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    2012-11-21
    )

    Mirando Al Cielo Con Whitman (Entrelíneas)
    2012-11-21

    Me pidieron un texto para la revista ENTRELÍNEAS, la publicación digital de Red Eléctrica de España, y me han regalado todo un paginón, como "firma invitada" y hasta con un dossier con fotos, vídeos y sonidos. Como siempre pasa, releyendo mi texto me quedo con la sensación de que tiene un par de ideas buenas y una factura claramente mejorable. En otra vida me habría esmerado más y habría aprendido a escribir, no solamente a juntar letras. En cualquier caso, la ocasión me permitió una pequeña venganza por escrito ante una cierta manía (no es nueva) de pensar que una visión poética del mundo no puede casar con la visión científica, como si de dos magisterios imposibles de reconciliar se tratara. El texto comienza así:
    Mirando al cielo con Whitman
    Hace unas noches tuve la oportunidad de explicar el firmamento a un grupo de personas en un pueblo del norte de Navarra. Me pasa a menudo, entre otras cosas porque me dedico precisamente a eso, a contar cosas del cielo. En los últimos años uso un puntero láser que, como si eso de mirar al cielo y saltar de los héroes griegos a la cosmología actual no fuera ya suficientemente excéntrico, me convierte en un momento en un trasunto de guerrero jedi. Pero es una herramienta cómoda, que ayuda a la gente a descubrir entre los puntos del cielo los patrones de las antiguas constelaciones. Con el puntero localizamos así esos objetos casi mágicos cuya luz tarda en llegarnos cientos o miles de años: estrellas, nebulosas, cúmulos...

    La otra noche, cuando apuntábamos en Andrómeda a una manchita que aparecía en el cielo como una tenue luz, les dije que ahí estábamos viendo una galaxia con cientos de miles de estrellas, donde, de haber alguien observando ahora, estaría contemplando cómo era nuestro planeta hace más de dos millones de años.

    Basta con mezclar esas distancias imposibles con escalas de tiempo que nos lanzan de repente a los albores de la humanidad mientras uno recorre un firmamento oscuro y sugerente en su misterio para que se dispare la curiosidad que, es curioso, retenemos escondida el resto del día. Así que, apuntando el láser a puntos en la noche, iban surgiendo preguntas sobre otros mundos, estrellas que nacen y acaban su vida explotando, un universo que se expande y acelera y, claro, sobre esas palabras fetiche de agujeros negros, bigbangs, materias y energías oscuras...

    He de reconocer que me encanta provocar esa situación, en la que, viendo ese paisaje nocturno, nos ponemos a imaginar y, de la mano de la ciencia, pretendemos entender poco a poco algo que siempre nos ha maravillado. Es mi venganza personal contra el poema en el que Walt Whitman declaraba que las explicaciones en el planetario del docto astrónomo le hastiaban, “hasta que me escabullí de mi asiento y / me fui a caminar solo / en el húmedo y místico aire nocturno / mirando de rato en rato / en silencio perfecto a las estrellas”.

    El otro día, en medio de ese silencio perfecto, sin embargo, nos maravillábamos de que todas esas luces nombradas y numeradas en los catálogos fueran parte de un universo que se mueve por la energía, donde las mismas leyes físicas que nos permiten vivir mejor en un mundo cambiante marcan historias sorprendentes que vamos imaginando y descubriendo. Y alguien mencionó el bosón de Higgs y algunas noticias científicas que llegan a ser portada de los diarios, raras veces, pero marcando un patente avance en el conocimiento humano.

    Y así, saltando por entre estrellas con sonoros nombres árabes, en el húmedo aire nocturno de los Pirineos, atravesados por el Camino de Santiago terrestre y bajo el palio tenue del otro camino celeste, el tiempo pareció detenerse. Entonces, un puntito luminoso comenzó a recorrer el cielo: la Estación Espacial Internacional llegó también para saludar, colofón perfecto de esa charla que, lo confieso, uso como arma contra la indiferencia habitual con la que miramos al cielo y no nos conmovemos. En eso, por supuesto, estoy con Whitman.




    En el texto hago referencia al poema de Walt Whitman, de Hojas de Hierba (1900), titulado "Cuando escuché al docto astrónomo"
    Cuando escuché al docto astrónomo...

    Cuando escuché al docto astrónomo,
    cuando me presentaron en columnas
    las pruebas y guarismos,
    cuando me mostraron las tablas y diagramas
    para medir, sumar y dividir,
    cuando escuché al astrónomo discurrir
    con gran aplauso de la sala,
    qué pronto me sentí inexplicablemente
    hastiado,
    hasta que me escabullí de mi asiento y
    me fui a caminar solo,
    en el húmedo y místico aire nocturno,
    mirando de rato en rato,
    en silencio perfecto a las estrellas.

    Versión de Leandro Wolfson

    Sin duda, siempre mejor desentrañarlo en el original:
    When I heard the Learn’d Astronomer

    WHEN I heard the learn’d astronomer;
    When the proofs, the figures, were ranged in columns before me;
    When I was shown the charts and the diagrams, to add, divide, and measure them;
    When I, sitting, heard the astronomer, where he lectured with much applause in the lecture-room,
    How soon, unaccountable, I became tired and sick;
    Till rising and gliding out, I wander’d off by myself,
    In the mystical moist night-air, and from time to time,
    Look’d up in perfect silence at the stars.

    Pues de eso hablé en ENTRELÍNEAS.

    2012-11-21 23:32
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    Comentarios

    1
    De: Alriga Fecha: 2012-11-22 10:35

    Según Tio Petros, ¡que se joda Whitman!
    http://tiopetros.tumblr.com/day/2012/11/10



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