Adiós, Peter Benenson
Peter Benenson falleció el viernes. Era británico, abogado de profesión y de causa, los derechos humanos. Fundó en 1961 Amnistía Internacional. He leído que "su vida fue un testamento valiente d esu compromiso visionario para luchar contra la injusticia en el mundo", y cosas así. Ciertísimas. Cuentan que se le ocurrió formar AI cuando conoció que varios estudiantes portugueses (Portugal estaba bajo la dictadura de ) habían sido condenados por luchar por la libertad. El bagace humanitario de AI, ahora, 44 años después, es innegable, aunque siempre esté negado por los Estados. No sólo aquellos que son directamente acusados, es decir, puestos en evidencia, por sus violaciones de los derechos humanos. También por todos los otros, que no ven con buenos ojos que su labor se vea escudriñada por personas que no están pagadas ni subyugadas por sus luces. Imagino que estos días alquien como Benenson sufría al escuchar al presidente del gobierno del país en el que vive decir que la seguridad ha de estar por encima de las libertades ciudadanas.
La España en la que nací y en la que pasé mi infancia era también una dictadura. Un año antes había nacido AI, pero a pesar de las denuncias de esta organización el régimen siguió tal cual, con esa parodia llamada democracia orgánica que se fue transformando, tras la muerte del Patascortas en una democracia constitucional (y monárquica, qué le vamos a hacer). AI sigue denunciando todos los años (*) que algunas formas y algunas maneras siguen siendo incompatibles con los derechos humanos, pero nadie habla de eso. En esta democracia hemos sido enseñados a tolerar ciertas violaciones de los derechos humanos por alguna razón de conveniencia que resulta intrínsecamente perversa. Por supuesto, nos consuela que hay siempre lugares donde la situación es mucho peor, así que incluso quienes aplauden a los autoritarios aquí firman las campañas de AI para luchar por la vida de algunos "presos de conciencia" en Nigeria, Sierra Leona, Maldivas, Cuba o Vietnam (por poner algunos nombres, la lista es vergonzosamente amplia).
En esta Europa camino de su constitución siguen existiendo socios en los que la pena de muerte está permitida. Incluso ese texto refrendado ya en España es sopechosamente tibio antes algunas violaciones (posibles, no necesariamente probables, es cierto...) de los derechos humanos. Aún queda mucho por entender, muchísimo por educar, demasiado por transformar aquí. El trabajo de Peter Benenson, que murió el viernes pasado, está pendiente. Nadie puede negar que hay parte del camino recorrido. Nadie puede atreverse a sentirse tranquilo: queda demasiado por recorrer.
El panorama mundial del oprobio, del homo homini lupus es una geografía vergonzante. Las cosas, para nuestro pesar, no van precisamente hacia la mejora de la situación. De hecho, eso del Nuevo Orden que viene de la viejoderecha estadounidense tira en sentido contrario. Ojalá no fuera así.
En fin, buena gente como Benenson puede ir cambiando el mundo. Quiero estar convencido de ello. Por lo tanto, cuando uno como él muere, conviene llorarlo un poco.


Nota:
(*) El informe anual 2004 recoge lo sucedido en 2003 también en nuestro país. Atentados a la libertad de expresión, atentados contra la vida, ausencia de avances en la cuestión de la tortua, disparos temerarios, racismo, expulsiones y maltratos a menores, desapariciones, violencia contra las mujeres... son los encabezamientos de ese informe. ¿Es razonable seguir mirando hacia otro lado?