La Piedra ¿Maldita? De Carlisle
En 2001, se instaló en un centro cultural (Tullie House) de Carlisle (North Umbria, Reino Unido), un monumento al nuevo milenio, que incorporaba una escultura denominada La Maldición del Obispo, también conocida como La Piedra de la Maldición.La escultura es una piedra de 14 toneladas, y fue creada por el artista (de Carlisle) Gordon Young, grabando sobre ella una maldición del siglo XVI. Esa maldición, contra los ladrones de ganado que cruzaban la frontera, había sido proclamada por el Arzobispo de Glasgow Gabin Dunbar. En 1525 se leyó en todas las parroquias de las regiones fronterizas de Inglaterra y Escocia. Para hacernos una idea, la maldición, 1.069 palabras escritas en el peculiar inglés de la época, dice en uno de sus párrafos:
Maldigo sus cabezas y todos los cabellos de sus cabezas; maldigo su cara, su cerebro, su boca, su nariz, su lengua, sus dientes, su frente, sus hombros, sus pechos, su corazón, su estómago, su espalda, sus genitales, sus brazos, sus pies, sus manos, sus pies y cada parte de su cuerpo, desde lo alto de su cabeza hasta la planta de sus pies, por delante y por detrás, por dentro y por fuera.
(el texto, completo y en versión original en Imbecility.com)
El autor es descendiente, precisamente, de esos ladrones transfronterizos (llamados border reivers). Esto demuestra que en su época la maldición no funcionó del todo, y más de uno de esos reivers sobrevivió. De hecho, las algaradas en la Marca siguieron durante dos siglos, e incluso se trasladaron con los colonos a la zona de los Apalaches en los actuales Estados Unidos. En cualquier caso, se le ocurrió hacer esa obra como una especie de recuerdo a tan duras palabras y tan injusta época pasada. Junto a la piedra, un pavimento de 80 metros de longitud recoge los nombres de aquellas familias malditas.
Desde 2001, cuando se inauguró el monumento conmemorativo del Milenio que incorpora la escultura de dos metros y medio de diámetro (no es precisamente circular, pero para hacernos una idea) y que costó 10.000 libras esterlinas a la ciudad, comenzaron a suceder desastres en Carlisle que han sido calificados por diversos grupos cristianos como de proporciones bíblicas.
A la piedra le han achacado todo tipo de desastres. Comenzó con la epidemia de fiebre aftosa en el ganado de la región, que diezmó el ganado ovino desde el mismo año de instalación. El pánico, además, hizo que el turismo de la región descendiera. Realmente, la epidemia de 1967 de fiebre aftosa fue más importante que la actual, pero los integristas parecen no recordar detalles de este tipo.
En la liga de fútbol, el Carlisle United no marcaba un gol, y la crisis acabó con el equipo la temporada pasada, que quedó fuera de la competición. En diciembre de 2004 una de las principales empresas de la ciudad recortaba personal despidiendo a 600 personas. Y otra vez se volvió a hablar de la maldición de la piedra (pregunta ingenua: ¿por qué no se echó la culpa a los propietarios de la empresa?) El pasado mes de enero hubo inundaciones en Carlisle, causando tres muertes, las más graves desde 1882. Parece que esas gotas colmaron el vaso de la paciencia.

Acciones Municipales
El mes de febrero, el pleno del ayuntamiento comenzó a considerar seriamente que la única solución pasaba por quitar la escultura y destruir la piedra. La idea no es precisamente barata, porque se estima en unas 7.500 libras el precio de esa operación. Otras opciones pasan por llevar la piedra lejos del límite de la ciudad, aunque uno se pregunta si los municipios vecinos querrán tener una piedra tan gafe. Lo cierto es que desde que se aprobó el proyecto de la Piedra, algunos grupos cristianos (fundamentalistas) comenzaron a avisar que se trataba de un pecado que podría traer el mal a la ciudad. En febrero, un incendio en la panadería Rathbones ocupó a los 70 bomberos locales y, cómo no, una vez más los medios de comunicación hablaron de la maldición.
El martes 8 de marzo se debatió el destino de la piedra. Un concejal liberal-demócrata, llamado Tim Tootle, resumía la cuestión en The Times el 2 de marzo:
En vista de lo sucedido desde la puesta en marcha del proyecto Milenio, han sucedido varios desastres alcanzando proporciones bíblicas, como la plaga de fiebre aftosa, la inundación y muchos otros incidentes de pérdidas y daños. Muchos grupos e individuosalertaron al ayuntamiento que la instalación de un artefacto no cristiano, basado en una antigua maldición contra las familias de la zona, traería mala suerte a la ciudad. Esto ha sido visto como correcto, y por lo tanto propongo que el ayuntamiento apoyeesta moción de quitar la piedra, la encarnación física de la maldición en las familias en la región (West March)
El responsable máximo del Ayuntamiento, Mike Mitchelson, no estaba del todo convencido. El artista comparó la iniciativa a la destrucción de los budas afganos por parte de los talibanes. Afirmó también: si hubiera creído que mi escultura iba a afectar a uno sólo de los resultados del Carlisle United, la habría destrozado yo mismo hace años. Eso es pasión por el equipo regional... Por si todo esto tenía un cierto aire de estupidez, añadamos que hasta el arzobispo actual de Glasgow, el católico Mario Conti,llegó a ofrecerse para mediar en el conflicto, tras la solicitud del ayuntamiento.
Uno se puede preguntar si los políticos están en su sano juicio, si realmente no es un tanto histeria colectiva pensar que se hable de una maldición... La simple idea de algo así es absurda, salvo que uno creyera estar viviendo, precisamente, en la época en que el Arzobispo de Glasgow mandó la maldición contra estos ingleses fronterizos. Sin embargo, este tipo de estupideces aparecen una y otra vez cuando las catástrofes llegan a una ciudad: en Madrid, tras el incendio del edificio Windsor, se comentó -así lo leímos en algunas listas del mundillo paranormal, que algo maléfico planeaba sobre Madrid, desde el atentado del 11 de marzo de 2004... Por supuesto, en las mismas fechas en que sucedía el incendio, cientos de personas en el barrio del Carmelo de Barcelona seguían fuera de sus casas por culpa de los socavones de las obras del Metro, y en muchos otros puntos del mundo sucedían desgracias aún mayores. La gente, evidentemente, sólo ve lo que quiere ver.
Una pista adicional, para entender la resolución municipal en agradar a los más vociferantes extremistas (aireados por unos medios de comunicación siempre ávidos de este tipo de noticias), la da la cercanía de las elecciones en el Reino Unido. Y es que lospolíticos, en campaña, hacen cada cosa...
En cualquier caso, y casi contra todo pronóstico, el pleno municipal votó a favor de mantener la piedra en su sitio. En palabras del alcalde Mitchelson: "vivimos en una edad moderna. La gente de Carlisle es sana, racional y no sigue creyendo en cosas medievales". Realmente, el problema es que sí se siguen creyendo esas cosas.
El que faltaba: Uri Geller entra en acción
Casi resulta inevitable que en cualquier tontería relacionada con lo paranormal que sucede en el mundo (especialmente en el Reino Unido, donde tiene su residencia) acabe apareciendo Uri Geller. En este caso lo hizo. En El Mundo del pasado 9 de marzo se contaba que este famoso doblador de cucharas (y otros grandes fracasos, de los que no se suele hablar tan a menudo) se había ofrecido a "sacar la piedra de allí, ponerla en mi jardín y exorcizarla". Interesante, podría haber dicho que todo eso lo iba a hacer con el poder de la mente, evitando el dineral que supone mover esa piedra. Resulta ahora que en su jardín tiene un antiguo centro curativo. Por cierto, ¿qué hace El Mundo dando pábulo asemejantes tonterías? (Nada nuevo, por cierto, pero siempre hay que preguntarse por qué las imbecilidades de un farsante son acogidas por aquí como testimonios de algo. Ya lo hicieron muchos medios citando declaraciones del "parapsicólogo" Pedro Amorós sobre el tema del "fantasma del Windsor"... como si alguien así nos fuera a proporcionar información mínimamente acreditada).