Hastío Cósmico
Publicado en Diario de Noticias
MILENIO
Domingo 24 de abril de 2005
De verdad, ya no puedo seguir opinando sobre la carcundia eclesiástica, otra semana más. Que Benedicto XVI sea entronizado con todos los honores, que lo disfruten sus fieles y los amantes de la cosa televisiva. Y que nos comiencen a dejar tranquilos al resto del mundo, a ver si esta vez tienen el detalle. Tampoco escribiré nada sobre las estupideces que los homófobos están volviendo a airear estos días quemados por la aprobación en el congreso de la ley del matrimonio homosexual, por más que uno se avergüence de compartir país con gente capaz de semejantes argumentaciones contra la lógica, o de esas llamadas a una pretendida objeción de conciencia hechas desde otro estado, para más Inri. No, de veras, ya está casi todo dicho y, además, la ley va para adelante. Que es lo que más les fastidia.
Nada nuevo diré del circo vasco, o del circo navarro. Del circo, quiero decir, de la política entendida como sustento de ganapanes y demás ociosos, a cuenta del erario público y sobre todo de la paciencia de los votantes. Del reino de la mentira y el abuso, del insulto y la descalificación sistemática del contrario: porque no merece la pena, ya se dijo casi todo y lo que pasa es que nadie quiere oirlo. Ni se lo merecen. Es más, tampoco diré nada de la invasión de muñecolates de los reyes de antaño, invasión simpática de la nueva Pamplona que podría ser comentada otro día.
Arriba, en el espacio, está, desde hace hoy quince años, un telescopio que lleva el nombre de un sabio astrónomo que comprobó la expansión del Universo. Este telescopio espacial cumple quince años, y yo me voy a celebrarlo, porque casi sin que se diga nada, el conocimiento cierto que nos están trayendo esas imágenes del otro lado del cosmos es de lo único que realmente podemos estar orgullosos en estos días.
¿Escapismo? Quizá. Pero sobre todo hastío.