El Asesino De La Indiferencia
Publicado en EL CORREO
Territorios, Ciencia-Futuro
Miércoles 25 de mayo de 2005
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), más de 250 millones de personas contraen la malaria cada año. Cifras de estudios independientes, sin embargo, duplican esa cantidad. La mortalidad anual oscila entre el millón y medio y casi tres millones depersonas, principalmente niños y casi todos en los países más pobres del mundo, especialmente en África. El paludismo o malaria pone en riesgo la salud del 40% de la población mundial, en 100 países diferentes.
El investigador madrileño Pedro Alonso, que presentó hace medio año una nueva vacuna experimental para esta enfermedad, afirmaba que esta enfermedad, la principal causa de muerte por infección en el mundo, es "el asesino de la indiferencia": aunque mata tres veces más niños en África que el Sida, ni las investigaciones son un objetivo prioritario de la ciencia médica, ni las campañas internacionales consiguen financiación en los países ricos. No se habla del paludismo, ni se invierte en su erradicación. Alonso denunciaba recientemente: "el 90 por cierto de los recursos mundiales de la investigación biomédica se destina a enfermedades que afectan al 10 por ciento de la población".
En 1998, la OMS, UNICEF, el Prgrama de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y el Banco Mundial, lanzaban una campaña denominada Roll Back Malaria (Acabar con la Malaria, RBM), con el fin de erradicar esta enfermedad antes del 2010. Sin embargo, tras siete años esta campaña no ha conseguido aún resultados efectivos. La revista médica The Lancet, en su editorial del pasado mes de abril denunciaba, junto con la organización no gubernamental Médicos Sin Fronteras que, realmente, la situación es peor de lo que se tenía antes, y aunque en los últimos años se han desarrollado veinte productos diferentes para tratar el paludismo, los escasos fondos de que se dispone no alcanzan para satisfacer la demanda existente: para este año sólo se han conseguido distribuir 50 millones de dosis de artemisina, uno de los fármacos más efectivo para el paludismo africano, cubriendo poco más de un 10% de los que contraerán la enfermedad.
La artemisina se extrae de una hierba endémica de África y es, de hecho, uno de los tratamientos tradicionales en esa zona para combatir las altas fiebres producidas por la infección de alguna de las cuatro especies del género Plasmodium (falciparum, vivax, ovale o malariae), además de reducir su presencia en la sangre. La producción masiva de este medicamento se ha quedado insuficiente por falta de fondos del programa RBM. Por otro lado, los tratamientos clásicos, utilizando cloroquina (derivado activo delprimer tratamiento que se conoció útil contra el paludismo, la quinina, proveniente del árbol de la quina) siguen siendo excesivamente caros. En cualquier caso, no debemos olvidar, además, que estamos hablando de medicamentos paliativos, que no evitan posibles recaídas del enfermo durante el resto de su vida.
Las estrategias de la lucha mundial contra la malaria implican desarrollar sistemas de diagnóstico temprano que permitan un tratamiento rápido, antes de que se produzcan los efectos: fiebres muy altas que desaparecen rápidamente, en periodos de intermitencia de duración variable; dolores de cabeza, fatigas y náuseas, además de dolor muscular, diarreas leves y otros síntomas que a menudo se confunden con infecciones víricas como la gripe o trastornos gastrointestinales. La enfermedad puede llevar a sufrir grandes convulsiones, inconsciencia o delirio, y llegar al coma o la muerte.
Por otro lado se trabaja desde hace tiempo en la contención del vector de la enfermedad, las hembras de mosquitos del género Anopheles, transmisores, además de otras importantes enfermedades de las regiones tropicales. Aunque el uso de insecticidas en las zonas de cría de estos insectos con DDT ha ido proporcionando un control de la epidemia, los efectos colaterales de este producto insecticida originan importante controversia.
El desarrollo de medicinas efectivas que pueden curar al enfermo (salvo reinfección) como las mencionadas cloroquina o artemisina es una de las principales apuestas de la investigación actual. Sin embargo, tratándose de una enfermedad muy ligada a los países más pobres, la posibilidad de las empresas que podrían investigar para recuperar sus inversiones es baja, y esto hace que, como denuncian los expertos, apenas se investigue. Los planes internacionales, junto con donaciones que se han hecho famosas, comoesos 450 millones de dólares que ha ofrecido Bill Gates, propietario de Microsoft, para la investigación contra el paludismo, son insuficientes según todos los expertos.
Vacunas Antipalúdicas
En octubre de 2004, el investigador español Pedro Alonso, del Hospital Clínico de Barcelona, daba a conocer una vacuna desarrollada por varias universidades, institutos de investigación y una compañía farmacéutica (GlaxoSmithKline), tras pruebas exitosas sobre niños en Mozambique y Gambia. Los resultados provisionales muestran una prrevención de un 30% en un año para nuevos casos de malaria, llegando al 45% en el caso del P. falciparum, y un 58% en los casos más graves. Esta vacuna, denominada RTS,S/ASO2A, impide la primera reproducción del parásito en las células del hígado y, aunque supone una importante esperanza, el trabajo de desarrollo de una vacuna por parte de este equipo, según sus propias declaraciones, no llegará antes de 2010.
De hecho, algunas críticas han surgido en torno a esta vacuna, comparándola con la Spf 66, desarrollada por Manuel Elkin Patarroyo en 1986. Se trataba entonces de un adelanto en la investigación médica sin precedentes: el desarrollo de una vacuna completamente sintética, por vez primera, una molécula capaz de realizar una protección previa la infección. Los resultados que se fueron publicando de esta vacuna, sin embargo, fueron descalificados ampliamente, a pesar de conseguirse una protección cercana al 50% durante tres años. Patarroyo acusó a las multinacionales farmacéuticas de presionar a la OMS, organización a la que había donado el investigador colombiano los derechos de la vacuna, para evitar continuar esta línea de investigación con una campaña de desprestigio. El equipo de Patarroyo, sin embargo, continúa trabajando en mejorar los niveles de protección.
Dejando aparte la controversia, lo cierto es que estas dos vacunas, y otras que se comienzan a ensayar, no podrán, por el momento ser la solución completa a la enfermedad. Aunque pocos expertos dudan de que en el futuro será una vacuna la que consiga erradicar el paludismo definitivamente.