Cáncer: Sospechosos Milagros (1)
Publicado en EL CORREOTerritorios, Ciencia-Futuro
Miércoles 8 de junio de 2005
En una operación policial, denominada Brujo, practicada en varias ciudades españolas el 28 de octubre de 2002 se desmantelaba una red de venta de fármacos ilegales, el Bio-Bac y el Inmunobiol. Se detuvieron a 23 personas (entre ellos a trece médicos)y la policía se incautó de 40.000 dosis de esta presunta panacea contra el cáncer. Era una acción que tuvo mucha repercusión pública, pero llegaba muy tarde, porque este producto milagroso se venía vendiendo con toda impunidad desde su descubrimiento en 1967, como una autovacuna de enzimas vivientes de composición desconocida que fue llevando una azarosa vida administrativa, con intentos por parte de sus fabricantes de que fuera admitido como producto dietético o como medicamento, solicitando en diversas ocasiones ensayos médicos.
Numerosas asociaciones de usuarios de este producto afirman que resultaba útil para su cáncer, y que el Bio-Bac les permitía vivir y mejorar en su calidad de vida. Sin embargo, ni una sola prueba científica puede corroborar tales afirmaciones, aunque se afirma que también sirve para la hepatitis, el sida o la artritis. Vendido, como sucede a menudo, a través de Internet (aunque también recetado por médicos), este producto ha desaparecido oficialmente, mientras dura el proceso judicial, aunque ha renacido en diversas ocasiones con diferentes nombres.
Es lo habitual en la historia triste de estos productos que se ofrecen como curas contra enfermedades difíciles, antes las que la ciencia médica, aunque avanza en su conocimiento y tratamiento, no tiene una solución completa. En el Juzgado de Instrucción número tres de Jerez de la Frontera (Cádiz) están pendientes seis querellas y una denuncia por la venta de Acobiomol, un producto realizado por el biólogo Juan Manuel Acosta y el físico Luis Bernal, que fueron detenidos en noviembre tras la muerte de una mujer en San Fernando. Vendido a altos precios (la querella recoge una denuncia de que a un paciente se le cobraron 4.500 euros), prometía la curación del cáncer y del sida. Por supuesto, este producto milagro no dispone de registro en la Agencia Nacional del Medicamento, y se comercializaba sin ningún estudio científico que avalara no ya su utilidad, sino siquiera su inocuidad. El caso, como sucede con el Bio-Bac, está en pleno proceso sumarial.
Desde la entrada en vigor del Real Decreto 1907/1996 (ley del medicamento) que regula los llamados productos milagro han sido muchos los productos retirados del mercado, algunos por su venta ilícita a través de Internet, otros por anunciarse como curación o tratamiento de enfermedades (como el llamado Inmunomodulador Friatroy, que se comercializaba desde Baleares). Direcciones de correo, páginas web, son habitualmente usadas por empresas o particulares que pretenden hacer negocio de la desesperación de los enfermos y sus familias.
En muchos casos, para evitar la acción de la ley, estos productos no se publicitan como medicamentos, sino como complementos dietéticos, que tienen una regulación menos estricta, y que en esencia sólo exigen unos controles en la manipulación y su inocuidad. Sin embargo, se incumple la ley también en estos casos, porque a menudo se presentan como fórmulas magistrales que no son declaradas. La Asociación Española Contra el Cáncer (AECC) recoge en su página web productos como Anvirzel, Bio-Bac, Green Sap, Cartilade, Escozul, Indiba, Noni, Viusid, Oncoxin, Inmuno C e Inmuno-PFS, que a pesar de ser distribuidos con supuestos efectos contra el cáncer, no tienen ninguna utilidad. Algunos de ellos se aprovechan además de una pretendida marca de calidad de lo natural, porque son preparados de vegetales o de extractos animales: el Cartilade emplea, por ejemplo, cartílago de tiburón, una creencia muy extendida que está diezmando a estas especies marinas; el Escozul es veneno diluído del escorpión azul del Caribe...
Incluso cuando se actúa contra estos productos, incautando la producción o procesando a las personas que aparecen como vendedoras, es más que probable que en otro lugar vuelvan a aparecer los mismos productos con otros nombres y otras direcciones de contacto. En numerosos foros de Internet donde acceden los enfermos buscando una solución a su enfermedad, se van propagando estos nuevos productos milagrosos. Sólo un estricto control por parte de las autoridades podría evitar que se repita la historia una y otra vez.
Tras las páginas de contenido erótico, uno de los mayores flujos de información de Internet lo constituyen las consultas sobre enfermedades y sanidad. Cada vez más hay una preocupación por parte de las autoridades sanitarias por la información que aparece,o la manera en que se propagan informaciones que no son ciertas. Evidentemente, no se puede culpabilizar ni al enfermo ni a su familia de querer buscar, por encima de todo, una solución. Y esto hace más reprochable la conducta de quienes buscan aprovechamiento económico de esa situación, con sus productos milagro o con terapias cuestionables.
El esperable auge de la telemedicina se ve amenazado por toda esta información o publicidad no científica. Por ello, desde 1995, médicos y expertos en sanidad de once países diferentes crearon una fundación internacional, Salud en la Red (Health On the Net) y establecieron un código de conducta al que están asociadas algunas de las páginas serias, pero que aún dista de ser un estándar: la ética médica tiene todavía una lección pendiente, actualizándose a las nuevas tecnologías de la comunicación.
Un matemático cura un cáncer
El pasado 31 de mayo todos los medios de comunicación españoles recogían la noticia de una curación casi milagrosa de un enfermo con un hepatocarcinoma terminal, en el que se había utilizado un método no convencional para tratar el tumor. La remisión completa del mismo supone un caso único, cuyo informe se presentaba en una publicación científica (aunque no una de las que los propios científicos consideran de referencia). La teoría de Antonio Bru establece unas pautas sobre la forma en que un tumor sólido se desarrolla y propone vías de ataque a esa invasión, basándose en modelos matemáticos que ya habían sido presentados unos años antes.
Como siempre sucede con estos temas, la noticia fue una verdadera bomba, y muchos enfermos de cáncer acudieron a sus médicos para poder probar ellos también la nueva terapia. Bru, que trabaja en el departamento de Matemática Aplicada de la Universidad Complutense de Madrid, fue el ojo del huracán, y por ello tuvo que emitir una nota de prensa explicando que su tratamiento se halla en fase experimental, siendo necesaria una experimentación mucho más amplia para validarlo, que no existen por el momento protocolos de tratamiento y que espera que en el futuro se pueda saber más. Sin embargo, él mismo fue responsable de, los primeros días, crear unas expectativas que no se sostienen a la luz de los datos. La misma AECC y la Sociedad Española de Oncología Médicaalertaron de la forma en que un caso excepcional, una anécdota, se pretende tomar como aval científico de una terapia.
Sólo con una estricta aplicación de los métodos científicos de estudio y evaluación de una terapia se puede conseguir un avance en la lucha contra esta enfermedad. Crear falsas esperanzas, aprovecharse de la desesperación ante una enfermedad que es, a menudo, incurable, es una irresponsabilidad casi criminal.
Nota:
La segunda parte del artículo sobre cáncer y productos milagros llegará la semana que viene. Y espero poder incluir en él -si procede- un reflejo de la discusión sobre esta primera parte.