Lance Bass
El otro día, en una entrada llamada Vidas Paralelas (Y No Tan Paralelas), mencionaba a Lance Bass, y cito: "multimillonario, que por unos 20 millones de euros se subirá a la Estación Espacial Internacional en un cohete ruso". Fui en exceso escueto. Y los millones de fans de NSYNC no me lo perdonarían...
Sí, porque este multimillonario no es otro que uno de los niñatos de NSYNC (ni me gustan ni me va especialmente su músicachicledegranéxitocomercial o sus bailespúdicamentelascivosparaflujillodequinceañeras). Va a ser el tercer ricachón que sube al espacio de la mano del "taxi" ruso, esa manera curiosa de sacar pasta para mantener la industria (aparte del dinero que han cobrado de EEUU, claro, por su colaboración con el proyecto de la Estación Espacial Internacional -ISS). Y no sé por qué me cebo más con éste que con los anteriores, Dennis Tito o Mark Shuttlework... Tantos o tan pocos méritos como cualquiera de los otros, o de los que vendrán, tiene este tío de 23 años.
Se supone (andan con algunos líos económicos todavía con la agencia Rusa, lo que le ha hecho perderse algunas clases de entrenamiento, por cierto hechas con la NASA) que subirá a la ISS el próximo 28 de octubre, ha prometido hacer conexiones con escolares de su tierra, y desde luego va a ser un viaje muy POPular...
Podrían, obviamente, gastar su dinero en otras cosas. Lo hacen, de hecho, aunque esto de subir a la ISS tiene mucha mayor proyección que cuando se compran coches, aviones o yates, etc etc... (esas cosas que hacen los riquísimos). Por otro lado, es incluso menos inmoral que si emplearan ese dinero en comprarse un país de los pobres. Bueno, que quién soy yo para meterme en lo que se gasta la gente el dinero. Me repugna, como me repugnan los sueldos multimillonarios de los futbolistas, los consejeros de las grandes empresas, muchos artistas y otro gran etcétera. Pero vivimos donde vivimos y hay quien sigue pensando que esto también es globalización, a su modo.
Bueno, que suba, que se lo pase bien, dándonos envidia a quienes ni podemos soñar en hacer algo así, con lo que la cuestión de si lo haríamos o no (que no, claro...) es puramente retórica.