Benítez, Demuéstralo
Leo en Magonia de Luis Alfonso Gámez que El Semanal publicaba este fin de semana una entrevista con Juan José Benítez. Y en ella decía el novelador(*) / novelista:
"Mis detractores suelen hacer más ruido que mis lectores, porque son fanáticos. No están bien informados. Se trata de intoxicadores profesionales, gente pagada por los servicios de inteligencia o tontos útiles. Y lo puedo demostrar"
No es la primera vez que dice algo tan tonto como esto. Me imagino que ahora, cuando vea que cerca de doscientas personas han (hemos) firmado un manifiesto en contra de la emisión en la televisión pública de su aburrida, errónea y mentirosa serie Planeta Encantado, seguirá afirmando que hay mucho fanático, intoxicador profesional, pagados por los servicios de inteligencia o tontos útiles.
Hace ya más de 10 años, en 1992, cuando la Universidad Complutense cometió la torpeza de incluir en el programa de sus Cursos de Verano de El Escorial un curso dirigido por Benítez sobre platillos volantes y otros ovnis, bien que luego medio rectificando afirmara la organización que no era un curso/curso, sino uno "de extensión cultural", me posicioné, como muchas otras personas, en contra de que se diera cobijo en ámbitos cercanos a la universidad a gente que tan poco lo merecía. Que, y lo comprobamos después, lo único que deseaban era usar ese curso (aparte de para darse un poco más de autobombo, en una plaza más respetada y conocida) para promocionarse en el futuro, vistiéndose con las galas universitarias. Nuestra reacción no gustó nada: a los organizadores no les hizo gracia, porque lo cierto es que ese curso se lo habían metido desde el banco patrocinador como de rondón y el hecho de que profesores y catedráticos de la misma Universidad Complutense se quejaran les dejaba un poco en evidencia. Entendiendo, sin embargo, que el mal estaba hecho, decidieron incluir un debate entre Benítez y algunas personas conocedoras de los desmanes de los ufólogos. El lado "escéptico" estaría representado por Félix Ares de Blas, el único que realmente había hecho investigación universitaria sobre los platillos volantes; Philip J. Klass, director retirado de "Aviation Revue" y un experto en la investigación ovni de tomo y lomo; y servidor, como divulgador científico más o menos lenguaraz. En el lado ufológico estaría, pues se le invitó para ello, J.J. Benítez, acaso más personas. Pero ese debate nunca se realizó, porque el director de ese curso tan poco digno de esa universidad se negó en redondo. O en cuadrado. Dijo que nones, y sus razones tendría. Así que se programó un acto, una mesa redonda, sobre la visión del mundo de la ufología desde el lado de la razón. En otro escenario, pero dentro de El Escorial, y durante los días de la celebración del curso de Benítez.
Ni la crítica de la universidad y de otras personas gustó a los ufólogos, y mucho menos gustó que se nos diera un espacio público. No gustó para nada el que la presencia de escépticos en un conventillo platillero convirtiera las crónicas del último en algo que siempre mencionaba la reacción científica y racional. Benítez andaba por ahí intentando conseguir que los periodistas no hablaran para nada de los escépticos, incluso llamando a los diarios madrileños para intentar ejercer un poco de su influencia. No le valió de mucho, porque lo cierto es que sí se habló del escepticismo. Así que optaron por hacer lo que saben hacer estas gentes: descalificar con el insulto, la insinuación y la mentira. En sus revistas pseudocientíficas todo aquello era un ataque inquisitorial contra el desembarco de la ufología en la universidad española. Nosotros eramos reos de lo peor, y aún de más. Incluso, durante la celebración del curso crédulo, se intentó impedir la presencia o la participación, a título de oyente simplemente, de cualquier escéptico. Servidor recuerda aún cómo, tras haber hecho una simple pregunta en una mesa redonda, el director del curso, es decir, el mismo Juan José Benítez, intentó jaelar a la concurrida audiencia contra mí, más o menos pretendiendo que me largara sin más. Recuerdo que comenté algo así como que salvo que el director del curso y presentador de la mesa redonda tuviera algún poder que se me escapara, pero que sin duda me encantaría conocerlo por su cualidad extrademocrática, servidor tenía el derecho de hacer preguntas en los turnos públicos, estando registrado en el curso como profesor de los cursos de verano, como estaba.
Como cualquiera puede comprender, en esos días era difícil ser escéptico y moverse por las zonas del curso sin riesgo. Los mamporreros habituales de estas benitadas iban jaleando a la gente en contra nuestra. A tanto llegó la cosa que los organizadores convocaron a la Guardia Civil a nuestra charla, por si la cosa iba a mayores. Así, aquella mesa redonda fue la primera -y por el momento la única, aunque nunca se sabe- en que hablé escoltado por fuerzas de la autoridad. En el acto, afortunadamente, no pasó nada, y la voz crítica se oyó con tranquilidad, porque al fin y al cabo nada desmadrado se decía, no como el resto del curso. Cierto es que algún descerebrado, jaleado por los jaleadores, aprovechó para dañar el vehículo del Dr. Ares de Blas. Esas cosas que pasan con los fanáticos.
Después de aquello, como se puede comprender, el odio de los pseudocientíficos no disminuyó. Todo lo contrario: en sus foros (entonces no estaba la Red como ahora... me refiero a su prensa y a la radio en la que vierten sus necedades) siguieron mintiendo, insultando y todo el repertorio. En un programa de Radio Nacional de España, el mismo J.J. Benítez se refirió a Ares y a mí como "unos malnacidos o pagados por algún servicio de inteligencia". Recuerdo que escribí a ese programa pidiendo ejercer el derecho de réplica, pero se lo pasaron por el mismo sitio donde en cada emisión se pasaban la racionalidad y la ciencia. La cosa pasó, con el tiempo, pero esa forma de hacer, de atacar al oponente ya que no pueden descartar sus críticas argumentadas, se instauró en el intelectualmente pobre mundo de los que viven de los misterios. Convirtiéndose casi en lo único que saben hacer.
Benítez ya acusaba en 1992 (lo había hecho antes, es cierto) y siguió acusando. Y sigue haciéndolo. Y otros marisabidillos del mundo ese imitaron a su ídolo con similares acusaciones (como hacía Manuel Carballal, por ejemplo, uno de los alumnos aventajados). Confundiendo como siempre también culo y témporas. Acusando necia, pobre, patéticamente.
Benítez siempre dice que puede demostrar sus acusaciones, pero nunca lo hace. No lo ha hecho en estos 11 años. Y sé que no lo hará. De la misma forma que es capaz de mentir, de inventar o, que también está bien probado y comprobado, copiar textos ajenos, es capaz de decir que tiene pruebas y no presentarlas nunca.
Anímese, don Jotajota. A ver si por una vez demuestra algo adecuadamente.
(*) Gracias por el término a Josep Catalá.