2026-02-27

Alineaciones planetarias tróspidas

2026-02-27 · 16:53
(Publicado originalmente en Mastodon)

Un desfile de seis planetas iluminará el cielo el 28 de febrero. Planetary Parade 2006. Planetary alignment on Feb 28. Mapa del desfile de planetas. Phénomène rare : 6 planètes visibles en même temps. Le 28 février 2026, six planètes seront alignées dans le ciel ! Un spectacle exceptionnel à ne pas manquer. Alineación planetaria 2026: cómo será el fenómeno astronómico y las claves para observarlo. Seis cuerpos celestes del sistema solar coincidirán en una franja el 28 de febrero...

Vaya mierda de titulares. Tróspidos, les decía el inmarcesible Hematocrítico. Con las IAs además se crean mierdas de estas que están en todos los medios, repitiendo medias verdades y errores completos:

  • No están en línea, pero viajan siempre por su plano orbital cercano a la eclíptica, porque así son los planetas: Mercurio se separa 7 grados, Venus 3,4 y Saturno 2,5 pero por ahí andan. Por eso esa región del cielo por donde pueden aparecer los planetas (y la Luna que se separa unos 5 grados de la eclíptica) es especial y los antiguos marcaron esa franja como el Zodiaco.
  • No es una conjunción: Júpiter está a 100 grados de Venus, más de un cuarto de cielo.
  • Y tampoco es una línea recta, de esas cosas no hay en el cielo: son arcos de circunferencia si quieres, círculos mayores sobre la esfera celeste que queda más rimbombante.
  • No es solo el 28 de febrero de 2026: se ha podido ver más o menos toda esta semana, a ver si aprendemos algo de astronomía antes de montar el clickbait. Es cierto que podemos comprobar noche a noche cómo los planetas tienen su ritmo al moverse con respecto a las estrellas y los otros planetas. La Luna, que es nuestro satélite, ya lo sé, pero la vemos también por ahí, se mueve muy rápidamente (al fin y al cabo da una vuelta al cielo cada mes). Pero Mercurio está desplazándose muy rápidamente, más que Venus y desde luego más que Saturno, cuyo movimiento aparente en el cielo del atardecer se debe más a que el Sol se está moviendo también, aparentemente, alrededor de la Tierra.
  • Para colmo, dos de los planetas que todos mencionan simplemente no se ven a simple vista, así que como si no estuvieran: Urano y Neptuno necesitan de un telescopio y cierta experiencia.
  • Y eso no tiene lógica, porque no mencionan otros dos astros que sí están en la misma zona de cielo. Y es que ya puestos, Marte y el Sol están muy cerca también de Mercurio y Venus, pero el Sol es el Sol y no deja ver a los otros y a Marte le tenemos del otro lado así que se ve al amanecer. Pero a unos pocos grados, eh, mucho menos separación que Júpiter y ahí lo metéis...
  • ¡Es la gravedad estúpidos! Incluso sin entender bien la gravedad Kepler ya lo había medido y explicado, y teorizado con sus leyes. Así que no pongáis que es algo insospechado o inaudito, y no es nada excepcional tampoco. Se repite varias veces al año y cada vez algún medio de comunicación lo cuenta como si fuera la primera vez que sucede en la historia de la humanidad. Pues no, querides...
  • Etcétera.

    Muchos citan a la NASA, pero aunque les encanta que hablemos de ellos, también lo explican más claramente. Por ejemplo miren esto del 7 de febrero de 2025: Alineaciones planetarias y desfiles de planetas. Explican algunas cosas (eran referidas a otra noticia idéntica de hace un año) que siguen valiendo. Y eso que otras veces la NASA juega a montar sucesos extraordinarios innecesariamente... pero mira, a veces tienen un poco de responsabilidad frente a la manía de la notoriedad en las redes.

    En fin, que si miráis al cielo estas noches va a ser precioso. Buscad un horizonte oeste despejado y sin montes, árboles o edificios, y veréis los planetas incluso antes de que sea de noche. Luego, Júpiter ahí junto a Cástor y Pólux, los gemelos, brillando toda la noche. Un espectáculo bonito de ver, pero también podéis hacerlo hoy o la semana que viene, no solamente el 28.


2026-02-25

Una de eternidad en #CienciaEnElBar

2026-02-25 · 16:35
Como cada último miércoles de mes, hoy 25 de febrero de 2026 haremos (dentro de hora y media) una sesión de CIENCIA EN EL BAR. En el enlace está la entrada que he hecho para el blog de la actividad, pero como sé que os cuesta mucho eso de pinchar un enlace, leer y luego volver, os lo pego todo tal cual:

Buscar la eternidad (o algo que se le parezca) (25/2/26)


Por Javier Armentia, el 20 febrero, 2026.

La eternidad siempre parece bastante tiempo. El máximo posible, si nos ponemos tiquismiquis, cosa que los tres barbas suelen hacer a menudo en las jornadas de CIENCIA EN EL BAR. Por esto, para la convocatoria de febrero han decidido abordar el tema desde diversas perspectivas. La cita será el miércoles 25 de febrero, en el Bar REX Casa de Comidas de la Plaza de la Libertad (s/n) de Pamplona. A las 19 horas y como siempre sucede, mejor ir antes para encontrar sitio porque el aforo es el que es. Ya saben que no se graba ni se retransmite así que solo quienes comparezcan podrán disfrutar de los contenidos.

La longevidad
Sin embargo, adelantamos algo. Por ejemplo, que tenemos este mes un invitado de lujo. Se trata de Javier Novo, catedrático de genética en la Universidad de Navarra. Hablando con él esta semana nos contaba: «La semana pasada se celebró en Madrid la cuarta edición del Longevity World Forum. Repasaré algunas de las ideas que se presentaron allí, junto con los intentos de otros científicos como Audrey de Grey de expandir los límites de la longevidad humana. Podremos discutir si dichos intentos son factibles o si existe un límite biológico de longevidad que no se puede superar.» Por cierto, la web del LWF tiene bastante información sobre el tema por si quieres documentarlo. Y por abrir un debate sobre por qué este tema de la longevidad se convierte en un aspecto que trasciende lo filosófico o lo científico (sanitario) para convertirse en un tema de intereses económicos.

Unas bacterias siempre son un buen ejemplo
Por supuesto, Ignacio López Goñi siempre tiene un microbio a mano para contar historias. Recientemente reconocido por la web académica The Conversation como uno de los comunicadores científicos más relevantes, nos planteaba en el chat en el que vamos organizando los temas de cada mes: «La pregunta es ¿podemos vivir más de 150 años? Como decían Putin y XinPin?». Luego venía a decir que tampoco haríamos nada nuevo y nos colocó un titular de El País: «Hallada una bacteria helada hace 5.000 años capaz de plantar cara a superpatógenos». Así que nos traerá la curiosa vida de Psychrobacter SC65A.3, un microorganismo que han localizado bajo un montón de hielo en una cueva de Rumanía.

Una perspectiva sevillana
Quienes le sigan en las redes y sobre todo en su blog, saben bien que la mirada del físico Joaquín Sevilla tiene un color especial. Por eso propone para esta ocasión reflexionar sobre el sesgo de propiocronismo. Hace ya más de seis años se preguntaba sobre la gran variedad de las escalas de tiempo: los microorganismos de Nacho viven poquísimo en comparación con los humanos, pero nuestra escala es ridículamente pequeña en comparación con la que trabajan los geólogos o las astrónomas. Añade una frase inquietante: «Si empezamos a mirar imaginando otras escalas de tiempo paisajes aparentemente apacibles ya no lo son tanto». Habrá que escucharle entonces.

La eternidad, una cosa muy cósmica
Posiblemente la física de hace poco más de un siglo estaba más o menos tranquila pensando que el universo era eterno, con lo que no teníamos por qué preocuparnos mucho por eso de los comienzos o los finales, esas singularidades que habían dado tanto juego en las teologías a lo largo de la historia. Sin embargo la nueva visión de la física relativista nos trajo de nuevo el comienzo y el fin de los tiempos. Javier Armentia suele decir, siempre que le dejan: «este universo nació, aquí mismo, hace 13.787 millones de años. Así que podemos celebrarlo». Realmente ha dicho que iba a hablar de un titular que le dejó incómodo el verano pasado. Lo vio en Scientific American en mayo del año pasado y venía a decir: «El universo podría acabar antes de lo que los científicos esperaban». Luego decía que ese antes es aún así de unos 10^78 años a partir de ahora (llevamos vividos poco más de 10^10 años). Lo que pasa es que la predicción anterior venía a decir que eso del fin del universo llegaría más o menos en 10^1100 años más. Cosas, por lo que se ve, de la radiación de Hawking.

Por supuesto, no pretendemos que al terminar la sesión de febrero de #CienciaEnElBar salgamos con todos los conceptos claros, pero alguna discusión interesante seguro que habremos tenido. Y si no, claro, siempre podemos pedirle a Eneko algún buen reserva navarro o un single malt de 20 años que si no está cerca de la eternidad sí puede rondar lo sublime.

Estáis invitados, por supuesto. La entrada, como siempre, es libre y gratuita hasta que se llena (y se llena).

Una última nota: esta vez el cartel fusila el cuadro de Dalí «La persistencia de la memoria» que con esos relojes blandos suele servir de ilustración a muchas disquisiciones sobre el tiempo. Se ha dicho muchas veces que precisamente eso de los relojes blandos que se estiran era una alusión a las teorías de Einstein. Pero el artista comentó que su inspiración era más cercana: un camembert dejado al sol que se quedaba así blandito y fundido. Sirva como metáfora. Si esto en vez de ser ciencia en el bar fuera un podcast seguro que acabábamos poniendo «Time» de Pink Floyd. Lo digo por terminar con las referencias de cultura pop.



Vale. Si habéis llegado hasta aquí, gracias por la paciencia. He pensado que lo que iba a contar (el párrafo de la cosmología y eso) tenía pinta de monólogo, así que lo cuelo por aquí porque posiblemente no me atreva a decirlo de la misma manera esta tarde en el Bar Rex.

La eternidad es un mecanismo de defensa (o el problema de tener demasiado tiempo)
(monólogo para físico y público alucinado)

La eternidad es una palabra demasiado grande para nuestra capacidad de comprensión, pero nos encanta manosearla. (Borges decía que la eternidad era simplemente una de las formas del tiempo, el sabría por qué). Pero a lo mío: durante unos siglos, desde el nacimiento de la mecánica clásica, la física vivió una especie de tranquilidad como de siesta reparadora, pensando que el universo era eterno y estático. Era un escenario cómodo: sin principios traumáticos ni finales apocalípticos (que era lo que habían vendido, a menudo con mandoble y espada además de la cruz). Además esto nos ahorra esas singularidades que tanto juego habían dado a las teologías.

Pero la visión relativista nos despertó del sueño y nos devolvió el tiempo lineal, con su principio y su inevitable fin. Bueno, fue realmente el astrónomo Heinrich Wilhelm Olbers quien planteó el problema (que por cierto, tuvo una primera aportación de la mano de Edgar Allan Poe, pero eso es otra historia que creo que he contado por otro lado). Al grano: la prueba más sencilla de que la eternidad es un invento para dormir tranquilos la tenemos cada vez que anochece. Lo llamamos la paradoja de Olbers: si el universo fuera infinito, eterno y estático, el cielo nocturno no sería negro. En cualquier dirección hacia la que miráramos, nuestra vista acabaría chocando con la superficie de una estrella. El cielo debería ser una bóveda blanca y cegadora. Si la noche es oscura es, precisamente, porque el universo tiene una edad finita. La oscuridad es la prueba de que el tiempo empezó y de que la luz de las estrellas lejanas aún no ha tenido tiempo de llegarnos, o de que muchas de ellas ya se han apagado.

Y luego ya vinieron los principios de equivalencia y las ecuaciones de campo de la relatividad general. De verdad, esto lo dejamos para otro lugar porque en un bar hay cosas que no se deben pronunciar. La cosa es que en efecto, la física a partir de 1915 volvió a pensar en un origen de los tiempos (el abad belga Georges Lemaitre aplaudía con las orejas, pero con una matemática envidiable y muy bien asentada). Y de paso acaso en un fin de los tiempos. Para todo, para todos.

Llámale BIG BANG pero es eso. El origen de todo. Que pasó aquí. Suelo decir, siempre que me dejan, que este universo nació aquí mismo hace 13.787 millones de años y que, por lo tanto, tenemos algo que celebrar. Toda la cosmología es en esencia entender todo esto: cuánto tiempo, cuánta energía, cuánta materia, cuánto de aquello o de lo de más allá y si al final, lo que parece probable, acabará todo en la muerte por aburrimiento: todo estaría demasiado lejos y demasiado frío, demasiado demasiado.

Sin embargo, el verano pasado me topé con un titular en Scientific American que me dejó una punzada de incomodidad: «El universo podría acabar antes de lo que los científicos esperaban». Lo de «antes» es para nota. Ese «antes» resulta ser de unos 10^78 años a partir de ahora. Teniendo en cuenta que apenas llevamos vividos poco más de 10^10 años, que alguien use la palabra «pronto» para referirse a un número con setenta y ocho ceros dice mucho de nuestra escala de valores.Lo curioso es que la predicción anterior nos daba un margen de hasta 10^1100 años. Son cosas de cómo funciona la radiación de Hawking (pero perdonadme que no me ponga a echar cuentas y ecuaciones, no me cabe en este margen). La cosa es que aplicando la física todo, desde los agujeros negros hasta la última mota de materia, se evaporará bastante más rápido de lo previsto. Y ahí estamos nosotros, leyendo la noticia con un nudo en el estómago, demostrando lo increíblemente crédulos que somos. Nos angustia que nos quiten unos cuantos cientos de exponenciales de una eternidad que jamás llegaremos a ver, como si nos hubieran recortado el presupuesto de las vacaciones.

La ciencia se obsesiona con el tiempo porque es la única magnitud que no podemos negociar. Nos empeñamos en buscarle un sentido a la eternidad mientras ignoramos la elegancia de lo que se agota. La física actual nos ha robado el «para siempre», pero a cambio nos ha dado un calendario. No es para que se nos amargue el día. Todo lo contrario: debería recordarnos que somos la única parte del universo que se ha dado cuenta de que el reloj está en marcha.(O eso creemos).

Al final, la ciencia no se preocupa por el tiempo para asustarnos, sino para acotar nuestra irrelevancia. Somos una anomalía breve, consciente y sumamente crédula que vive en un paréntesis entre dos nadas. Y quizá, sabiendo que ni siquiera los átomos son eternos, lo más inteligente que podemos hacer es dejar de preocuparnos por el final del calendario cósmico y empezar a tomarnos en serio esos 13.787 millones de años que ya llevamos de ventaja. Porque si el universo se va a acabar «sorprendentemente pronto», lo mínimo que podemos hacer es no perder el tiempo esperando a que ocurra.

2026-01-25

Nuevo cumpleaños...

2026-01-25 · 21:21
Abrí esta bitácora en #Blogalia en enero de 2002, así que ya ha cumplido esto sus primeros 24 años. No es como hace tanto, claro, cuando cada día había un artículo. Había también una comunidad, se comentaba y se proponían ideas... Esto desapareció hace años y se fue mudando a las redes. Las empresas de las redes sociales fueron comiéndonos toda la atención, pero también todo el contenido, con lo que los sitios caseros donde poníamos nuestras cosillas quedaron desasistidos. Ahora de cuando en cuando vuelvo y pongo alguna cosa, como hoy, aunque el cumpleaños fue el pasado sábado.

Si lo estás leyendo es que todavía hay gente por aquí. Y siempre da gustito. Os mando un saludo y prometo seguir poniendo historias. Incluso alguna de ellas interesante...

2026-01-10

Teoría y práctica (algo muy antiguo...)

2026-01-10 · 17:57
Revisando archivos antiguos he rescatado algunos artículos que escribí para la revista EL ESCÉPTICO que edita(ba) ARP Asociación para el Avance del Pensamiento Crítico, entidad de la que fui presidente durante unos años aunque ahora sea simplemente miembro. Por cierto que los ejemplares, desde 1998 hasta 2025 (son 59 números los publicados), están accesibles y descargables como PDFs en la web de la asociación: ÍNDICE números 1-59

Por aquello de que fue el primero, ahí lo coloco. Tal cual se publicó.

CUADERNO DE BITÁCORA: TEORÍA Y PRÁCTICA

El salón de actos del instituto de enseñanza secundaria está realmente abarrotado: son los alumnos que cursan 3º de Bachillerato, que asisten a una clase de Filosofía un tanto especial. Por varias razones. Para empezar porque el ponente −el que suscribe− no es filósofo ni nada que se le parezca, y también porque estamos allí reunidos para hablar de ciencia y pseudociencia.

Para ellos, para algunos de ellos, este encuentro va a suponer quizá la primera y única ocasión en que van a escuchar que la ciencia, los científicos, no siempre está en una torre de marfil, sumergida en sus papeles llenos de signos incomprensibles, ajena al mundo que le rodea. Que, a veces, a los científicos les encanta contar lo que hacen, lo que saben y lo que ignoran. Que también, como todos, ven la tele, leen la prensa o escuchan la radio. Y, evidentemente, que también tienen que soportar a la corte de los milagros que día a día puebla los medios de comunicación. Esos que unas veces dicen haber sido secuestrados por extraterrestres, y otras afirman ser capaces de ver el futuro en los sitios más insospechados o poseer la panacea que soluciona todas las enfermedades, las del cuerpo y las del alma. No sigo: cualquier enumeración sería demasiado larga, porque la fenomenología del disparate pseudocientífico es extensa, y se quedaría también corta, porque parece inacabable la capacidad humana para seguir inventando estupideces.

Los alumnos no saben que la ciencia tiene mucho que decir sobre estos temas, que un método de conocimiento como el científico es la única herramienta válida que nos puede arrojar alguna luz sobre esa temática que algunos prefieren mantener como coto donde ejercer su negocio −próspero, eso sí− con escasa ética. Posiblemente, y la culpa también es de todos los que nos hemos dedicado a la enseñanza, nunca se les ha explicado lo que pretende la ciencia. Demasiado preocupados con rellenar de contenidos los currículos, ocupamos demasiado tiempo en transmitir los conceptos y muy poco en cultivar las actitudes.

A lo largo de la charla, les intento contar cómo la ciencia intenta obtener conocimientos objetivos del mundo. Cómo en esa búsqueda nos hemos autoimpuesto una serie de normas que nos permita llegar a nuestro fin, o al menos avanzar... Los asistentes no son tontos, y saben que ese método de indagación da buenos resultados. Saben también que no es ajeno a las mismas debilidades y fortalezas de las personas que lo usan, a los intereses y a las pasiones, a las preconcepciones y a los corporativismos. Lo saben; pero quizá todavía nadie se lo había hecho notar.

Como era de esperar, cuando entramos con las pseudociencia, el público se va animando... Ahora parece que entramos en acción, en esos lugares donde, están casi todos convencidos, la ciencia no puede adentrarse o ha de reconocer su ignorancia. Porque ellos mismos han experimentado la extraña sensación de vivir dos sucesos cuya conexión parece mágica. Alguien me cuenta cómo soñó que su abuela le saludaba y se despedía, para saber al día siguiente que esa mujer, que vivía en otro país, había muerto. Y esa joven que confiesa estar apasionada con la ouija, en la que ella y sus amigos han encontrado respuestas que sólo un espíritu podía conocer. Con ellos, voy analizando esos sucesos y otros, desde los horóscopos hasta las invasiones extraterrestres. ¿Qué nos va quedando? Muy poco, muy poco fiable. Entre los mismos chavales, surgen voces discordantes, posturas críticas, adhesiones firmes a lo que han leído, oído o visto.

Evidentemente, dos horas no dan para hablar de todo, y tampoco creo que, aunque pudiera, les habría convencido de lo sana que es una visión escéptica. Como mucho, espero, han tenido la oportunidad de oír una opinión racional sobre esos fenómenos. Supongo que algunos seguirán leyendo el horóscopo, echándose las cartas, jugando a la ouija o contemplando a esa corte de los milagros que desde los medios de comunicación vende lo paranormal con cierta benevolencia. Algún otro, ojalá, podrá tener ahora un argumento diferente a los que, a modo de pensamiento único, se encuentran normalmente.

Cuando estoy recogiendo los papeles, se me acerca un chaval, más alto que yo −como casi todos−, y me dice, casi susurrando, que en su familia tienen un enfermo terminal, de cáncer, que están probando todo, que han encontrado un sanador que les asegura que puede salvarlo porque todo es una cuestión de energías que emanan de nuestro cerebro. ¿Qué debe hacer? Yo, que no soy ni filósofo, ni médico, ni confesor, dudo antes de encontrar palabras que puedan acaso aliviarle. Y comprendo que es esa desesperación humana ante lo inevitable o lo incontrolado la que nos permite caer una y mil veces en las manos de aprovechados.

Veo alejarse al joven. Quizás intente convencer a su madre de que no deje el tratamiento paliativo, de que no gaste el dinero que les queda en vanas esperanzas. Pero esta caída sin red de la teoría a la práctica, qué le vamos a hacer, me ha dejado un sabor un tanto agridulce.

2025-12-20

AstronomiAnimE: anime y astronomía

2025-12-20 · 11:17

Un viaje por el universo del anime y la astronomía


Ayer tuve el placer de compartir una charla en el Civivox Condestable de Pamplona, dentro de las actividades del FESTIVAL DE ANIME DE NAVARRA #FAN2025 (www.fanfestival.es) sobre la relación entre el anime y la astronomía: AstronomiAnimE le puse de título y luego un aviso: paseo por universos (im)posibles. Como entre la audiencia había verdaderos aficionados al género y más de un experto, todos sabían más que yo, así que aproveché para contar algunas cosas y teorías que me han surgido como paseante ocasional por este universo de la animación japonesa.

Es en cualquier caso un tema que demuestra cómo la ciencia y la ficción pueden entrelazarse para explorar lo desconocido, lo posible y lo imaginario. A continuación, os presento un recorrido por las distintas formas en que el anime ha utilizado la astronomía como escenario, metáfora, motor narrativo y fuente de inspiración.

La presentación está en mi drive y la comparto tal cual la utilizamos: AstronomiAnimE





Introducción: órbitas compartidas, anime y astronomía


El anime, desde sus inicios, ha mirado al cielo. Como punto de partida me atrevería a decir que cualquier historia de anime tiene que ver, de una forma u otra, con el universo, el cielo, a veces viajes espaciales, otras mitologías... Específicamente la astronomía, con sus misterios y su inmensidad, ofrece un lienzo perfecto para historias que exploran la tecnología, la humanidad y el futuro.

Esta relación no es casual: refleja la admiración por la ciencia y la exploración espacial, especialmente en el Japón de posguerra, donde el progreso tecnológico y la reconstrucción iban de la mano. Comenzamos este viaje con una obra fundacional: Astro Boy
(Además llevaba puesta una camiseta de Atom para dar la conferencia, para más inri)

Astro Boy (Tetsuwan Atomu, Osamu Tezuka, 1963)
Este clásico no solo es el primer anime televisivo exitoso fuera de Japón, sino que también estableció temas clave como la energía nuclear, la robótica y la exploración espacial como fuerzas positivas para la humanidad. Astro Boy, un robot con corazón, representa la esperanza en un futuro donde la tecnología y la ética coexistan, inspirando generaciones a soñar con las estrellas.

Puse como ejemplo la secuencia de títulos de la serie de televisión de 1962 dirigida por el mismo Tezuka (en inglés, porque fue la primera serie de animación japonesa que se hizo popular fuera del ex-imperio) y el primer capítulo de la serie de 1982

Exploración espacial y colonización


El espacio como frontera última ha sido un escenario recurrente en el anime, especialmente en el subgénero de la space opera. Estas historias trascienden la simple aventura para reflexionar sobre la supervivencia, la guerra y la búsqueda de un nuevo hogar.

Space Battleship Yamato (Uchū Senkan Yamato, Leiji Matsumoto, 1974)
En un futuro donde la Tierra está devastada por bombas radiactivas, la humanidad envía la nave Yamato en una misión desesperada a otro planeta para salvarse. Esta serie combina un realismo tecnológico con una épica de supervivencia, popularizando la space opera en Japón y mostrando el espacio como un escenario de esperanza y sacrificio.

Mobile Suit Gundam (Kidō Senshi Gandamu, Yoshiyuki Tomino, 1979)
Ambientada en una guerra entre colonias espaciales y la Tierra, Gundam introdujo un enfoque realista y político en los mechas. La serie explora los conflictos humanos en un escenario cósmico, donde la gravedad cero y las colonias orbitales son elementos clave de la trama.

Royal Space Force: The Wings of Honnêamise (Ōritsu Uchūgun, Hiroyuki Yamaga, 1987)
Esta película muestra los esfuerzos de un país por lanzar su primer astronauta en un mundo alternativo. Con un enfoque realista y humanista, explora los desafíos técnicos, políticos y personales detrás de la exploración espacial.

Y las invasiones alienígenas


La llegada de seres extraterrestres ha servido como catalizador para explorar la identidad humana, el conflicto y la evolución. Más que una simple amenaza, los alienígenas representan un espejo cósmico que desafía nuestros límites como especie. Normalmente funcionaron como historias de imperios galácticos o invasiones de otras civilizaciones extraterrestres, pero en tiempos modernos (como en Parasyte) la invasión tiene otros toques menos épicos pero no menos exterminadores...

Robotech (The Super Dimension Fortress Macross, 1985)
Hablamos de esta remezcla de varias series anime, que plantean cómo, tras el choque de una nave alienígena en la Tierra, la humanidad se une para enfrentar la cercana invasión. Esta serie fusiona romance, guerra y música para mostrar cómo el contacto con lo extraterrestre puede transformar la cultura y la sociedad humanas.

Dragon Ball Z (1989)
Con las sagas de los saiyajins y Freezer, Dragon Ball Z presenta invasiones que van desde la llegada de guerreros nómadas hasta la amenaza de un imperio galáctico. Estas historias exploran temas de genocidio, poder y resistencia en un universo lleno de civilizaciones interestelares.

Parasyte: The Maxim (Kiseijū, Madhouse, 2014)
Parásitos alienígenas invaden la Tierra tomando control de cuerpos humanos. Esta serie de horror biológico profundiza en la naturaleza de la humanidad, la simbiosis y la definición de la identidad a través de una relación única entre un adolescente y su parásito.

Simbiosis humano-máquina: el mecha


Los mechas representan la fusión entre humano y máquina en escenarios cósmicos, donde el espacio se convierte en un campo de batalla y la tecnología en una extensión del cuerpo y la voluntad.

Mazinger Z (Majingā Zetto, Go Nagai, 1972)
Como pionero del género super robot, Mazinger Z presenta un robot gigante pilotado para combatir amenazas mecánicas. Aunque terrestre, su tecnología y su épica sentaron las bases para futuras historias de mechas en el espacio.

Neon Genesis Evangelion (Shin Seiki Evangerion, Hideaki Anno, 1995)
En un mundo postapocalíptico, adolescentes pilotan bio-mecas llamados Evangelion para defender la Tierra de seres misteriosos llamados Ángeles. La serie explora la psicología humana, la identidad y la conexión cósmica a través de una trama cargada de simbolismo.

Mobile Suit Gundam: The Witch from Mercury (Kidō Senshi Gandamu: Suisei no Majo, Hiroshi Kobayashi, 2022)
En un futuro de desigualdad entre terrestres y espaciales, una joven pilota un Gundam prohibido, desencadenando conflictos políticos y sociales. Esta serie actualiza el género mecha con temas de opresión, tecnología y derechos humanos.

Entre la cosmología y el existencialismo


Algunas obras utilizan conceptos astronómicos como metáforas de crisis existenciales, evoluciones espirituales y preguntas sobre el lugar del humano en el universo. Como había comentado al principio de la charla, mi eleccion de tipologías no establece clases disjuntas, y menos en un mundo como el de las series de anime en el que a lo largo de las temporadas, o con los renacimientos y nuevas series derivadas, es normal que una serie pueda ser parte de la típica space opera pero a la vez del mundo mecha o con sus trascendencias filosóficas… o hasta como una historia de amor. Nunca dije que esto fuera una clasificación racional o coherente, más bien un pálpito a partir de seguir diferentes series…

Neon Genesis Evangelion (1995)
Además de su enfoque en mechas, Evangelion profundiza en temas cosmológicos como el Segundo Impacto y el Tercer Impacto, utilizando eventos cataclísmicos para explorar la soledad, la conexión y la evolución de la conciencia humana.

Tengen Toppa Gurren Lagann (Hiroyuki Imaishi, 2007)
Esta épica ascendente lleva a sus personajes desde las cavernas hasta batallas interestelares, utilizando la "Energía Espiral" como fuerza cósmica que representa la voluntad humana. La serie cuestiona los límites del progreso y la responsabilidad de la humanidad ante el universo.

Portales y universos paralelos…


El multiverso y las realidades alternativas son recursos narrativos que permiten explorar caminos no tomados, decisiones y consecuencias a escala cósmica.

Steins;Gate (Shutainzu Gēto, Hiroshi Hamasaki, 2011)
Un grupo de amigos descubre cómo enviar mensajes al pasado, desencadenando líneas temporales divergentes. La serie combina ciencia ficción con drama personal, mostrando las paradojas y los costes emocionales de alterar la realidad.

Puella Magi Madoka Magica (Akiyuki Shinbo, 2011)
En esta reinterpretación del género mahō shōjo, las protagonistas hacen contratos mágicos que las atrapan en ciclos de sufrimiento y realidades alternativas. La serie aborda temas como la entropía, el sacrificio y la reescritura del universo.

Suzume no Tojimari (Makoto Shinkai, 2022)
Una joven debe cerrar puertas dimensionales que liberan desastres naturales. La película vincula fenómenos astronómicos y geológicos con la memoria colectiva y el trauma, creando una narrativa emocional y visualmente deslumbrante.

Simbolismo o mitologías


En lugar de escenarios científicos, algunas series utilizan cuerpos celestes y constelaciones como sistemas simbólicos que otorgan identidad y poder a los personajes.

Saint Seiya (Seinto Seiya, Masami Kurumada, 1986)
Los caballeros del zodiaco encarnan constelaciones y luchan con el poder del "cosmos". La serie transforma la astronomía en una mitología moderna, enseñando nombres de estrellas y símbolos a través de combates épicos.

Sailor Moon (Naoko Takeuchi, 1992)
Las guerreras Sailor obtienen sus poderes e identidades de los planetas del sistema solar. Esta serie acerca la astronomía a la fantasía y al coming-of-age, creando un universo mágico arraigado en el cielo nocturno.

Las aventuras de Horus, Príncipe del Sol (Taiyō no Ōji Horusu no Daibōken, Isao Takahata, 1968)
Esta película utiliza el sol como arquetipo de luz y vida en una batalla mitológica contra las fuerzas del hielo y la oscuridad. Es un ejemplo temprano de cómo el anime recurre a símbolos celestes para narrar viajes heroicos.

Distopías y la otredad planetaria


El espacio también sirve como espejo de conflictos terrestres, mostrando futuros caóticos, sociedades disfuncionales y encuentros con alteridades radicales.

Cowboy Bebop (Shinichiro Watanabe, 1998)
En un sistema solar colonizado y descentralizado, cazarrecompensas sobreviven en un ambiente de marginación y melancolía. La serie retrata un futuro donde la expansión humana ha creado un "salvaje oeste" interestelar.

Planetes (Goro Taniguchi, 2003)
Con un rigor científico excepcional, Planetes muestra el trabajo de un equipo encargado de limpiar basura espacial. La serie aborda problemas reales como la contaminación orbital, el terrorismo anti-colonial y los sueños rotos en el espacio.

Knights of Sidonia (Sidonia no Kishi, Kōbun Shizuno, 2014)
La humanidad sobrevive en una nave-arca después de la destrucción de la Tierra, enfrentándose a alienígenas incomprensibles. Esta serie explora una sociedad claustrofóbica y modificada genéticamente, donde la supervivencia justifica cualquier medio.

Realismo científico como narrativa


Algunas obras destacan por su fidelidad a la ciencia, ofreciendo representaciones rigurosas de la vida espacial, la tecnología y los desafíos de la exploración.

2001 Nights (Yukinobu Hoshino, 1987)
Esta colección de historias cortas traza una crónica realista de la expansión humana en el cosmos, desde la construcción de estaciones espaciales hasta los viajes interestelares. Es un referente del hard science fiction en el manga y anime.

Space Brothers (Uchū Kyōdai, Chūya Koyama, 2012)
Dos hermanos persiguen su sueño de convertirse en astronautas, mostrando el entrenamiento en JAXA, las misiones lunares y los desafíos físicos y emocionales de la vida en el espacio. La serie inspira y educa con un enfoque humano y veraz.

Terra Formars (Hiroshi Hamasaki, 2014)
Partiendo del concepto real de terraformación, la serie imagina un Marte donde las cucarachas han evolucionado en criaturas letales. Aunque especulativa, construye su trama sobre bases científicas reconocibles, explorando consecuencias biológicas extremas.

Astronomía en la narrativa


En estas obras, un fenómeno astronómico específico es el motorde la trama, impulsando conexiones emocionales, viajes en el tiempo o catástrofes que los personajes deben superar. Digamos que en ellas siempre pasa algo astronómico: la llegada de un cometa, un antiguo observatorio…

Your Name (Kimi no Na wa, Makoto Shinkai, 2016)
El cometa Tiamat y su fragmentación desencadenan una conexión sobrenatural entre dos jóvenes separados por el tiempo y el espacio. La astronomía actúa como un mecanismo narrativo que entrelaza destino, amor y memoria.

Vivy: Fluorite Eye’s Song (Tappei Nagatsuki, 2021)
El colapso de una estación espacial orbital es el evento que desata una guerra entre humanos e inteligencias artificiales. Una IA viaja en el tiempo para evitar este futuro, haciendo del espacio el origen de una crisis existencial.

Insomniacs After School (Kimi wa Hōkago Insomnia, Yūki Ikeda, 2023)
Dos estudiantes con insomnio se reúnen en un observatorio astronómico para practicar astrofotografía y observar las estrellas. La serie muestra la astronomía como una experiencia íntima y cotidiana de asombro y conexión emocional.

Tierra, sangre, conocimiento: Sobre el movimiento de la Tierra (Chi: Chikyū no Undō ni Tsuite, Uoto, 2025)
Ambientada en la Polonia del siglo XV, la serie sigue la lucha por preservar la teoría heliocéntrica frente a la persecución religiosa. La astronomía se convierte en un conocimiento prohibido y un símbolo de resistencia intelectual. Una pasada, por cierto…

Conclusión (¿alguna moraleja?)


No hay una moraleja única, pero sí una evidencia clara: la astronomía, como ciencia dura, encuentra en el anime un aliado creativo para explorar universos posibles, preguntas existenciales y futuros imaginados. Desde la space opera hasta el realismo científico, el anime ha utilizado el cosmos como escenario, metáfora y motor narrativo, inspirando a audiencias a mirar al cielo con curiosidad y esperanza. Esta relación, sincera y diversa, demuestra que la ficción y la ciencia pueden coexistir para enriquecer nuestra comprensión del universo y de nosotros mismos.

Esta charla fue presentada en el Festival de Anime de Navarra (FAN2025) como decía, entre amigos y gente muy entretenida. Ya expliqué que para la composición de esta selección de animes conté con la inestimable ayuda de un montón de gente que a través de la red Mastodon me echó una mano con sus propuestas.

Agradezco a todos los mencionados en Mastodon por sus aportes y sugerencias: @freddyncalm, @beckermatic, @th0maswaschosen, @stormyblog, @nudomarinero, @clifor, @xtmoso, @jmzueco, @vrruiz, @salva_pl, @qpocooriginal, @eldadoinquieto, @daleninar, @logard, @irisvankirsten, @paperezkoa, @bikooo2, @scarcraft, @germorfor, @prsfalken, @stage7, @estupigaia… (y perdón si me dejo algunes)