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  • Inicio > Historias > Momias De Guanajuato
    2008-02-17
    )

    Momias De Guanajuato
    2008-02-17

    1. La parte biográfica del tema.
    El pasado 1 de julio de 2007 llegaba a Guanajuato a lomos de la Ruta Quetzal BBVA. Llegábamos ese día desde Morelia, con poco tiempo para conocer esta sorprendente ciudad de subsuelo horadado, en el fondo de un barranco, y rodeada de minas que, como La Valenciana, llegaron a ser la principal fuente de plata de todo el mundo... Historias sorprendentes que estaban incluídas en un itinerario denso, pero a la vez gratificante. Poco tiempo, en traducción del lenguaje de la Ruta al castellano habitual, significa realmente que desde que llegáramos hasta nuestra partida a mediodía del día siguiente apenas íbamos a tener tiempo para nada, entre otras cosas porque el programa de actos nos iba a comer todo: visitar la ciudad, una representación de entremeses cervantinos, visita e inmersión en la mina y, entre medias, conferencias... (entre ellas, un indignante mítin del exministro de Defensa, don José Bono, bajo el título -o amenaza- de "La Nación Española y América", que mejor olvidar). Eso -sin contar lo de Bono- supone habitualmente que uno no va a tener tiempo de pasear a gusto por las calles, ni de sentarse a tomar una michelada helada, o de charlar con la gente, salvo que te escapes y te pierdas algo fundamental.

    Como ya llevo más de un decenio viajando así, comprenderán que pueda encontrar siempre la manera, empero, de desaparecer de la programación oficial y montarme alguna alternativa. Lo que me permitió subir y bajar por las calles, y el funicular (tengo una compulsiva necesidad de subirme a cualquier funicular que se me ponga a tiro, y de hacer el comentario soez de llamarlo fornicular: si no, la experiencia no es completa), asomarme a los miradores, ponerme al lado del monumento al Pípila (¿no conocen la historia del incendio que comenzó la revolución mexicana? Dentro de dos años se cumplen dos siglos de aquello, así que sería bueno que fueran desempolvando sus historias de México, señoras y señores), acercarme a las casas de Diego Rivera, de la Tía Aura y la de las leyendas, turistear por el callejón del Beso y las demás callecitas que daban a placitas encantadoras, cada una más sugerente; meterme en las pequeñas iglesias y en la Basílica y en la Universidad, sacar fotos de las casas de colores pastel, y aunque no conseguí sumarme a las Callejoneadas típicas del ocio de esa ciudad, sí pude cumplir uno de mis deseos más morbosos (podría disfrazarlo de ansias de conocimiento antropológico, o de "investigación" de los misterios del culto a la muerte, pero para qué engañarnos), que era visitar el Museo de las Momias de Guanajuato. Allí caímos, pues en la Ruta siempre se encuentran compañeros de escapada, y allí nos sumergimos en uno de los museos más curiosos del mundo.

    2. La parte descriptiva propiamente dicha.
    El Museo tiene su historia, como es menester. Y viene de mediados del XIX, cuando debido a unas reformas en el cementerio de la ciudad, el de San Sebastián, en la parte alta de uno de los barrancos, se debieron exhumar cadáveres para las nuevas dependencias. La sorpresa -que creó más de una leyenda como manda también la tradición- es que un buen número de los restos enterrados se hallaban en excelentes condiciones de momificación. Aquellos que no tenían deudos vivos, o de familia desconocida, acabaron convirtiéndose en atracción popular, y finalmente en museo. La cosa es que, incluso hoy día, si uno no paga asegurándose un huequito en el camposanto municipal de por muerte, podría acabar convirtiéndose en pieza museística. O que llegue un Wener Herzog y te incluya como momia para un Nosferatu... el original lo hizo, conste. (También El Santo, que como no podía ser menos, luchó contra esas momias -véase en YouTube).

    Si uno atiende a las coloristas explicaciones del amable guía que nos acompañaba todo esto de las momias se debe, en el fondo, a las características geológicoesotéricas de esos terrenos, y apuntaba el mozalbete a unas emanaciones telúricas de un indeterminado tipo energético que permitían la conservación de cualquier carne. Apuntaba como prueba, además de a las momias, a la legendaria longevidad de los habitantes de Guanajuato, y la excelente conservación de los más mayores, algo que se pierde irremediablemente en cuanto uno deja de vivir allí. Comentaba, por si los turistas no estábamos del todo convencidos, que la conservación de las carnes en las casas de Guanajuato casi ni precisaba de refrigeradores de la tecnología moderna. Esas emanaciones eran una gloria completa. (Como saben de mi impenitente escepticismo, no les extrañará que como acotación a las afirmaciones del guía del museo contraponga mi experiencia personal de haber encontrado pestilentes muestras de putrefacción en los bidones de basura cercanos a un par de pescaderías y una carnicería que estaban en el mismo barrio del cementerio mágico... Si hubiera sido piramidólogo -es decir, piramidiota- me lo habría creido verbatim).

    Parece más razonable atender a las características del suelo y el ambiente (el microclima) para entender que se produzca una momificación natural, unida a una baja cantidad de parásitos que puedan zamparse el cadaver antes de que se momifique. Sin duda, a eso contribuye algo que se explicaba en un panel a la entrada del museo, pero que el guía no consideró oportuno comentar: aunque al principio se creyó que los minerales de la tierra eran los reponsables, parece más probable que las criptas de arcilla y caliza y el medio ambiente sean suficientes para entender esa hidroscópica condición que mantiene temperatura y humedad, favoreciendo la deshidratación en un proceso que consigue una momia en unos cinco años. No de todos los enterramientos (se estima que no más allá del 1-2%), pues lo habitual es que se descompongan pudriéndose y acaben devorados por pequeños animalillos y demás. Claro que lo mismo las telúricas energías son, además de sutiles, selectivas...

    En la exposición hay algo más de cien momias, algunas de ellas tienen el detalle de presentarse además en primera persona, contando quiénes eran, cuándo murieron y cuándo volvieron a la vida. Algunas incluso narran sus viajes a exposiciones de otros lugares... como un doctor de origen francés y apellido Leroy, que saluda casi a la entrada a los visitantes. Da una sensación sobrecogedora, especialmente porque muchas de ellas conservan los ropajes con que fueron enterradas, y en otras la desecación ha provocado que adquieran rasgos como de horror o dolor. Por supuesto, para dotar del toque dramático además del obvio del morbo a la exposición, los carteles indican en algún caso que podrían haber sido enterrados vivos... incluso hay una mujer, Ignacia Aguilar, epiléptica, que dicen que arañó el ataúd que la aprisionaba antes de morir entre convulsiones por asfixia, tras despertar de una catalepsia que había sido erróneamente diagnosticada como muerte. En opinión de nuestro guia, todo ello mostraba más bien que el tránsito al otro mundo es cualquier cosa menos apacible, que incluso esos bebés que también se ven expuestos en las vitrinas sufrieron una vez muertos la verdadera muerte de saberse muertos, y la posterior agonía eterna de convertirse en momias. El guía me comentó, ya que me veía especialmente interesado en saltar de una momia a otra: "No se lo deseo ni a mi mayor enemigo. Tengo pesadillas de sólo pensar que un día yo pudiera estar en esa vitrina, por lo que he dado órdenes de que me entierren en Dolores Hidalgo, donde no llegan los efluvios de esta ciudad de muertos". Dolores Hidalgo queda cerca, pero no tanto como para que te momifiquen sin permiso, por lo que se veía.

    Me quedé con la pregunta de por qué les dio por exhibir las momias, por qué hacer un museo con ellas. Cabe pensar que el culto al muerto que permea México, entre celebración y morbo, tiene que ver mucho con ello.

    A pesar de la general prohibición para hacer fotos, me quedé con algún recuerdo gráfico -en parte borroso- de esas momias de Guanajuato. Aquí se lo dejo:





    (Por cierto, un sitio de Univisión sobre el museo)

    2008-02-17 13:30
    Enlace | 3 Comentarios


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    Comentarios

    1
    De: Eugenio Manuel Fecha: 2008-02-17 21:05

    Y digo yo, podrían exponer a cierto político gallego allí, ¿no? Creo que encaja, por la edad digo.



    2
    De: Iván Fecha: 2008-02-17 21:28

    Lo malo que ese no se quedaria quieto en la vitrina XD

    La verdad que tiene que impresionar el susodicho museo.



    3
    De: jonathan Fecha: 2008-03-28 04:44


    que estan muy chidas he impresionan a la gente sobre todo con la mujer que murio de asfixia la sra ignacia aguilar( nachita )



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