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Mi querido Navarrico, le propongo un juego mental. Imagine usted que declaramos a ciertos seres humanos como "seres humanos de lidia".
Los seres humanos de lidia serán criados durante años y años en las mayores comodidades. Tendrán acceso a los más sofisticados placeres, a la mejor comida, a una crianza fantástica que les convertirá en los seres humanos más perfectos de la creación.
Pero ay, todo esto tiene un precio. Tanta molicie y vida fácil se paga un día en la plaza. Llega un día en el que al ser humano de lidia se le selecciona para morir haciendo honor a su nombre. Se le lleva a una plaza y un señor montado en un caballo le persigue y le clava una pica enorme en la testuz. Acto seguido otros señores vestidos con algo que les oprime los cojones le clavarán en la espalda varias enormes lanzas llamadas "banderillas". Después otro señor de cojones apretados le puteará a usted, ser humano de lidia (¿por qué no podría ser usted mismo?), haciéndole correr y correr con sus heridas abiertas mientras se desangra, en justa y viril lid, para finalmente recompensar sus esfuerzos con una muerte más o menos piadosa a base de clavarle profundamente una larga espada en la nuca. Piadosa, si tiene la suficiente destreza para que todo acabe relativamente rápido, digamos unos 5 minutos de agonía nada más. Si no, siempre queda la gracia del descabello.
En esos minutos finales de su existencia debe usted estar orgulloso, ser humano de lidia. Ha cumplido usted con el propósito de su vida. Se ha pasado una vida regalada y ahora todo ese sufrimiento atroz es solamente el justo pago a las atenciones que le han dispensado. Tenga en cuenta que sólo se le cría para ello. No tiene usted más dignidad que su muerte. Su vida no importa, es SU MUERTE lo que le dignifica... porque se le ha criado para ello. Y no sólo la muerte es la dignidad final. Lo que importa es la calidad de la agonía.
Vale, nadie se lo había avisado antes. Pero eso es irrelevante. Su destino era ese y no tiene elección.
Y no se le ocurra rebelarse contra su destino. Si acaso utiliza esos dones que tiene usted (fuerza, inteligencia, etc) para rebelarse y acaba hiriendo o, Dios nos proteja, matando al ser humano de los cojones apretados... prepárese. Morir, morirá igual, pero además será tratado de ASESINO. Si el de los cojones apretados es famoso, su destino será ser recordado como un famosísimo asesino. Recordemos si no al ser humano de lidia "Islero", famoso por haber matado al cojones apretados "Manolete".
¿Tal vez en sus últimos minutos crea usted que habría sido mejor que usted y los de su especie no hubiesen existido? ¿Tal vez crea que es una crueldad crear una especie de seres humanos de lidia sólo para matarlos? Pues no lo crea usted, amigo mío ... seguro que los seres humanos de lidia como es debido piensan de otro modo. Un ser humano de lidia como es debido no piensa que sería preferible no haber nacido que sufrir semejante tortura. Un ser humano de lidia como es debido afronta el sufrimiento con bravura.
Volvamos al mundo real. Usted, amigo navarrico, se arroga el derecho de decidir lo que el toro prefiere. Es fácil : el toro no puede expresar su elección ni llevarle la contraria. Pero suponga, como acabo de explicar, que no se trata de un toro sino de alguien con consciencia. ¿Está aún seguro de que elegiría la muerte atroz?
Y por cierto, sigue sin aclararme si se lidian o no los toros al final del entierro. Por la ausencia de respuesta debo deducir que es de esas incómodas de decir.
Un saludo.
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