Un Paisaje Muy Humano
Publicado en EL CORREOTerritorios, Ciencia-Futuro
Miércoles 16 de marzo de 2005
Nuestra especie ha ido modificando el paisaje, especialmente desde hace unos diez mil años, con el nacimiento de la agricultura. Los cambios adquieren a veces escalas gigantescas, y la propia geología los tiene en cuenta.
Somos, los humanos, una de las principales fuerzas geológicas en la Tierra. Es cierto que la Geología considera habitualmente los cambios que vienen debido a procesos relacionados con la tectónica de la corteza terrestre: la orogenia, el vulcanismo, la sismicidad están relacionadas con los movimientos de la delgada capa sólida que tiene nuestro planeta. Por supuesto, la acción del agua y la atmósfera son también fundamentales para entender cómo son los paisajes: los procesos de erosión, la acción del mar enlas costas, los terrenos de aluvión con materia llevada por los ríos... La interacción con el clima resulta un factor adicional, no sólo en periodos extremos -como las glaciaciones- sino en el establecimiento de las corrientes de la atmósfera y los mares.Incluso el factor cósmico es relevante, porque los impactos han sido también causantes de cambios en nuestro planeta (donde lo vemos menos evidente que en otros cuerpos del sistema solar, que han sufrido igual acción, como la Luna, sin ir más lejos).
En la Tierra tenemos también a la vida como uno de los agentes geológicos: barreras e islas coralinas son el ejemplo de la acción de animales. Los depósitos de combustibles fósiles son parte consustancial de la geología del planeta y las acumulaciones de conchas animales pueden conformar también paisajes, junto con las otras fuerzas en acción: siempre se mencionan los acantilados del sur de Gran Bretaña, formados por foraminíferos pero como los organismos vivos alteran la composición química y física de la atmósfera, de los océanos y de los continentes. En los últimos años, el término biogeología, o en general biogeociencia ha comenzado a agrupar los estudios sobre las interacciones relacionadas con los seres vivos.
Aunque en las escalas habituales de la geología somos unos recién llegados al planeta, los seres humanos nos hemos convertido por vocación propia en uno de los más notables agentes del cambio. Desde casi el principio: la agricultura requiere alteraciones del paisaje, implica la deforestación de zonas boscosas para conseguir nuevos terrenos agrarios, y ello conlleva alteraciones adicionales, como el cambio en los regímenes de lluvias, una mayor erosión... Los efectos a gran escala podemos contemplarlo en lospaisajes que llevan miles de años de práctica agrícola en Europa, desde la época romana en que se hablaba con orgullo de las boscosas selvas, como la Ciminiana en Italia, o la Herciniana de Europa Central. El geógrafo Estrabón (s. I aC) mencionaba que Hispania podía ser recorrida de un lado a otro por una ardilla saltando de árbol en árbol sin tocar el suelo. Quizá exagerado, pero nos permite entender la magnitud del cambio. En la actualidad, los procesos deforestadores de la Amazonía pueden implicar cambios de escala global en el clima, pero -y sobre todo- alteraciones radicales del propio paisaje subtropical.
La explotación del suelo, de sus recursos, ha sido también causa de importantes alteraciones geológicas. Siguiendo en época romana, la minería en la región del Bierzo nos ha dejado el paraje de Las Médulas, tras siglos de excavaciones, desviando ríos con canalizaciones de cientos de kilómetros de longitud, que fueron horadando los montes Aquilanos, creando llanuras con la tierra aluvial y nuevos lagos en una extensión de cientos de kilómetros cuadrados. Alteraciones aún mayores se han producido en todas lasregiones mineras.
La construcción de embalses ha sido otro elemento, especialmente notable en las gigantescas presas que cambian por completo la acción geológica de ríos como el Nilo con la presa de Assuan, o la más reciente acción de la Presa de las Tres Gargantas, en China, comenzada en 1993 en el río Yangtsé y que alcanzará en 2009 una cantidad de agua almacenada de casi 40.000 millones de metros cúbicos en 600 km del recorrido del río. El desplazamiento de más de un millón de personas, la destrucción del patrimonio histórico y la alteración de una región con una superficie similar a la de media España son parte de los efectos, a los que se sumará que al circular más lentamente, el río, ríco en barros, colmatará (dejará capas de cieno) el fondo del pantano, pero a la vez impedirá el aporte de esas tierras a la zona de la desembocadura del río. Se ha comentado, también, el efecto de sismicidad inducida por los grandes embalses, debido al peso adicional de la masa de agua. Actualmente, casi la mitad de las presas existentes en el mundo están en China.
El efecto sobre las costas es también importante: el caso más evidente es el de Holanda, donde desde hace más de mil años se ha ido ganando terreno al Mar del Norte el equivalente al 27% de la superficie del país. La ocupación humana de muchas de las regiones costeras del planeta ha supuesto la alteración de los ritmos de erosión marina, y a menudo del aporte de material por parte de los ríos, la desaparición de humedales.
Las infraestructuras de comunicación, carreteras, puentes, etc., son también elementos importantes del cambio geológico antropogénico que, de la mano de la ingeniería, podría aumentar a lo largo del siglo. La Sociedad Geológica de Estados Unidos ha comenzado a desarrollar programas de monitorización de estos cambios, que se suceden a ritmo creciente (ligado al progreso tecnológico), y sobre los que aún falta por evaluar científicamente las implicaciones para el futuro. Como sucede con el clima, la propia geología del planeta está siendo alterada. La intención de los biogeólogos es poder ser capaces de comprender hasta qué punto. Y evitar lo que sea irreversible.

¿Terraformación?
Si el cambio es innegable en nuestro planeta, los más visionarios, ya desde hace más de treinta años, se planteaban si sería posible emplear ingeniería a gran escala para hacer habitables no ya regiones extremas de nuestro planeta, sino otros planetas del Sistema Solar. A comienzos de los años 90, la Sociedad Británica Interplanetaria planteó la posibilidad de terraformar Marte, consiguiendo cambios en su atmósfera, con gases de efecto invernadero, que podrían calentarlo lo suficiente como para ser sembrado en el futuro con seres vivos. ¿Ciencia-ficción? Desde luego, el mismo término terraformación nació en este género literiario. Pero podría convertirse en realidad en el futuro.
Grandes empresas constructoras japonesas y los consorcios mineros estadounidenses y sudafricanos (los más poderosos del mundo) disponen de divisiones aeroespaciales, para evaluar la posibilidad de establecer una minería en el espacio, aprovechando la Luna,por ejemplo, o algún asteroide que podría ser fuente de materiales escasos -y caros- en la Tierra. Por el momento, estos planes se enfrentan con un elevadísimo coste que los hace inviables, más que técnicamente, económicamente. Pero la escasez de ciertas materias primas podría cambiar en unos decenios.