2026-01-10

Teoría y práctica (algo muy antiguo...)

2026-01-10 · 17:57
Revisando archivos antiguos he rescatado algunos artículos que escribí para la revista EL ESCÉPTICO que edita(ba) ARP Asociación para el Avance del Pensamiento Crítico, entidad de la que fui presidente durante unos años aunque ahora sea simplemente miembro. Por cierto que los ejemplares, desde 1998 hasta 2025 (son 59 números los publicados), están accesibles y descargables como PDFs en la web de la asociación: ÍNDICE números 1-59

Por aquello de que fue el primero, ahí lo coloco. Tal cual se publicó.

CUADERNO DE BITÁCORA: TEORÍA Y PRÁCTICA

El salón de actos del instituto de enseñanza secundaria está realmente abarrotado: son los alumnos que cursan 3º de Bachillerato, que asisten a una clase de Filosofía un tanto especial. Por varias razones. Para empezar porque el ponente −el que suscribe− no es filósofo ni nada que se le parezca, y también porque estamos allí reunidos para hablar de ciencia y pseudociencia.

Para ellos, para algunos de ellos, este encuentro va a suponer quizá la primera y única ocasión en que van a escuchar que la ciencia, los científicos, no siempre está en una torre de marfil, sumergida en sus papeles llenos de signos incomprensibles, ajena al mundo que le rodea. Que, a veces, a los científicos les encanta contar lo que hacen, lo que saben y lo que ignoran. Que también, como todos, ven la tele, leen la prensa o escuchan la radio. Y, evidentemente, que también tienen que soportar a la corte de los milagros que día a día puebla los medios de comunicación. Esos que unas veces dicen haber sido secuestrados por extraterrestres, y otras afirman ser capaces de ver el futuro en los sitios más insospechados o poseer la panacea que soluciona todas las enfermedades, las del cuerpo y las del alma. No sigo: cualquier enumeración sería demasiado larga, porque la fenomenología del disparate pseudocientífico es extensa, y se quedaría también corta, porque parece inacabable la capacidad humana para seguir inventando estupideces.

Los alumnos no saben que la ciencia tiene mucho que decir sobre estos temas, que un método de conocimiento como el científico es la única herramienta válida que nos puede arrojar alguna luz sobre esa temática que algunos prefieren mantener como coto donde ejercer su negocio −próspero, eso sí− con escasa ética. Posiblemente, y la culpa también es de todos los que nos hemos dedicado a la enseñanza, nunca se les ha explicado lo que pretende la ciencia. Demasiado preocupados con rellenar de contenidos los currículos, ocupamos demasiado tiempo en transmitir los conceptos y muy poco en cultivar las actitudes.

A lo largo de la charla, les intento contar cómo la ciencia intenta obtener conocimientos objetivos del mundo. Cómo en esa búsqueda nos hemos autoimpuesto una serie de normas que nos permita llegar a nuestro fin, o al menos avanzar... Los asistentes no son tontos, y saben que ese método de indagación da buenos resultados. Saben también que no es ajeno a las mismas debilidades y fortalezas de las personas que lo usan, a los intereses y a las pasiones, a las preconcepciones y a los corporativismos. Lo saben; pero quizá todavía nadie se lo había hecho notar.

Como era de esperar, cuando entramos con las pseudociencia, el público se va animando... Ahora parece que entramos en acción, en esos lugares donde, están casi todos convencidos, la ciencia no puede adentrarse o ha de reconocer su ignorancia. Porque ellos mismos han experimentado la extraña sensación de vivir dos sucesos cuya conexión parece mágica. Alguien me cuenta cómo soñó que su abuela le saludaba y se despedía, para saber al día siguiente que esa mujer, que vivía en otro país, había muerto. Y esa joven que confiesa estar apasionada con la ouija, en la que ella y sus amigos han encontrado respuestas que sólo un espíritu podía conocer. Con ellos, voy analizando esos sucesos y otros, desde los horóscopos hasta las invasiones extraterrestres. ¿Qué nos va quedando? Muy poco, muy poco fiable. Entre los mismos chavales, surgen voces discordantes, posturas críticas, adhesiones firmes a lo que han leído, oído o visto.

Evidentemente, dos horas no dan para hablar de todo, y tampoco creo que, aunque pudiera, les habría convencido de lo sana que es una visión escéptica. Como mucho, espero, han tenido la oportunidad de oír una opinión racional sobre esos fenómenos. Supongo que algunos seguirán leyendo el horóscopo, echándose las cartas, jugando a la ouija o contemplando a esa corte de los milagros que desde los medios de comunicación vende lo paranormal con cierta benevolencia. Algún otro, ojalá, podrá tener ahora un argumento diferente a los que, a modo de pensamiento único, se encuentran normalmente.

Cuando estoy recogiendo los papeles, se me acerca un chaval, más alto que yo −como casi todos−, y me dice, casi susurrando, que en su familia tienen un enfermo terminal, de cáncer, que están probando todo, que han encontrado un sanador que les asegura que puede salvarlo porque todo es una cuestión de energías que emanan de nuestro cerebro. ¿Qué debe hacer? Yo, que no soy ni filósofo, ni médico, ni confesor, dudo antes de encontrar palabras que puedan acaso aliviarle. Y comprendo que es esa desesperación humana ante lo inevitable o lo incontrolado la que nos permite caer una y mil veces en las manos de aprovechados.

Veo alejarse al joven. Quizás intente convencer a su madre de que no deje el tratamiento paliativo, de que no gaste el dinero que les queda en vanas esperanzas. Pero esta caída sin red de la teoría a la práctica, qué le vamos a hacer, me ha dejado un sabor un tanto agridulce.

2025-12-20

AstronomiAnimE: anime y astronomía

2025-12-20 · 11:17

Un viaje por el universo del anime y la astronomía


Ayer tuve el placer de compartir una charla en el Civivox Condestable de Pamplona, dentro de las actividades del FESTIVAL DE ANIME DE NAVARRA #FAN2025 (www.fanfestival.es) sobre la relación entre el anime y la astronomía: AstronomiAnimE le puse de título y luego un aviso: paseo por universos (im)posibles. Como entre la audiencia había verdaderos aficionados al género y más de un experto, todos sabían más que yo, así que aproveché para contar algunas cosas y teorías que me han surgido como paseante ocasional por este universo de la animación japonesa.

Es en cualquier caso un tema que demuestra cómo la ciencia y la ficción pueden entrelazarse para explorar lo desconocido, lo posible y lo imaginario. A continuación, os presento un recorrido por las distintas formas en que el anime ha utilizado la astronomía como escenario, metáfora, motor narrativo y fuente de inspiración.

La presentación está en mi drive y la comparto tal cual la utilizamos: AstronomiAnimE





Introducción: órbitas compartidas, anime y astronomía


El anime, desde sus inicios, ha mirado al cielo. Como punto de partida me atrevería a decir que cualquier historia de anime tiene que ver, de una forma u otra, con el universo, el cielo, a veces viajes espaciales, otras mitologías... Específicamente la astronomía, con sus misterios y su inmensidad, ofrece un lienzo perfecto para historias que exploran la tecnología, la humanidad y el futuro.

Esta relación no es casual: refleja la admiración por la ciencia y la exploración espacial, especialmente en el Japón de posguerra, donde el progreso tecnológico y la reconstrucción iban de la mano. Comenzamos este viaje con una obra fundacional: Astro Boy
(Además llevaba puesta una camiseta de Atom para dar la conferencia, para más inri)

Astro Boy (Tetsuwan Atomu, Osamu Tezuka, 1963)
Este clásico no solo es el primer anime televisivo exitoso fuera de Japón, sino que también estableció temas clave como la energía nuclear, la robótica y la exploración espacial como fuerzas positivas para la humanidad. Astro Boy, un robot con corazón, representa la esperanza en un futuro donde la tecnología y la ética coexistan, inspirando generaciones a soñar con las estrellas.

Puse como ejemplo la secuencia de títulos de la serie de televisión de 1962 dirigida por el mismo Tezuka (en inglés, porque fue la primera serie de animación japonesa que se hizo popular fuera del ex-imperio) y el primer capítulo de la serie de 1982

Exploración espacial y colonización


El espacio como frontera última ha sido un escenario recurrente en el anime, especialmente en el subgénero de la space opera. Estas historias trascienden la simple aventura para reflexionar sobre la supervivencia, la guerra y la búsqueda de un nuevo hogar.

Space Battleship Yamato (Uchū Senkan Yamato, Leiji Matsumoto, 1974)
En un futuro donde la Tierra está devastada por bombas radiactivas, la humanidad envía la nave Yamato en una misión desesperada a otro planeta para salvarse. Esta serie combina un realismo tecnológico con una épica de supervivencia, popularizando la space opera en Japón y mostrando el espacio como un escenario de esperanza y sacrificio.

Mobile Suit Gundam (Kidō Senshi Gandamu, Yoshiyuki Tomino, 1979)
Ambientada en una guerra entre colonias espaciales y la Tierra, Gundam introdujo un enfoque realista y político en los mechas. La serie explora los conflictos humanos en un escenario cósmico, donde la gravedad cero y las colonias orbitales son elementos clave de la trama.

Royal Space Force: The Wings of Honnêamise (Ōritsu Uchūgun, Hiroyuki Yamaga, 1987)
Esta película muestra los esfuerzos de un país por lanzar su primer astronauta en un mundo alternativo. Con un enfoque realista y humanista, explora los desafíos técnicos, políticos y personales detrás de la exploración espacial.

Y las invasiones alienígenas


La llegada de seres extraterrestres ha servido como catalizador para explorar la identidad humana, el conflicto y la evolución. Más que una simple amenaza, los alienígenas representan un espejo cósmico que desafía nuestros límites como especie. Normalmente funcionaron como historias de imperios galácticos o invasiones de otras civilizaciones extraterrestres, pero en tiempos modernos (como en Parasyte) la invasión tiene otros toques menos épicos pero no menos exterminadores...

Robotech (The Super Dimension Fortress Macross, 1985)
Hablamos de esta remezcla de varias series anime, que plantean cómo, tras el choque de una nave alienígena en la Tierra, la humanidad se une para enfrentar la cercana invasión. Esta serie fusiona romance, guerra y música para mostrar cómo el contacto con lo extraterrestre puede transformar la cultura y la sociedad humanas.

Dragon Ball Z (1989)
Con las sagas de los saiyajins y Freezer, Dragon Ball Z presenta invasiones que van desde la llegada de guerreros nómadas hasta la amenaza de un imperio galáctico. Estas historias exploran temas de genocidio, poder y resistencia en un universo lleno de civilizaciones interestelares.

Parasyte: The Maxim (Kiseijū, Madhouse, 2014)
Parásitos alienígenas invaden la Tierra tomando control de cuerpos humanos. Esta serie de horror biológico profundiza en la naturaleza de la humanidad, la simbiosis y la definición de la identidad a través de una relación única entre un adolescente y su parásito.

Simbiosis humano-máquina: el mecha


Los mechas representan la fusión entre humano y máquina en escenarios cósmicos, donde el espacio se convierte en un campo de batalla y la tecnología en una extensión del cuerpo y la voluntad.

Mazinger Z (Majingā Zetto, Go Nagai, 1972)
Como pionero del género super robot, Mazinger Z presenta un robot gigante pilotado para combatir amenazas mecánicas. Aunque terrestre, su tecnología y su épica sentaron las bases para futuras historias de mechas en el espacio.

Neon Genesis Evangelion (Shin Seiki Evangerion, Hideaki Anno, 1995)
En un mundo postapocalíptico, adolescentes pilotan bio-mecas llamados Evangelion para defender la Tierra de seres misteriosos llamados Ángeles. La serie explora la psicología humana, la identidad y la conexión cósmica a través de una trama cargada de simbolismo.

Mobile Suit Gundam: The Witch from Mercury (Kidō Senshi Gandamu: Suisei no Majo, Hiroshi Kobayashi, 2022)
En un futuro de desigualdad entre terrestres y espaciales, una joven pilota un Gundam prohibido, desencadenando conflictos políticos y sociales. Esta serie actualiza el género mecha con temas de opresión, tecnología y derechos humanos.

Entre la cosmología y el existencialismo


Algunas obras utilizan conceptos astronómicos como metáforas de crisis existenciales, evoluciones espirituales y preguntas sobre el lugar del humano en el universo. Como había comentado al principio de la charla, mi eleccion de tipologías no establece clases disjuntas, y menos en un mundo como el de las series de anime en el que a lo largo de las temporadas, o con los renacimientos y nuevas series derivadas, es normal que una serie pueda ser parte de la típica space opera pero a la vez del mundo mecha o con sus trascendencias filosóficas… o hasta como una historia de amor. Nunca dije que esto fuera una clasificación racional o coherente, más bien un pálpito a partir de seguir diferentes series…

Neon Genesis Evangelion (1995)
Además de su enfoque en mechas, Evangelion profundiza en temas cosmológicos como el Segundo Impacto y el Tercer Impacto, utilizando eventos cataclísmicos para explorar la soledad, la conexión y la evolución de la conciencia humana.

Tengen Toppa Gurren Lagann (Hiroyuki Imaishi, 2007)
Esta épica ascendente lleva a sus personajes desde las cavernas hasta batallas interestelares, utilizando la "Energía Espiral" como fuerza cósmica que representa la voluntad humana. La serie cuestiona los límites del progreso y la responsabilidad de la humanidad ante el universo.

Portales y universos paralelos…


El multiverso y las realidades alternativas son recursos narrativos que permiten explorar caminos no tomados, decisiones y consecuencias a escala cósmica.

Steins;Gate (Shutainzu Gēto, Hiroshi Hamasaki, 2011)
Un grupo de amigos descubre cómo enviar mensajes al pasado, desencadenando líneas temporales divergentes. La serie combina ciencia ficción con drama personal, mostrando las paradojas y los costes emocionales de alterar la realidad.

Puella Magi Madoka Magica (Akiyuki Shinbo, 2011)
En esta reinterpretación del género mahō shōjo, las protagonistas hacen contratos mágicos que las atrapan en ciclos de sufrimiento y realidades alternativas. La serie aborda temas como la entropía, el sacrificio y la reescritura del universo.

Suzume no Tojimari (Makoto Shinkai, 2022)
Una joven debe cerrar puertas dimensionales que liberan desastres naturales. La película vincula fenómenos astronómicos y geológicos con la memoria colectiva y el trauma, creando una narrativa emocional y visualmente deslumbrante.

Simbolismo o mitologías


En lugar de escenarios científicos, algunas series utilizan cuerpos celestes y constelaciones como sistemas simbólicos que otorgan identidad y poder a los personajes.

Saint Seiya (Seinto Seiya, Masami Kurumada, 1986)
Los caballeros del zodiaco encarnan constelaciones y luchan con el poder del "cosmos". La serie transforma la astronomía en una mitología moderna, enseñando nombres de estrellas y símbolos a través de combates épicos.

Sailor Moon (Naoko Takeuchi, 1992)
Las guerreras Sailor obtienen sus poderes e identidades de los planetas del sistema solar. Esta serie acerca la astronomía a la fantasía y al coming-of-age, creando un universo mágico arraigado en el cielo nocturno.

Las aventuras de Horus, Príncipe del Sol (Taiyō no Ōji Horusu no Daibōken, Isao Takahata, 1968)
Esta película utiliza el sol como arquetipo de luz y vida en una batalla mitológica contra las fuerzas del hielo y la oscuridad. Es un ejemplo temprano de cómo el anime recurre a símbolos celestes para narrar viajes heroicos.

Distopías y la otredad planetaria


El espacio también sirve como espejo de conflictos terrestres, mostrando futuros caóticos, sociedades disfuncionales y encuentros con alteridades radicales.

Cowboy Bebop (Shinichiro Watanabe, 1998)
En un sistema solar colonizado y descentralizado, cazarrecompensas sobreviven en un ambiente de marginación y melancolía. La serie retrata un futuro donde la expansión humana ha creado un "salvaje oeste" interestelar.

Planetes (Goro Taniguchi, 2003)
Con un rigor científico excepcional, Planetes muestra el trabajo de un equipo encargado de limpiar basura espacial. La serie aborda problemas reales como la contaminación orbital, el terrorismo anti-colonial y los sueños rotos en el espacio.

Knights of Sidonia (Sidonia no Kishi, Kōbun Shizuno, 2014)
La humanidad sobrevive en una nave-arca después de la destrucción de la Tierra, enfrentándose a alienígenas incomprensibles. Esta serie explora una sociedad claustrofóbica y modificada genéticamente, donde la supervivencia justifica cualquier medio.

Realismo científico como narrativa


Algunas obras destacan por su fidelidad a la ciencia, ofreciendo representaciones rigurosas de la vida espacial, la tecnología y los desafíos de la exploración.

2001 Nights (Yukinobu Hoshino, 1987)
Esta colección de historias cortas traza una crónica realista de la expansión humana en el cosmos, desde la construcción de estaciones espaciales hasta los viajes interestelares. Es un referente del hard science fiction en el manga y anime.

Space Brothers (Uchū Kyōdai, Chūya Koyama, 2012)
Dos hermanos persiguen su sueño de convertirse en astronautas, mostrando el entrenamiento en JAXA, las misiones lunares y los desafíos físicos y emocionales de la vida en el espacio. La serie inspira y educa con un enfoque humano y veraz.

Terra Formars (Hiroshi Hamasaki, 2014)
Partiendo del concepto real de terraformación, la serie imagina un Marte donde las cucarachas han evolucionado en criaturas letales. Aunque especulativa, construye su trama sobre bases científicas reconocibles, explorando consecuencias biológicas extremas.

Astronomía en la narrativa


En estas obras, un fenómeno astronómico específico es el motorde la trama, impulsando conexiones emocionales, viajes en el tiempo o catástrofes que los personajes deben superar. Digamos que en ellas siempre pasa algo astronómico: la llegada de un cometa, un antiguo observatorio…

Your Name (Kimi no Na wa, Makoto Shinkai, 2016)
El cometa Tiamat y su fragmentación desencadenan una conexión sobrenatural entre dos jóvenes separados por el tiempo y el espacio. La astronomía actúa como un mecanismo narrativo que entrelaza destino, amor y memoria.

Vivy: Fluorite Eye’s Song (Tappei Nagatsuki, 2021)
El colapso de una estación espacial orbital es el evento que desata una guerra entre humanos e inteligencias artificiales. Una IA viaja en el tiempo para evitar este futuro, haciendo del espacio el origen de una crisis existencial.

Insomniacs After School (Kimi wa Hōkago Insomnia, Yūki Ikeda, 2023)
Dos estudiantes con insomnio se reúnen en un observatorio astronómico para practicar astrofotografía y observar las estrellas. La serie muestra la astronomía como una experiencia íntima y cotidiana de asombro y conexión emocional.

Tierra, sangre, conocimiento: Sobre el movimiento de la Tierra (Chi: Chikyū no Undō ni Tsuite, Uoto, 2025)
Ambientada en la Polonia del siglo XV, la serie sigue la lucha por preservar la teoría heliocéntrica frente a la persecución religiosa. La astronomía se convierte en un conocimiento prohibido y un símbolo de resistencia intelectual. Una pasada, por cierto…

Conclusión (¿alguna moraleja?)


No hay una moraleja única, pero sí una evidencia clara: la astronomía, como ciencia dura, encuentra en el anime un aliado creativo para explorar universos posibles, preguntas existenciales y futuros imaginados. Desde la space opera hasta el realismo científico, el anime ha utilizado el cosmos como escenario, metáfora y motor narrativo, inspirando a audiencias a mirar al cielo con curiosidad y esperanza. Esta relación, sincera y diversa, demuestra que la ficción y la ciencia pueden coexistir para enriquecer nuestra comprensión del universo y de nosotros mismos.

Esta charla fue presentada en el Festival de Anime de Navarra (FAN2025) como decía, entre amigos y gente muy entretenida. Ya expliqué que para la composición de esta selección de animes conté con la inestimable ayuda de un montón de gente que a través de la red Mastodon me echó una mano con sus propuestas.

Agradezco a todos los mencionados en Mastodon por sus aportes y sugerencias: @freddyncalm, @beckermatic, @th0maswaschosen, @stormyblog, @nudomarinero, @clifor, @xtmoso, @jmzueco, @vrruiz, @salva_pl, @qpocooriginal, @eldadoinquieto, @daleninar, @logard, @irisvankirsten, @paperezkoa, @bikooo2, @scarcraft, @germorfor, @prsfalken, @stage7, @estupigaia… (y perdón si me dejo algunes)


2025-11-27

Las luces navideñas (nos) manipulan

2025-11-27 · 23:31
La magia navideña es, en gran medida, una fachada cuidadosamente construida. El despliegue de luces no es un acto inocente de alegría colectiva, sino una poderosa herramienta de ingeniería social guiada por los intereses (ninguna sorpresa) comerciales. La ciencia desmonta el cuento de hadas pero también nos permite entender por qué cada vez más se usa el reclamo de la navidad. Y cada año se hace antes, avanzando un mes, e incluso haciendo una especie de continuo desde finales de noviembre con el Black Friday o el Cyber Monday

Pongo algunas cosillas para leer, aprovechando que ando un rato desvelado. El artículo de The Conversation, "¿Nos hacen felices las luces de navidad? Esto dice la ciencia", de Antonio Manuel Peña García, no habla de magia, sino de estímulos y respuestas condicionadas. Las luces actúan como un desencadenante de nostalgia, hackeando nuestro cerebro para liberar dopamina. Es un bienestar prefabricado que nos prepara para el verdadero objetivo: el consumo.

Tenemos incorporado en el cerebro el circuito de recompensa, ese sistema dopaminérgico que asegura el consumo. Al experimentar satisfacción, ahí va la dopamina, pero también cuando hay una novedad, sorpresa. Todo refuerza el comportamiento que repetimos año a año. Ojo, también tenemos un juicio sobre lo bello, lo armónico, también lo pegadizo. Nuestro cerebro encuentra como agradable estas decoraciones (hay gente a quien le gustan, reconozcámoslo, porque incluso quienes nos quejamos por otras razones nos fijamos en lo que han montado para este año) y entonces ya tenemos el chute de felicidad asociada.

Ojo, puede haber un cierto efecto, como con las drogas, de habituación: tanta luz, tanto villancico, tantos buenos deseos y glucosa acaban desensibilizándonos, o pueden hacerlo (vale, a algunos nos hace pensar que fácilmente podríamos recurrir a la violencia para apagar el montaje eléctrico… es broma). Lo que sí se ha estudiado es también ese efecto de la nostalgia (se dice mucho que todo esto de la navidad nos retrotrae a cuando éramos infantes…). Las luces son el ancla que nos transporta a un pasado que es, como construcción de nuestra mente, más dulce y optimista. Ojo: esto también explica que quienes conectan ese recuerdo navideño con situaciones negativas sufran el efecto contrario.

Otra lectura me ha llevado a un estudio ya clásico de Mathias Ekström: “Seasonal altruism: How Christmas shapes unsolicited charitable giving” en el Journal of Economic Behavior & Organization. Las navidades enfatizan una conducta prosocial. Tras analizar 50 millones de donaciones encontró que en diciembre había un incremento de un 14% de la probabilidad de hacer una donación, que se propaga hasta el mes de enero. Así que no es raro que numerosas organizaciones coloquen en las zonas más navideñas de la ciudad sus sistemas de cuestación: les funciona siempre.

Me estaba enrollando y se me ha ido el santo al cielo. Así que vuelvo para ir cerrando un poco ya y yendo a lo importante: todo esto de las luces es un diseño buscado. El estudio "Effects of mall atmosphere towards consumer behaviour during Christmas" de Ong et al. muestra a partir de diversos análisis que la atmósfera navideña en los centros comerciales, donde las luces y los escaparates son el elemento central, está diseñada para alterar nuestro comportamiento. Crean una "mentalidad de excepción" donde la prudencia financiera se desactiva, un mecanismo idéntico al que explota el Black Friday, como detalla el análisis "Black Friday: ¿por qué compramos compulsivamente?" de Paulo Ruisoto también en The Conversation. No es tanto generosidad como consumismo inducido.

Porque la realidad es otra. Incluso podríamos decir que lejos de unir, la decoración navideña evidencia las fracturas sociales (ya no me refiero a los centros comerciales o al centro de las ciudades, sino a las iluminaciones de balcones y casas, cada vez más frecuentes pero que ya desde hace mucho eran cotidianas en los países adelantados). Como revelaba el análisis "Illuminations, Class Identities and the Contested Landscapes of Christmas" de Edensor et al., las luces funcionan como un marcador de clase. Los barrios adinerados proyectan una estética sobria y "elegante", mientras que la clase trabajadora puede ser tachada de "excesiva" por su despliegue colorido y brillo a menudo exagerado. El brillo no ilumina a todos por igual; refleja y amplifica la desigualdad.

Leo también en The Conversation "No existe la iluminación navideña sostenible". Enric Marco Soler nos recuerda la cruda realidad: el derroche energético y la cultura del usar y tirar tienen un coste ambiental brutal. Las luces LED son un parche, no una solución.Como dice: “No lo hacen para fomentar el espíritu festivo y solidario de estas fechas sino para promover el consumo. ¿Por qué las luces se encienden cada vez más pronto, en noviembre, y no se apagan hasta pasada la festividad de Reyes?”. Y de forma más y más exagerada. Vuelvo a Antonio Manuel Peña García, quien recogía los 11 millones de ledes que usó el año pasado Vigo en su cacareada iluminación navideña. Por lo que he leído el mismo anuncio del ayuntamiento vigués decía que casi 12 millones en 2025 en 460 calles iluminadas.

El alumbrado navideño es el decorado de un gran montaje. Es el señuelo visual que enciende nuestra emocionalidad para apagar nuestro juicio crítico, impulsándonos a comprar mientras oculta su huella ecológica y social. Detrás del brillo, solo hay negocio.

(¿Ha quedado muy grinch? Pues eso…)

2025-11-26

32 años de Pamplonetario

2025-11-26 · 08:53
Hoy es 26 de noviembre. En tal día como hoy, pero hace 32 años, en 1993, estaba todo agobiado porque se inauguraba oficialmente el Planetario de Pamplona. .El @pamplonetario que habíamos creado con un equipo de gente estupenda y llena de ilusión por contar historias del cielo, por hablar de ciencia en la plaza pública, por traer la cultura y el debate a Navarra, se ponía de largo con la presencia de las autoridades.

Ahora, 32 años después, no queda nadie de ese equipo en el centro, que está cerrado y vete a saber cuándo lo abren. Ahora subcontratan actividades para cubrir el expediente pero ese motor cultural que nos llenó de ilusiones no existe, ni parece que vaya a volver nunca. Ya no hay proyecto propio, ni gente que lo lleve adelante. Y eso es un robo que se nos ha hecho a toda la ciudadanía navarra.

Feliz triste cumple, Pamplonetario. Rescato un texto que escribí hace dos años sobre "El Planetario de Pamplona: 30 años de cultura científica en Navarra" para la revista Príncipe de Viana (no. 285 , 2023)


(No sabía entonces que luego acabaría súbitamente fuera, que se iba a incendiar después ni que el proyecto que habíamos creado se iba a desmantelar así sin ningún reconocimiento ni información)

Original en Mastodon.

2025-11-21

Un siglo de ciencia y su eco

2025-11-21 · 08:10
Ayer #20N era un día especial, no solo por el medio siglo de la muerte del dictador Franco: justo pasadas las dos de la tarde el Tribunal Supremo dio la campanada de la sentencia condenatoria al Fiscal General del Estado. Si el día tenía tintes grises de la memoria del franquismo ahora se llenaba de la realidad de los poderes que están realmente al mando. Ya he comentado por Mastodon que a esto llegábamos además con todas las exhibiciones de corrupción de partidos que gobiernan y muy principales, con la constatación de la impunidad de las redes de las grandes empresas de España que utilizaron siempre estos métodos con sobres, carteras o bolsas para llevarse el dinero de la obra pública y los permisos para montar lo que sea… En fin, que ayer era un día como para estar poco contento con el mundo que vivimos y con quienes lo gobiernan y sus razones. El cuestionamiento a la democracia, la indignación que ello supone, todos esos factores que, junto con el frío en Pamplona, invitaban a quedarse en casa calentito y leer algo para evadirte. Pero no fue así, porque teníamos una cena con buenas amigas y amigos, gente del mundo de la academia, del pensamiento, buena gente además, que habían propuesto una conversación sobre otros temas. En concreto la propuesta era esta pregunta: ¿Seguimos en la onda expansiva de la revolución de la ciencia y el arte del primer cuarto del siglo XX?

La reflexión dio para mucho en una cena deliciosa que prolongamos hasta la medianoche. Como llegué desvelado, me propuse anotar la argumentación que propuse, desde la parte de las ciencias, para abrir el debate. Un debate que en lo artístico, lo social, lo económico, nos fue llevando por derroteros muy interesantes, pero no me compete a mí hacer de compilador de todas estas ideas, que al fin y al cabo nacían y construían ese espacio amable en el que estábamos, donde se quedarán… aunque nos propusimos volver a cenar dentro de un siglo y ver si todo era una cuestión de perspectiva. Es decir, que en 2125 estaremos hablando del empuje del primer cuarto del siglo XXI y si se mantiene en el XX. Optimistas, ya se ve, siempre lo somos.

Pero voy a lo mío: ¿seguimos en la onda expansiva de la revolución científica, específicamente en la física? Mi humorada inicial es decir que sí pero que igual no. O que no pero igual sí. Que depende del observador y de cómo colapsamos la función de onda. ¿Una respuesta cuántica, estadística? Quizá, o más bien un par entrelazado, opuesto si nos ponemos a medirlo, pero indeterminado hasta que lo hagamos.

Y proponía una forma de medición: la foto del V Congreso Solvay en Bruselas, en 1927, donde se juntaron 29 notabilísimos científicos (17 de ellos fueron premios Nobel). Estaban allí al llamado del capital (quien pagaba el cotarro) para debatir sobre fotones y electrones. Algo impensable hoy día. Fue en esa reunión donde Einstein, poco convencido de la naturaleza estadística de la mecánica cuántica dijo aquello de que Dios no jugaba a los dados. Fue también esa foto la que mostraba cómo solamente una mujer, Maria Slodovska Curie, tenía derecho a estar entre los genios.

El mismo concepto de ciencia de genios, de ideas seminales, que mostraba esa ciencia del primer cuarto de siglo, Einstein, Bohr, Heisenberg, Schrödinger, una alineación de la selección de genios de alguna liga imposible. Pero no estaban las mujeres, de manera notable Emmy Noether, autora del armazón matemático de gran parte de la física moderna. Tampoco podemos dejar de ver que esa revolución venía creciendo desde hacía medio siglo de la mano de otros físicos. Pero el cambio de paradigma, en la versión de Thomas Kuhn, fue el que fue. Y nuestra memoria científica simplifica el caos histórico en héroes individuales. Durante el siglo XIX y buena parte del XX, esa narrativa funcionaba: muchos campos podían avanzar gracias a unas pocas personas excepcionales.

Hoy ya no. O quizá entonces empezó a dejar de ser válida: la especialización, la complejidad, las implicaciones del conocimiento y su aplicabilidad, requerían ya entonces hace un siglo la concurrencia de más personas. Si nos ponemos a pensar en los grandes descubrimientos de este siglo XXI los artículos llevan a veces miles de firmas, de la gente que ha contribuido. La ciencia es más que nunca una labor colectiva. Cierto que a menudo con las ideas seminales de una persona: al bosón de Higgs encontrado en el LHC en un megaproyecto científico en todas las escalas le concedemos el nombre del físico que propuso el modelo teórico medio siglo antes, es cierto.

Tenía por ahí una frase de Helen Longino, filósofa de las universidades de Stanford y Minesota que ha analizado este proceso de la creación de la ciencia: "El conocimiento es siempre un logro social, y su fiabilidad depende de la diversidad y la interacción crítica dentro de la comunidad". Posiblemente hay que añadirle además el factor político (la bomba atómica) o el económico (transgénicos, inteligencia artificial…). Pero parece que la ciencia actual es menos heroica y más coral. Exige pluralidad y estructuras que nunca habrían reconocido los físicos de hace un siglo, aunque les habrían venido bien, dicho sea de paso.

Creemos, añadí, que la ciencia es lo objetivo, que trata de lo objetivo, objetivamente. Pero siendo un logro social nada humano le puede ser ajeno. Asumiendo eso ahora tendremos más ciencia siempre, porque hay más personas, y hasta más diversas; porque hay más medios, más dinero y más presión; porque hay más conocimiento sobre el que construir, y más comunicación; porque ello redunda en más artículos (papers) y en más patentes que nunca. ¿Podemos concluir que la onda expansiva de los años 20 del siglo pasado continúa? Parece que sí pero…

Y aquí llega el punto incómodo. Un estudio reciente (2023) en Nature, “Papers and patents are becoming less disruptive over time”, de Park, Leahey y Funk, demuestra que, pese a tener más científicas y científicos que nunca, la proporción de trabajos realmente disruptivos ha caído hasta un 90% en algunas áreas. ¿Significa esto que la ciencia se está agotando? Quizá no. Quizá significa que las "fronteras fáciles" ya fueron atravesadas. Que descubrir nuevas leyes fundamentales es hoy más difícil, más caro, más lento. O, simplemente, que llamamos "disruptivo" a lo que encaja en nuestros mitos del pasado: teorías compactas y elegantes con un nombre propio en el título.

Es un poco la fatiga de materiales de un esquema de la ciencia que comenzó a funcionar como una maquinaria industrial hace un siglo. Mi hipótesis, cuñada, avisé, es que la ciencia parecía revolucionaria, lo fue sin duda en muchas ocasiones (el propio término “revolución” habla de un cambio de paradigma científico, el propiciado por Copérnico). Pero quizá ya no lo sea tanto: el sistema de ciencia ha seleccionado a la ciencia sumisa, en cierto modo más conformista con el propio sistema o que no lo cuestiona. La ciencia es el zapatero a tus zapatos y es difícil salirse de un esquema que al final puede ser muy depredador. A veces es la ciencia cómplice. Otras veces es la ciencia silenciada o ninguneada, como estamos viendo en el tema climático. Por supuesto no es la ciencia algo aparte de todo lo que tenemos, y las decisiones políticas o económicas afectan también mucho.

Me atreví a citar a una física teórica, filósofa y queer, Karen Barad, para quien no heredamos simplemente las teorías, sino que heredamos las formas de intervenir en el mundo. Ella considera ese realismo agencial que, en el análisis que tenía que cerrar porque nos habían servido unas deliciosas migas de pastor y una ensaladilla rusa, era el momento de cerrar.