Philip J. Klass (1919-2005)
En el verano del 92, los cursos de verano de El Escorial de la Universidad Complutense de Madrid se convirtieron, de repente, en la plataforma ideal que habían querido desde hacía mucho los ufólogos para montar su chiringuito y dárselas de serios. Juan José Benítez había "colado" un curso sobre platillos volantes, metido inicialmente además dentro de la oferta científica para ese verano. Miguel Angel Alario, decano de la Facultad de Químicas y coordinador de esa sección de los cursos de verano, no había tenido más remedio que aceptar semejante curso por indicación del banco patrocinador. Por lo que se ve, Benítez llevaba tiempo detrás de esa jugada, una verdadera patada en la espinilla que iba a ser empleada (como avisamos pronto desde el escepticismo) para promocionarse y darse una pretendida "respetabilidad". ARP consiguió esa primavera movilizar una protesta ante lo absurdo de incluir a los platillos como parte de la oferta científica, sobre todo por el sesgo que introducía su director, con una elección de ponentes en la que se primaba el mercadillo de "lo oculto" y sin un solo escéptico. Era como montar en los cursos de ciencia uno sobre "Creacionismo" y no dejar a un solo biólogo científico explicar que eso era una barbaridad.
La acción desde ARP encontró eco en numerosos profesores de la propia Universidad Complutense, que explicaron al rector que los cursos de verano no pueden degradarse de esa manera. Para colmo, el invitado estrella elegido por Juan José Benítez era el hostelero suizo y gran fabulador Erich von Däniken, el mismo que había escrito aquello de que "la universidad huele a pestilencia de mil años". Desde la dirección de los cursos se instó al director, Benítez, que cambiara la elección de ponentes, pero el conocido ufólogo se negó a aceptar que "sus" ponentes fueran modificados. Así que ahí iban a estar muchos de los "históricos" de la ufología española y demás para-anormalidades, como Jiménez del Oso, el padre Pilón, Faber-Kaiser y los entonces novísimos "de la tercera generación" de ufólogos, que se apuntaban a un bombardeo para promocionarse: Sierra, Guijarro, Carballal... Ni un atisbo de planteamientos científicos o racionales, frente a contubernios, astronautas en la antigüedad, extraterrestres o no extraterrestres, poderes paranormales, el conglomerado habitual de la pseudociencia.
En una noticia de Colpisa, Manuel Calvo Hernando (18/5/92) comentaba:
"Uno de los actos previstos [en los cursos de verano] es un seminario sobre ovnis que empieza ya engañando, con el titulo de su director, J.J. Benítez, a quien se llama 'Investigador'. Benítez es un escritor cuyos libros se venden bien porque mezcla en ellos todo tipo de fantasías y disparates, admisibles solamente en el caso de que las obras sean presentadas como novelas, pero nunca como estudios o investigaciones. No sé quienes son algunos de los participantes, pero los que conozco no tienen personalidad científica para intervenir en un seminario universitario, ni siquiera de verano: Fenando Jiménez del Oso, José María Pilón y Esperanza Ridruejo"
Los cursos de verano estaban ya anunciados, y en marcha, y lo único que consiguió Alario fue, en primer lugar, sacar de la sección de "ciencia" al seminario de Benítez y dejarlo en la sección de "extensión cultural". Y, visto que Benítez no quería un debate ciencia-pseudociencia, convocar de forma paralela y concurrente en fechas, una mesa sobre ovnis planteada desde el lado de la ciencia. Para esa mesa redonda se invitó a Philip J. Klass, sin duda la persona que a lo largo de los años había sido capaz de desmontar las afirmaciones de los platillistas dándoles donde más les duele siempre: en los hechos reales que ellos distorsionan y omiten para que las historias de platillos les queden siempre "perfectas". Pacientemente, este senior editor de Aviation Weekly, se había convertido en la bestia negra de los ufólogos de todo el mundo. Desde hacía veinte años, un experto en temas aeroespaciales se dedicaba a discutir con los ufólogos, investigaba sus afirmaciones y encontraba casi siempre los huecos y las enormes fallas metodológicas, además de un buen número de fraudes...
Y así fue que compartimos Félix Ares de Blas y servidor, junto con Miguel Angel Alario como moderador, mesa redonda con Phil Klass, en El Escorial, en plena celebración del curso pseudocientífico, y con protección policial por si los adoradores de los ovnis se ponían violentos (ya alguno había atentado contra el coche de Ares, en una muestra bien clara de cómo escuece a algunos el que se les critique). El curso se hizo, la mesa redonda también, los ufólogos se enfadaron muchísimo con nosotros y nos acusaron de inquisidores y demás gracias habituales.
Pero, dejando aparte que conseguimos que, por lo menos, los asistentes al curso y los medios de comunicación supieran que un tema como los platillos no puede ser acogido sin más por sus proponentes en la Universidad, porque de hacerlo hay que plantearlo desde la crítica escéptica y racional, y más en una institución de conocimiento como la universidad, lo cierto es que recuerdo esos días de julio en El Escorial con mucho cariño porque con ello conocí en persona a Phil. Un tío genial, encantador, bromista hasta las últimas consecuencias. Y sereno y claro en sus planteamientos, en la necesidad de establecer un seguimiento estricto de las afirmaciones de lo paranormal o lo sorprendente si queremos obtener algo de conocimiento cierto.
Phil ha muerto. Me acabo de enterar a través de Perspectivas, que recoge un obituario de UFOmag. Estaba mayor, enfermo, con secuelas de los tratamientos de los últimos años que le habían impedido trabajar los últimos años. Hasta mediados de 1999 publicaba cada dos meses su "Skeptic UFO Newsletter", que enviaba gratis a los amigos y para la que pedía una suscripción millonaria si uno era "ufólogo" creyente... una humorada, pero lo cierto es que gracias a su trabajo asuntos como los papeles del Majestic-12 y el ovni estrellado de Roswell y sus muchas ramificaciones; casos como los de Gulf Breeze, o la abducción de Travis Walton, y tantos otros, pudieron ser conocidos realmente como lo que eran: fraudes perpetrados por personas, porque las personas somos así a veces, y más con un asunto como es el de los platillos.
Autor de varios libros, demoledores y fundamentales, sobre el tema (como "UFOs Explained", "UFO Abductions: a dangerous game", o "The real Roswell Crashed-Saucer coverup" colaboró desde el comienzo en la creación del CSICOP, el Comité para la Investigación Científica de las Afirmaciones sobre lo Paranormal, con Asimov, Sagan, Gardner, Randi, Hyman o Kurtz. Curiosamente, en la web del CSICOP no veo aún comentario sobre el tema.
Ha muerto la persona que consiguió que la impunidad habitual de los ufólogos quedara, al menos, cuestionada desde el pensamiento crítico y la seriedad que requiere cualquier tipo de investigación. Gracias a Klass muchas personas que no nos conformábamos con las afirmaciones de los Benítez, Däniken, Ribera, y demás charlatanes, encontramos que había gente que investigaba de manera seria los temas, que no se dejaba llevar por el impacto de una afirmación sorprendente o de una noticia en los periódicos, sino que se adentraba en esos datos que alegremente manipulaban los ufólogos para montar sus casos "perfectos", encontrando las explicaciones prosaicas y las razones ocultadas.
Para quienes le conocimos aquel verano del 92, ha muerto además un amigo noble, un americano que caía en muchos de los estereotipos de los "yankees" que vienen por España, pero que supo lo importante que era su presencia para pararles los pies a los vendedores de misterios. No es de extrañar que se enfadaran tanto con nosotros, y que desde entonces no nos quieran ni ver. Gracias, Phil. Porque tu trabajo queda ahí como muestra de que es posible hablar de ovnis sin decir majaderías, sin abandonar los planteamientos que requiere cualquier tema cuando se quiere tratar seriamente.
Nos queda tu trabajo y, en el recuerdo, tu sonrisa socarrona. Adiós amigo.