Mira
Publicado en MILENIO, Diario de Noticias, domingo 16 de noviembre de 2003
Hay una persona que lleva más de dos semanas en huelga hambre para intentar tirar hacia adelante con un proyecto cultural, uno de esos pequeñitos que demasiado frecuentemente se olvidan en estos tiempos de proyectos gigantestos y esplendorosos. Hay un trabajador subido en una farola porque quiere defender un puesto de trabajo digno, uno de esos en los que trabajas y cobras por ello, no un puestazo de especulación de los de forrarte por tus acertadas influencias. Y hay muchos otros de los que nos sabemos cómo están sufriendo, porque ni siquiera nos hemos enterado de que están aquí al lado. Entre nosotros. Y es terrible porque son los realmente imprescindibles, los que nos hablan del mundo real, no de la ficción dorada en la que nos quieren hacer creer que vivimos.
Así son las cosas. De repente no existes. No cuentas. Y si no tienes la fuerza de voluntad de decir basta, y hasta aquí me han llevado, y te pones en huelga de hambre, o te subes a una farola, ni siquiera oiremos de tí a través de los medios de comunicación. Y, en ese envite, tampoco las tienes todas contigo, porque quien tenía que oirte, o mirarte, está sordo y mirando para otro lado. Y, para colmo, habrá quien además te recrimine por exhibicionista. Ya sabes que los trapos sucios de la sociedad se lavan fuera de la vista de la opinión pública. Aquí lo que se lleva es que el muerto se vaya sin molestar. Que aparezca en la cama bien peinadito y todos podamos lamentarnos por la pérdida.
Aquí lo que se espera es que todo el mundo celebre lo bien que vamos, qué bien arreglada está la casa, qué mono el salón recién puesto, la despensa surtida y las maravillosas fiestas que nos organizamos. Y al que se atreve a poner en evidencia que no todo está limpio, que el polvo sólo se barre par guardarlo debajo de la alfombra, que las facturas están sin pagar y los niños son unos malcriados, se le reconviene. Por maleducado.