NOTA: a raíz de la lectura del artículo que se menciona en el primer párrafo de este texto me puse a leer unas cuantas historias más relacionadas con el tema de la narrativa y por qué nos gustan y cómo hacemos para contar historias. Al fin y al cabo me he pasado la vida haciendo esto más o menos profesionalmente: construir relatos y contarlos... Así que me puse a escribir todo esto en el mismo editor de este blog y, como suele pasar cuando uno hace el tonto, hay consecuencias. Cuando le di a enviar se fue todo al garete y no había guardado nada. Esto pasó hace un par de semanas y ahora he vuelto a recuperar las notas que tenía por ahí y ahora sí, lo he escrito en otro sitio antes de subirlo al blog. Aquí queda, quizá un poco menos hilado que lo que había escrito inicialmente, pero eso se perdió como lágrimas en la lluvia.
Todos somos narradores natos, aunque no escribamos novelas ni guiones de cine. Nuestro cerebro, desde que tenemos uso de razón, se dedica a convertir la experiencia cotidiana en relatos coherentes, en historias significativas. Esto no es algo metafórico o una forma abstracta de entender lo que sucede dentro de nuestra cabeza, sino una realidad neurológica que la ciencia está empezando a desentrañar. Como explica un reciente artículo de Scientific American, “Why your brain turns life into stories”, de Ingrid Wickelgren, la mente humana no se limita a registrar lo que ocurre; lo edita, lo simplifica y lo estructura en forma de historia para poder entenderlo y recordarlo. Y esta capacidad es una herramienta cognitiva fundamental que nos permite navegar por un mundo repleto de información caótica y, a menudo, contradictoria.
El cerebro no procesa la realidad como una cámara de vídeo, sino más bien como un guionista de una película. Esta edición automática se ha rastreado incluso en escáneres cerebrales, esa herramienta que permite ver en funcionamiento las diferentes áreas del encéfalo (con todas las salvedades que hay que poner a estos estudios de fMRI). Un estudio pionero de 2004, dirigido por Uri Hasson, mostró que el cerebro de diferentes personas se sincroniza al ver una película, como si todas estuvieran ejecutando el mismo "programa" neural para seguir una historia. El paper: “Intersubject Synchronization of Cortical Activity during Natural Vision”, Hasson et al.. Science, 303(5664), 1634-1640.
Los investigadores escanearon con fMRI los cerebros de cinco participantes mientras veían 30 minutos de la película “El bueno, el feo y el malo”. Descubrieron un alto nivel de sincronización en la actividad cerebral entre los participantes, lo que sugiere que, cuando se exponen al mismo entorno natural y dinámico, los cerebros tienden a "oscilar colectivamente". Este estudio demostró que era posible analizar la respuesta cerebral a estímulos complejos y realistas, en lugar de los estímulos simples y aislados típicos de la época, abriendo una nueva vía en la neurociencia cognitiva.
La pregunta es ¿cómo logra el cerebro este prodigio? La estrategia parece residir en nuestra capacidad para reconocer y aplicar patrones. La neurociencia está descubriendo que nuestra mente no parte de cero; posee un vasto repertorio de "guiones" para situaciones familiares, que utiliza como plantillas para interpretar lo que sucede. Christopher Baldassano, de la Universidad de Columbia, ha demostrado que el cerebro segmenta la experiencia en escenas y las compara con estos guiones preexistentes, almacenados en regiones como la corteza prefrontal medial. El paper: “Discovering event structure in continuous narrative perception and memory”, Baldassano et al. (2016). Neuron, 2017, 95(3), 709-721.e5.
Esta biblioteca neuronal contiene cientos de miles de guiones para todo tipo de eventos: ir al aeropuerto, a un restaurante, o incluso las etapas de una ruptura sentimental. Cuando escuchamos una historia, nuestro cerebro activa estos guiones para anticipar lo que viene, y cuanto más se ajusta la historia a nuestros patrones internos, mejor la recordamos y más nos sincronizamos con quien la cuenta.
Esta capacidad para reconocer patrones narrativos universales nos lleva directamente al núcleo de la pregunta: e cerebro humano no es sensible a cualquier historia, sino que está especialmente sintonizado con ciertos arquetipos profundos. El más famoso de todos es el "viaje del héroe", descrito por el mitólogo Joseph Campbell como un monomito que aparece en culturas de todo el mundo: un héroe es llamado a la aventura, enfrenta pruebas, logra una victoria y regresa transformado . Campbell y el psicólogo Carl Jung postularon que estos arquetipos son parte de un "inconsciente colectivo", una herencia psíquica común a toda la humanidad, aunque este tipo de elucubraciones nunca ha sido respaldado por la ciencia. La existencia sin embargo de patrones que se perpetúan en el aprendizaje y la cultura es más razonable y menos esotérico.
De hecho lo que plantea la neurociencia moderna es que estos patrones podrían tener una base biológica. No es que el cerebro tenga un "circuito del héroe", sino que los arquetipos se activan mediante redes neuronales que procesan la causalidad, el cambio de los personajes y el contexto, tal como se ha observado en la red neuronal por defecto (DMN) .
Los investigadores realizaron entrevistas de 2 a 3 horas con 157 adultos de entre 55 y 57 años, pidiéndoles que describieran sus vidas como si fueran una novela, con capítulos, escenas clave, personajes y temas (la muestra incluía tanto participantes blancos como afroamericanos). Las personas con altos niveles de generatividad (preocupación y compromiso por el bienestar de las generaciones futuras) mostraron una fuerte tendencia a narrar sus vidas siguiendo un patrón de "narrativa de redención" , caracterizado por cinco temas:
El protagonista goza de una ventaja temprana en la vida.
Muestra sensibilidad ante el sufrimiento de otras personas.
Desarrolla un marco moral claro.
Transforma repetidamente escenas negativas en resultados positivos.
Persigue metas prosociales para el futuro.
Además, esta narrativa de redención se asoció con una mayor salud mental y bienestar. Un hallazgo inesperado fue que los participantes afroamericanos presentaban niveles más altos de generatividad y narrativas de redención más pronunciadas que los participantes blancos.
Diferentes estudios han ido avalando que nuestro cerebro es un hábil artesano de historias. Constantemente toma los fragmentos de nuestra experiencia y los hilvana en narrativas coherentes, utilizando un repertorio de patrones y arquetipos universales para darles sentido. Contar y escuchar historias no es un pasatiempo, sino una de las actividades más fundamentales que nos definen como humanos. Al hacerlo, no solo comprendemos el mundo y a nosotros mismos, sino que también creamos un vínculo con los demás, sincronizando nuestras mentes a través del poder atemporal de un buen relato.
Cuando hace unos meses me llamó Laura Piñero, periodista y responsable del programa nocturno de la cadena SER "El faro" durante la temporada veraniega, a quien ya conocía de algunas colaboraciones en el programa, no me lo podía creer: me proponía que cada semana habláramos de cosas del cielo, que le contara lo que me gustaba o lo que no sabíamos o lo que fuera. Que como un diálogo entre amigos pudiéramos explorar algunas cosas de esas que yo siempre he encontrado maravillosas y a cuya narración he dedicado mi vida profesional y mi ocio también.
Al final fueron un montón de noches llenas de temas e historias, igual me he repetido pero ya me conocen: llevo con la misma monserga desde hace cuarenta años y tampoco me voy a meter ahora a farmear aura porque esté de moda entre los imbéciles. Elegí narrar cuentos mirando el cielo hace mucho tiempo y en ello sigo. Y cuando puedes charlarlo con una amiga, mejor. Algo de eso creo que ha quedado en los programas. Pongo aquí, a modo de sumario, los diferentes temas tal y como los han recogido en la web de la SER:
El Faro / Nocturnal / El astrofísico Javier Armentia nos lleva cada martes al cielo nocturno. Estrellas, planetas, constelaciones y los misterios del universo explicados con la magia de la madrugada de fondo. Una sección para mirar hacia arriba y entender un poco mejor dónde estamos.
En cada uno de los episodios, aparte de hablar de un tema, elegí una astrónoma para encomendarnos a ella, a su trabajo y su lucha normalmente ocultada, olvidada o simplemente desconocida. Han quedado como amigas de la noche para recordarnos la importancia de una mirada plural.
15 de julio La noche no existe - Javier Armentia en El Faro
El astrofísico Javier Armentia nos lleva cada martes al cielo nocturno. Estrellas, planetas, constelaciones y los misterios del universo explicados con la magia de la madrugada de fondo. Una sección para mirar hacia arriba y entender un poco mejor dónde estamos.
Este episodio explora cómo la oscuridad nocturna no es total, sino que está repleta de luces celestes como estrellas, planetas visibles y galaxias como Andrómeda, explicando además cómo se adapta la visión humana en la penumbra y destacando la figura de la astrónoma Henrietta Leavitt, cuyas investigaciones con estrellas Cefeidas permitieron medir las dimensiones del universo.
22 de julio Nocturnal | Javier Armentia nos cuenta por qué somos polvo de estrellas
"Somos polvo de estrellas" aborda la conexión profunda entre la astrofísica y el origen de la vida, explicando cómo casi todos los elementos químicos que nos componen fueron forjados en el interior de antiguas estrellas y supernovas, complementado con la contribución histórica de Cecilia Payne-Gaposchkin al demostrar que las estrellas están formadas principalmente por hidrógeno y helio. Y por supuesto el poema de Xabier Lete "Izarren hautsa" como eterno recuerdo de la poesía y la ciencia.
29 de julio El Faro | Javier Armentia nos habla de la inmensidad del universo
La inmensidad de la noche: a través de un recorrido histórico sobre el recuento y cartografía de las estrellas —desde Hiparco hasta la misión Gaia—, el tema profundiza en la estructura y las enormes dimensiones de nuestra Vía Láctea, rindiendo homenaje a la astrónoma Francesca Figueras por su labor científica y su compromiso con la igualdad en la disciplina.
5 de agosto Nocturnal | Contaminación lumínica, con Javier Armentia
La noche invadida: La entrega analiza el grave impacto de la contaminación lumínica y el uso ineficiente de la iluminación urbana, que nos ha arrebatado la visión de la Vía Láctea y daña tanto a los ecosistemas como a la biodiversidad nocturna, destacando la labor divulgativa y de ciencia ciudadana impulsada por la astrónoma Connie Walker.
12 de agosto octurnal | Javier Armentia, especial Eclipse
El miércoles, eclipse: Ante la inminencia del eclipse total de sol de agosto de 2026, el texto repasa la fascinación social y el impacto de este fenómeno astronómico, ofreciendo pautas clave sobre su observación segura en el horizonte y recordando la trayectoria de la astrónoma y matemática Annie Scott Dill Maunder en el estudio del Sol.
13 de agosto El Faro | Los astrofísicos Javier Armentia y Eva Villaver, tras la experiencia del eclipse total de Sol
La misma noche del eclipse, unas horas después, estuvimos hablando de nuevo en El Faro. En la web comentan: Hablamos con los astrofísicos Javier Armentia y Eva Villaver tras la experiencia del eclipse total de Sol. Analizamos qué hace tan especial un eclipse, reflexionamos sobre la capacidad de la ciencia para predecir estos acontecimientos con precisión y destacamos cómo este tipo de eventos despiertan la curiosidad, acercan la astronomía al gran público y pueden inspirar nuevas vocaciones científicas.
19 de agosto Nocturnal | Javier Armentia explica cómo descubrimos planetas fuera del Sistema Solar
Planetas más allá del sistema SOLAR: El programa se adentra en el fascinante mundo de los exoplanetas descubiertos desde los años 90 mediante métodos indirectos como los tránsitos y las variaciones estelares, permitiendo analizar las atmósferas de estos mundos lejanos a pesar de la imposibilidad física de viajar hasta ellos con la tecnología actual. Y como mujer de la astronomía tuvimos a Sara Seager, la gran investigadora en atmósferas de exoplanetas.
26 de agosto Nocturnal | Javier Armentia: ¿Tiene sentido el universo? y las tres mentiras que nos hacemos sobre él
¿Y si el universo no tuviera sentido?: Este último episodio adopta un tono más filosófico para desmontar las grandes ilusiones humanas frente al cosmos —la falsa creencia de la permanencia eterna, el falso ajuste perfecto del universo y la idea de un destino o guion escrito—, concluyendo que nuestra existencia es el resultado de la estadística y el azar y recordando la figura de la astrónoma Vera Rubin, cuyo descubrimiento de la materia oscura demostró que el universo es mucho más misterioso y desconocido de lo que imaginamos.
Se nos han quedado muchos más temas en el tintero y de uno llegamos a decir algo como anunciando que hablaríamos de él pero no: la locura de los satélites de los tecnooligarcas y demás. Era una especie de desarrollo del capítulo de la noche invadida, pero como teníamos entre medias un eclipse hubo que posponerlo. Quizá para el futuro.
He hablado mucho del eclipse. Quizá no por aquí porque no me daba el día para todo. Ayer, esperando a las Perseidas, tuve tiempo de mandar algunas palabras a diferentes medios. Lo pongo por aquí todo junto aunque resulta a veces repetitivo y otras inconexo.
Miles de personas vivieron en Lerín unos minutos extraordinarios de emoción, asombro y unión al contemplar la totalidad del eclipse, un fenómeno que convirtió al pueblo en escenario de una experiencia difícil de explicar con palabras
Durante meses hemos avisado de que esto era mucho más que astronomía. Que un eclipse total no se explica solamente con la geometría de las órbitas, los horarios y los mapas. En Lerín hemos trabajado con hierros y emoción: levantando estructuras, organizando espacios, pensando en cada detalle y preparando a miles de personas para unos minutos que sabíamos que serían extraordinarios. Pero ahora que ha pasado, sabemos que ninguna explicación alcanzaba a contarlo.
Porque por mucho que te lo digan, no es lo mismo. Cuando la Luna termina de cubrir el Sol, el mundo cambia. La luz desaparece, el paisaje adquiere un color extraño y, sobre nuestras cabezas, aparece una corona enorme, viva, delicada, imposible. No parece una fotografía ni una ilustración de un libro. Está ahí, delante de nosotros, extendiéndose alrededor de un Sol negro, coronado. Y durante esos instantes uno tiene la extraña sensación de que el universo está hablándonos directamente.
No hacen falta palabras. Basta mirar. Ayer miles de personas miramos juntas y lloramos un poco, alguno gritaba de emoción. Y reímos, nos abrazamos. Hasta quienes llevábamos meses explicándolo nos quedamos sin explicación.
Ahora Lerín y todos los que estuvimos allí llevamos algo que ya no se puede quitar. Hemos quedado marcados con la tinta indeleble del eclipse total. Y también con la memoria de quienes hicieron posible que sucediera: todo un pueblo trabajando, preparando, atendiendo, cuidando, resolviendo, poniendo su tiempo y su esfuerzo al servicio de un instante de cielo.
Ayer el eclipse fue de todos. Y quizá esa sea la verdadera grandeza de lo que vivimos: que durante unos minutos miles de personas, venidas de lugares distintos, sentimos exactamente lo mismo al mirar hacia arriba.
Este eclipse ya lo esperaba, pero siempre sorprende. Ha vuelto a hacer que la astronomía se haya convertido en una emoción desatada al ver desplegándose la corona solar en esa noche insólita.
He tenido el gusto de hacerlo en Lerín (Navarra), un pueblo que había convocado a 5.000 personas para hacer del eclipse total una fiesta de la astronomía. Con ello se ha conseguido algo muy especial: que una experiencia conmovedora para cada una de las asistentes lo fuera también de manera colectiva. La gente agradecía que hubiéramos insistido en que no perdieran la oportunidad de observarlo, especialmente, aquellas personas que más dudas tenían o más escépticas se mostraban con el hype mediático. Ahora la gente está marcada por el eclipse. Lo recordarán todas sus vidas y, posiblemente, alguno quiera repetir, como ha sucedido desde siempre, pero ahora, quizá más porque el mundo necesita más historias de estas.
El fenómeno astronómico nos ha permitido dejar de lado las ideologías para vivir una experiencia en comunidad. Por unos minutos, todos recordamos que compartimos el mismo cielo
Hay algo extraño en los eclipses totales: son predecibles, podemos calcularlos con siglos de antelación detallando cómo y dónde con una precisión extraordinaria. Y, sin embargo, cuando suceden, nos sorprenden como pocas cosas. La ciencia no puede ahorrarnos la experiencia de vivir este fenómeno tan anómalo, de que nos atrape por completo. Y después ocurre algo aún más curioso: queremos contarlo. Las redes se llenan de fotografías, vídeos y palabras que normalmente no asociamos con la astronomía: increíble, maravilloso, emocionante, único. Incluso hablamos en plural: lo hemos visto, lo hemos vivido, nos ha pasado. Un eclipse, por un instante, parece hacernos formar parte de algo común.
En Lerín, donde unos 5.000 vivimos juntos la experiencia, quisimos añadir algo muy antiguo a la astronomía: las campanas. Los campaneros de Navarra crearon varios repiques específicos. El primero avisó de que comenzaba el eclipse parcial, cuando la Luna empezaba a cubrir el Sol; el segundo señaló la llegada de la totalidad y el momento en que podíamos quitarnos las gafas de eclipse; el tercero anunció que la totalidad había terminado y que debíamos volver a ponérnoslas. Puede parecer nimio, pero tuvo algo de mágico y, sobre todo, útil. Mucha gente temía quitárselas demasiado pronto o ponérselas demasiado tarde, pero las campanas hicieron de guía, con la sencillez de una señal que no necesitaba instrucciones. Así, ese patrimonio inmaterial de la humanidad que durante siglos sirvió para convocar, avisar y ordenar la vida de un pueblo volvió a ser un aviso, una ayuda, casi un refugio.
Los acontecimientos extraordinarios tienen una capacidad especial para quedarse en la memoria. No recordaremos solamente lo que vimos, sino dónde estábamos, con quién, qué sentimos. Posiblemente magnificaremos algunos detalles ya de por sí excesivos de un eclipse. Dentro de unos años, diremos: «Yo estaba allí cuando se hizo de noche en pleno día», un recuerdo más importante que cualquier imagen. Hay algo especialmente poderoso en que esa experiencia colectiva proceda de un fenómeno científico. No hemos necesitado compartir una ideología o una creencia: bastaba con estar allí y entender que aquella oscuridad tenía una explicación tan sencilla como extraordinaria.
El entusiasmo pasará, claro. Volveremos a las discusiones de siempre donde es casi imposible encontrar algo que podamos compartir. Pero quizá este eclipse nos deje una lección: la ciencia también puede producir experiencias colectivas de enorme intensidad; el conocimiento puede ser algo que se vive, no solamente algo que se explica. Ojalá sepamos volverlo a repetir. Por unos minutos, todos hemos recordado algo que normalmente olvidamos: que compartimos el mismo cielo, el mismo mundo.
Después de una cuenta atrás que tenía a todo el mundo en vilo, por fin se produjo el eclipse solar total que fue visible desde España. Este acontecimiento ha movilizado a una gran cantidad de personas que se han desplazado desde diferentes puntos para poder presenciar este evento histórico, y parece que no ha decepcionado. En El Faro contamos nuevamente con el astrofísico Javier Armentia, quien decía que le conmovió, así como a las 5.000 personas que estaban viéndolo donde estaba. Y aunque pensaba que iban a gritar más, cree que "como era tan corto y teníamos tantas ganas, nos ha llegado esa sorpresa, esa evidencia de que el universo estaba ahí hablándonos directamente a nosotras".
Recordaba cómo "teníamos de repente esa corona solar magnífica desplegándose llena de fuerza y colores, y eso iba a durar justo esos segundos en los que de repente, cuando ha finalizado, todo el mundo ha gritado, hemos aplaudido y yo he besado a mucha gente por ahí así", confesaba el colaborador, quien decía que ha sido "una experiencia muchísimo más intensa que la pura astronomía". Esto es algo que también vivió Eva Villaver, astrofísica del observatorio de Yebes (Guadalajara) y subdirectora del Instituto de Astrofísica de Canarias, destacando también "cómo se ha emocionado la gente", porque ella ya había visto un eclipse y esperaba emocionarse, pero le ha sorprendido el resto de reacciones.
Comentaba que, al final, ella ya sabía qué le esperaba, tanto porque ya ha presenciado algunos como por su condición de experta en la materia, "pero llevamos tanto tiempo contándoselo a la gente que no se lo podían perder", así que le ha encantado la emoción que ha visto en los demás, al igual que "el saber que lo que habíamos contado ha llegado a la gente del mismo modo que nosotros lo estábamos describiendo".
Reconocimiento a la ciencia
Entre tanto, Laura Piñero les preguntaba que, además de para el reconocimiento a su profesión, a qué ayudará a estudiar de cara al futuro, qué esperan después del eclipse, a lo que Villaver respondía que le gusta la idea de que "va a ser mucho más fácil explicar el método de detección de tránsitos de exoplanetas", pues decía que si ahora mismo lo tuviera que hacer, simplemente diría "¿os acordáis del eclipse cuando la luna pasaba por delante? Pues ya está". Pero además de que vaya a ser más sencillo explicar esas cosas, destacaba que "la gente ha sido consciente de la capacidad de predicción de la ciencia. O sea, hace años ya dijimos que exactamente a esta hora y en estos lugares, y con precisión de segundos, iba a ocurrir esto".
Como se ha producido tal cual lo dijeron, todo el mundo ha podido constatar que la ciencia funciona, algo que "tenemos que tener siempre muy presente", porque por desgracia "no es obvio en los tiempos que corren". Por su parte, Javier apuntaba que "cuanta más ciencia vamos teniendo, es decir, cuanta mejor comprensión tenemos de los movimientos de los planetas, del propio universo, de lo que son las estrellas, las lunas, más podemos disfrutar con todo ese conocimiento de lo que estábamos viendo", exponía como otra de las lecciones que ha dejado este acontecimiento histórico.
Hilabeteotan eguzki eklipseari buruzko azalpen eta zehaztasun asko eman ditu Armentiak, baina garbi zeukan momentuan emozioak gailenduko zirela, eta hala izan dela uste du. Espero du fenomenoak arrastoren bat utziko duela jendearengan.
Euskal Herrian eklipseei buruz gehien dakitenetako bat da Javier Armentia astrofisikari eta zientzia dibulgatzailea (Gasteiz, 1962). Eguzki eklipseari buruz gehien hitz egin dutenetako bat bai, behintzat: 30-40 hitzaldi eman ditu hari buruz. Lerinen (Nafarroa) ikusi, bizi eta sentitu zuen eguzki eklipsea. Ikusle ez ezik, behaketaren antolatzaileetako bat ere izan zen. Atzokoa ez zuen lehen eguzki eklipsea, baina fenomenoak utzitako emozioa nabari zaio oraindik ahotsean eta mezuan.
Idatzi zenuen halako eklipse batek gizarte baten heldutasuna probatzen duela. Proba gainditu da?
Bai. Ni, berez, ezkorra naiz, eta pentsatzen nuen izugarria izango zela: auto ilarak izango zirela, beste arazo batzuk sortuko zirela, batzuek arduragabekeriaz jokatuko zutela, suteren bat ere piztuko zela... Baina ez da halakorik gertatu.
Astrofisikariok eta zientzia dibulgatzaileok zehatz-mehatz azaldu zenuten zer gertatu behar zuen, eta jende gehienak bazekien. Azalpen teknikoen gainetik, ordea, emozioak nagusitu dira.
Eguzki eklipse bat astronomia baino zerbait gehiago baita: emozio kolektiboak sorrarazten ditu. Jendeak sentitu egin du eklipsea, bere baitan eta taldean. Testuinguru zientifikoa eta historikoa azaldu ditugu, momentu horretako emozioak ordenatzeko eta ulertzeko. Momentuko bizipenek azalpen guztiak gainditzen dituzte. Neronek hilabeteak daramatzat eklipseari buruzko azalpenak ematen, baina hitzik gabe geratu nintzen.
Gizakiaren txikitasunaz eta hauskortasunaz jabetzeko abagunea izan da? Gizateria bere esku ez dauden lege fisikoen mende bizi dela jabetzekoa?
Hala izango ahal da! Uste dut neurri batean jendea txiki sentitu dela halako fenomeno baten harira. Ni neu oso txikia sentitzen naiz zerura begiratzen dudan bakoitzean.
Jende askok bat egin du naturarekin eta unibertsoarekin. Fenomeno laburra izan da, baina esan izan da jendearengan arrastoa utziko duela. Benetan?
Gure biografia pertsonalean markatuko gaitu, ez dugu ahaztuko, baina ez gaitu hobeak egingo. Hala diote ikerketek. Jakina da eklipse osoa ikusten duzun bitartean horrek hobea egiten zaituela: jendeak, ni erabili beharrean, gu erabiltzen du. 2017ko AEBetako eklipsean milioika herritarrek X sare sozialean [orduan Twitter zen] argitaratutako mezuak aztertu zituzten, eta ikusi zuten lehen 24 orduetan jendea talde bateko kide sentitzen zela eta lotura bat sumatzen zuela fenomenoa berekin batera bizi izan zutenekin. 24 orduren buruan, polarizazioa eta egozentrismoa agertu ziren berriro mezuetan.
Eklipseak zer utziko du jendearengan?
Uste dut jendearengan zerbait geratuko dela eta geratu behar duela. Gertaera historikoa izan da, eta hori bizi ahal izatea positiboa da.
Astronomiari buruzko interesa pizteko balioko du?
Pentsatu nahi dut baietz. Lortu da bat-batean jendeak kolektiboki interesa izatea eklipse batean. Oso arraroa da, ematen baitu pantailetatik iristen zaizkigun gauzak eta futbola bakarrik interesatzen zaizkigula. Lerinek 1.700 biztanle ditu, eta atzo 5.000 lagun joan ziren eklipsea ikustera. Herriko festak baino gertaera handiagoa izan zen. Bat-batean, fenomeno sozial bihurtu zen eta gaur goizean jendea euforiko zegoen oraindik.
Astronomia taldeek diote gazteak falta dituztela, gazterik ez zaiela hurbiltzen.
Jarduerak egiten dituzunean konturatzen zara hori alda daitekeela. Astronomia taldeek antolatutako jardueretara joaten dira gazteak eta baita familiak ere, haurrekin. Horietako batzuek jarraitu egiten dute gero. Egia da geldialdi bat izaten dela nerabezaroaren eta unibertsitateko ikasketen artean, baina jende gazteak badu interesa zientzian.
Guztiari argazkiak ateratzen dizkion eta guztia bideoan grabatzen duen gizarte honetan, irudiren batean gordetzeko premiarik gabe behatu dute askok eklipsea.
Argi eta garbi esan genuen ez zuela merezi denbora galtzea argazkiak ateratzen, eklipsea ikusi eta sentitu egin behar zela. Oroitzapen bat gordetzen tematuz gero, momentua huts egiten duzu. Askok eskertu zuten argazkiena esatea, eta jendea gozatzen saiatu zen.
Eguzki eklipseari buruzko informazio asko eman da. Informazio ona izan da?
Oro har, bai. Kostatu da, eta berandu hasi da lan hori. Gu duela hiru urte hasi ginen erakunde guztietako ateak jotzen, azaltzeko zer zetorren eta zein aukera ona zen zientziari buruz hitz egiteko. Hasieran ez ziguten kasu handirik egin; aurten, aldiz, bai. Eklipsearen inguruko ikusmina handituz joan da, batez ere azken hilabetean, eta horrek eragin du informazio asko ematea.
Gehiegi?
Batzuetan, informazio esajeratua izan da. Azken asteotan oftalmologiaz asko dakien baina eklipseei buruz oso gutxi dakien jendea entzun dut esaten ez zirela inolaz ere betaurrekoak kendu behar... Bat-batean ohar asko pilatu dira, esajeratuak.
Hala ere, atzokoa salbuespena izan zen: herritar gehienek zerura begiratzea fenomeno astronomiko bat ikusteko. Espazioa ez al dago ahaztuta? Jende askok ez daki Elon Musk eta Jeff Bezos, besteak beste, espazioa satelitez betetzen ari direla.
Astakeria bat da. Jende askok esaten du ona dela sateliteak jartzea, baina ez. 1957an, satelite artifizial bakarra zegoen. Urte gutxiren buruan, berriz, zazpiehun. Gaur egun, gainditu egin dituzte zentzuzko kopuruak. Erokeria bat da, eta jendea ez da konturatzen. Zerbait egin beharko dugu.
Espazioa okupatzen eta pribatizatzen ari dira.
Sekulako arduragabekeriaz jokatzen ari dira. Haien eredu ekonomikoa guztiz harrapakaria da. Gainera, sateliteek akatsak dituzte, haien hondakinak erori egiten dira...
Con eso de que todo el mundo vamos contando cosas interesantes del eclipse que tenemos el 12 (a ver si en un rato libre hago un resumen de lo que he ido publicando o contando en los medios) se me había olvidado poner algunos de los fenómenos que se verán antes de la totalidad en la sucesión de cómo irán apareciendo. Porque la gente habla del anillo de diamantes y las perlas de Baily y he visto algún vídeo de gente con titulación poniéndolas en sentido inverso... Así que la pregunta sería cuándo sucede qué. Y lo voy a ordenar para que vayáis recordando. Por supuesto, hay que recordar que esto no es exacto y de la misma manera para todos los lugares y menos para todos los eclipses, pero nos permite hacer una idea.
Tiempo antes de la totalidad (o tiempo tras la totalidad) / Qué puede percibirse
50 a 40 min
Descenso de temperatura (más acusado conforme pasa el tiempo). La pérdida de radiación solar directa hace que el termómetro comience a caer de forma perceptible (entre 3 °C y 6 °C).
30 a 20 min
Oscurecimiento apreciable del cielo. La luz empieza a cambiar. A diferencia de un atardecer, la luz no se tiñe de cálidos naranjas de forma tan acusada, sino que adquiere una tonalidad fría, metálica y difusa. El cielo azul intenso de arriba comienza a palidecer hacia un tono grisáceo o añil oscuro en el horizonte.
20 a 15 min
Cambio de luz y colores. El paisaje pierde saturación, colores menos vivos. Disminución evidente de la iluminación, que nuestra visión va compensando todavía. Cuando faltan unos 15 minutos todavía la luz solar de miles de veces más brillante que la corona y por eso seguimos necesitando gafas de eclipse para mirar al Sol directamente.
15 a 10 min
Viento del eclipse. La alteración térmica de la superficie genera brisas repentinas y cambios en la dirección del viento debido a la caída de las corrientes térmicas.
10 a 5 min
Efecto Purkinje. Cambia nuestra percepción de los colores. La transición lumínica extrema hace que la retina cambie de la visión diurna o fotópica (propiciada por los conos sensibles a colores) a la nocturna o escotópica (bastones), funcionando ambas dentro de los umbrales (a veces se dice visión mesópica) Y ello hace que los rojos parezcan negros de golpe y los azules/verdes brillen con una intensidad antinatural.
5 a 3 min
Paisaje extraordinariamente extraño. Es un momento de penumbra extrema: menos del 1% del disco solar está mandándonos luz. Se empieza a asemejar a la luz del crepúsculo profundo, pero con una peculiaridad: el cénit sigue teniendo un tono azul oscuro o plomizo mientras el horizonte brilla en un círculo anaranjado o amarillento (la zona fuera de la sombra de la Luna). Puede verse cómo se acerca la sombra lunar.
3 a 2 min
Llegada de la sombra lunar. El oscurecimiento se acelera. La sombra lunar es la enorme mancha oscura que proyecta la Luna sobre la superficie de la Tierra al bloquear directamente la luz del Sol durante un eclipse total. Se puede ver en el espacio pero en el suelo nos da la sensación de que algo se pone encima de nosotros (en el caso de agosto de 12, un poco al lado y por encima).
hacia 1 min
Serpientes o bandas de sombra. Causadas por la refracción atmosférica de los rayos del Sol. Fenómeno esquivo que no siempre se ve. Se observan en superficies claras y lisas (como sábanas blancas o el asfalto del suelo). Son ondas de luz y sombra alternas, tenues y serpenteantes, causadas por la refracción de los últimos rayos de luz solar muy concentrados a través de las turbulencias de las capas altas de la atmósfera.
60 a 30 s
Las bandas de sombra pueden hacerse más rápidas y contrastadas.
30 a 15 s
Queda una finísima hoz solar. Pueden aparecer cromosfera y protuberancias en el limbo.
15 a 10 s
Anillo de diamantes. Es el instante previo a la ocultación total (o el inmediato posterior) en el que queda un único punto cegador de luz solar incidiendo sobre el borde del anillo lunar que empieza a rodearse de la tenue corona solar, simulando un anillo con una gema de diamante incrustada. Pero aún es miles de veces más brillante que la corona.
10 a 5 s
Perlas de Baily. Los últimos rayos del sol se filtran como puntos brillantes a través de los cráteres y montañas del borde de la Luna.
5 a 0 s
Últimas perlas de Baily.
0 s
TOTALIDAD. Aparecen de repente la corona, la cromosfera y las protuberancias. La parte más interna de la corona (justo rozando el borde negro de la Luna) tiene una intensidad lumínica superficial equivalente a la de la propia superficie de la Luna Llena. A medida que las estructuras filamentosas se alejan hacia el espacio exterior, la corona se difumina y se vuelve mucho más tenue, requiriendo que nuestros ojos se adapten por completo a la oscuridad para apreciar sus extensiones máximas.
(y tras la totalidad, la misma secuencia, invertida)
Esto lo cuento por lo #bizarro. Una tal revista SiX o algo así de nombre ha hecho una lista de 100 personas LGTBI notables vete a saber por qué, pero desde luego por ser todes transmaribolloqueer y tal.
Y resulta que yo soy una de ellas. Con una biografía inventada digna de un cuñado generativo de esos, y mira que tenían fácil copiar de la wikipedia.
Estaba alucinando con el cv alternativo que me hace profe de una universidad argentina y todo cuando me pregunta mi marido a ver en qué posición me han puesto, por lo de si la prelación significaba yo qué sé.
Pero no: resulta que lo han puesto todo en orden alfabético DE NOMBRE, NO DE APELLIDO.
Posiblemente es lo más cutre que uno puede imaginar, o lo más vago. Pues eso, querides, que estoy más o menos en el medio...
...PERO OH CIELOS! (Ya no grito más, perdón)
Me han colocado en medio de los dos Javis mismamente: Ambrossi, Amentia, Calvo. Tal cual: ahora deseo conocerlos más aún solo por estar aquí colocadas en esta lista tan prescindible pero que me ha regalado tal posicionamiento improbable.