Lecturas
O recomendaciones de lectura. Breves (*), porque anda uno demasiado liado con diferentes cosas y se va pasando el tiempo sin comentarlas.
1.
"Azogue", la primera novela del "Ciclo Barroco", con que Neal Stephenson decidió continuar su afamado (y correcto) "Criptonomicon", es un salto al pasado, a la convulsa Europa del XVII que ve el nacimiento de muchas tendencias nuevas: el librepensamiento, el mercado, la ciencia... Muchos lo calificarían de precuela, pero es más y es distinta: aunque aparecerá Enoch Root / el Rojo (personalmente este personaje se me hacía tan prescindible en Criptonomicon como aquí, pero para gustos están los colores) y habrá antepasados de otros protagonistas de la novela mentada, lo cierto es que la historia va por otro sitio. Mientras leía las andanzas de personajes variopintos entre guerras, paranoias religiosas, alquimias, revoluciones científicas y otras no tanto, puritanismo y lujuria (y de paso sexo) imaginaba la cara de tanto geek que cayó en la trampa de Stephenson pensando que esta novela iba a seguir siendo un poco ciberpunky. Lo cierto es que lo es, pero adaptada a la época. Como novela histórica, acaso el autor juega demasiado a pretender ser realista. Quiero decir, con profusión de datos que tampoco son tan necesarios. En otros momentos, sin embargo, la mirada de alguien a quien le gusta la ciencia convierte el recorrido por secuencias históricas en algo muy poco visto en otras ocasiones, donde el historiador es incapaz (simplemente) de analizar esas cuestiones desde un criterio que no sea "literario". Tiene su jugo y ciertamente uno se va metiendo en la historia y acaba por creerse todo. Es entonces cuando se da cuenta de que, como en otras novelas, el autor se aprovecha de tí. Que es lo que pretendía. Te lleva al huerto. A mí, como lector, eso me encanta porque permite entablar durante la lectura una lucha con la novela, cuando uno intenta saber si eso es cierto o no. La maestría de Stephenson es que consigue hacerte creer que algo es completamente trasnochado y, entonces, cuando cotejas datos, te das cuenta de que, precisamente ESO, era verdad. Otras mentiras, sin embargo, las introduce de forma tan cotidiana que te las crees (cosa que sólo compruebas después...). En fin, que uno se pasa el tiempo leyendo y consultando otros libros. Todo ese proceso, al menos fue MI proceso de lectura, lejos de hacerte desistir de la longitud (y precio, porque en España la novela se ha convertido en tres tomos que uno tiene que leer de pe a pa, pagando los correspondientes machacantes por obra y gracia de Ediciones B), decía que lejos de hacerte tirar la toalla, te ata aún más. Evidentemente, cuando llegas al final, por más que sabes que no es del todo el final porque hay dos novelas más que completan ese Ciclo, te quedas estupefacto y vuelves a algunos pasajes que habías anotado. Qué remedio. A ver cuándo nos traen las otras dos novelas (las ví en EEUU, y casi casi las compro. Al final, por cuestiones de espacio -llevaba una máquina de pan y no me quedaba hueco- desistí). En definitiva, una recomendación, siempre que tengas tiempo y ganas. Pregunta tonta: ¿por qué no será esta novela un éxito y alguien tiene el detalle de sacar un libro tipo "guía de..." como ha pasado con el bodrio de Dan Brown?. (Editados en Ediciones B, colección Nova. La traducción -que a mí me provocó por cierto dos o tres respingos con algún que otro "andó"- es de Pedro J. Romero. La broma de los tres libros -I. Azogue; II. El rey de los vagabundos y III. Odalisca - sale por unos cincuenta y pico euros)

2.
"La noche del oráculo", de Paul Auster, es desde luego un must. Como cualquier cosa que escriba este genio. Aún recuperaba de vez en cuando (de noche) escenas e historias de su anterior novela publicada en España (El libro de las ilusiones) cuando descubrí la nueva. Caí en ella como sólo un adicto puede caer. Es decir, como cualquier lector cae en las redes de Auster. Si antes hablaba del oficio de Stephenson, de cómo un buen escritor te lleva al huerto, en este caso estamos hablando con el Mago Mayor. Los diferentes niveles de historias funcionan como una envoltura de la que no puedes escaparte. De repente tienes una imperiosa necesidad de escaparte a Brooklyn y encontrar una tienda que se llame "El palacio de papel" para comprar cuadernos portugueses de tapa azul. Una vez más Auster nos escribe un pedazo de vida (vivo) de un escritor que escribe trozos de vida (viva) en la que escritores ... pero no simplemente como una serie de matriuskas metidas una dentro de otra, porque la literatura se convierte en algo que envuelve y salta y... en fin. Estás dentro y no sabes si eres alguien a punto de cambiar su vida o alguien a quien las circunstancias ya se la han cambiado por completo. Una reflexión sobre cómo se vive, o cómo se intenta vivir y cómo pequeñas casualidades pueden cambiar el ritmo y el devenir. Una vez más, la ciudad, la pareja, el desdén y la duda. Y el cine y la literatura (fundamental "El halcón maltés"). Auster del mejorcito (aunque todo Auster es del mejorcito). Seguro que alguien opina que exagero, y posiblemente tenga razón. (En Anagrama - panorama de narrativas - me costó 16 eurazos). (Las primeras páginas del libro, cortesía de El Cultural)
Había estado mucho tiempo enfermo. Cuando llegó el día de salir del hospital apenas sabía andar, casi no recordaba quién era. Haga un esfuerzo, me dijo el médico, y en tres o cuatro meses volverá a habituarse a las cosas. No le creí, pero de todos modos seguí su consejo. Me habían desahuciado, y ahora que había desbaratado sus predicciones y seguía misteriosamente con vida ¿qué otra cosa podría hacer sino vivir como si tuviera todo un futuro por delante?
Empecé dando pequeños paseos, nada más que una o dos manzanas y luego vuelta a casa. Sólo tenía treinta y cuatro años, pero a todos los efectos la enfermedad me había convertido en un anciano: uno de esos viejales temblorosos que van arrastrando los pies y no pueden poner uno delante de otro sin mirar cuál es cuál. Incluso a la lentitud con que me movía entonces, andar me producía una extraña y volátil sensación de ligereza, un barullo de señales confusas y fallidas conexiones mentales. El mundo empezaba a girar y dar tumbos ante mis ojos, desplazándose como una imagen en un espejo ondulado, y siempre que intentaba centrar la mirada en una sola cosa, aislar un objeto de la vertiginosa avalancha de colores -un pañuelo azul anudado a la cabeza de una mujer, digamos, o la luz roja en la parte trasera de una furgoneta-, empezaba inmediatamente a descomponerse, a esfumarse, a desaparecer como una gota de tinta en un vaso de agua. Todo temblaba y se estremecía, se disgregaba en todas direcciones, y durante las primeras semanas me costaba trabajo averiguar dónde acababa mi cuerpo y empezaba el resto del mundo. Me daba contra las paredes y los cubos de basura, me enredaba en las correas de los perros y los papeles que llevaba el viento, tropezaba en las aceras más lisas. Llevaba toda mi vida viviendo en Nueva York, pero ya no entendía ni las calles ni el gentío, y cada vez que salía a una de mis breves excursiones me sentía como perdido en una ciudad desconocida.

3.
El último libro que tenía pendiente por aquí también es una novela: "Wilt no se aclara", de Tom Sharpe vuelve a rescatar al profesor de secundaria con cierta racionalidad patológica, que una vez más se ve envuelto en trapisondas bastante ácidas. ¿Excesivo? Como siempre, esta vez permitiendo una sátira de la Inglaterra actual y de paso del amigo Americano. No debe ser casualidad que Sharpe rescate al Wilt que denunciara los excesos de la política educativa de Tatcher en un momento en que el gobierno Blair es casi (o más) de derechas que el de la Dama de Hierro. En cualquier caso, este Wilt más adulto, que ha sobrevivido a su Eva enorme e inconmensurable y sobre todo a sus quads, esas cuatrillizas que ahora ya andan por la ESO (con lo que ESO conlleva, y perdónenme el juego de palabras), pero que sigue queriendo de alguna forma desaparecer sin conseguirlo. Aunque se pase una buena parte de la novela casi en coma, lo cierto es que sigue en buena forma. Y hasta ha conseguido que el policía Flint le llegue a comprender. Por supuesto, a quienes no les gusta Sharpe, o a quienes de entre los que sí peor que piensan que las secuelas de Wilt son prescindibles, esta nueva no les va a aportar nada. A mí me ha permitido unos viajes en avión la mar de entretenidos, aunque los pasajeros que me rodeaban miraban extrañados e incluso alguna que otra azafata llegó a preocuparse de que me pusiera colorado y saltara de vez en cuando con carcajadas nada adecuadas a los retrasos de Iberia. Una vez más, por supuesto, uno se da cuenta de que Wilt es el menos loco de todos los personajes que le rodean (aunque como le califican es "inepto como marido, padre y compañero sexual"). El final, eso sí, como -a mi gusto- le suele pasar a Sharpe, es un poco forzado, de compromiso, por aquello de terminar antes de que la novelita se haga demasiado larga. Una pena, claro, porque para esas alturas lo que quieres es seguir pasando páginas y seguirte descojonando vivo. (Editado en Anagrama - contraseñas, y me costó 15 euritos).
No me resisto a copiar un párrafo de los más largos, que no descubre nada de la trama pero que explica qué es el "más allá" para Wilt. Delicioso:
(...)Se quedó pensando en el misterio de la vida y la muerte y preguntándose si habría algo de cierto en eso que contaba la gente que había estado a punto de morir y aseguraba haber visto una luz al final de un túnel y a un anciano con barba, Dios o alguien parecido, que los guiaba hasta un hermoso jardín antes de darse cuenta de que se había equivocado y de que todavía no había llegado su hora. O eso, o se quedaban suspendidos por el techo del quirófano, contemplando sus propios cuerpos y escuchando lo que decían los cirujanos. Wilt no entendía por qué se preocupaban tanto. Tenía que haber algo más interesante que hacer en el "más allá". La idea de que alguien pudiera encontrar fascinante escuchar a unos cirujanos que acababan de cagar su operación sugería que en "el más allá" no había nada muy interesante. Aunque Wilt no confiaba mucho en la existenicia del "más allá". Había leído no sabía dónde que había cirujanos que se habían tomado la molestia de escribir palabras en la parte superior de las lámparas del qiurófano, donde sólo podían leerlas las moscas y la gente que estuviera suspendida por el techo, para comprobar si era cierto que sus pacientes podían subir hasta allí arriba. Pero ninguno de los que había regresado de la muerte había sido capaz de decir lo que había escrito en la lámpara. Para Wilt, ésa no era una prueba suficiente. Además, había leído en algún otro sitio que las sensaciones producidas por el presunto viaje de ida y vuelta al "más allá" podían ser una consecuencia del aumento del contenido de dióxido de carbono en el cerebro. Total, que Wilt se mantenía escéptico. Quizá la muerte fuera una gran aventura, como había dicho alguien, pero de todos modos a él no le entusiasmaba.(...)"

Nota:
(*) Breves quisieron ser, pero ya se sabe lo que pasa en esta bitácora...