ha llevado a la dirección de un Instituto de Asesoría Ambiental, muy importante en su país. Los datos sobre deforestación, extinciones, estado de los océanos y crecimiento de la población humana se adecuan más a las visiones claramente pesimistas que mantienen las publicaciones científicas que al optimismo de las grandes empresas y de los economistas de la globalización. El daño que las opiniones eco-escépticas pueden tener a la hora de tomar decisiones y regulaciones a tiempo es importante: no olvidemos que aún se está lejos de obtener un consenso sobre protocolos aprobados hace varios años como el de Kyoto, y este tipo de publicaciones no hace sino echar más leña al fuego.

    En revistas de comunicación científica como Scientific American (publicada en España como Investigación y Ciencia) expertos ambientales de primer orden expresaron sus críticas a Lomborg, quien a su vez criticó a sus críticos, disparando una larga polémica que finalmente llegó al Comité de Fraudes Científicos de la Agencia Danesa de la Ciencia, a partir de varias denuncias de científicos daneses. El pasado 7 de enero, tras revisar las razones de unos y otros, el comité concluía: "hablando objetivamente, consideramos que la publiocación del trabajo en consideración cae dentro del concepto de fraude científico". Considerando el trabajo de Lomborg contrario a los estándares de la buena práctica científica, sin embargo, no consideraban que ello fuera muestra de negligencia por parte de Lomborg. La resolución ha generado una nueva polémica en Dinamarca, en la que se mezclan ya directamente las adscripciones políticas: Lomborg y sus defensores, aliados con los conservadores, consideran que ha sido la izquierda la que ha instigado este ataque contra quien pone en duda sus postulados.

    Sin embargo, y aunque sea difícil mantener el debate fuera de las opiniones políticas, lo cierto es que si los datos utilizados están sesgados, si se mezclan los conceptos o se realizan ataques personales, uno debería sospechar, ser muy escéptico, de este nuevo eco-escepticismo.


    Manipulaciones Pseudoecologistas
    ¿Hay realmente un debate científico en torno al estado de nuestro planeta? La respuesta es: rotundamente sí. Siempre lo ha habido, y en ciencia es además necesario que las diferentes opiniones y modelos se sustenten utilizando datos adecuados, comprobables y repetibles por cualquier investigador. De hecho, a menudo se ha acusado a los científicos (como clase) el ser muy lentos dando explicaciones a los problemas que alcanzan dimensión de alarma social. En los últimos años, dentro del debate ambiental, la ciencia ha ido estableciendo claramente que existe un cambio climático relacionado con las actividades humanas -especialmente la emisión de gases que propician el "efecto invernadero"-. Los modelos que establecen cómo se desarrollará, cómo afectarán las medidas correctoras propuestas, qué habría que hacer, son aún motivo de análisis: lo cierto es que no sabemos exactamente, ni podemos predecir a medio plazo siquiera, cómo evoluciona un sistema complejo como el clima de nuestro planeta. Pero el consenso, conseguido no tanto por posicionamientos ideológicos sino por acumulación de evidencias, es el que en las diferentes cumbres climáticas se ha ido mostrando: hay que actuar, cuanto antes, y favorecer el cumplimiento de los protocolos de Kyoto, no como la panacea, sino como una primera medida mientras se consigue adecuar el deseable desarrollo de los diferentes países a la sostenibilidad.

    Es cierto, sin embargo, siendo como es una actividad humana, y más por tener la importante incidencia socioeconómica que tienen estos temas, la ecología ha sufrido, y sufrirá, el abuso de sectores que intentan manipularla desde las ideologías. Posiblemente el más flaco favor se lo han hecho, precisamente, quienes más dicen defender un ecologismo pero que utilizan la manipulación o la falsedad en sus campañas. Recordemos cómo hace un par de meses un grupo ecologista español lanzó a los medios de comunicación una falsa noticia, presuntamente publicada en una revista científica internacional de primer orden, sobre mutaciones de peces en el Ebro, cerca de una central nuclear. La confusión creada, las excusas posteriores bastante confusas, pusieron de manifiesto la escasa credibilidad de quienes deberían tenerla por encima de todo.

    Algunos Enlaces
    La web de Lomborg
    El debate en Scientific American
    Crítica en el World Resources Institute
    La decisión del Comité Danes de Fraudes Científicos

    2003-02-06 07:08
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    Comentarios

    1
    De: fernand0 Fecha: 2003-02-06 17:13

    Pregunta (fácil, creo): ¿Tiene algo que ver lo de este hombre con aquello otro de Gaia?



    2
    De: ElPez Fecha: 2003-02-06 17:22

    Con Lovelock? No, realmente nada.



    3
    De: naldy Fecha: 2006-01-28 18:06

    imbesiles



    4
    De: angie Fecha: 2006-06-08 01:45

    la verdad no le entendi nada a esto



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