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    2003-02-12
    )

    El Lado Oscuro Del Laxante
    2003-02-12


    EL CORREO, Territorios, Ciencia/Futuro
    Miércoles 12 de febrero de 2003


    La ricina, que se obtiene de las semillas del árbol del ricino (de donde también se saca el aceite tan usado hace años como purgante), es una de las biotoxinas que podrían usarse en la guerra química.

    El pasado miércoles 5 de febrero Colin Powell mostraba un botecito con una sustancia blanca ante el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Contenía, según explicó, ricina, un potente tóxico capaz de matar a miles de personas en unas pocas horas, un ejemplo de lo aparentemente inofensivo que resultan los elementos que se podrían usar en una guerra química o biológica. Precisamente unas semanas antes, a comienzos de enero, se había detenido en Londres a unos presuntos terroristas argelinos en cuyo domicilio existía esta sustancia, aunque no se sabe cómo se había obtenido o qué uso se le pretendía dar.

    La ricina saltó a la fama (o a la infamia) con el asesinato en 1978 del escritor disidente búlgaro Georgi Markov. Su asesino, probablemente bajo las órdenes del gobierno comunista de Bulgaria, le pinchó dos veces con un paraguas que contenía en su punta un sistema para inocularle esta sustancia tóxica, causándole la muerte. La autopsia diagnosticaba una septicemia posiblemente de origen bacteriano, que le había producido un fallo renal, y aunque todo parecía de origen natural se descubrieron en su pie los dos pinchazos que delataron al paraguas búlgaro. A pasar de ello, el crimen consta en los archivos policiales ingleses de Scotland Yard como sin resolver.

    La ricina es una proteína, producida por el ricino. En su semilla, de la que se obtiene el conocido laxante llamado aceite de ricino, se encuentra esta sustancia que, para los usos habituales, se elimina mediante calor. Pero se puede separar por otros métodos, e incluso purificar hasta obtener un polvo con gran concentración de ricina. Esta proteína es capaz de inhibir, en un nivel celular, la síntesis normal de proteínas y desencadenar la muerte celular. De esta forma, potencialmente es un veneno muy poderoso, aunque depende de la forma en que entra en el organismo: en el caso de ingestión, se presentan vómitos, dolores abdominales, diarrea profusa y a veces hemorrágica en unas seis u ocho horas; la inhalación provoca inicialmente tos, provocando edema pulmonar y conduciendo a la parada cardiorrespiratoria al cabo de unas horas. Su inyección provoca disfunciones por todo el organismo, incluyendo el sistema nervioso central.

    Se estima que se trata de un veneno unas seis mil veces más potente que el cianuro, y que con una cantidad de sesenta microgramos (aproximadamente el equivalente a un grano de sal fina), se tiene suficiente como para matar a una persona. La razón de su toxicidad reside en la forma de la molécula de la ricina, con dos partes, llamadas A y B (algo similar sucede con la toxina del carbunclo). La parte B es capaz de fijarse a la membrana celular y permitir el paso de la cadena A al interior. En el interior celular, esta parte es la que rompe la maquinaria de la célula para la producción de proteínas. Una vía de ataque a la ricina se plantea precisamente aprovechando esta particularidad de su estructura doble: si se consigue hacer que se separen ambas cadenas, la molécula es relativamente inerte y la cadena A no puede entrar dentro de la célula.

    Resulta curioso pensar que todo ello viene de una planta,, el ricino o Ricinus communis, bastante habitual en el área mediterránea (se puede ver en numerosos lugares públicos del sur de nuestro país, por ejemplo), conocida desde la antigüedad -sus semillas han aparecido en tumbas de faraones egipcios de hace más de 4.000 años- y con comprobados usos medicinales. Este arbusto tiene amplias hojas dentadas y palmeadas; las flores aparecen dentro de una cápsula, y produce una semillas en forma ovalada con púas, del que proviene precisamente el nombre (ricinus es en latín garrapata). El aceite obtenido a partir de la molienda de esa semilla, llamado aceite de ricino o a veces "aceite de castor" (debido a que los ingleses lo llaman "castor oil" y al arbusto "castor tree") es un potente purgante que hasta los años sesenta era bastante popular. La sobredosis provoca daños renales, y por ello se dejó de usar masivamente como laxante a favor de otros con menos efectos secundarios.

    ¿Es realmente tan peligrosa la ricina? Algunos expertos dudan realmente de su utilidad como arma bioquímica, como Paul Wilkinson, para quien sólo esparciéndola a través del aire en un lugar público se podría causar cierto problema sanitario. Sin embargo, ni siquiera en ese caso se conseguiría un gran número de víctimas. Lo cierto es que, en cualquier caso, no se conoce antídoto contra esta proteína, aunque sí tiene tratamientos paliativos para sus efectos, especialmente si se detecta de forma temprana.

    Los Bioagentes Principales
    El término bioagente es el usado para designar las sustancias capaces de utilizarse en la guerra biológica. Su censo es amplio, y se suelen agrupar según su tipo.

    Toxinas: sustancias tóxicas producidas por seres vivos, o sus análogos sintéticos, como la ricina o la toxina botulínica (producida por las bacterias de la especie Clostridium Botilunum, la causante del botulismo).

    Bacterias: como la Bacillus Anthracis causante del carbunclo (mal llamada en castellano "ántrax") o la Yersina pestis, el agente de la peste negra.

    Virus: del que más se ha hablado es el de la viruela, enfermedad erradicada ya del planeta pero cuyos virus aún existen en algunos laboratorios estadounidenses y rusos, al menos.

    Rickettsias: organismos parásitos que pueden ser transmitidos por insectos o mamíferos, cuyas picaduras o deyecciones pueden ser vectores de la transmisión a los humanos, como la Coxiella burnetti, causante de la llamada "fiebre Q".

    En 1972 80 países firmaron la "Convención sobre las Armas Biológicas y de Toxinas" (CABT), que establece la prohibición de la puesta a punto, fabricación y almacenamiento de armas biológicas o de sus toxinas, y que proponía también plazos para la destrucción de los arsenales existentes. Actualmente la CABT está suscrita por casi 150 países, aunque en la última conferencia de examen de la misma se sigue exigiendo tanto su firma por el resto de naciones como su cumplimiento real por las que la firmaron, reforzando además la cooperación de los países con estos conocimientos en el desarrollo de usos pacíficos de la biotecnología. Por el momento, sin embargo, todo es casi papel mojado ante la amenaza del bioterrorismo.

    Algún Enlace:
    un completo análisis sobre la ricina en este enlace (en pdf) ("Ricin Toxin", David R. Franz and Nancy K. Jaax)
    Más información en la web de Counter-Terrorism
    El texto de la CABT en la web del proyecto de afianzamiento de esta convención en la Universidad de Bradford, GB.

    2003-02-12 19:24
    Enlace | 3 Comentarios


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    Comentarios

    1
    De: El GNUdista Fecha: 2003-02-12 21:04

    La RIP (bonitas siglas para la proteina inhibidora de los ribosomas) está siendo estudiada para salvar la vida de enfermos de leucemia.

    Como siempre, el lado oscuro no está en la ciencia, sino en los que la utilizan mal.



    2
    De: ElPez Fecha: 2003-02-12 22:10

    Cuánta razón tienes, GNUdista... es cierto, al final la cosa de no tener todo el espacio que uno quiere hizo que ese tema se me cayera del artículo. Por si alguien está interesado, hay un interesante artículo en el Bulletin du Cancer: L'utilisation des anticorps ou de leurs fragments pour le traitment des tumeurs de Jean-Yves Douillard y Jean-François Chatal, en el que hablan de la ricina.
    (Gracias por recordármelo)



    3
    De: Tenebris Fecha: 2003-02-14 05:00

    En la Cuba de Fulgencio Baptista se utilizaba el mencionado aceite de ricino para "purgar" a los disidentes, mediante el prosaico método de meterle un embudo en la boca y soltarle la dosis de ricino estipulada (si al torturador se le iba la mano no había nada que hacer más que ir preparando la caja de madera).
    Al parecer, el uso ha pervivido, según cuentan, en la Cuba de Fidel.
    ¡Qué cosas! ¿verdad?



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