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  • Inicio > Historias > Apuntes Sobre Un Cielo Japonés (#FAN17)
    2017-01-13
    )

    Apuntes Sobre Un Cielo Japonés (#FAN17)
    2017-01-13

    Ayer se inaguró la decimocuarta edición del Festival de Anime de Navarra #FAN17, y me pidieron los organizadores que en la sesión de presentación al público en la Sala Tornamira del Pamplonetario mostráramos el cielo y contáramos algunas de las historias que se cuentan por Japón.

    No soy experto en nada de esto, acaso un amante inveterado del cielo y de contarlo a la gente, de emplear ese tablero de puntitos para contar cuentos, recorrer historias y leyendas, soltar chascarrillos, hacer algún chiste malo, recoger momentos más líricos o ensoñados y escuchar buena música. Y ahí me lancé.

    Había mucho que contar, de manera que una versión (incompleta y con alguna errata que dejo a la dedicación de sus lectores hacer notar, como un Antares que debía ser Arcturus que se coló y alguna otra errata o tontería) he colocado en Scribd:

    El Cielo Según La Tradición Japonesa by Javier Armentia on Scribd



    Recojo lo que comentaba en la sección "fuentes" del documento, porque el mundo es un poco menos malo cuando la gente reconoce de dónde ha sacado la información, y facilita a la gente interesada el poder llegar a esas fuentes. Posiblemente me haya dejado alguna, porque iba saltando de un lado a otro por comprobar que no metía demasiado la pata con la terminología, las traduccciones o las interpretaciones. En el texto no hay referencias directas, porque no hay casi nada especialmente original en mi trabajo salvo el ordenarlo así y contarlo en vivo y en directo ante una sala casi llena ayer jueves 12 de enero de 2017.

    Las fuentes
    Muchos de los datos e historias que aparecen en este texto están tomadas de los trabajos de Steve L. Renshaw. Recomiendo sus páginas sobre astronomía japonesa, http://www.renshaworks.com/jastro/, una web de esas de viejo estilo y poca concesión al diseño, pero que es la principal fuente de información online sobre el tema. Aunque como es habitual en los expertos en astronomía cultural, además del trabajo etnográfico e histórico, el autor se permite más de una especulación. Rico en referencias y publicaciones sobre el tema. De hecho, es uno de los tipos más copiados sin citar por los autores de la red que se dedican a hacer posts en sus blogs sobre el tema de las leyendas del cielo de Japón. Eso lo dice todo... todo.

    He ido consultando también diferentes textos sobre astronomía y cultura japonesas, y la wikipedia es fuente de información razonablemente correcta en muchos de los temas que he acercado en este texto. En concreto la información referente a la cosmogonía japonesa procede de la versión castellana: Mito japonés de la Creación.

    Un enlace sobre la tumba de Kitora http://www.crystalinks.com/japanastronomy.html (aunque es una página bastante magufa, ojito). De hecho mucha de la información sobre sistemas de adivinación de origen budistas o Shinto, de geomancia y feng shui está en páginas completamente crédulas. Que, aunque no recogen siempre bien las tradiciones, sirven como orientación. Me resisto a colocar demasiados enlaces de este tipo, pero como ejemplo puede servir est enlace sobre las estaciones lunares y los planetas y días de la semana: http://www.onmarkproductions.com/html/28-moon-stations.html.

    Recomiendo también un listado de nombres asociados a estrellas y constelaciones tradicionales de Japón recopilado en castellano por Daniel Marín: http://www.danielmarin.es/hdc/japonconstelaciones.htm

    Y en el mismo #FAN17 me he comprado "Cien aspectos de la Luna", de Tsukioka Yoshitoshi, un precioso libro de Sans Soleil Ediciones con una serie de grabados ukiyo-e del autor explicados, llenos de historias que podrán servirme para otras sesiones de cielo, y sobre todo para deleitarme con el trabajo finísimo de este artista.

    El texto más o menos actualizado:

    El cielo según la tradición japonesa


    Una sesión de planetario para inaugurar el Festival de Anime 2017
    12 de enero de 2017 / Javier Armentia, Planetario de Pamplona

    Introducción


    [De día y con el Sol – mediodía del 12 de enero de 2017, Luz tenue en la sala]

    Sol invernal.
    Montada en el caballo
    mi sombra, helada.

    (Matsuo Bashō)


    Amaterasu, la diosa solar Shinto. Nos saluda aquí en el planetario.

    Comenzamos con el Sol del día 12 de enero, en pleno invierno. Comenzamos en Pamplona y nos vale porque el cielo que tenemos en Pamplona no es demasiado diferente del que se ve en las principales islas del imperio del Sol Naciente. Cierto que ellos quedan mucho más al Este: 135 grados más orientales, 9 horas que nos llevan siempre por delante.

    También tendríamos que irnos un poco más al sur, unos grados más para situarnos en Japón. Por ejemplo, la tumba de Kitora, en Asuka, en la Prefectura de Nara, en Honshu, esta a 34,5 grados de latitud Norte.

    ¿Por qué el túmulo de Kitora (Kitora Kofu)? Es una construcción funeraria del siglo VII-VIII y en la cámara de la tumba, descubierta en 1983, apareció pintado un mapa estelar y en los muros cuatro símbolos marcan los puntos cardinales:

    - la Tortuga Negra del Norte, Genbu
    - el Dragón Azul del Este, Seiryuu
    - el Pájaro Rojo del Sur, Suzaku
    - el Tigre Blanco del Oeste, Byakko

    Son posiblemente las representaciones más antiguas de la astronomía japonesa que, sin embargo, no nació allí, sino que vino, como muchos otros aspectos culturales, de la cultura china. Una tradición astronómica miles de años anterior.

    De hecho, en estudios recientes del planisferio de Kitora se concluye que no es una representación del cielo visto desde Nara, sino una copia de un mapa celeste chino, realizado para otra latitud y para una época cientos de años anterior. Porque el cielo, ya lo veis, cambia según el punto de la tierra desde el que lo miramos.

    [Música de fondo y vamos haciendo la noche, pasando el tiempo para que se ponga el Sol.
    Este es el cielo que tenemos el 12 de febrero de 2017, el típico cielo del invierno. Conviene no pasar mucho tras la puesta de Sol porque si no Altair desaparece en el horizonte]

    Los planetas en Japón


    Como pasa en castellano, los nombres de los días de la semana y de los planetas (con la Luna) guardan clara relación. Pero no debe sorprendernos tal coincidencia porque hasta la apertura a occidente, Japón tenía un calendario lunar sin semanas, dando a los días nombre del número de la secuencia del mes.

    Lunes: Getsuyōbi 月曜日 Luna: Tsuki (月)
    Martes: Kayōbi 火曜日 Marte: Kasei (火星)
    Miércoles: Suiyōbi 水曜日 Mercurio: Suisei (水星)
    Jueves: Mokuyōbi 木曜日 Jupiter: Mokusei (木星)
    Viernes Kin'yōbi 金曜日 Venus: Kinsei (金星)
    Sábado: Doyōbi 土曜日 Saturno: Dosei (土星)
    Domingo: Nichiyōbi 日曜日 Sol: hi (日); taiyō (太陽)


    Pero los nombres de los planetas vienen de la tradición china, de los cinco elementos: agua (sui Mercurio Suisei), metal (kin Venus Kinsei), fuego (kay Marte Kasei). madera (moku Júpiter Mokusei) y
    tierra (doy Saturno Dosei).

    La cuestión de los elementos proporciona además una línea de origen de unos y otros: Júpiter, la madera, que da origen al fuego (Marte) que a su vez provoca cenizas que generan la tierra (Saturno) que en sus minas tiene metal (Venus) que atrae al vapor y genera agua (Mercurio) que alimenta a la madera (Júpiter de nuevo).

    En las tradiciones de origen budista, a los siete cuerpos celestes (los planetas, Sol y Luna) se añaden Rago y Keito, dos pseudoplanetas. En origen, en la mitología hindú, eran Rahu y Ketu, dos “estrellas imperiales”. Habitualmente se suele considerar que son los nodos de la órbita lunar...

    Esta noche, al suroeste tras la puesta del Sol, tenemos a Venus y Marte en el cielo. Y al este, saliendo sobre el horizonte, la Luna.

    El Zodiaco en el cielo de Japón


    La línea imaginaria que podemos trazar en el cielo por donde van los planetas corresponde a la eclíptica, el mismo plano de la órbita de la revolución terrestre. Es la región por la que se pasean los planetas, la Luna y el Sol, el zodiaco.
    Que en Japón adquiere, siguiendo una tradición china, otra interpretación, precisamente marcada por la Luna moviéndose durante el mes que tarde en recorrer el cielo y cambiar de fase.

    Como hemos comentado, el calendario se establecía con los movimientos de la Luna, que iba pasando por 28 estaciones o moradas: Sei Shuku. Una tradición que en China además se usaba para la adivinación astrológica. Cada 7 moradas estaban regidas por uno de los animales de los puntos cardinales:

    las siete primeras para el Dragón Azul del Este (entre VIrgo y Sagitario)
    las siete siguientes para la Tortuga Negra del Norte (entre Sagitario y Pisces)
    las siete del Tigre Blanco del Oeste (entre Pisces y Gemini)
    y las siete últimas del Pájaro Rojo del Sur (de Gémini a Virgo)

    Realmente las moradas se escapan de las zonas de las constelaciones zodiacales a veces (por ejemplo alguna de las moradas está en Pegaso u Orión), posiblemente porque se establecieron hace más de 4000 años en China y se mantuvieron así como un sistema de adivinación tradicional.

    Por ejemplo, en este cielo del Planetario tenemos a Venus cerca de la décima morada, Uruki Boshi, que suele ser identificada como Epsilon Aquarii. Y Marte cerca de la undécima, Tomite Boshi, Beta Aqr.

    Setsubun 節分, el festival que avanza la primavera


    El 3 de febrero de 2017 se celebra la “división de las estaciones” y se considera el día anterior al comienzo de la primavera. Era una celebración que estuvo relacionada con el año nuevo lunar, aunque es cierto que desde la restauración Meiji y al haberse adoptado el calendario gregoriano, las fechas han quedado simplemente como testigos de los antiguos calendarios lunares usados desde el periodo Heian o los solares introducidos ya en el periodo Kamakura.

    Se ahuyentaban a los malos espíritus con cabezas de sardinas, quemando madera u hojas. Es costumbre lanzar mame tostado diciendo “oni wa soto! fuku wa uchi!” (idos, diablos, ven felicidad), y comer tantas alubias como años tienes. También se come eomaki sushi sin hablar hasta acabar la pieza.

    Ahí tenemos a la Luna, en la vigesimotercera estación, Tamahome Boshi, Delta Cnc.

    Tanabata: La típica historia de dos amantes y un destino bastante cruel.


    Todavía podemos ver, al comienzo de la noche, parte del cielo que nos acompañaba en el otoño, donde estaba ese triángulo que, dado que aparece en el cielo en verano, es conocido con el original título de TRIÁNGULO DEL VERANO, formado por las estrellas Vega, Deneb y Altair, en las constelaciones de la LIra, el Cisne y el Águila. A estas alturas de invierno están a punto de echarse a dormir en el horizonte oeste.

    Pero las rescatamos porque marcan una conocida historia muy japonesa. Y marcan una característica de la forma en que se ha mirado y leído el cielo en Japón: aquellas estrellas que toman significado por pertenecer a una historia o una tradición se convierten en Yowatashi Boshi: estrellas que pasan en la noche. Lo son las que marcan las moradas lunares, y las de algunas constelaciones, más brillantes que otras.

    En este caso, estamos hablando de una historia para las noches de verano, que es cuando este triángulo estaba alto en el cielo. Esta zona del cielo es protagonista en muchas culturas del oriente asiático de uno de los principales festivales del verano. En Japón es el conocido Tanabata (七夕) o festividad de las estrellas. La tradición más antigua, como pasa a menudo con la cultura japonesa, deriva de China, del Qi Xi o “noche de los sietes” o “festival de la súplica de habilidades”. Llegó a Japón y se popularizó en la era Heian (s. VIII-IX).

    La historia es bastante conocida, el cuento de la princesa y el pastor, así que simplemente la recordaremos: dos amantes condenados a estar separados todo el año, pero una noche y por clemencia divina, pueden cruzar el río y juntarse. Orihime e Hikoboshi celebran así el amor en la noche estival.

    Orihime 織姫 era hija de Tentei, el emperador celeste. La princesa tejedora, tal recoge su nombre, tejía con habilidad a orillas del río Amanogawa 天の川, el Río Celeste dicen sus kanjis, es decir, la Vía Láctea. Por cierto, que no solo en las culturas orientales la Vía Láctea era un río. También lo era en Egipto, y lo fue en la América Andina.

    Orihime tejía y tejía. En alguna tradición se cuenta que tejía precisamente el cielo, las estrellas y su brillo eran el manto que día a día la princesa bordaba con arte. Pero no podía conocer a nadie. Su padre, Tentei (天帝, el Rey Celestial), preocupado por la soledad de Orihime propició el encuentro con un pastor que cuidaba reses al lado del río: Hikoboshi (彦星) a veces llamado Kengyuu. Se enamoraron al instante y se casaron.

    Dedicados así a su amor descuidaron sus tareas: ella no tejía y a él se le fueron los animales por ahí. Esto siempre se refleja en el cielo en las historias: el ganado perdido por el cielo y las estrellas sin ordenar. Todo esto enfadó a Tentei que ordenó separar a los amantes poniendo a cada uno a un lado del enorme río, de caudal intenso y sin puentes, de manera que los amantes quedaron separados.

    Orihime lloró y lloró la pérdida, y al final el rey apiadado permitiró que el séptimo día del séptimo mes pudieran verse los dos amantes separados. Pero no podían cruzar el Amanogawa, así que Orihime volvió a llorar. Y unas urracas se apiadaron de ella, haciendo un puente con sus alas y permitiendo así esa noche su reunión. (Las urracas eran aves de fortuna y amor).

    En el cielo, Orihime Boshi es Vega, e Hikoboshi es Altair. Y entre ellos, está la Vía Láctea.

    A Tentei le tenemos en posición principal, en el centro del cielo: Tentei Boshi es la estrella polar.

    Ahora, el el festival del Tanabata se celebra el amor y el encuentro de los amantes colgando tanzaku, pequeñas tiras de papel con los deseos que uno tenga, atados en los bambúes. O se hacen barquitos de bambú con esos papelitos. Hay festejos, carrozas, concursos de belleza, la excusa está plantada para la fiesta.

    La fecha del festival cambia porque se celebraba conforme el calendario lunar: en 2017 será el 25 de agosto en Japón.

    Orión: doncellas, kimonos, tambores, rastrillos o guerras de clanes...


    A veces las “estrellas que pasan” siendo las mismas sirven para recordar diferentes historias o leyendas, o marcar diversos momentos del transcurso del año. Uno de los ejemplos más notables, no es raro, es Orión, el gigante cazador celeste que despliega en las tradiciones japonesas numerosas historias contrapuestas.

    Dos hermanas se encontraban paseando por el camino, la menor siguiendo a la mayor a la vez que llevando unos cubos de agua con una vara de bambú al hombro. Un oni (ogro) comenzó a perseguirlas, y ellas echaron a correr buscando refugio. Una cuerda que llevaba a los cielos les proporcionó la huida hacia el cielo. Pero el oni arrancó el pie de la menor de un mordisco. En el cielo vemos el palo de bambú, como el cinturón de Orión, y el pie que le queda a la menor es la región de la daga, donde está M42, la Gran Nebulosa de Orión. Ah, la hermana mayor es la Luna.

    Se cuenta que esta leyenda recogía el concepto de “consciencia” de Japón, basada en e

    Mitsu Boshi (三つ星)
    En otras tradiciones se denominan a las tres estrellas del cinturón de Orión como las tres hermanas. Muy parecido a lo que sucede en muchos otros lugares.

    Awainya Boshi, Komeinya Boshi o Awaine Boshi
    Aunque es más tradicional asociar las estrellas del cinturón de Orión a símbolos de la agricultura: el mijo o el arroz, o ambos, según la época del año. Precisamente uno de los festivales en torno al Equinoccio de Primavera de la tradición budista, el Higan (お彼岸?)
    (hay otro Higan en otoño), se relaciona con la siembra del arroz y precisamente con el momento en que al comienzo de la noche vemos Orión hacia el Oeste.

    Karasuki Boshi
    En algunas descripciones, la daga y las tres estrellas del cinto se convierten en un típico rastrillo de las labores del arrozal.

    Sode Boshi
    Otros quieren ver en esta región del cielo la amplia manga de un kimono.

    Tsuzumi Boshi (鼓星)
    Y la misma forma de las siete estrellas más brillantes de Orión convierten a esta constelación en TSUZUMI BOSHI (鼓星), las estrellas del tsuzimi 鼓, ese tambor con pinta de reloj de arena que vino de China y se toca como instrumento en las representaciones del Noh o el Kabuki.

    Genji Boshi (源氏星) y Heike Boshi (平家星)
    Otro mito en la misma región celeste nos lo traen las dos estrellas más brillantes de Orión: Rigel y Betelgeuse tal y como las conocemos, marcan en el cielo las posiciones de los dos clanes rivales, el clan Genji (o Minamoto) y el clan Heike (o Taira), protagonistas del poema épico del siglo XIII en la era Heian HEIKE MONOGATARI (El Cantar de Heike). Las enseñas del clan Minamoto eran azules, las del Taira, rojas. La guerra la ganaron los Genji, cuando se trasladó a Kamakura la capital, acabando siglos de disputas y llegando a la paz.

    La creación del Universo


    [Movemos un poco el cielo para que vaya poniéndose Orión al Sur, y suba la Osa Mayor]

    Pasa la noche... porque llevamos un buen rato al comienzo de la noche y las noches de invierno dan para muchas “estrellas que pasan”. Vemos como las estrellas se mueven en torno nuestro, siguiendo un camino trazado y señoreado por Tentei, la estrella polar, el rey celestial.

    Las estrellas que pasan en la noche nos rememoran nombres diferentes de los occidentales, muchas historias que hoy apenas tendremos tiempo de mencionar.

    Por ejemplo, cerca de Orión tenemos a Neko no Me (猫の目), los ojos del gato. En la tradición griega son dos mellizos muy famosos: los dióscuros Cástor y Pólux.

    La brillante Ao Boshi (青星) o estrella turquesa (azul-verde) es Sirio la más brillante del cielo.

    Ato Boshi (後星) es Aldebarán, la estrella que sigue a Subaru (昴 , 統星), las Pléyades, que en Japón se imaginan una cabellera desplegándose en el cielo. Y el logotipo de la compañía de automóviles es precisamente una representación de seis estrellas de este cúmulo.

    A Capella la denominaban Subaru no Aite Boshi (昴の相手星), es decir, la estrella que acompaña a Subaru (las Pléyades)

    Si el cielo recoge así historias y leyendas diferentes, como ya hemos visto, el propio concepto mítico del Cosmos está en Japón muy ligado a la geografía y la historia. Los mitos de creación del cielo y la tierra Shinto se recogen en el Kojiki, la primera obra escrita en Japón, del año 712.

    Kojiki o Furukotofumi, literalmente “registro de cosas antiguas”, se realizó para ligar la historia de Japón al propio origen de los tiempos. La creación del mundo se hizo a mano de los dioses (kami) Izanagi y Izanami.

    Pero antes que ellos fueran creados hubo mucho meneillo.

    Al comienzo, el silencio, y una masa informe y espesa, pero se oyó sonido, y se movieron partículas, y las más ligeras, y la luz, se elevaron, y unas formaron las nubes y otras las llanuras celestiales, Takamagahara. Abajo, la Tierra seguía informe y oscura.

    Al formarse Takamagahara aparecieron los 3 primeros dioses, las tres deidades creadoras:
    - Ame-no-mi-naka-nushi-no-kami ( 天之御中主神? ”Señor del Augusto Centro del Cielo”),
    - Taka-mi-musuhi-no-kami ( 高御産巣日神? ”Augustísimo engendrador” o “Divinidad de la Augusta Energía Vital”) y
    - Kami-musuhi-no-kami ( 神産巣日神? ”Divino engendrador” o “Divinidad de la Divina Energía Vital”).

    Muchos templos en Japón se dedicaron a estos tres dioses. Muchos de ellos tienen como joya un meteorito, una piedra caída del cielo y por lo tanto considerada sagrada. Solo en la prefectura de Kochi hay más de 80 de estos sencillos templos, a menudo en parajes elevados, a los que se accede tras interminables escaleras.

    En el cielo se ha querido a veces ver a estos tres dioses creadores en las tres estrellas del cinto de Orión, o Altair y las dos estrellas que la acompañan, o incluso las tres de la cabeza del Escorpión, que también han recibido su mención.

    Y luego aparecieron dos kamis más de una especie de brote de caña:
    - Umashi-ashi-kabi-hikoji-no-kami (宇摩志阿斯訶備比古遅神? ”Antiguo príncipe encantador brote de caña”) y
    - Ame-no-toko-tachi-no-kami ( 天之常立神? ”El que permanece eternamente en el Cielo”)

    Estas cinco deidades son las Kotoamatsukami, “deidades celestiales independientes”, sin sexo definido, nacidas espontáneamente y sin pareja. Después de ser creados desaparecieron por ahí y no se supo nada más de ellos.

    ¿Os parece inusual? Pues esperad: una segunda generación dio lugar a otros dos dioses:
    - Kuni-no-toko-tachi-no-kami ( 国之常立神? ”El que permanece eternamente sobre la Tierra”) y
    - Toyo-kumo-no-no-kami ( 豊雲野神? ”Señor íntegro”)
    Parece importante, aunque tampoco tenían sexo, ni vida sexual ni nada, y también se ocultaron nada más nacer.

    Luego aparecieron cinco parejas de dioses, parejas con un kami masculino y una kami femenina:
    - U-hiji-ni ( 宇比地邇神? ”Señor del limo de la tierra”) y su joven hermana (y esposa) Su-hiji-ni ( 須比智邇神? ”Señora del limo de la tierra”), (son la tercera generación divina)
    - Tsunu-guhi ( 角杙神? ”El que integra los orígenes”) y su joven hermana (y esposa) Iku-guhi ( 活杙神? ”La que integra la vida”), son la cuarta generación divina
    - Ō-to-no-ji ( 意富斗能地神? ”El antepasado de la gran región”) y su joven hermana (y esposa) Ō-to-no-be ( 大斗乃弁神? ”La antepasada de la gran región”), que son la quinta generación
    - Omo-daru ( 於母陀流神? ”El perfectamente hermoso”) y su joven hermana (y esposa) Aya-kashiko-ne ( 阿夜訶志古泥神? ”La venerable”) como sexta generación divina y finalmente
    - Izanagi ( 伊邪那岐神? ”Varón Augusto” o “Primer Hombre”) y su joven hermana (y esposa) Izanami ( 伊邪那美神? ”Mujer Augusta” o “Primer Mujer”), la séptima generación divina.
    En conjunto estas generaciones son Kamiyononayo (神世七代), literalmente, las siete generaciones divinas.

    La historia de Izanagi e Izanami es compleja, pero con su lanza del cielo agitaron la masa informe moviendo el agua de lo que serían los mares y provocando que la materia se coagulara formando la isla de Onogoro. E hicieron un templo y decidieron procrear porque tenían partes complementarias. Pero no sabían bien qué hacer y decidieron girar en torno a la columna del templo en sentidos opuestos y encontrarse. Allí ella, Izaname habló primero y luego procrearon.

    Pero salió mal, un niño sanguijuela, Hiruko y la isla de espuma Awa-Shima. Los repudiaron y acudieron a los dioses para ver qué había salido mal. Los kami dictaminaron que el problema era que Izaname había hablado primero, que como dios femenino debía respetar el orden y hablar tras el masculino. Mira qué majos. Luego se dedicaron a crear miles de dioses, del viento, de las montañas, de cada árbol...

    Cuando lo hicieron bien tuvieron siete hijos, las siete islas del antiguo Japón: Awaji, Honshu, Shikoku, Kyushu, Oki, Sado e Iki.

    Hay muchas más historias, entre otras que Izanami muere e Izanagi va a rescatarla de aquella manera al inframundo. Y no es poca cosa porque a la vuelta de todo ello Izanami da a luz tres dioses que serán principales:

    - Amaterasu-no-mikoto (la Augusta persona que hace brillar el cielo), nacida al lavarse el ojo izquierdo: el Sol.
    - Tsuki-yomi-no-mikoto ( el augusto dios de la Luna), del ojo derecho, la Luna.
    - Take-Haya-Susano-wo-no-mikoto (augusto varón colérico, rápido y bravo) nacido al lavar su nariz, el dios del mar y las tormentas y las batallas.

    De su padre Izanagi, Amaterasu recibió el sol y el cielo, Tsukuyomi la luna y la noche y Susanoo recibió el rayo, la tierra y el mar. Aunque no le gustó al último el reparto, que montó en cólera y acabó expulsado del cielo por los ochocientos dioses. Y acabó enfrentándose en batalla con su hermana Amaterasu. Pero para no hacerse daño en la contienda fueron creando dioses y dioses y…

    … se nos podrían pasar varias noches viendo historias increíbles. Muchas de ellas, sin embargo, acabarán teniendo reflejo en algunas de las estrellas que pasan en la noche, otras serán olvidadas si no las recoge nadie. Nos queda ahí un trabajo...

    Las estrellas de la Osa Mayor


    En el cielo del hemisferio norte destacan siempre siete estrellas que han sido reconocidas en todas las culturas que las vieron como algo relevante. Son, sin duda, también en Japón, estrellas “que pasan”. Hokuto Shichisei (北斗七星): las siete estrellas del Norte.

    Al otro lado de la Polar tenemos la “W” o “M” de Casiopea, Yamagata Boshi (山形星), es decir “las estrellas con forma de montaña”.

    En la tradición astrológica china y por lo tanto en la japonesa, se usan a veces unos tableros de adivinación que tienen a las siete estrellas del carro en el centro, y las 28 mansiones de la Luna con sus animales de jurisdicción. Se denomina shikiban.

    Akatsuki: llegando al amanecer


    [Volvemos a dejar pasar el tiempo, hasta poco antes del amanecer. Tenemos a la Luna hacia el Oeste, bajo los ojos del Gato y a Júpiter al lado de Spica. Dejaremos el cielo moviéndose para permitir que Amaterasu aparezca por el horizonte abriendo el día]

    Si el crepúsculo vespertino era denominado Ōmagatoki (逢魔時), el momento en que se reunían las criaturas de la noche, los yokai y yurei, Akatsuki (暁), el amanecer, es el momento en que se restablece el equilibrio para el reinado de Amaterasu.

    En el cielo nos acompaña Júpiter (Mokusei 木星) es decir, la estrella de madera. Y sobre él, brilla la cuarta estrella más brillante del cielo, Samidare Boshi (五月雨星), Arcturus, “la estrella de la lluvia del verano”.

    Así que dejaremos que se haga el día y acabaremos esta sesión.


    En la flor blanca
    del ciruelo, amanece,
    suavemente

    (Yosa Buson)

    2017-01-13 13:49
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