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    2002-05-03
    )

    Planetas A La Vista
    2002-05-03


    TERRITORIOS, CIENCIA/FUTURO, Diario EL CORREO, miércoles 1 de mayo de 2002

    El espectáculo está ya al alcance de cualquier persona, justo tras la puesta de Sol. Se trata de una conjunción de los cinco planetas observables a simple vista: Mercurio, Venus, Marte, Saturno y Júpiter, que se reúnen no lejos del Sol ocupando algo más de veinte grados en el cielo, aproximadamente lo que subtiende un palmo de la mano con el brazo extendido. El término conjunción, aunque de antigua tradición tanto astronómica como astrológica, es en cualquier caso algo difuso: en ningún momento de estas fechas todos los planetas estarán en el mismo punto del cielo, porque tales sucesos nunca pueden darse. Por otro lado, las distancias que nos separan de esos planetas son muy diferentes: Venus nos queda casi al lado a poco más de cien millones de kilómetros, pero Saturno está diez veces más lejos. En general, al hablar de conjunción se hace mención a la proximidad aparente en el cielo. Esto se produce por los propios movimientos orbitales de los planetas en torno al Sol.

    Debido a la atracción gravitatoria, cada planeta describe una órbita elíptica en torno a nuestra estrella, con un ritmo, o periodo, marcado por el tamaño de esa órbita, como describen las leyes de Kepler. Este movimiento de revolución de los planetas es muy preciso, podríamos asimilarlo a una especie de reloj con manecillas que se mueven con periodos diferentes. La ciencia del XVII comenzó a ser capaz de describir estos movimientos con gran detalle, incorporando no sólo la atracción mutua de cada planeta con el Sol, sino también las interacciones que existen entre los diferentes planetas (y que en cualquier caso son términos muy pequeños, que no suponen grandes desviaciones). En definitiva, la mecánica celeste consiguió hace ya tres siglos poner a las conjunciones donde debían estar: en el terreno de la anécdota astronómica. Porque si nos imaginamos a unos cuantos cuerpos orbitando en torno al Sol, es obvio que a lo largo del tiempo, dos o más de ellos se colocarán en una dirección parecida (de la misma manera que las manecillas de un reloj se cruzan cada cierto tiempo). En nuestro caso, la Tierra no está en el centro de ese imaginario reloj, pero desde nuestra posición también podemos ver de vez en cuando esos acercamientos.

    No se puede producir una verdadera alineación de los planetas porque realmente, cada órbita se da en un plano diferente. Es cierto que las revoluciones planetarias se producen en un plano bastante similar al que contiene la órbita de la Tierra, el plano de la eclíptica. Pero hay separaciones, de unos cuantos grados, que provocan una imposibilidad real de contemplar un alineamiento completo como el que aparece en algunos grabados o incluso en películas como �Tomb Raider�. Disponiendo de la posibilidad de calcular en grandes periodos de tiempo las posiciones aparentes �vistas desde la Tierra- de los planetas, se puede comprobar cómo nunca será posible que estos astros que podemos ahora ver al atardecer se junten en menos de 3 grados (al menos en los cálculos que incluyen un periodo de ocho mil años entre el quinto milenio antes de nuestra era y el año 3500). Teóricamente, se podría producir una conjunción que reuniera a los planetas en algo menos de un grado de cielo (aún así, eso ya es el doble del tamaño del disco solar), pero son sucesos extremadamente raros. Si nuestro criterio para la conjunción es menos estricto, estas conjunciones son más frecuentes. Por ejemplo, considerando una conjunción como la que podemos ver ahora, el fenómeno se da en promedio unas cinco veces por siglo: la última fue hace dos años, en mayo de 2000, y la próxima será a mediados del 2040. Si incluimos además los planetas telescópicos, Urano, Neptuno y Plutón, las conjunciones se hacen, lógicamente, fenómenos más raros todavía.

    Las antiguas creencias astrológicas, que asignaban a las posiciones relativas de algunos astros la capacidad de influir en los aconteceres de nuestro planeta, o al menos de avisar de sucesos futuros, no tienen mucha cabida en esta danza de los planetas al son de la fuerza de la gravedad. Sin embargo, no sólo la charlatanería astrológica ha querido aprovecharse de las conjunciones: a menudo se invoca la posibilidad de que durante estas alineaciones las fuerzas de marea de los planetas podrían llegar a provocar terremotos en la Tierra. A mediados de los años ochenta, una gran conjunción se convirtió en el centro de atención de los medios de comunicación porque un divulgador científico, John Gribbin, alertó de esta posibilidad, aparentemente utilizando datos científicos. El �efecto Júpiter�, como se llamaba el libro y como se bautizó el fenómeno, sufrió la más completa de las derrotas de mano del simple transcurso del tiempo. El año 1985 pasó sin más terremotos de lo normal, y ninguno de los cataclismos anunciados tuvo lugar. Como era de esperar: las fuerzas de marea dependen de varios factores: la distancia, la masa del objeto y la masa y tamaño del cuerpo sobre el que consideramos la marea. Por ejemplo, la Luna produce mareas apreciables sobre los océanos: tenemos una gran masa, la de nuestro satélite, a relativamente poca distancia de nosotros, actuando sobre extensas y grandes masas de agua. El Sol, a pesar de ser cientos de miles de veces más grande que la Luna, y mucho más masivo, se halla mucho más lejos (unos 150 millones de km frente a los 380.000 de la luna). Como las fuerzas de marea incluyen una disminución con el cubo de la distancia, la marea solar resultante es algo menos de la mitad de la producida por la Luna. Aún así, es mensurable: todos conocen las mareas vivas que se producen durante las conjunciones y oposiciones de Sol y Luna, es decir, durante las fases de luna nueva y luna llena.

    Pero si contamos a los planetas, la marea es ridículamente pequeña: Venus, que es el planeta que más se nos acerca, produce una marea que es cinco cienmilésimas partes de la marea Lunar. Y por mucho que Júpiter tenga más masa que todos los demás planetas juntos, su influencia es de unas pocas millonésimas en comparación con la de nuestro satélite. En estas condiciones, una persona de unos 70 kilogramos, a una distancia de un kilómetro ejerce más influencia de marea sobre este periódico que ahora está leyendo que todos los planetas del sistema solar juntos.

    Así que ni significación futurológica ni influencia física: las conjunciones no tienen esa relevancia, ni nos cuentan nada nuevo del sistema solar, pero tienen esa virtud de presentársenos, en el cielo, y dejarnos disfrutar con un espectáculo maravilloso. ¿No es suficiente?

    Cómo Verlo En El Cielo
    Una conjunción como la que podemos ver a lo largo de este mes (no se da sólo en un día, porque el movimiento de los planetas no es tan rápido), merece la pena observarse a simple vista: día a día podremos descubrir en el cielo, tras la puesta de Sol, mirando entre el Este y el Noroeste, cómo incluso antes de poder ver ninguna otra estrella ya aparecen los planetas más brillantes. Cerca del horizonte, a veces confundiéndose con el brillo del crepúsculo vespertino, está Mercurio. Sobre él, el más brillante de todos, Venus. Y alto sobre el horizonte, el segundo en brillo que es Júpiter. Marte y Saturno son menos brillantes, más rojizos si los comparamos con los otros planetas, por lo que habremos de esperar un poco más a que la luz del crepúsculo disminuya.

    Evidentemente, si disponemos de unos prismáticos podemos ver algún detalle: por ejemplo, las lunas de Júpiter. Utilizando un telescopio podremos observar además los anillos de Saturno, las bandas nubosas de Júpiter o las fases de Venus. En cualquier caso, sólo con nuestros ojos, buscando un lugar donde el Oeste quede despejado, podremos comprobar día a día cómo los planetas se van desplazando por el cielo, con respecto a las menos brillantes y parpadeantes estrellas, que se encuentran millones de veces más alejadas que estos astros errantes ahora en conjunción.

    2002-05-03 00:10
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    Comentarios

    1
    De: Daniel Alcántara P. Fecha: 2006-01-21 03:31

    Me parece muy iluminatorio tu trabajo que viene a derrumbar tantas teorías amarillistas del efecto que tienen los alineamientos de los planetas sobre la vida y sobre el planeta mismo. Gracias, te ruego que cualquier cosa interesante como las proximas alineaciones durante el 2006 pudieras enviarlas, por favor.
    Suerte en lo que hagas.



    2
    De: lucas Fecha: 2006-08-15 02:33

    putossss111111111111111111



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