Luces En La Noche
Si no pudiéramos levantar la cabeza hacia lo alto, la historia de la Humanidad habría sido muy diferente. Si cuando levantamos la cabeza no hubiéramos encontrado un cielo con luces (el Sol del día, la Luna, las estrellas, y muchas otras sorpresas que aparecen de vez en cuado en forma de luces nocturnas) también todo habría sido diferente. La actitud humana más elemental ante ese espectáculo celeste es el asombro, la admiración. Pero (y deberíamos decir, afortunadamente), no es la única: la curiosidad nos obliga a preguntarnos sobre lo que vemos, su origen, sus ritmos. Ese "otro mundo" que está ahí encima nuestro -acaso morada última cuando fallecemos, quizá parnaso de dioses poderosos- nos provoca desde siempre. Y desde siempre hemos intentado poner orden, encontrar las respuestas. Sólo en los últimos siglos fuimos descubriendo que algunas de las respuestas podrían escarbar en el fondo de lo que vemos, esa ciencia que nos ha permitido entender el cielo -como tantas otras cuestiones de la naturaleza- en una dimensión diferente. Pero, antes y también ahora, el mito, el cuento, la historia, han permitido también intentar responder esas preguntas.Este programa de planetario habla de esa curiosidad, de cómo miramos al cielo y vemos luces en la noche. Y de cómo hemos intentado crear historias que nos permitan entenderlo. Respuestas que son historias y cuentos de esos que nos gusta contarnos unos a otros. Pero es también un homenaje a la misma curiosidad, a la búsqueda: si hubiéramos sido tranquilos trabajadores que nunca miraban la magia de la noche, jamás habríamos podido viajar tan lejos. En la historia que contamos en el Planetario de Pamplona estas navidades, hay mucho de viaje, de descubrimiento y de curiosidad. Hay también mucho de amor y aprendizaje. Y hay un hondo convencimiento de que en todo el mundo hay personas necesarias que han mirado la noche y buscado las respuestas.
Los protagonistas de este breve entremés nocturno están condenados a encontrarse de tarde en tarde, cuando la familia se reúne para celebrar que todos están bien. Ella, Alba, es una niña curiosa, de mirada vivaz, la típica voz llena de preguntas que -tristemente- los adultos acabamos intentando callar ("no preguntes tanto, no seas pesada"). Él es un viajero impenitente (su sobrina diría "impertinete", que también) y acaba de llegar a esa reunión familiar desde las tierras del Orinoco. Mientras se prepara lacena, él ha salido a mirar la noche, como hace siempre, desde cualquier lugar, y ensoñado recuerda cuentos de los esquimales. Alba se mete en esa soledad contemplativa, obligando al adulto a que lo cuente todo. O casi todo.
En esa noche invernal, en la que la constelación dedicada al gigante cazador Orión reina sobre las otras, Alba y su tío recorrerán el mundo hablando de mitos del cielo, del origen del día y la noche, de la navegación en el Pacífico Sur... Las mismas luces de esa noche han sido leídas y contadas en muchos otros sitios, por otras personas. Como Liak, una inuit que perdió a su hermano y ahora lo ve bailando en la aurora boreal. Como un joven que era el Dueño de la Luz, poseedor de lo que hoy sería el Sol y la Luna, al final de un caño del Orinoco venezolano. O como Maui y sus hermanos, pescadores de la isla de Nuku-Hiva, en las Marquesas, en el Pacífico.
Al final los dos protagonistas deberán dejar la noche, sus luces y sus historias, y volver a la casa. El cielo, sin embargo, se quedará ahí para que todos sigamos asombrándonos y disfrutando.

("Luces en la noche" se estrena el jueves 23 de diciembre en el Planetario de Pamplona. Están todos invitados a la inauguración, a las 19:30. Habrá, además, canapés)