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la boca
artículos, escritos y demás piezas perfectamente obviables perpetradas por Javier Armentia (@javierarmentia por algunas redes)

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2025-11-27
)

Las luces navideñas (nos) manipulan
2025-11-27

La magia navideña es, en gran medida, una fachada cuidadosamente construida. El despliegue de luces no es un acto inocente de alegría colectiva, sino una poderosa herramienta de ingeniería social guiada por los intereses (ninguna sorpresa) comerciales. La ciencia desmonta el cuento de hadas pero también nos permite entender por qué cada vez más se usa el reclamo de la navidad. Y cada año se hace antes, avanzando un mes, e incluso haciendo una especie de continuo desde finales de noviembre con el Black Friday o el Cyber Monday

Pongo algunas cosillas para leer, aprovechando que ando un rato desvelado. El artículo de The Conversation, "¿Nos hacen felices las luces de navidad? Esto dice la ciencia", de Antonio Manuel Peña García, no habla de magia, sino de estímulos y respuestas condicionadas. Las luces actúan como un desencadenante de nostalgia, hackeando nuestro cerebro para liberar dopamina. Es un bienestar prefabricado que nos prepara para el verdadero objetivo: el consumo.

Tenemos incorporado en el cerebro el circuito de recompensa, ese sistema dopaminérgico que asegura el consumo. Al experimentar satisfacción, ahí va la dopamina, pero también cuando hay una novedad, sorpresa. Todo refuerza el comportamiento que repetimos año a año. Ojo, también tenemos un juicio sobre lo bello, lo armónico, también lo pegadizo. Nuestro cerebro encuentra como agradable estas decoraciones (hay gente a quien le gustan, reconozcámoslo, porque incluso quienes nos quejamos por otras razones nos fijamos en lo que han montado para este año) y entonces ya tenemos el chute de felicidad asociada.

Ojo, puede haber un cierto efecto, como con las drogas, de habituación: tanta luz, tanto villancico, tantos buenos deseos y glucosa acaban desensibilizándonos, o pueden hacerlo (vale, a algunos nos hace pensar que fácilmente podríamos recurrir a la violencia para apagar el montaje eléctrico… es broma). Lo que sí se ha estudiado es también ese efecto de la nostalgia (se dice mucho que todo esto de la navidad nos retrotrae a cuando éramos infantes…). Las luces son el ancla que nos transporta a un pasado que es, como construcción de nuestra mente, más dulce y optimista. Ojo: esto también explica que quienes conectan ese recuerdo navideño con situaciones negativas sufran el efecto contrario.

Otra lectura me ha llevado a un estudio ya clásico de Mathias Ekström: “Seasonal altruism: How Christmas shapes unsolicited charitable giving” en el Journal of Economic Behavior & Organization. Las navidades enfatizan una conducta prosocial. Tras analizar 50 millones de donaciones encontró que en diciembre había un incremento de un 14% de la probabilidad de hacer una donación, que se propaga hasta el mes de enero. Así que no es raro que numerosas organizaciones coloquen en las zonas más navideñas de la ciudad sus sistemas de cuestación: les funciona siempre.

Me estaba enrollando y se me ha ido el santo al cielo. Así que vuelvo para ir cerrando un poco ya y yendo a lo importante: todo esto de las luces es un diseño buscado. El estudio "Effects of mall atmosphere towards consumer behaviour during Christmas" de Ong et al. muestra a partir de diversos análisis que la atmósfera navideña en los centros comerciales, donde las luces y los escaparates son el elemento central, está diseñada para alterar nuestro comportamiento. Crean una "mentalidad de excepción" donde la prudencia financiera se desactiva, un mecanismo idéntico al que explota el Black Friday, como detalla el análisis "Black Friday: ¿por qué compramos compulsivamente?" de Paulo Ruisoto también en The Conversation. No es tanto generosidad como consumismo inducido.

Porque la realidad es otra. Incluso podríamos decir que lejos de unir, la decoración navideña evidencia las fracturas sociales (ya no me refiero a los centros comerciales o al centro de las ciudades, sino a las iluminaciones de balcones y casas, cada vez más frecuentes pero que ya desde hace mucho eran cotidianas en los países adelantados). Como revelaba el análisis "Illuminations, Class Identities and the Contested Landscapes of Christmas" de Edensor et al., las luces funcionan como un marcador de clase. Los barrios adinerados proyectan una estética sobria y "elegante", mientras que la clase trabajadora puede ser tachada de "excesiva" por su despliegue colorido y brillo a menudo exagerado. El brillo no ilumina a todos por igual; refleja y amplifica la desigualdad.

Leo también en The Conversation "No existe la iluminación navideña sostenible". Enric Marco Soler nos recuerda la cruda realidad: el derroche energético y la cultura del usar y tirar tienen un coste ambiental brutal. Las luces LED son un parche, no una solución.Como dice: “No lo hacen para fomentar el espíritu festivo y solidario de estas fechas sino para promover el consumo. ¿Por qué las luces se encienden cada vez más pronto, en noviembre, y no se apagan hasta pasada la festividad de Reyes?”. Y de forma más y más exagerada. Vuelvo a Antonio Manuel Peña García, quien recogía los 11 millones de ledes que usó el año pasado Vigo en su cacareada iluminación navideña. Por lo que he leído el mismo anuncio del ayuntamiento vigués decía que casi 12 millones en 2025 en 460 calles iluminadas.

El alumbrado navideño es el decorado de un gran montaje. Es el señuelo visual que enciende nuestra emocionalidad para apagar nuestro juicio crítico, impulsándonos a comprar mientras oculta su huella ecológica y social. Detrás del brillo, solo hay negocio.

(¿Ha quedado muy grinch? Pues eso…)

2025-11-27 23:31 Enlace
2025-11-26

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32 años de Pamplonetario
2025-11-26

Hoy es 26 de noviembre. En tal día como hoy, pero hace 32 años, en 1993, estaba todo agobiado porque se inauguraba oficialmente el Planetario de Pamplona. .El @pamplonetario que habíamos creado con un equipo de gente estupenda y llena de ilusión por contar historias del cielo, por hablar de ciencia en la plaza pública, por traer la cultura y el debate a Navarra, se ponía de largo con la presencia de las autoridades.

Ahora, 32 años después, no queda nadie de ese equipo en el centro, que está cerrado y vete a saber cuándo lo abren. Ahora subcontratan actividades para cubrir el expediente pero ese motor cultural que nos llenó de ilusiones no existe, ni parece que vaya a volver nunca. Ya no hay proyecto propio, ni gente que lo lleve adelante. Y eso es un robo que se nos ha hecho a toda la ciudadanía navarra.

Feliz triste cumple, Pamplonetario. Rescato un texto que escribí hace dos años sobre "El Planetario de Pamplona: 30 años de cultura científica en Navarra" para la revista Príncipe de Viana (no. 285 , 2023)


(No sabía entonces que luego acabaría súbitamente fuera, que se iba a incendiar después ni que el proyecto que habíamos creado se iba a desmantelar así sin ningún reconocimiento ni información)

Original en Mastodon.

2025-11-26 08:53 Enlace
2025-11-21

)

Un siglo de ciencia y su eco
2025-11-21

Ayer #20N era un día especial, no solo por el medio siglo de la muerte del dictador Franco: justo pasadas las dos de la tarde el Tribunal Supremo dio la campanada de la sentencia condenatoria al Fiscal General del Estado. Si el día tenía tintes grises de la memoria del franquismo ahora se llenaba de la realidad de los poderes que están realmente al mando. Ya he comentado por Mastodon que a esto llegábamos además con todas las exhibiciones de corrupción de partidos que gobiernan y muy principales, con la constatación de la impunidad de las redes de las grandes empresas de España que utilizaron siempre estos métodos con sobres, carteras o bolsas para llevarse el dinero de la obra pública y los permisos para montar lo que sea… En fin, que ayer era un día como para estar poco contento con el mundo que vivimos y con quienes lo gobiernan y sus razones. El cuestionamiento a la democracia, la indignación que ello supone, todos esos factores que, junto con el frío en Pamplona, invitaban a quedarse en casa calentito y leer algo para evadirte. Pero no fue así, porque teníamos una cena con buenas amigas y amigos, gente del mundo de la academia, del pensamiento, buena gente además, que habían propuesto una conversación sobre otros temas. En concreto la propuesta era esta pregunta: ¿Seguimos en la onda expansiva de la revolución de la ciencia y el arte del primer cuarto del siglo XX?

La reflexión dio para mucho en una cena deliciosa que prolongamos hasta la medianoche. Como llegué desvelado, me propuse anotar la argumentación que propuse, desde la parte de las ciencias, para abrir el debate. Un debate que en lo artístico, lo social, lo económico, nos fue llevando por derroteros muy interesantes, pero no me compete a mí hacer de compilador de todas estas ideas, que al fin y al cabo nacían y construían ese espacio amable en el que estábamos, donde se quedarán… aunque nos propusimos volver a cenar dentro de un siglo y ver si todo era una cuestión de perspectiva. Es decir, que en 2125 estaremos hablando del empuje del primer cuarto del siglo XXI y si se mantiene en el XX. Optimistas, ya se ve, siempre lo somos.

Pero voy a lo mío: ¿seguimos en la onda expansiva de la revolución científica, específicamente en la física? Mi humorada inicial es decir que sí pero que igual no. O que no pero igual sí. Que depende del observador y de cómo colapsamos la función de onda. ¿Una respuesta cuántica, estadística? Quizá, o más bien un par entrelazado, opuesto si nos ponemos a medirlo, pero indeterminado hasta que lo hagamos.

Y proponía una forma de medición: la foto del V Congreso Solvay en Bruselas, en 1927, donde se juntaron 29 notabilísimos científicos (17 de ellos fueron premios Nobel). Estaban allí al llamado del capital (quien pagaba el cotarro) para debatir sobre fotones y electrones. Algo impensable hoy día. Fue en esa reunión donde Einstein, poco convencido de la naturaleza estadística de la mecánica cuántica dijo aquello de que Dios no jugaba a los dados. Fue también esa foto la que mostraba cómo solamente una mujer, Maria Slodovska Curie, tenía derecho a estar entre los genios.

El mismo concepto de ciencia de genios, de ideas seminales, que mostraba esa ciencia del primer cuarto de siglo, Einstein, Bohr, Heisenberg, Schrödinger, una alineación de la selección de genios de alguna liga imposible. Pero no estaban las mujeres, de manera notable Emmy Noether, autora del armazón matemático de gran parte de la física moderna. Tampoco podemos dejar de ver que esa revolución venía creciendo desde hacía medio siglo de la mano de otros físicos. Pero el cambio de paradigma, en la versión de Thomas Kuhn, fue el que fue. Y nuestra memoria científica simplifica el caos histórico en héroes individuales. Durante el siglo XIX y buena parte del XX, esa narrativa funcionaba: muchos campos podían avanzar gracias a unas pocas personas excepcionales.

Hoy ya no. O quizá entonces empezó a dejar de ser válida: la especialización, la complejidad, las implicaciones del conocimiento y su aplicabilidad, requerían ya entonces hace un siglo la concurrencia de más personas. Si nos ponemos a pensar en los grandes descubrimientos de este siglo XXI los artículos llevan a veces miles de firmas, de la gente que ha contribuido. La ciencia es más que nunca una labor colectiva. Cierto que a menudo con las ideas seminales de una persona: al bosón de Higgs encontrado en el LHC en un megaproyecto científico en todas las escalas le concedemos el nombre del físico que propuso el modelo teórico medio siglo antes, es cierto.

Tenía por ahí una frase de Helen Longino, filósofa de las universidades de Stanford y Minesota que ha analizado este proceso de la creación de la ciencia: "El conocimiento es siempre un logro social, y su fiabilidad depende de la diversidad y la interacción crítica dentro de la comunidad". Posiblemente hay que añadirle además el factor político (la bomba atómica) o el económico (transgénicos, inteligencia artificial…). Pero parece que la ciencia actual es menos heroica y más coral. Exige pluralidad y estructuras que nunca habrían reconocido los físicos de hace un siglo, aunque les habrían venido bien, dicho sea de paso.

Creemos, añadí, que la ciencia es lo objetivo, que trata de lo objetivo, objetivamente. Pero siendo un logro social nada humano le puede ser ajeno. Asumiendo eso ahora tendremos más ciencia siempre, porque hay más personas, y hasta más diversas; porque hay más medios, más dinero y más presión; porque hay más conocimiento sobre el que construir, y más comunicación; porque ello redunda en más artículos (papers) y en más patentes que nunca. ¿Podemos concluir que la onda expansiva de los años 20 del siglo pasado continúa? Parece que sí pero…

Y aquí llega el punto incómodo. Un estudio reciente (2023) en Nature, “Papers and patents are becoming less disruptive over time”, de Park, Leahey y Funk, demuestra que, pese a tener más científicas y científicos que nunca, la proporción de trabajos realmente disruptivos ha caído hasta un 90% en algunas áreas. ¿Significa esto que la ciencia se está agotando? Quizá no. Quizá significa que las "fronteras fáciles" ya fueron atravesadas. Que descubrir nuevas leyes fundamentales es hoy más difícil, más caro, más lento. O, simplemente, que llamamos "disruptivo" a lo que encaja en nuestros mitos del pasado: teorías compactas y elegantes con un nombre propio en el título.

Es un poco la fatiga de materiales de un esquema de la ciencia que comenzó a funcionar como una maquinaria industrial hace un siglo. Mi hipótesis, cuñada, avisé, es que la ciencia parecía revolucionaria, lo fue sin duda en muchas ocasiones (el propio término “revolución” habla de un cambio de paradigma científico, el propiciado por Copérnico). Pero quizá ya no lo sea tanto: el sistema de ciencia ha seleccionado a la ciencia sumisa, en cierto modo más conformista con el propio sistema o que no lo cuestiona. La ciencia es el zapatero a tus zapatos y es difícil salirse de un esquema que al final puede ser muy depredador. A veces es la ciencia cómplice. Otras veces es la ciencia silenciada o ninguneada, como estamos viendo en el tema climático. Por supuesto no es la ciencia algo aparte de todo lo que tenemos, y las decisiones políticas o económicas afectan también mucho.

Me atreví a citar a una física teórica, filósofa y queer, Karen Barad, para quien no heredamos simplemente las teorías, sino que heredamos las formas de intervenir en el mundo. Ella considera ese realismo agencial que, en el análisis que tenía que cerrar porque nos habían servido unas deliciosas migas de pastor y una ensaladilla rusa, era el momento de cerrar.

2025-11-21 08:10 Enlace
2025-11-19

)

La escucha invertida
2025-11-19

Contexto: escribo esto el 19 de noviembre de 2025. Dentro de un día ¿celebramos? ¿se conmemora? ¿cumple años? hace 50 años que se dio por muerto al dictador Franco. Qué mierda, parece que fue en otro mundo, aunque escuchando al facherío parece que fue ayer o que nada ha cambiado. Ni pidieron perdón ni pagarán nunca por sus tropelías, asesinatos y robo generalizado. No guardo rencor: mantengo un odio y asco innombrable por quienes me condenaron a nacer y crecer en un país así de asqueroso. No perdono: ni toleraré nunca el blanqueo que es difamación, es profanación y es una vez más ataque contra las libertades y la democracia verdadera. Pero no puedo aportar nada más que esos sentimientos. Por eso agradezco a quienes hacen una lectura crítica del mundo que hace 50 años empezó a cambiar, de alguna manera, incompleta y en mucho errada, con la muerte del Patascortas.

Así, saltando de unos temas a otros, he caído en un dossier temático titulado “Imaginarios LGBTIQ+ de la música popular en España, en la revista “Estudios LGBTIQ+ Comunicación y Cultura” de las Revistas Científicas de las Ediciones Complutenses. Aquí el artículo. Todo el dossier es muy recomendable. Como profano en el mundo académico de los estudios culturales, me ha sorprendido mucho el mundo de los lugares comunes que frecuentan autoras y autores de los estudios publicados, el trabajo y la forma del mismo que da la academia a estos temas… en fin, lo lógico cuando uno viene de otro ámbito (más cuando uno viene de un ámbito como el de las ciencias físicas, se me entenderá). Así que me he sumergido como un paseante ocasional, tomando notas y disfrutando de cuestiones que simplemente nunca había considerado.

Iba a hacer un simple y breve comentario en Mastodon sobre uno de los artículos que me llamaron más la atención, pero al final prefiero ser un poco más justo, así que me explayo en una entrada en el blog. No es que vaya a decir nada especialmente brillante ni nuevo, pero me quedo un poco más a gusto y procrastino, justo ahora que tenía que estar preparando una charla sobre otra cosa completamente diferente.

El artículo es “Escucha invertida: Las canciones-tapadera de Mari Trini, Guillermina Motta y Elisa Serna en contexto”, de Elia Romera-Figueroa, del Departamento de Filología Hispánica de la Universidad Autónoma de Madrid. (El PDF del artículo está aquí). En él hace una revisión al trabajo de estas cantautoras, sus canciones, las portadas de sus discos, analizando la “escucha invertida”, es decir, “una forma de interpretación cómplice que desafía el significado cisheteronormativo”. No sorprende descubrir cómo estas mujeres sufrieron específicamente misoginia, machismo, homofobia más allá de capear con su posición antifranquista. Sus canciones de amor, como las de las, los, les cantautores de la época, “ofrecían la posibilidad de reinterpre-tar el objeto de deseo, desafiando los valores tradicionales del nacionalcatolicismo, y, por consiguiente, de la cisheteronorma. Durante el franquismo se había legislado para imponer una «heterosexualidad obligatoria»”, cito a Romera-Figueroa en lo sucesivo, por no andar repitiéndome.

Se nos olvida a menudo que desde 1954 la Ley de Vagos y Maleantes se modificó para incluir de forma específica a homosexuales y personas trans. En 1970 la ley se renombró como “Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social” para permitir una represión específica con internamientos en instituciones psiquiátricas y prisiones (la labor del médico fascista Lopez Ibor con lobotomías y electroshocks debería ser más recordada, aquél psiquiatra que nos aparecía en la tele…). La ley se mantuvo hasta 1981 (el año del golpe) pero hasta 1988 se mantuvo lo del escándalo público que permitía procesar a cualquier persona simplemente por su expresión de género o identidad pública. ¡EN 1988! Por mucho que la movida o la naciente libertad y eclosión de la misma en la sociedad española, ahí estaban las leyes, la policía y los jueces para mantener todo atado y bien atado.

Pero me separo del artículo, que se centra en tres personajes maravillosos y con muy diferentes matices. No voy a despiezarlo, porque recomiendo leerlo al completo, también por las amplias referencias que ponen contexto también en el mundo del “gay readin”, esa lectura que permitía entender también canciones de Patxi Andión, Victor Manuel o Ana Belén, citados en el artículo como muestra de cómo eso que se ha analizado como una ambigüedad que permitía a los cantautores saltar la censura y a los oyentes alcanzar significados no expresados literalmente, pero que la autora lleva a algo más, poniendo en primer plano la interpretación de los oyentes, eso que denomina “escucha invertida” (jugando, claro, no solo con la inversión de la dirección de la comunicación, sino con el término que usaba el franquismo para hablar de mariconas y demás, invertidos o desviados).

La propia Mari Trini hablaba de sus “canciones equívocas”. No lo sabía, pero se recogen entrevistas y acontecimientos que muestran cómo era evidente la intención de Mari Trini de invitar al publico que realizara esa interpretación inversa de sus letras, como en el caso de “Yo no soy esa”. (Canción, por cierto, que ahora me he puesto en bucle… qué grande era esta murciana universal).

En fin, ya avisé que no iba a decir nada especial, simplemente celebrar a mi modo este medio siglo sin dictador y desear que tanto heredero suyo desaparezca rápidamente, que /tanta nostalgia que en el fondo es caspa y deseo de involución. Que ustedes celebren bien la muerte de un dictador. Porque aunque fuera falsa, aunque fuera en la cama, aunque sus corifeos se quedaran con el cotarro y sin pedir perdón ni pagar la cuenta, un dictador muerto es, siempre, un dictador menos. Gracias, Albert Pla.

2025-11-19 15:48 Enlace
2025-09-28

)

De las redes, irse
2025-09-28

Una reflexión publicada en Mastodon.

Veo en el mundo de la comunicación de la ciencia un constante apego (o adicción) a las redes sociales: se nos vende que no puede haber comunicación más que en las redes, y eso nos lleva a la carrera por la relevancia en ciertas redes, a las métricas o la forma en que se mide esa relevancia y el compromiso de la gente (engagement que le dicen). Nos (les) lleva también a una enfermiza búsqueda de la red de moda: ya nadie se acuerda de cómo se nos vendía que había que hacer divulgación científica en snapchat hace menos de 5 años y aquello ya ni se conoce por mucha gente.

El boom twitch para contenidos en línea (streaming) medio murió salvo que seas gamer, neonazi o Ibai o así. A X antes twitter le quedan unos telediarios porque al fin y al cabo la gente también tiene derecho a creerse que su 8.000 seguidores eran algo. Lo cierto es que la conversación sobre la ciencia se ha ido de ahí ya y eso no debería volver. Bluesky es definitivamente volver a tropezar en la misma piedra porque acabará siendo la misma mierda, tiempo al tiempo.

Tiktok es... eso: no entiendo que nadie pueda querer estar ahí salvo para el placer culpable de ver frikadas. Poner contenido ahí es jugar con sus cartas marcadas y sus reglas secretas y alterables. Y luego pretender que puedes tener éxito cuando eso no es más que flor de un día. De Linkedin ni digo nada, porque ahora el algoritmo es tan chungo que ni siquiera el sopor que producía merece la pena. Otras redes que no menciono son iguales...

¿Por qué aprender las mañas de redes propietarias con algoritmos perversos y pretender que así hacemos una buena comunicación científica? No, todo lo contrario. Dejemos las redes, las de algoritmos cerrados y software propietario, las mercantilizadas y las del odio. Es fácil y todas ganaremos (al menos tranquilidad y tiempo libre). Y podemos hacer divulgación y comunicación de la ciencia en otros sitios. ¿Las instituciones dejaron sus webs abandonadas? Pues volver a ellas, y a los blogs. Sea.

2025-09-28 10:43 Enlace

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