Podrían Haber Sido Nuestros Antepasados
Publicado en EL CORREO, Territorios, Ciencia-Futuro, el miércoles 25 de agosto de 2004
Hace 670 millones de años aparecieron los primeros animales, muy diferentes de los que conocemos actualmente. Una fauna sorprendente que va siendo cada vez mejor conocida.
Cuando a mediados del XIX Darwin establece su teoría sobre el origen y la evolución de las especies se apoya en un material que a lo largo de los siglos anteriores se había venido convirtiendo en un enigma, solventado a veces con la alusión bíblica del Diluvio: los fósiles que mostraban, en piedras muy antiguas, la existencia de formas de vida muy diferentes -algunas también muy similares- a las actuales. La Paleontología nacía como apoyo fundamental a las teorías evolucionistas, mostrando un planeta que había sido poblado al menos en los últimos 530 millones de años. Los fósiles más antiguos, de moluscos marinos como los trilobites o braquiópodos aparentemente similares a conchas de moluscos (aunque no lo son, pertenecen a un filum propio y distinto de ellos), parecían marcar un inicio para la vida. Se especulaba ya entonces que los primeros seres vivos podrían haber sido más elementales, pero que no habían dejado restos fósiles.
Ahora se conocen evidencias de que la vida en la Tierra es mucho más antigua, más allá de los 3.400 millones de años, aunque gran parte de este tiempo tomó formas sencillas. Fue hace unos 670 millones de años cuando aparecieron los primeros animales, metazoos, en la parte final del Proterozoico (también llamado Precámbrico): una explosión de la vida en una Tierra en la que se estaba formando el supercontinente Pangea, rodeado por un océano que cubría gran parte del planeta, y con una atmósfera muy diferente de la actual, con sólo un 7% de oxígeno, que había ido siendo producido por la acción de las algas y otros organismos marinos.
En la región de las colinas de Ediacara (en el sur de Australia, al norte de Adelaida) se encontraron fósiles de esa antigüedad que mostraban una gran cantidad de formas: eran animales multicelulares, pero muy diferentes de los actuales. Fue en 1946 cuando Reginald Sprigg encontró esos seres, inicialmente interpretados como medusas, extraños gusanos y formas similares a los corales. Por vez primera se comenzaban a encontrar los antecesores de nuestros más antiguos ancestros. Posteriormente se comprobó que otros lugares ya analizados (como en la Península Avalon en Terranova, yacimiento estudiado en 1872, o lugares en Namibia analizados en 1933).
Se conocen actualmente unos treinta yacimientos de fósiles de esa época por todo el mundo, en todos los continentes excepto en la Antártida. La "fauna de Ediacara" es por lo tanto un fenómeno global y muestra cómo se produjo, por vez primera que se tenga constancia, una verdadera explosión de de seres vivos, principalmente con formas planas con simetrías radiales o espirales de tres a cinco radios. Hace 545 millones de años, sin embargo, una catástrofe también global (un súbito cambio del clima, de las corrientes marinas y de la atmósfera) terminó con este experimento. Durante años, se ha mantenido una fuerte controversia sobre si esa fauna desapareció entonces o si realmente algunos de esos metazoos consiguieron evolucionar para dar lugar a la siguiente explosión de la vida, en la que las formas animales son ya reconocibles como antecesoras de las actuales: la explosión del Cámbrico, en la que ya aparecen órganos especializados, y principalmente una simetría bilateral que ha resultado muy exitosa (por lo común) en toda la evolución posterior.
¿Sería posible conectar ambos mundos vivos? En 1909, Charles Doolittle Walcott había descubierto accidentalmente unos estratos ricos en fósiles en Burgess Shale, en la Columbia Británica (Canadá). Correspondían a una antigüedad de 530 millones de años, y posteriormente se consiguió entender el importante papel en la Paleontología. El problema no fue resuelto hasta los años 70, cuando se comenzó a analizar la forma tridimensional de los restos fosilizados. Cuando un ser vivo muere sobre una zona arenosa, siendo enterrado y posteriormente, mediante complejos procesos geológicos, se procede a la sustitución de la materia viva por minerales formando los fósiles, gran parte de la estructura original se pierde. Pero no toda. Analizando muchos fósiles se puede llegar a reconstruir y, con ello, realizar una identificación más completa de las especies.
El paleontólogo y divulgador Stephen Jay Gould publicó en 1981 "La vida maravillosa", donde analizaba cómo la explosión del Cámbrico mostraba formas de vida muy diferentes de las actuales. Y extintas, por lo tanto. Sólo una de ellas, denominada Pikaia, un cordado (es decir, con sistema nervioso central), era realmente nuestro antepasado.
Yéndonos unos millones de años más hacia el pasado, el fenómeno de la fauna de Ediacara pudo ser explicado hace poco más de 10 años en términos similares, un proceso que cuenta espléndidamente el paleontólogo Marc McMenamin en su libro "El jardín de Ediacara" (1998). Realmente, no se trata solo de la fauna, sino de todas las formas vivas de la época, los vendobiontes como son llamados por los paleontólogos, la que muestra características especiales. Algunos de esos seres vivos son predecesores de los metazoos del Cámbrico de Burgess Shale.
Por supuesto, queda entender por qué esa enorme radiación de formas de vida en ciertos momentos, verdaderos experimentos de los cuales sólo unos pocos consiguieron subsistir posteriormente, en la vida de un planeta que ha sufrido importantes cambios climáticos y grandes extinciones provocadas por ellos, a veces con la ayuda exterior de impactos cósmicos.

Nuevos Descubrimientos
En la revista Science de 15 de julio de este año se presentaban los resultados de una investigación realizada por Gary M. Narbonne, geólogo de la Queen's University en Kingston, Ontario (Canadá), sobre fósiles encontrados en la Bahía de los Españoles de Terranova, que presentan nuevas especies desconocidas hasta ahora de la fauna de Ediacara más temprana, entre 575 y 560 millones de años desde el presente. Tienen estructuras similares a esqueletos pequeños, frondosos, desarrollándose fractalmente, en manera similar a algunas especies de coral. Sin embargo, no tienen nada que ver con formas de vida posteriores. Es una muestra de cómo la Paleontología es un campo muy activo y cambiante de la ciencia: conforme se van descubriendo más datos se puede ir entendiendo mejor los procesos evolutivos.
A menudo se ha hablado de "experimento fallido" en relación con Ediacara. Pero este término parece indicar una finalidad en la evolución de la vida que simplemente no existe. Condiciones ecológicas adecuadas facilitaron la aparición de multitud de formas vivas y, posteriormente, cambios en esas condiciones provocaron que sólo unas pocas pudieran sobrevivir. El que fueran unas u otras nos puede parecer maravilloso o sorprendente, porque hace depender nuestro linaje de casualidades que se remontan cientos de millones de años en el pasado. Pero no deja de ser parte de lo que ha idos sucediendo, y sigue haciéndolo, en nuestro planeta. Ahora, con intervención humana, evidentemente.


