Animales Constructores
Publicado en EL CORREO, Territorios, Ciencia-Futuro, miércoles 24 de marzo de 2004
Se acaba de publicar el libro-catálogo de una exposición del Museo de Ciencias Naturales de la Ciudadela de Barcelona que analiza las construcciones en el mundo biológico con referencias a las propias construcciones humanas.
"Els altres arquitectes - Los otros arquitectos - The Other Architects", Josep Piqué y Anna Omedes, Institut de Cultura - Museu de les Ciències Naturals de la Ciutadella, Editorial Gustavo Gili, Barcelona (2004). 150 páginas. Precio: 19,23 Euros
El acercamiento al mundo que nos rodea siempre tiene discursos múltiples: la contemplación de una tela de araña, por ejemplo, suscita emociones y pensamientos que, sólo tras un análisis deliberado, podríamos catalogar dentro de las diferentes actividades del pensamiento humano. Nos puede llamar la atención el diseño o la propia coreografía del animal al tejerla; igualmente se puede comparar este trabajo con las actividades humanas; podemos preguntarnos por la composición del hilo de seda o sobre su utilidad como instrumento de caza; podemos llegar más allá, indagando sobre si esa actividad constructiva es única de la especie cuya obra vemos o sobre cómo alterarla cambiando las condiciones exteriores (la luz, la temperatura, la humedad...) o tantas otras preguntas, a menudo sin respuesta. Algunas de ellas caen en el ámbito de las ciencias, otras las solemos clasificar como preguntas artísticas o humanísticas. Pero, en esencia, sólo el proceso de mirada y análisis humano es el relevante.
Cuando se plantea hacer llegar al público la aventura de la ciencia como algo fundamental para una sociedad avanzada, a menudo los divulgadores ponen énfasis en que no se debe perder de vista esas múltiples preguntas aunque aparentemente "no sean de ciencia". Afortunadamente, muchos investigadores culturales han hecho notar, recíprocamente, que en el análisis "de letras" también la ciencia tiene un sitio por derecho propio. Un adagio que gusta de decir en público Jorge Wagensberg, físico y director del Museo de la Ciencia de Barcelona es que "la naturaleza no tiene la culpa de los planes de estudio". En los últimos años, numerosas campañas que ahondan en el conocimiento público de las cuestiones científicas tienen en cuenta esta multidisciplinariedad. Por ejemplo, la celebración europea de las Semanas de la Ciencia y Tecnología, que acabaron recalando también en España desde hace tres años, engloban actuaciones en lo que tradicionalmente separamos como "ciencias y letras".
"Los otros arquitectos" (Els altres arquitectes) es un buen ejemplo de cómo se puede abordar una cuestión científica desde múltiples puntos de vista. Se trata de una exposición dirigida por Josep Piqué y Anna Omedes para el Museo de Ciencias Naturales de Barcelona (en la Ciudadela) que fue inaugurada a mediados del año pasado pero que ahora, a través de la Editorial Gustavo Gili (especializada habitualmente en textos de arquitectura y arte) ve la luz como libro trilingüe, en castellano, catalán e inglés. Como proyecto expositivo, dentro de dos meses la muestra comenzará una itinerancia por diversas capitales del país.
El tema que se aborda es el de la "arquitectura animal", un término acuñado en 1974 por el premio Nobel Karl Von Frisch (1886-1982). El zoólogo, uno de los fundadores de los estudios sobre conducta animal, la Etología, planteaba la paradoja de cómo animales relativamente simples en cuanto al desarrollo de su sistema nervioso son capaces de realizar construcciones muy sofisticadas, con un desarrollo tecnológico sorprendente incluso desde parámetros humanos. Son comportamientos que se justifican desde un punto de vista de la biología evolucionista como habilidades que permiten facilitar la supervivencia. Puede parecer exagerado hablar de "calidad de vida" en el mundo animal, pero realmente las construcciones se hacen para mejorarla, igual que en nuestra especie la han facilitado.
Las primeras construcciones animales aparecen hace unos quinientos millones de años: trazas que se han conservado de túneles y galerías excavadas por invertebrados en el sedimento marino, que fueron utilizadas como cobijo y para alimentarse. En el libro se hace un recorrido por ese medio millardo de historia constructiva que incluye nidos de dinosaurios del Triásico Superior (hace 200 millones de años) o las primeras construcciones de nuestros predecesores hace millón y medio de años en el Plioceno. Esa evolución de las construcciones se presenta casi como una historia paralela de la arquitectura, haciendo que el lector (y más el visitante de la muestra) se vaya planteando cuestiones que en las otras secciones se irán resolviendo.
¿Por qué se construye? ¿Cómo se construye? ¿Cómo se relaciona esta actividad con el entorno en que se vive? son tres de ellas que configuran espacios propios. En ellos podemos comprobar cómo la determinación genética se mezcla con la interacción de cada especie con su ambiente en favorecer la aparición de estos animales constructores. Igualmente, podemos comprobar cómo el aprendizaje se produce por ensayo y error a lo largo de la vida de cada individuo. Por ejemplo, las arañas jóvenes tienen menos habilidades que las adultas. Sin embargo, en algunas especies, hay un aprendizaje que se transmite de unos individuos a otros: una transmisión cultural que, si bien es fundamental en el caso humano no es única de nuestra especie.
A lo largo del libro, una amplia selección fotográfica de los más de doscientos cincuenta elementos de la exposición permiten poner en relación diferentes miradas; por ejemplo, los grandes rascacielos como las torres Petrona de Kuala Lumpur con los termiteros y otras construcciones de sociedades animales. O comparar la forma de los nidos de aves de zonas templadas con los de las regiones desérticas, que proporcionan soluciones tan dispares como son diferentes las taimas bereberes de los igloos esquimales.
Un análisis de los materiales empleados, o sobre las variadas técnicas constructivas, permite entender mejor por qué a la hora de plantearnos esta mirada a los "otros arquitectos" la respuesta no está en una sola ciencia. Las cúpulas de las catedrales nacieron más en los nidos de las aves o en los envoltorios de seda de las larvas del neuróptero Climacia areolaris que en los tratados de arquitectura; los cangrejos de la especie Mictyris longicarpus construyen bóvedas de medio punto para protegerse de las olas y de los depredadores... Igualmente encontramos casos animales de especialización en las tareas y gremios; o de algo que nos parece tan humano como la economía y la sostenibilidad. Los casi ciento cincuenta colaboradores del proyecto no han dejado nada por analizar.
Constructores O Arquitectos
La gran diferencia, a juicio de Piqué y Omedes, entre estos animales constructores y nuestra especie radica en "la extraordinaria capacidad de aprendizaje, de innovación y de creación del ser humano; los materiales que utliza y las técnicas y diseños constructivos que emplea han dado como resultado una evolución extremadamente rápida y rica de sus construcciones". Así aunque la estandarización de las construcciones es algo que existe desde las sociedades de insectos, que la transmisión cultural de generación a generación existe en las aves que construyen pérgolas o que la educación se da también en los primates superiores actuales, la consideración de estas tareas constructivas como arquitectura, es decir, algo dotado de valor estético, planificadas por un diseñador, existiendo un control jerárquico y, sobre todo, un concepto de "autoría" sí parece algo único en la especie humana.
