Viajes, Cancelaciones, Cumpleaños, Toques...
Cosas de la vida, algunas te pasan porque tienes obligaciones, otras porque dependes de casimonopolios abusivos, otras porque simplemente pasa el tiempo, otras porque esto da asco...Viajes: vengo de pasar un fin de semana justo al lado de Schengen, en una tierra sin fronteras naturales, más allá de las que fabrica el río Mosela, pero ese es un río que a ambas orillas deja crecer las viñas y vivir de ello a sus gentes, así que tampoco. Luxemburgo, un Gran Ducado imposible, junta o separa a Alemania y Francia. Es la Europa del frío en estas fechas, de los días cortos, de la nieve en los campos. La que cierra pronto por las noches y decide que hay que trabajar para construir cualquier cosa. Allí estábamos cuarenta personas de veinticinco países (y un osito que hablará también del tema), preparando actividades para celebrar algo mucho más volátil que la Europa unida: un tránsito que el próximo 8 de junio llevará a Venus a ponerse delante del disco solar. Algo que no pasaba desde hacía 120 años. Algo que en los tres últimos siglos supuso un acicate para viajes y expediciones que intentaban medir el tamaño de nuestro sistema solar. La búsqueda de la Unidad Astronómica, un viaje casi más apasionante que el del Grial.
Cancelaciones: pero casi no llego de vuelta a Pamplona, porque cuando pasa, pasa. Con retraso, como suele ser norma en Iberia, nos montamos anoche en el avión para Pamplona. Y llegamos casi a tocar el suelo del aeropuerto de Noain. Pero la lluvia y el viento o véte a saber qué otros factores, decidieron al comandante abortar el aterrizaje, dar la vuelta, largarnos de nuevo en Barajas, todo el pasaje un poco como en una obra de Ionesco o Beckett. Con los equipajes de una ventanilla a otra intentando saber qué pasaba, por qué, cómo llegaríamos a nuestro destino. Como no era la primera vez que me veía convertido en personaje en busca de su destino en Barajas, ya ni me hacía gracia ver cómo los grupos rápidamente van configurando sus líderes, sus provocadores, sus historias personales... Iberia sabe que lo mejor en estos casos es dejar que la masa se desespere, porque así cualquier explicación, cualquier alternativa, será mejor recibida. La gente nos conformamos con soluciones a nuestros pequeños problemas: un autobús, un hotel, otro vuelo... El monopolio es ese Autor que buscábamos para poner orden en nuestras vidas.
Cumpleaños: entre tanto esta bitácora cumplía dos años. Fue el pasado sábado, cosas del tiempo. Si fuera Urano estaríamos aún al comienzo del primer año, si viviéramos montados en un electrón--- quién sabe. No es hora de hacer balance, porque nunca es hora de hacer balance de algo que tampoco es un proyecto, sino una constatación. Escribo, luego bitacoreo. Mis amigos lo agradecen, porque les doy menos el coñazo en persona. Otros no. Pero tampoco escribo para ellos. Más que nada para mí. Nunca llevé un diario, mejor dicho, empecé muchos, pero nunca continuaron. El único que siguió vivo un tiempo era el "Libro de Rodilla", un mínimo experimento à-la-Cortazar de cuando me rompí el ligamento cruzado anterior de la rodilla derecha. Las tecnologías permiten que estas cosas pasen a formar parte de lo que es la memoria no genética de la Humanidad. Aunque nos pese, aunque no podamos sino reconocer que todo esto no tiene mayor valor. Precisamente por ello. Un día lo mismo se borra toda esta memoria electrónica y tampoco habrá pasado nada. Dos años, en cualquier caso.
Toques: uno vuelve de fuera y se encuentra la historia esa. No tanto la historia de unos abusos o tocamientos, de una condena de tantas por estos temas. Sino la forma cobarde en que la política permite, acoge o incluso justifica algo así. No cualquier política, no la política en general, sino la de un fascista en el poder como es el Sr. Fraga. La de un partido como el PP que le ampara y no lo repudia. La de una sociedad que sigue votándolo: me contaba un buen amigo que lo más terrible de este país es que las barbaridades que ha dicho Fraga no le repercuten en nada en forma de votos. Así andamos. Imagino (escribo esto nada más volver a conectarme a la red y sin pasearme por las bitácoras de los amigos) que más de uno habrá escrito sobre el tema. ¿No es increíble que ya ni siquiera el límite de la indignación puede sobrepasarse?
...Y un addendum: releyendo cosas que han pasado este fin de semana, me encuentro con un imprescindible texto de Umberto Eco en El País (se puede leer en Periodista Digital) donde entre muchas otras cosas escribe:
La diferencia entre un régimen "al estilo fascista" y un régimen mediático es que en un régimen al estilo fascista la gente sabía que los periódicos y la radio no comunicaban más que circulares gobernativas, y que no podía escucharse Radio Londres, bajo pena de cárcel. Precisamente por eso, bajo el fascismo la gente desconfiaba de los periódicos y de la radio, escuchaba Radio Londres con el volumen bajo y confiaba sólo en las noticias que le llegaban a través del murmullos, del boca a boca, de la maledicencia. En un régimen mediático donde, pongamos, sólo el diez por ciento de la población tiene acceso a la prensa de oposición y el resto recibe las noticias a través de una televisión bajo control, si por un lado está extendido el convencimiento de que se acepta el disenso ("hay periódicos que hablan contra el Gobierno, prueba de ello es que Berlusconi se queja siempre al respecto, por lo tanto existe libertad"), por otro el efecto de realismo de la noticia televisiva (si recibo la noticia de que un avión se ha precipitado en el mar, es indudablemente cierta, de la misma forma que es verdad que veo las sandalias de los muertos flotar, y no importa si por casualidad son las sandalias de una catástrofe precedente, usadas como material de repertorio), hace que se sepa y se crea sólo aquello que dice la televisión.