Lo Que Hay Que Ver (Y Oir)
(publicado en El Correo, miércoles 30 de julio de 2003, en el suplemento Territorios, Ciencia-Futuro)Continuamente intentamos dar un sentido a lo que vemos y lo que oímos. Nuestra maquinaria perceptiva funciona bastante bien, porque nos permite sobrevivir en un mundo cambiante, del que estamos recibiendo estímulos complejos. Y ello es fundamental para permitirnos actuar. A lo largo de la evolución, los sistemas que permiten interpretar la realidad se han ido haciendo más y más eficientes, incorporando capacidades que en nuestra especie parece llegar a un estadio superior. Sin embargo, no todo funciona siempre bien, y así a veces damos sentido a lo que realmente no lo tenía. Los psicólogos las llaman ilusiones cerebrales y son un ejemplo de que nada es perfecto, y menos nosotros.
No nos podemos sustraer a la costumbre de reconocer formas más o menos conocidas en todo lo que miramos: aunque sea una nube, donde fácilmente podemos imaginar animales, objetos, pero sobre todo caras. Una pared decorada, las aguas que hace un suelo de mármol, el perfil de una montaña o las luces y sombras sobre el paisaje: muy fácilmente se nos convierten en caras, incluso caras conocidas. Nos pasa continuamente y hasta podemos jugar a ir concretando esa cara recién descubierta.
¿No es muy habitual ver una cara en la Luna? Podemos recorrer muchos más casos: en algunas de las imágenes publicadas en los medios de comunicación del incendio y la humareda que surgían de las torres gemelas tras el atentado del 11 de septiembre de 2001 aparecía una cara con aspecto diablesco; esto fue aprovechado por quienes querían encontrar alguna sorprendente conexión mística al asunto. Continuamente leemos noticias de alguien que ha encontrado la cara de Cristo, o de la Virgen en los objetos más insospechados: una calabaza, las manchas de una sartén. Los analistas de las imágenes que obtenía de la superficie de Marte la sonda Viking, en 1976, descubrieron una formación geológica que parecía la cara de un astronauta... ¡de varios kilómetros de lado! Teniendo en cuenta cómo la percepción de caras es algo tan habitual, sorprende que este tipo de ilusiones cerebrales lleguen a tener notoriedad: en estos casos, cierto es, se mezclan factores religiosos, de creencias (como la de que existen los marcianos...) Y la credulidad parece dar patente de realidad a algo que no es más que una ilusión. Fue la presión de los grupos extremistas cristianos de Estados Unidos la que consiguió que la empresa Procter & Gamble cambiara el diseño de su logotipo (una luna con cara y con barba), en la que algunos creyeron ver, entre los rizos del pelo, la "marca de Satán" (el número 666). En los años ochenta se había corrido el rumor, o leyenda urbana, de que en un programa de televisión un directivo de esta compañía había confesado ser adorador del diablo: entre unas cosas y otras, fanáticos cristianos promovieron campañas de boicot a los productos de esta firma. Unas y otras cuestiones siguen reapareciendo, sobre todo por Internet, a veces promovidas por empresas rivales en el sector de productos domésticos (y por ello la empresa se ha querellado varias veces).
Unos y otros fenómenos, sin embargo, responden al mismo fenómen, que en psicología de la percepción se denomina pareidolia. El psicólogo y antropólogo norteamericano Michael Pinney, de la Universidad de Texas A&M, viene recopilando imágenes pareidólicas desde hace tiempo en www.theFolklorist.com, haciendo notar precisamente que las que más popularidad alcanzan son las que tienen connotaciones religiosas. Estudiando las psicología y la sociología de las visiones místicas ha encontrado que este tipo de ilusiones son más fuertes en personas con fuertes creencias. Pero no se trata de un fenómeno exclusivamente ligado a la creencia, sino un mecanismo necesario para nuestra percepción del mundo.Los bebés aprenden rápidamente a reconocer caras, especialmente a descubrir entre varias caras la de la madre. Se trata de mecanismos perceptivos necesarios para la supervivencia, y estas conductas aparecen como improntas desde el mismo nacimiento en muchos animales. En el caso humano, donde las relaciones sociales son fundamentales para el desarrollo temprano, la percepción y el reconocimiento de las caras se convierte en un proceso complejo, que los psicólogos han venido estudiando, para poder obtener un modelo adecuado (del que aún no disponemos de todos los detalles), en el que se incluyen factores perceptivos como la forma en que analizamos los datos visuales para encontrar ojos, la nariz, la boca o cómo se recompone la información parcial que normalmente estamos recibiendo; pero también cognitivos, en los que la memoria, lo aprendido, los patrones que establecemos de las percepciones anteriores, permiten conformar un proceso en el que además de descubrir una cara la asociamos a características diferentes: su sexo, su edad, el grupo étnico, si es familiar, si es famosa, qué intención hacia nosotros muestra... Todo ello implica un buen número de regiones cerebrales funcionando coordinadamente. Se ha comprobado que algunas lesiones o malformaciones en el lóbulo temporal derecho del cerebro producen una imposibilidad de reconocer caras, o de identificar caras conocidas, dependiendo de la gravedad de la lesión, denominada prosopagnosia o "ceguera para las caras". Quienes sufren este mal, como Bill Choisser, autor del libro "Face blind", tienen que aprender a reconocer las caras. Pero también problemas en otras zonas, que afecten a la capacidad de recuperar los datos almacenados en la memoria afectan a nuestra manera de reconocer las caras.
Ilusiones Auditivas
Un fenómeno similar se produce con las percepciones auditivas: la forma en que reconocemos un sonido, especialmente la voz de una persona, e intentamos obtener un contenido de la misma también requiere trabajo de varias zonas del córtex cerebral. Y, también en este caso, las ilusiones cerebrales aparecen. Igualmente, hay una serie de bases neurológicas que afectan a esta percepción, y existen numerosos grados y tipos de "sordera a los tonos" que causan a las personas que la sufren incapacidad de reconocer adecuadamente melodías o voces.
La psicóloga de la Universidad de California Diana Deutsch ha publicado recientemente un CD donde se recogen diversas ilusiones auditivas, como la de la "palabra fantasma", donde se muestra cómo la mera repetición de dos sílabas pronunciadas en tonos diferentes puede hacer que percibamos una palabra diferente. Los factores cognitivos y culturales se muestran en que las palabras que aparecen como insertadas entre medio de los sonidos suelen reconocerse en el mismo idioma de la persona que escucha, o al menos en un idioma que maneja con fluidez. Una vez más, el sistema de percepción y análisis del sonido nos está jugando una mala pasada: intenta encontrar un significado a algo que realmente no lo tiene.
En el mundo de lo paranormal, se denominan psicofonías a ruidos que parecen decir palabras o frases que aparecen, de forma misteriosa en grabaciones sin que nadie o nada las haya producido aparentemente. Muchas de las veces se trata simplemente de alucinaciones perceptivas en las que el oyente cree reconocer algo. Una vez más, como pasaba en el caso de la pareidolia, cuando la situación está mediada por un sistema de creencias (como la creencia religiosa o la creencia en los poderes sobrenaturales o paranormales), estas ilusiones son más fácilmente tomadas como algo real, cuando lo que estamos viendo es que, en el fondo, somos humanos y nuestros sentidos -pero sobre todo nuestro cerebro- a veces nos engaña, por intentar trabajar demasiado bien.
Algunos Enlaces
La página de Diana Deutsch, con acceso a algunos de sus fantasmas sonoros
La página "the folklorist" reune una galería de pareidolias muy mona.
Página de la serie human senses, BBC TV
Ceguera a las caras, sordera a los tonos, dos ejemplos interesantes...
Por supuesto, el diccionario escéptico habla de estas cosas