Crónicas de un eclipse
He hablado mucho del eclipse. Quizá no por aquí porque no me daba el día para todo. Ayer, esperando a las Perseidas, tuve tiempo de mandar algunas palabras a diferentes medios. Lo pongo por aquí todo junto aunque resulta a veces repetitivo y otras inconexo.Más que astronomía: "El universo estaba ahí. Y nosotros también" (en Diario de Noticias)
Miles de personas vivieron en Lerín unos minutos extraordinarios de emoción, asombro y unión al contemplar la totalidad del eclipse, un fenómeno que convirtió al pueblo en escenario de una experiencia difícil de explicar con palabras
Durante meses hemos avisado de que esto era mucho más que astronomía. Que un eclipse total no se explica solamente con la geometría de las órbitas, los horarios y los mapas. En Lerín hemos trabajado con hierros y emoción: levantando estructuras, organizando espacios, pensando en cada detalle y preparando a miles de personas para unos minutos que sabíamos que serían extraordinarios. Pero ahora que ha pasado, sabemos que ninguna explicación alcanzaba a contarlo.
Porque por mucho que te lo digan, no es lo mismo. Cuando la Luna termina de cubrir el Sol, el mundo cambia. La luz desaparece, el paisaje adquiere un color extraño y, sobre nuestras cabezas, aparece una corona enorme, viva, delicada, imposible. No parece una fotografía ni una ilustración de un libro. Está ahí, delante de nosotros, extendiéndose alrededor de un Sol negro, coronado. Y durante esos instantes uno tiene la extraña sensación de que el universo está hablándonos directamente.
No hacen falta palabras. Basta mirar. Ayer miles de personas miramos juntas y lloramos un poco, alguno gritaba de emoción. Y reímos, nos abrazamos. Hasta quienes llevábamos meses explicándolo nos quedamos sin explicación.
Ahora Lerín y todos los que estuvimos allí llevamos algo que ya no se puede quitar. Hemos quedado marcados con la tinta indeleble del eclipse total. Y también con la memoria de quienes hicieron posible que sucediera: todo un pueblo trabajando, preparando, atendiendo, cuidando, resolviendo, poniendo su tiempo y su esfuerzo al servicio de un instante de cielo.
Ayer el eclipse fue de todos. Y quizá esa sea la verdadera grandeza de lo que vivimos: que durante unos minutos miles de personas, venidas de lugares distintos, sentimos exactamente lo mismo al mirar hacia arriba.
El universo estaba ahí. Y nosotros también.
En el Science Media Centre me pidieron también un párrafo de valoración: Cómo se ha vivido el eclipse solar desde diferentes puntos de la geografía española
Este eclipse ya lo esperaba, pero siempre sorprende. Ha vuelto a hacer que la astronomía se haya convertido en una emoción desatada al ver desplegándose la corona solar en esa noche insólita.
He tenido el gusto de hacerlo en Lerín (Navarra), un pueblo que había convocado a 5.000 personas para hacer del eclipse total una fiesta de la astronomía. Con ello se ha conseguido algo muy especial: que una experiencia conmovedora para cada una de las asistentes lo fuera también de manera colectiva. La gente agradecía que hubiéramos insistido en que no perdieran la oportunidad de observarlo, especialmente, aquellas personas que más dudas tenían o más escépticas se mostraban con el hype mediático. Ahora la gente está marcada por el eclipse. Lo recordarán todas sus vidas y, posiblemente, alguno quiera repetir, como ha sucedido desde siempre, pero ahora, quizá más porque el mundo necesita más historias de estas.
Y otro resumen rápido, algo apasionado también, lo he dejado en El Mundo: Eclipse solar: No recordaremos solo lo que vimos, sino dónde estábamos, con quién y qué sentimos
El fenómeno astronómico nos ha permitido dejar de lado las ideologías para vivir una experiencia en comunidad. Por unos minutos, todos recordamos que compartimos el mismo cielo
Hay algo extraño en los eclipses totales: son predecibles, podemos calcularlos con siglos de antelación detallando cómo y dónde con una precisión extraordinaria. Y, sin embargo, cuando suceden, nos sorprenden como pocas cosas. La ciencia no puede ahorrarnos la experiencia de vivir este fenómeno tan anómalo, de que nos atrape por completo. Y después ocurre algo aún más curioso: queremos contarlo. Las redes se llenan de fotografías, vídeos y palabras que normalmente no asociamos con la astronomía: increíble, maravilloso, emocionante, único. Incluso hablamos en plural: lo hemos visto, lo hemos vivido, nos ha pasado. Un eclipse, por un instante, parece hacernos formar parte de algo común.
En Lerín, donde unos 5.000 vivimos juntos la experiencia, quisimos añadir algo muy antiguo a la astronomía: las campanas. Los campaneros de Navarra crearon varios repiques específicos. El primero avisó de que comenzaba el eclipse parcial, cuando la Luna empezaba a cubrir el Sol; el segundo señaló la llegada de la totalidad y el momento en que podíamos quitarnos las gafas de eclipse; el tercero anunció que la totalidad había terminado y que debíamos volver a ponérnoslas. Puede parecer nimio, pero tuvo algo de mágico y, sobre todo, útil. Mucha gente temía quitárselas demasiado pronto o ponérselas demasiado tarde, pero las campanas hicieron de guía, con la sencillez de una señal que no necesitaba instrucciones. Así, ese patrimonio inmaterial de la humanidad que durante siglos sirvió para convocar, avisar y ordenar la vida de un pueblo volvió a ser un aviso, una ayuda, casi un refugio.
Los acontecimientos extraordinarios tienen una capacidad especial para quedarse en la memoria. No recordaremos solamente lo que vimos, sino dónde estábamos, con quién, qué sentimos. Posiblemente magnificaremos algunos detalles ya de por sí excesivos de un eclipse. Dentro de unos años, diremos: «Yo estaba allí cuando se hizo de noche en pleno día», un recuerdo más importante que cualquier imagen. Hay algo especialmente poderoso en que esa experiencia colectiva proceda de un fenómeno científico. No hemos necesitado compartir una ideología o una creencia: bastaba con estar allí y entender que aquella oscuridad tenía una explicación tan sencilla como extraordinaria.
El entusiasmo pasará, claro. Volveremos a las discusiones de siempre donde es casi imposible encontrar algo que podamos compartir. Pero quizá este eclipse nos deje una lección: la ciencia también puede producir experiencias colectivas de enorme intensidad; el conocimiento puede ser algo que se vive, no solamente algo que se explica. Ojalá sepamos volverlo a repetir. Por unos minutos, todos hemos recordado algo que normalmente olvidamos: que compartimos el mismo cielo, el mismo mundo.
En EL FARO, el programa nocturno de la SER estuve también hablando con Laura Piñero y Eva Villaver. El Faro | Los astrofísicos Javier Armentia y Eva Villaver, tras la experiencia del eclipse total de Sol, la noticia la desarrolla Miguel Muñoz: "Dos astrofísicos explican todo lo que la ciencia demuestra después del eclipse solar total".
Después de una cuenta atrás que tenía a todo el mundo en vilo, por fin se produjo el eclipse solar total que fue visible desde España. Este acontecimiento ha movilizado a una gran cantidad de personas que se han desplazado desde diferentes puntos para poder presenciar este evento histórico, y parece que no ha decepcionado. En El Faro contamos nuevamente con el astrofísico Javier Armentia, quien decía que le conmovió, así como a las 5.000 personas que estaban viéndolo donde estaba. Y aunque pensaba que iban a gritar más, cree que "como era tan corto y teníamos tantas ganas, nos ha llegado esa sorpresa, esa evidencia de que el universo estaba ahí hablándonos directamente a nosotras".
Recordaba cómo "teníamos de repente esa corona solar magnífica desplegándose llena de fuerza y colores, y eso iba a durar justo esos segundos en los que de repente, cuando ha finalizado, todo el mundo ha gritado, hemos aplaudido y yo he besado a mucha gente por ahí así", confesaba el colaborador, quien decía que ha sido "una experiencia muchísimo más intensa que la pura astronomía". Esto es algo que también vivió Eva Villaver, astrofísica del observatorio de Yebes (Guadalajara) y subdirectora del Instituto de Astrofísica de Canarias, destacando también "cómo se ha emocionado la gente", porque ella ya había visto un eclipse y esperaba emocionarse, pero le ha sorprendido el resto de reacciones.
Comentaba que, al final, ella ya sabía qué le esperaba, tanto porque ya ha presenciado algunos como por su condición de experta en la materia, "pero llevamos tanto tiempo contándoselo a la gente que no se lo podían perder", así que le ha encantado la emoción que ha visto en los demás, al igual que "el saber que lo que habíamos contado ha llegado a la gente del mismo modo que nosotros lo estábamos describiendo".
Reconocimiento a la ciencia
Entre tanto, Laura Piñero les preguntaba que, además de para el reconocimiento a su profesión, a qué ayudará a estudiar de cara al futuro, qué esperan después del eclipse, a lo que Villaver respondía que le gusta la idea de que "va a ser mucho más fácil explicar el método de detección de tránsitos de exoplanetas", pues decía que si ahora mismo lo tuviera que hacer, simplemente diría "¿os acordáis del eclipse cuando la luna pasaba por delante? Pues ya está". Pero además de que vaya a ser más sencillo explicar esas cosas, destacaba que "la gente ha sido consciente de la capacidad de predicción de la ciencia. O sea, hace años ya dijimos que exactamente a esta hora y en estos lugares, y con precisión de segundos, iba a ocurrir esto".
Como se ha producido tal cual lo dijeron, todo el mundo ha podido constatar que la ciencia funciona, algo que "tenemos que tener siempre muy presente", porque por desgracia "no es obvio en los tiempos que corren". Por su parte, Javier apuntaba que "cuanta más ciencia vamos teniendo, es decir, cuanta mejor comprensión tenemos de los movimientos de los planetas, del propio universo, de lo que son las estrellas, las lunas, más podemos disfrutar con todo ese conocimiento de lo que estábamos viendo", exponía como otra de las lecciones que ha dejado este acontecimiento histórico.
En BERRIA Jakes Goikoetxea firma una entrevista que me hizo ayer mismo: "Javier Armentia: «Jendeak sentitu egin du eklipsea»"
Hilabeteotan eguzki eklipseari buruzko azalpen eta zehaztasun asko eman ditu Armentiak, baina garbi zeukan momentuan emozioak gailenduko zirela, eta hala izan dela uste du. Espero du fenomenoak arrastoren bat utziko duela jendearengan.
Euskal Herrian eklipseei buruz gehien dakitenetako bat da Javier Armentia astrofisikari eta zientzia dibulgatzailea (Gasteiz, 1962). Eguzki eklipseari buruz gehien hitz egin dutenetako bat bai, behintzat: 30-40 hitzaldi eman ditu hari buruz. Lerinen (Nafarroa) ikusi, bizi eta sentitu zuen eguzki eklipsea. Ikusle ez ezik, behaketaren antolatzaileetako bat ere izan zen. Atzokoa ez zuen lehen eguzki eklipsea, baina fenomenoak utzitako emozioa nabari zaio oraindik ahotsean eta mezuan.
Idatzi zenuen halako eklipse batek gizarte baten heldutasuna probatzen duela. Proba gainditu da?
Bai. Ni, berez, ezkorra naiz, eta pentsatzen nuen izugarria izango zela: auto ilarak izango zirela, beste arazo batzuk sortuko zirela, batzuek arduragabekeriaz jokatuko zutela, suteren bat ere piztuko zela... Baina ez da halakorik gertatu.
Astrofisikariok eta zientzia dibulgatzaileok zehatz-mehatz azaldu zenuten zer gertatu behar zuen, eta jende gehienak bazekien. Azalpen teknikoen gainetik, ordea, emozioak nagusitu dira.
Eguzki eklipse bat astronomia baino zerbait gehiago baita: emozio kolektiboak sorrarazten ditu. Jendeak sentitu egin du eklipsea, bere baitan eta taldean. Testuinguru zientifikoa eta historikoa azaldu ditugu, momentu horretako emozioak ordenatzeko eta ulertzeko. Momentuko bizipenek azalpen guztiak gainditzen dituzte. Neronek hilabeteak daramatzat eklipseari buruzko azalpenak ematen, baina hitzik gabe geratu nintzen.
Gizakiaren txikitasunaz eta hauskortasunaz jabetzeko abagunea izan da? Gizateria bere esku ez dauden lege fisikoen mende bizi dela jabetzekoa?
Hala izango ahal da! Uste dut neurri batean jendea txiki sentitu dela halako fenomeno baten harira. Ni neu oso txikia sentitzen naiz zerura begiratzen dudan bakoitzean.
Jende askok bat egin du naturarekin eta unibertsoarekin. Fenomeno laburra izan da, baina esan izan da jendearengan arrastoa utziko duela. Benetan?
Gure biografia pertsonalean markatuko gaitu, ez dugu ahaztuko, baina ez gaitu hobeak egingo. Hala diote ikerketek. Jakina da eklipse osoa ikusten duzun bitartean horrek hobea egiten zaituela: jendeak, ni erabili beharrean, gu erabiltzen du. 2017ko AEBetako eklipsean milioika herritarrek X sare sozialean [orduan Twitter zen] argitaratutako mezuak aztertu zituzten, eta ikusi zuten lehen 24 orduetan jendea talde bateko kide sentitzen zela eta lotura bat sumatzen zuela fenomenoa berekin batera bizi izan zutenekin. 24 orduren buruan, polarizazioa eta egozentrismoa agertu ziren berriro mezuetan.
Eklipseak zer utziko du jendearengan?
Uste dut jendearengan zerbait geratuko dela eta geratu behar duela. Gertaera historikoa izan da, eta hori bizi ahal izatea positiboa da.
Astronomiari buruzko interesa pizteko balioko du?
Pentsatu nahi dut baietz. Lortu da bat-batean jendeak kolektiboki interesa izatea eklipse batean. Oso arraroa da, ematen baitu pantailetatik iristen zaizkigun gauzak eta futbola bakarrik interesatzen zaizkigula. Lerinek 1.700 biztanle ditu, eta atzo 5.000 lagun joan ziren eklipsea ikustera. Herriko festak baino gertaera handiagoa izan zen. Bat-batean, fenomeno sozial bihurtu zen eta gaur goizean jendea euforiko zegoen oraindik.
Astronomia taldeek diote gazteak falta dituztela, gazterik ez zaiela hurbiltzen.
Jarduerak egiten dituzunean konturatzen zara hori alda daitekeela. Astronomia taldeek antolatutako jardueretara joaten dira gazteak eta baita familiak ere, haurrekin. Horietako batzuek jarraitu egiten dute gero. Egia da geldialdi bat izaten dela nerabezaroaren eta unibertsitateko ikasketen artean, baina jende gazteak badu interesa zientzian.
Guztiari argazkiak ateratzen dizkion eta guztia bideoan grabatzen duen gizarte honetan, irudiren batean gordetzeko premiarik gabe behatu dute askok eklipsea.
Argi eta garbi esan genuen ez zuela merezi denbora galtzea argazkiak ateratzen, eklipsea ikusi eta sentitu egin behar zela. Oroitzapen bat gordetzen tematuz gero, momentua huts egiten duzu. Askok eskertu zuten argazkiena esatea, eta jendea gozatzen saiatu zen.
Eguzki eklipseari buruzko informazio asko eman da. Informazio ona izan da?
Oro har, bai. Kostatu da, eta berandu hasi da lan hori. Gu duela hiru urte hasi ginen erakunde guztietako ateak jotzen, azaltzeko zer zetorren eta zein aukera ona zen zientziari buruz hitz egiteko. Hasieran ez ziguten kasu handirik egin; aurten, aldiz, bai. Eklipsearen inguruko ikusmina handituz joan da, batez ere azken hilabetean, eta horrek eragin du informazio asko ematea.
Gehiegi?
Batzuetan, informazio esajeratua izan da. Azken asteotan oftalmologiaz asko dakien baina eklipseei buruz oso gutxi dakien jendea entzun dut esaten ez zirela inolaz ere betaurrekoak kendu behar... Bat-batean ohar asko pilatu dira, esajeratuak.
Hala ere, atzokoa salbuespena izan zen: herritar gehienek zerura begiratzea fenomeno astronomiko bat ikusteko. Espazioa ez al dago ahaztuta? Jende askok ez daki Elon Musk eta Jeff Bezos, besteak beste, espazioa satelitez betetzen ari direla.
Astakeria bat da. Jende askok esaten du ona dela sateliteak jartzea, baina ez. 1957an, satelite artifizial bakarra zegoen. Urte gutxiren buruan, berriz, zazpiehun. Gaur egun, gainditu egin dituzte zentzuzko kopuruak. Erokeria bat da, eta jendea ez da konturatzen. Zerbait egin beharko dugu.
Espazioa okupatzen eta pribatizatzen ari dira.
Sekulako arduragabekeriaz jokatzen ari dira. Haien eredu ekonomikoa guztiz harrapakaria da. Gainera, sateliteek akatsak dituzte, haien hondakinak erori egiten dira...