Sí O No
Ya estamos con la campaña del Referendum, y ando estos días leyendo sobre las razones de unos y otros, y escuchando a los políticos y a otras personas apuntando razones, temores, conveniencias... Ando así estos días oscilando entre el sí y el no. Sin "sin llegar a solución alguna" (como decía Galileo en su abjuración), por el momento.¿Por qué se nos pide a los ciudadanos que ejerzamos en esta especie de auto de fe? Si todo emana de los ciudadanos Y de los estados, en esta primera fase, lo suyo sería que los estados, impulsores que han sido y siguen siendo del proyecto de la Unión, mantengan por el momento ese caracter. Al menos mientras no se componga una verdadera Carta Magna soberana, emanada de los ciudadanos europeos a través de unas cortes constituyentes... ¿o algo así será imposible?
Lo que se nos exige es un refrendo casi mirado como algo fatalista: ¿en su lugar, qué hay? Niza no es una alternativa de futuro: la Unión es diferente de lo que fue entonces y por más que el PP siga jugando a eso de que "con Niza vivíamos mejor", no se lo creen ni ellos. ¿Hay posibilidades reales de retirar este Tratado y ponerles a trabajar en uno nuevo, que establezca más adecuadamente la Europa social y solidaria con el resto del mundo que muchos querríamos, más que seguirse mirando el ombligo con tanta concesión a una pretendida "liberalización" de la gestión pública en aras de una competitividad, de un mercado que si bien ha sido la base de esta Unión de los mercaderes debería ya ir cambiando de orientación?
¿Mejoramos con este Tratado? Parece que estableciendo las bases de una Unión de esta manera se podrá hacer de manera más adecuada, con un ejecutivo más relacionado con el legislativo... Establecer la manera en que los poderes actuan (e interactuan) es siempre conveniente. Así que aunque no sea lo que uno desearía, siempre puede ser un paso necesario.
Sin embargo, sería mejor pararse y plantear adecuadamente todo. Disminuir la fuerza de los estados suena utópico, porque no hay un sentimiento de ciudadanía europea. Una construcción federal parece demasiado difícil (y más mirándolo desde un estado donde las propias identidades nacionales entrañan tantos problemas y cuestiones sin respuesta). Pero se puede sospechar que si se cierra ese camino estableciendo otro, como lo hace el Tratado, en el futuro será difícil retomarlo. No sin más cambios. Una vez más, echarle fe, pensar que en el futuro las cosas podrían ser de otra manera. Y la duda razonable: ¿por qué no haberlo hecho desde el principio?
La forma en que emanan los derechos ciudadanos de la Carta Europea de los Derechos Humanos tampoco queda todo lo clara que debiera ser, como ya se ha comenzado a alertar en las cuestiones referentes al derecho a la vida y la pena de muerte, por ejemplo. Establecer un compendio normativo en el que desde el primer momento son los anexos y disposiciones transitorias las que modulan ciertos derechos fundamentales no parece la mejor solución: todo lo contrario, porque muestra que el proceso de elaboración no contó con el consenso suficiente para dejar claras unas cuantas cosas. ¿No habría sido más sencillo decir que Europa sería una nueva sociedad en la que los derechos humanos -sin anexos o modulaciones- marcaran los mínimos legales?
En la cuestión del concepto de ser un compendio de mínimos, también se generan dudas razonables. ¿Por qué los mínimos elegidos y no otros? Cierto que las constituciones de los estados miembros desarrollan niveles de protección de los derechos ciudadanos mayores que esta constitución. Entonces, ¿por qué no haber subido el listón? Si realmente es imposible pensar que pudiera haber un consenso entra la ciudadanía europea sobre los derechos humanos, quizás entonces mejor no tirar con esta Unión, llena de suspicacias desde el principio. Si no nos fiamos unos de otros en ese nivel intrínseco, ¿cómo no sospechar de lo que venga por encima?
Claro, que cuando uno encuentra que los antieuropeístas de la derecha más derechona y el fundamentalismo cristiano están por el NO, también hay que sospechar. Quizás es mejor esto que nada, que ya marca las diferencias con esos sectores integristas, y avanzar por un camino que les dificulte sus ansias involucionistas. ¿Es argumento "bastante" para apoyar el SI? No lo parece, pero no hay que dejarlo de lado. Cabe pensar que si hubiera que rehacer el proceso, estos sectores se organizarían ahora mejor, envalentonados con el triunfo del no, para intentar forzar un nuevo tratado más conservador, con una visión de Europa aún más rancia que el tratado actual.
Son reflexiones un poco a vuela pluma, puro batiburrillo mental que estos días ocupa a ratos mis reflexiones. ¿SI o NO? En estos momentos el cuerpo (pero sobre todo la cabeza) me pide el NO por principios, porque no es así, porque de hacerse hay que hacerlo bien, y esta Unión no es la mía. Pero dándole una vuelta más entra el pragmatismo que tanto desune a las izquierdas: mejor esto que nada, a ver si con el SI apoyamos un cambio que en el futuro... etcétera etcétera. Una vez más, ¿deberemos ser los buenos de la película cediendo aspiraciones que consideramos básicas por la posibilidad de que se mejore un poquito, que es mejor que nada, y que abre la vía para mejorar otro poquito en el futuro y...?
Pues no lo sé. Razonablemente, ante este tipo de dudas cabe la abstención. Pero la abstención es desinterés, es un "no constesta" que no ayuda en nada a la resolución del problema. La pregunta está planteada, y hay que contestar el día 20. ¿Sí o no?