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    2008-07-02
    )

    Americana (1)
    2008-07-02

    Como corresponde a cualquier viajero prehjuicioso (no existen los no--prejuiciosos, sólo los que hacen luego libros pretendiendo haber conseguido sumergirse realmente en el país visitado más allá de lo que todos los demás podrían hacerlo), cuando visito un país me fijo en lo que más me llama la atención, más ajeno me queda... lo estrambótico y lo oprobioso configuran así el día a día. También va encontrando uno esas cositas que te hacen amar cualquier sitio donde te dejan llegar.

    Por ejemplo, me encanta la avenida Michigan, la Magnificent Mile de Chicago. Es una calle de negocios y de lujo, enmarcada en la postal de los rascacielos más equilibrados del mundo (por poner un ranking arbitrario), con los jardines cuidadísimos, pagados por alguna empresa o comercio que contribuye económicamente. Pero tiene algo de vestíbulo de casa, o incluso de salón, más que de exterior. Sea por la mañana, a primera hora, cuando espero al autobús para irme al centro de convenciones o cuando llego de vuelta a la noche, ya tardísimo, con las luces de una ciudad que sí duerme, pero menos de lo que en EEUU suelen considerar adecuado. Es como estar en casa, en una casa absurdamente grande, y decorada con exageración que bordea (pero incomprensiblemente no rebasa) lo ridículo y ostentóreo.

    En efecto, este es un post de americana, como ese estilo que siempre me intrigó (aparecía en las colecciones de músicas de producción y reunía musiquillas entre el country.rock y algo más ampuloso, normalmente servían bien para rellenar momentos algo animados de un montaje...). Sin mayores pretensiones, quiero decir, tomando nota de lo que uno se encuentra.

    Y me ha venido de perlas para poder hacer el naturaBlog del martes, con experiencias de viajero prejuicioso:
    Mundo opulento y congelado

    Me van a permitir hoy un exabrupto (bueno, al fin y al cabo esto es un blog y para eso estamos también por aquí...). La cosa es que estoy con un constipado que no lo he tenido en todo el invierno. Provocado por la manía de poner el aire acondicionado a todo volumen, con consignas de temperatura ambiente que deben estar en torno a los 18 grados. ¿Dónde?

    Ya les contaba la semana pasada que me encontraba en plena Ruta Quetzal BBVA por Panamá. En la parte de ese país que pertenece al lado opulento del mundo, la fiebre acondicionadora es imparable. No es comprensible que en el vestíbulo de un hotel uno tenga que ponerse el forro polar, cuando afuera estás cerca de los 30 grados y con una humedad decididamente tropical. Lo mismo pasa en los centros comerciales (en efecto, en este país, también, la gente se va a pasar la tarde y el fin de semana completo, a los centros comerciales), en los edificios públicos, en los comercios. Uno tiene que cruzar esa barrera de la pobreza para reencontrarse con el trópico. No es difícil: el 40% de los habitantes de Panamá son pobres y no pueden permitirse el lujo de derrochar energía para congelarte.

    Pero por razones de trabajo, para participar en la conferencia que cada dos años celebra la Sociedad Internacional de Planetarios, y que ahora está teniendo lugar en el Planetario Adler, me he tenido que subir hasta la no menos opulenta América (que la llaman, quiero decir, a los Estados Unidos de Norteamérica), a Chicago. Aquí el verano es cálido también: unos 30 grados a primera hora de la tarde, con humedad del lago pero soportable, algo de viento y, de vez en cuando, un chaparrón que refresca la cosa a unos deliciosos 23 grados. Un lugar estupendo en el que poder estar en manga corta, tranquilamente, ¿o no? En absoluto: el centro de conferencias donde se celebra el congreso tiene una temperatura menor de 18 grados. Imaingo que es para que la gente pueda llevar elegantes trajes de lana en pleno mes de julio.

    Por supuesto, a nadie se le ocurre cuestionar la necesidad de poner la temperatura tan baja, cuando manteniendo simplemente unos 25 grados todos estaríamos comodamente, más ligeritos de ropa, más informales y, sobre todo, sin moquear ni tener que escaparte de los lsitios donde te pilla una heladora corriente de aire directamente desde la máquina. A pesar de que siendo previsor siempre me vengo a estos sitios con un jersey, no hay manera: el constipado ya lo tengo y me está dejando KO.

    Entre los muchos temas de discusión entre los profesionales de los plantearios se está hablando por aquí en Chicago de la forma de abordar los problemas del cambio climático y cómo estos centros de divulgación científica han de comprometerse activamente para hacer llegar a los ciudadanos la preocupación de los científicos, las apuestas de futuro, y sobre todo dar ejemplo. Me sonaban algo macabras esas propuestas, cuando me acurrucaba para conservar algo de calor corporal en ese helador salón de conferencias. Para quienes una vez más repiten el mantra think global act local (piensa globalmente, actúa localmente por traducir en plan casero), la cuestión del despilfarro en conseguir un frío excesivo no parece entrar en la ecuación.

    ¿Y por qué no? Por este mismo naturaBlog más de una (y de dos) veces se ha tratado el asunto. Lo comentaba el año pasado Joaquín Araujo:
    Despropósito sobre despropósito, conviene tener presente que cualquier diferencia de más de doce grados entre interior y exterior es perjudicial para la salud. No menos a considerar queda la salud de los ahorros. En este sentido, tengamos en cuenta que refrigerar 50 m2 de vivienda precisa un gasto en potencia eléctrica de 4,2 kilovatios. La temperatura ideal para el cuerpo y el gasto es de 25 grados.
    El año pasado, Luis Atienza, presidente de Red Eléctrica Española, pedía moderación en la temperatura a que se consignan estos aparatos, porque las puntas de consumo en el verano alcanzan ya los 42.000 Megavatios, y esto se incrementa cada año más de un 5%. La principal causa es la proliferación de aparatos de aire acondicionado. Por supuesto, no son el principal sumidero del consumo eléctrico de nuestro país, pero conviene no olvidarse del tema. En la nota de prensa de hace un año, Red Eléctrica informaba:
    Muestra de la influencia que el uso del aire acondicionado tiene en la demanda de energía eléctrica es que cada año se instalan más de un millón de equipos domésticos de aire acondicionado en España. Si de promedio se considera 2,5 kilovatios de potencia instalada y se multiplica por un millón de aparatos, eso significa 2,5 millones de kilovatios: 2.500 MW cada año, el equivalente a dos centrales nucleares.
    Algunos ayuntamientos, como Barcelona, llevan años con campañas estivales solicitando que la temperatura de los locales comerciales y públicos sea razonable. En China se estableció hace un año la prohibición de que la temperatura esté a menos de 26 grados. Muy razonable.

    Pero esto no sucede ni en Chicago, ni en Panamá donde estaba la semana pasada y adonde vuelvo en unos días. Seguiré con el constipado, con la congestión y con el jersey que no me quito más que cuando me meto en la cama bajo un calentito edredrón. Les seguiré contando, si sobrevivo a estos heladores veranos de la opulencia.

    Adler Planetarium Chicago

    (Imagen del Planetario Adler de Chicago)

    2008-07-02 06:18
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    Comentarios

    1
    De: krollspell Fecha: 2008-07-02 12:29

    Qué vista más chula del skyline más chulo hay desde el planetario, dentro del mismisimo lago Michigan. ¿Verdad?



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