Centenarios
Publicado en Diario de Noticias
MILENIO
Domingo 13 de febrero de 2005
Lo reconozco: contraponer la celebración de un centenario con otro no tendría mucho sentido, porque celebrar centenarios como a los que me refiero (dentro de un momento, esperen...) debería servir para congratularnos y apoyar la creación y la cultura. Pero cuando uno es muy conocido y el otro se ningunea, da que pensar. Me refiero por un lado al cuarto centenario de la publicación del Quijote: lo vemos hasta en los anuncios, con grandes patrocinios, montones de actos oficiales y alborozo general por parte de todos, especialmente por parte de tantos que nunca lo leyeron. Es indudable que estamos ante una conmemoración necesaria de la literatura universal, del castellano, del sentir de este pueblo. Algo justo y necesario. Bienvenido sea.
Pero el otro centenario es mucho menos recordado. Ahora hace un siglo, un empleado de una oficina de patentes colocaba cinco artículos en una revista científica alemana que inmediatamente producían un vuelco completo en la forma en que entendemos el universo. Ese centenario del annus mirabilis de Albert Einstein ha sido convertido también en Año Internacional de la Física, y el pasado viernes se celebró su apertura oficial en el Congreso de Diputados, con grandes ausencias como cabía esperar de sus señorías tan boroteras.
Curiosamente, uno puede (más o menos) imaginarse un mundo en el que no se hubiera escrito El Quijote. No sé: siempre tendríamos el mito de Don Juan para identificarnos... Pero es inimaginable que usted y yo estuviéramos aquí sin Einstein. Sin microelectrónica, sin satélites, sin todos los avances que el siglo más prodigioso hasta el momento, el vigésimo, ha ido produciendo. Posiblemente habríamos muerto antes de poder llegar a leer el Quijote. Sin duda, no nos enteraríamos de que se celebraba su centenario. Mal que les pese, todo es física, señorías.