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    2014-06-01
    )

    Hace 20 Años: "El Cielo Sobre Nuestras Cabezas" @NoticiasNavarra
    2014-06-01

    Esta semana se celebraba el XX aniversario del nacimiento del DIARIO DE NOTICIAS, (Les Luthiers dirían "viegésimo aniversario"), cabecera local con la que he colaborado incluso desde antes de nacer. Y sigo haciéndolo porque me han mantenido como opinador por ahí, en artículos en un sitio u otro del periódico y semanalmente en una columna de opinión que suelo recoger por la pecera. El pasado jueves hicieron una fiestilla en la que nos volvimos a ver las caras muchas personas, y es que Pamplona es un pueblo pequeño y constantemente te estás encontrando con unos y con otros. Incluso cuando, como es mi caso, procuro huir de esos sitios llenos de gente de bien. Es que, verán, soy miedica y quién sabe si uno saldría vivo de estas gentes tan amables... Prefiero la amistad de los extraños, qué le vamos a hacer. Al menos las puñaladas no ... dejemos este hilo, que no lleva a ningún lado. Bueno, que fue divertido, y que un periódico pueda celebrar 20 años y seguir contándolo no es poca cosa. Que sigan contando conmigo es algo que no deja de sorprenderme constantemente. Y que agradezco, claro.

    Estaba esta mañana reordenando los discos duros del ordenador. Siempre hay uno que hace mucho que no ordenas, que te acompaña tras varios cambios de aparato en una especie de síndrome digital de Diógenes. En mi caso, dentro de la carcasa hay un par de discos tochos, poco eficientes, lentos y sin casi capacidad, pero que de una forma u otra he ido dejando ocupando una bahía de la placa. Las mañanas de domingo, mientras espera uno a las #punsetadas, son el momento ideal para intentar poner orden en esos directorios, pero uno empieza abriendo un fichero y nunca sabe dónde puede acabar. Bueno, si sabe dónde NO va a acabar: purgando los materiales y pasándolos a otro medio para mandar a su merecido descanso a ese disco.

    Hoy ha sido así, pero he encontrado una carpeta llamada 94. Verán, quien me conoce el ordenador sabe que necesito ordenar mis carpetas cronológicamente a pesar de que el fichero lleve incluida la fecha, y a pesar de que, también soy obsesivo en eso, habitualmente también ponga la fecha como comienzo del nombre de cada fichero; a pesar de ese intento de poner un poco de orden en mi caos, esto acaba significando que habrá cientos de carpetas con el mismo año, o mes, en directorios de múltiples discos, con los más variados contenidos que, solamente, compartieron en cierto momento un grado de coetaneidad y poco más. En esa carpeta había un documento denominado "DN002.DOC", que corresponde a la segunda colaboración que mandé para el Diario de Noticias, aunque no he encontrado la primera (creo que la tendré en algún sitio del archivo de papel mohoso y amarillento... pero ahora no tengo ganas de ponerme a estornudar por la alergia). Curiosamente, es un artículo que ya para entonces habría escrito algunas veces y que, sin duda, he vuelto a escribir cientos de veces después. Un tema que ya en el 94 era recurrente en lo que hablamos los divulgadores de la astronomía: la posibilidad de un impacto cósmico. En aquella ocasión, como suelo hacerlo siempre (esta semana, estoy seguro, volví a comentarlo, quizá en la radio...) menciono a Abraracurcix el jefe galo. Pues eso.

    Como pequeño regalo de cumpleaños, dejo aquí la segunda colaboración para el Noticias. Qué tiempos aquellos...
    EL CIELO SOBRE NUESTRAS CABEZAS

    ¿Tenía razón el jefe galo Abraracurcix al temer la amenaza de que el cielo cayera sobre su cabeza? Probablemente, ni Goscini ni Uderzo imaginaron nunca que éste es un problema real.

    El 1 de febrero de este año, un meteorito cayó sobre el Océano Pacífico. Explotó en la atmósfera, debido a la gran temperatura que adquirió por la fricción con nuestra envoltura gaseosa. Viajaba a unos setenta mil kilómetros por hora y la deflagración liberó una energía similar a la de cinco bombas de Hirosima. Nadie lo había predicho, pero la explosión fue detectada por los sistemas de vigilancia estadounidenses, que estuvieron a punto de confundirla con una bomba nuclear, y así, poner un poco más en peligro la delicada paz en la que vivimos. No quiero ni pensar qué podría haber sucedido de llegar este meteorito hace unos pocos años. A Bill Clinton le despertaron con la noticia, mientras que los astrónomos no lograron enterarse de nada hasta bastante después... Por lo que se ve, los militares del Pentágono no son demasiado proclives a diseminar esta información, aunque el susto les ha hecho reconsiderar su secretismo.

    Y hace aproximadamente un mes, el 15 de marzo, un asteroide de la clase Apolo-Amor (se trata de objetos que giran alrededor del Sol en órbitas cercanas a la de la Tierra) pasó a 160.000 km de nosotros, menos de la mitad de la distancia que nos separa de la Luna. Le han llamado 1994 ES1, y nos falló por poco. De haber chocado contra nuestro planeta, el cráter del impacto podría haber llegado a ser más grande que la cuenca de Pamplona. Y el material enviado a la atmósfera habría provocado un decenio de crudos inviernos...

    Cada día cae sobre esta bola que es nuestro hogar planetario más de una tonelada de material proveniente del espacio. Gran parte de ello tiene como mucho una micra de diámetro, se trata de granos de polvo muy pequeños. Y raras veces llegan al suelo meteoritos grandes, pues normalmente se evaporan en el aire.

    El catastrofismo cósmico se pone de nuevo de moda. Antaño asociado a los milenaristas (recordemos que diversas sectas nos aseguran un impacto antes del fin de milenio) lo cierto es que los científicos comienzan a valorar este fenómeno como algo relevante. Hace unos 65 millones de años, los dinosaurios, y el 80% de las especies vivas de entonces, desaparecieron muy posiblemente debido al impacto de un asteroide o cometa. De hecho, se han localizado los restos del cráter en la península del Yucatán. Hay quien ha calculado que un impacto de este tipo se produce por término medio cada doscientos millones de años.

    No hay modo de prever estos ataques a nuestra Tierra. Por el momento, las patrullas de vigilancia espacial que propusiera el escritor Arthur C. Clarke siguen siendo ciencia ficción. Quizá en el futuro se pueda anticipar y remediar la amenaza, pero no todavía.

    ¿Hay alguna solución? Evidentemente, cubrirnos con un escudo, como el bigotudo jefe galo, no sirve de nada. Ni construir refugios, ni usar casco. Contentémonos con que la probabilidad de que caiga un meteorito de más de un kilo sobre Navarra es tan baja como la de acertar sin más seis números de la primitiva. ¿Pero no es cierto que hay gente a la que le toca la lotería?

    2014-06-01 12:20
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    De: Anónimo Fecha: 2014-06-05 14:10

    No sé si habrá visto la película 'Melancholia', de Lars Trier, que echaron por la tele hará uno o dos meses, si no recuerdo mal en la 1, y que pese a algunos fotogramas quizás cargantes al inicio (pero nunca tanto como la casi totalidad de Kill Bill y otras basuras semejantes) en conjunto no está nada mal, a mi juicio. Lo digo porque trata de eso de que trata su artículo.

    Pues si no la ha visto y alguna vez lo hace puede fijarse en la escena de la hermosa mujer que, desnuda y complacida, se abandona de noche a recibir todo el influjo de la luz solar reflejada por el enorme, antiguo y maligno aunque no menos hermoso planeta que, dando título a la película, amenaza con impactarnos.

    Hace evocar la mitología. Y si en la antigüedad los dioses preñaban de aquel modo a las hembras simiescas, uno se pregunta qué saldría de ello en este caso: qué nuevo mundo, qué biomasa, y al fin, en la nueva era, qué extraña nueva especie dominante.



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