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    2002-04-08
    )

    Cucurbitáceas
    2002-04-08


    A los lectores de esta bitácora, la historia les sonará ya antigua: en mi descargo diré que a los lectores del periódico en el que se publica esta columna, no. Ellos no me han tenido, aún, que aguantar disquisiciones sobre el tema.

    Milenio � Diario de Noticias, lunes 8 de abril de 2002

    Andaba hace unas semanas preocupado por una mujer, una tal Elena Bastibari que, según había leído en un delicioso libro de cocina y urbanidades atribuido a Leonardo da Vinci, había muerto en la hoguera �por sus coqueteos con un pepino�. Dejando aparte el comprensible vuelo de la imaginación en torno a las enormes posibilidades de uso del pepino, aparte de las culinarias, la historia de una mujer así me empezó a obsesionar. ¿En qué condiciones habría llegado al Santo Oficio la información de los coqueteos de la Bastibari? ¿Sería suficiente el uso coqueto de la cucurbitácea en aquella época para llevarle a una (o uno) a la hoguera?

    Pero lo más sorprendente de todo era que no había manera de encontrar más referencias sobre esta mujer y su vegetal pasión, o su ardiente sino. Quizá por algún tipo de contubernio, se nos hurtaba la existencia de aquella mártir de la libertad sexual. ¿Cómo era que ningún colectivo a lo largo de tantos siglos hubiera reivindicado el derecho a usar los pepinos como a uno le venga en gana? Ni siquiera un intelectual dado a las causas perdidas había emprendido su campaña antivaticana por no reconocer el error que se cometió hace siglos con tan misteriosa dama. No podía ser, y además el Oráculo que me atiende siempre solícito, el buscador de Internet, quedaba mudo ante mis preguntas.

    Decidí entonces investigar por mi cuenta, intentar recrear la vida y la tortura de esta mujer, y crear, en memoria de Elena Bastibari, un pequeño rincón en la red donde reivindicarla, acaso reivindicándonos un poco todos. Con o sin pepino. Tras búsquedas varias, fui descubriendo que muy posiblemente la tal mujer nunca existió, ni fue quemada por la inquisición, que ni siquiera Leonardo escribió esas notas apócrifas, muy probablemente venidas de la mano de un enjundioso crítico gastronómico. Elena había muerto al poco de nacer en mí su obsesión. Suele pasar, cuando uno se pone a coquetear con un pepino...

    2002-04-08 20:19
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