Hasta Los Condones
Hoy tenemos uno de esos días mundiales de los que solemos hablar por aquí, o a veces no, de esos que nos asustan y que son necesarios, pero que también nos hastían y hasta consiguen (por aquello de la abundancia de los "días de...") insensibilizarnos, o posicionarnos en contra. En cualquier caso, un año más, tenemos el Día Mundial contra el Sida.
Para calentar ambiente, los católicos (*) han tenido esta semana la habitual declaración absurda, anticientífica (y casi de inducción al asesinato podríamos decir) en contra de los condones. Ya hemos hablado por aquí repetidas veces de la obsesión con el sexo de los católicos (*) y de las malsanas consecuencias que tiene. Especialmente en estos asuntos, sorprende que una sociedad adulta pueda seguir considerando autoridad alguna (ni científica ni ética) a la jerarquía católica, de manera que en vez de ser denunciados por su irresponsabilidad y maldad, se les deja ir siempre de rositas. Así que, todos los años, por estas fechas o cuando les aparece la picazón debajo de la sotana, largan en contra de los condones.
Porque a pesar de que cualquier estudio médico demuestra que están mintiendo descaradamente, ellos erre que erre.
Hoy, claro, hay que volver a denunciar estas cosas y volver a decirles que son gentuza: sin ningún reparo lo afirmo. Hoy en que los medios nos recuerdan las cifras espantosas de la epidemia en África y Asia, hoy que nos advierten de la relajación de costumbres que está propiciando que los contagios vuelvan a aumentar (especialmente en los colectivos más sensibles a la falsa sensación de tranquilidad al respecto del Sida, y a la vez los más fácilmente engañables por la cosa católica, como son los heterosexuales); hoy que nos advierten que aún estamos lejos de poder controlar la epidemia, más lejos aún de encontrar vacunas adecuadas o tratamientos que erradiquen la enfermedad... hoy, también, conviene decir que estamos hasta los condones de los católicos (*).

Nota:
(*) católicos son los que siguen los mandados de la religión católica. Esa religión condena el uso del preservativo y además miente sistemáticamente sobre el mismo tema. Lo hacen sus mandamases y, como el "pueblo de Dios" calla, no podemos sino concluir que es doctrina de común aceptación. Como siempre, habrá quien diga "yo soy católico, pero no digo eso". Bien, esa es su declaración de inconsistencia moral, no la nuestra. Que hable con su párroco, que promueva acciones en su parroquia, que lleguen al obispo y a la Conferencia Episcopal, a ver si entonces se dan cuenta de en qué tipo de organización se encuentran.