Todos Fuimos Embriones
Les ha dado fuerte... a los de la Confe. Hacía unas semanas que no nos reíamos con sus ocurrencias (o trapisondas). Se va viendo el nuevo talante de Blazquez, ¿eh, optimistas? La campaña "Todos fuimos embriones" nace ahora para seguir intentando inmiscuirse en el estado de derecho. En su web aún no han colocado nada, pero ya podemos leer de la misma en las noticias (por ejemplo, en elmundo.es).
"Todos fuimos embriones" es el lema que la Iglesia católica ha elegido para su campaña contra la investigación científica con células madre embrionarias y en defensa de la vida humana. El secretario general y portavoz de la Conferencia Episcopal Española, Juan Antonio Martínez Camino, ha explicado que esta campaña se suma a las dos anteriores en contra de la eutanasia y de los matrimonios gays.
En la foto se le ve feliz y contento... Qué bien le ha sentado la semanasanta y que se olvidara todo el mundo de sus idas y venidas condoneras.

Indicó que el objetivo de esta iniciativa, así como de las dos anteriores, es ayudar a los católicos a fortalecer su fe y recordarles la doctrina de la Iglesia en determinadas cuestiones, en este último caso sobre la vida humana, que, según señala el folleto de la campaña, es "un don precioso de Dios, es sagrada e inviolable".
En total se van a repartir más de siete millones de folletos en castellano, catalán, euskera y gallego, en los que se explica la doctrina cristiana sobre la vida humana y la investigación con células embrionarias.
"El embrión no es un mero agregado de células vivas, sino el primer estadio de la existencia de un ser humano", indica el folleto, que añade: "El ser humano debe ser respetado y tratado como persona desde el instante de su concepción y, por eso, a partir de ese mismo momento se le debe reconocer los derechos de la persona, principalmente el derecho inviolable de todo ser humano inocente a la vida".
"Matar con fines terapéuticos"
Estas dos frases están recogidos en los documentos de la Iglesia católica "Por una ciencia al servicio de la vida humana" y "Evangelium vitae", este último encíclica de Juan Pablo II de 25 de marzo de 1995.
El secretario general de la CEE recalcó que no se puede matar a un embrión con "supuestos" fines terapéuticos, porque "la vida humana no está a disposición de nada".
También rechazó la congelación de embriones, por entender que se somete "a una vida humana a una situación violenta", y respecto a los embriones sobrantes, "tarados" o no, dijo que hay que buscar cualquier solución "que no sea matarlos".
Martínez Camino recordó que la Iglesia católica rechaza la eutanasia pasiva y activa, pero está de acuerdo con el Testamento Vital, en el que los ciudadanos puedan expresar su rechazo al ensañamiento terapéutico en caso de gravedad.
En fin, esos siete millones de folletitos van a "fortalecer la fe" de los católicos. Si es que es maravilloso lo fácilmente que se fortalece la fe de un católico. Vamos, les da igual que la falacia embrionista se la intenten colar como siempre. Quizá es porque masivamente los católicos españoles pasan de los postulados y propagandas de sus confesores y curas y demás jerarquías no tan celestiales. La posición social a favor de la investigación con células embrionarias es mayoritaria. Y, afortunadamente, la legislación va avanzando de forma racional para permitir que se pueda desarrollar.
Ese cuidado en plan jardinero de los embrioncitos lo están extremando hasta el final. Al menos en el caso del Papa, claro, que no es cosa de que se les muera, y ahora andan metiéndole una sonda nasogástrica para permitirle ingerir alimentos. Ya sabemos, por la vida ante todo. Imagino que están dando ejemplo con esto para que todos vean lo malos que fueron los jueces americanos permitiendo que se la retiraran a Terri Schiavo. Y perdón por la comparación de sondas y situaciones, que evidentemente el Papa no está desde hace 15 años sin actividad cerebral conocida. (Sin comentarios, no crean que soy tan malo...)
Pues eso, que todos fuimos embriones. Algunos se quedaron después con las ideas un tanto embrionarias, o embrionistas. Confundir un embrión con un católico, ovejita fiel de su rebaño, es sólo la menor de las estupideces. Lo demás, es decir, todo, es su intento, una vez más, de llevarnos a su huerto.