Dos Lecturas: Eco y Haddon
Demasiado trabajo y compromisos por un lado y por los demás lados también, me habían impedido colocar algunas notas de lectura de libros que han ido cayendo en mis manos. A ver si voy poniéndome al día...
La misteriosa llama de la reina Loana, Umberto Eco. Ed. Lumen
Cuenta la sobrecubierta: "Es triste despertarte una mañana en una cama de hospital y ser incapaz de reconocer a tu mujer y a tus hijos, abrir los ojos y no recordar cuál es tu profesión, ni dónde vives o cuáles son tus gustos a la hora de comer y beber. Esta es la desconcertante realidad de Giambattista Bodoni, Yambo para los amigos, un hombre de sesenta años que ha perdido la memoria personal, la más ligada a las emociones, y ve su propia vida como si acabara de inaugurarla".
Eco lo describe de forma más intensa. He aquí el comienzo del primer capítulo (El mes más cruel):
- ¿Y usted cómo se llama?
- Espere, lo tengo en la punta de la lengua.
···Todo empezó así.
···Era como si me hubiera despertado de un largo sueño, pero yo seguía suspendido en un gris lechoso. O a lo mejor no estaba despierto y estaba soñando. Era un sueño extraño, sin imágenes, poblado de sonidos. Como si no viera y tan sólo oyera voces que me contaban qué era lo que tenía que ver. Y me contaban que todavía no veía nada, salvo humo a lo largo de los canales, donde el paisaje se disolvía."
La memoria. Un gran tema sobre el que reflexionar, y Eco lo hace esta vez en forma de novela. Una novela, por cierto, original y en la que las imágenes son fundamentales, como lo son los textos de otros autores que Bodoni recupera en su memoria sin saber al principio si son reflexiones suyas o no. Ya había mencionado esta novela en un artículo publicado en El Correo, sobre la memoria a corto plazo. Decía allí
La memoria y Umberto Eco.
Continuamente retenemos información, necesaria para sobrevivir y actuar. La memoria a largo plazo, frente a la de corto plazo, tiene una duración ilimitada, mayor capacidad, y una complejidad mayor. La MLP suele ser considerada de diferentes tipos: por un lado una procedimental, que almacena habilidades -como nadar o manejar una bicicleta-; y por otro una declarativa, referida a hechos y sucesos. En este segundo tipo de memoria se suele distinguir aquella memoria que se refiere al conocimiento que tenemosdel mundo, llamada semántica porque está activada mediante los significados, diferenciada de la episódica, que recoge nuestra propia biografía, aquellos hechos que hemos vivido y sentido.
En la última novela de Umberto Eco, "La misteriosa llama de la reina Loana" (Lumen, 2005), el protagonista, Giambatista Bodoni, sufre una pérdida de la memoria episódica debido a un accidente que le daña el cerebro. Siendo capaz de recordar todo aquello que conocía (la memoria semántica) y todo lo que sabía hacer (la memoria procedimental), es incapaz de reconocer a las personas que conocía, sentir qué se siente cuando uno se cepilla los dientes, o encontrar las emociones que antes tenía en compañía de sus nietos. Eco aprovecha la búsqueda de la biografía de este personaje para ahondar en la manera en que los humanos vivimos nuestra historia.
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Realmente el libro da para mucho más, porque esa búsqueda de Yambo es una especie de búsqueda de toda una generación del fascismo y la guerra en Italia, medida por los cromos y los tebeos, las películas y la radio, las lecturas de los libros de texto y de los primeros libros "serios". Eco consigue hacerte partícipe de esa memoria colectiva, almacenada en una casa de campo, y transportarte con el protagonista hacia una especie de paroxismo final, muy psicodélico. En la primera parte va explorando las diferentes posibilidades que proporciona una persona sin memoria episódica. No sabe si esa persona que dice conocerle es realmente un amigo, o si esa empleada suya podría haber sido antes su amante. El cariño de sus nietos le descoloca. Y su conocimiento enciclopédico le resulta estresante. Conforme el protagonista va adquiriendo información sobre quién es y quién fue, la confusión aumenta, pero la novela va abriendo otras posibilidades. No voy, desde luego, a destripar nada. Sólo colocaré algún que otro fragmento (aunque he marcado varias decenas de ellos en el libro, lo dejaré en otro más solamente). Esto inicia el capítulo 10 (La torre del alquimista):
Estoy más confundido que cuando llegué. Por lo menos antes no recordaba nada, cero absoluto. Ahora sigo sin recordar, pero he aprendido demasiado. ¿Quién fui? ¿El Yambo del colegio y de la educación pública, que se desarrollaba según arquitecturas lictorias, postales de propaganda, carteles, canciones?, ¿el de Salgari y Verne, el de Les Ravageurs, el de las atrocidades del Giornale Illustrato dei Viaggi, el de los delitos de Rocambole, el del Paris Mysterieux de Fantomas, el de las nieblas de Sherlock Holmes?, o aún, ¿el de Ciuffettino y el del vaso irrompible?
Eco, que a veces es excesivo en sus novelas, se contiene aquí algo más, aunque el trabajo de erudición de recordar todos los elementos de la infancia a comienzos de los cuarenta hacía temer una enumeración más exhaustiva, que llegara a lastrar la trama, como -creo- le sucedía en el Péndulo de Foucault. No siendo italiano, claro, se pierde parte de esa herencia común, pero me descubrí "traduciendo" algunos de los personajes y situaciones a realidades españolas. En todas partes cocieron habas y si en la Italia de Mussolini se traducían los héroes infantiles y se montaban otros para mostrar el valor de la raza italiana, aquí durante muchos años se hizo lo mismo en el franquismo, salvando las distancias temporales.
¿Debo añadir que es un libro muy recomendable? La edición que compré en FNAC tenía, por el mismo precio de otras librerías, un cd con música de la época. (Ya lo habían hecho con Baudolino, al menos también les compré una edición con música ilustrativa).
El curioso incidente del perro a medianoche, de Mark Haddon. Ediciones Salamandra.
Hay que leer este libro. Sin más. (Bueno, diré más, pero así sin más, conminativo ando, se lo aseguro. Hay que leerlo). Comienzo ahora también por la sobrecubierta: "A los quince años, la adolescencia es una dolorosa imposición biológica. Claro que no todos la padecen igual. Para Christopher Boone, el año de su decimoquinto aniversario será el más trepidante de su corta biografía. Se autoproclamará investigador de la extraña muerte de un perro y terminará por descubrir el inesperado misterio en que se ha convertido su familia". En la solapa da más pistas (a mi gusto demasiadas, pero qué le vamos a hacer, los editores suelen tener cierto miedo de que los lectores sean muy memos, y no entiendan nada...): "Christopher Boone tiene quince años y padece una extraña forma de autismo. No permite que nadie le toque, emplea el vocabulario de un modo singular y para él no existe un punto medio entre lo que le atrae y lo que le repele. Christopher vive con su padre, un enigmático individuo recién enviudado que le ha educado en el rechazo a la mentira..."
Juntar este libro de Haddon con el de Eco en un comentario no tenía más propósito que el declarado al principio, pero ambos son novelas narradas en primera persona por sus protagonistas, y en ambos casos un trastorno mental les proporciona una visión diferente. Por supuesto, las semejanzas casi se acaban ahí. En este caso, el escritor -con gran conocimiento sobre los niños autistas- consigue crear un autista que si bien es imposible es terriblemente real. Convierte el autismo en una especie de transformación que hace que el narrador no sea del todo "humano" -con perdón, evidentemente- en el sentido de que sus percepciones y sus reacciones no son las esperables de una conducta habitual o "normal" -también con perdón. Pjorge comentó sobre esta novela que "no se parece a ninguna otra". SIn embargo, durante su lectura no pude dejar de recordar la manera en que se expresaba y conducía de Mo, la protagonista y narradora de "Memorias de una Vaca", de Bernardo Atxaga. Hay algo de inhumano en ambos seres (en el segundo, es evidente, lo del primero puede sorprender un poco más, aunque al asociarlo a la alteración de la conducta y la psique que es el autismo, justifica esa "otridad"). En cualquier caso, Christopher te gana desde el primer momento.
29
La gente me provoca confusión.
···Eso me pasa por dos razones prinicipales.
···La primera razón principal es que la gente habla mucho sin utilizar ninguna palabra. Siobhan dice que si uno arquea una ceja puede querer decir montones de cosas distintas. Puede significar "quiero tener relaciones sexuales contigo" y también puede querer decir "creo que lo que acabas de decir es una estupidez".
Dejo al lector que encuentre la interesantísima "segunda razón principal". La habilidad matemática y memorística de Christopher es sorprendente. Su interés por la ciencia y la matemática responden a la necesidad de disponer de un mundo ordenado y cognoscible. A lo largo de la novela, Haddon introduce juegos matemáticos, temas de actualidad y un montón de cuestiones realmente deliciosas.
¿Un segundo extracto? No me resisto a colocar este:
199
La gente cree en Dios porque el mundo es muy complicado. Creen que es muy improbable que algo tan complicado como una ardilla voladora o el ojo humano o un cerebro llegue a existir por casualidad. Pero deberían pensar lógicamente, y si pensaran lógicamente, verían que sólo pueden hacerse esa pregunta porque eso ya ha sucedido y ellos existen. Hay billones de planetas en los que no hay vida, pero en esos planetas no hay nadie con cerebro para darse cuenta. Y es como si toda la gente en el mundo arrojara mondeas al aire: a alguien acabaría por salirle cruz 5.698 veces seguidas y se creerían muy especiales. Pero no lo serían, porque habría millones de personas a quienes no les sadría cruz 5.698 veces.
Por cierto, aunque la traducción es correcta, aparecen un buen número de "billones" donde deberían ser solamente "miles de millones". ¿Es tan difícil poner un poco de cuidado en algo así? Es un error impensable en alguien como Christopher Boone, y así es tristísimo que aparentemente le leamos algo tan erróneo.
Por lo demás, la historia tiene su gracia, sus momentos tiernos, y uno encuentra a veces esa implacable lógica -a veces psicópata- que muestran a menudo los personajes de la novela inglesa. Sharpe, Shalaman, McEwan y tantos otros. ¿Por qué será? Una última cosa, los capítulos llevan una numeración secuencial en números primos. ¿Por qué no?
