El Padre Del Sintetizador Electrónico
Publicado en EL CORREOTerritorios, Ciencia/Futuro
Miércoles, 7 de septiembrede 2005
El pasado 21 de agosto moría Robert Moog (nacido en 1934), un hombre cuyo apellido está asociado a la historia de la música electrónica: su primer sintetizador, presentado en 1964, revolucionó la música popular: era un conjunto de filtros electrónicos y cables que permitía generar (sintetizar) sonidos, instrumentos que nunca antes habían existido, y crear con ellos música mediante un teclado. No era el primer órgano electrónico, pero sí el primero que consiguió introducirse entre los grupos de música pop, además de tener el respeto de los compositores de música contemporánea. Unos años después, el minimoog, creado por Moog y sus colaboradores, permitió incorporar estos sintetizadores de sonidos a las giras en directo, gracias a su pequeño tamaño. Otras empresas nacieron en la época con idéntica filosofía, creando así un mercado de consumo que, unido a la explosión del Pop a finales de los sesenta, se convirtió en un distintivo cultural. Aunque Moog se desvinculó de su propia creación (tras ser absorbida su empresa por otras) en 1973, siguió creando y desarrollando juguetes sonoros (como él los denominaba) hasta su muerte, aunque gran parte de su trabajo lo realizó como profesor de la Universidad de Carolina del Norte.
Realmente la historia de la síntesis de sonidos mediante sistemas eléctricos primero y posteriormente electrónicos, nació mucho antes, a finales del XIX, de la mano de los primeros desarrollos de la electricidad. En 1876, Elisha Grey (1835-1901) inventó unoscilador eléctrico que proporcionaba una onda sonora, un tono simple, sinusoidal. Grey fue uno de los antecesores del teléfono en los EEUU, aunque perdió las patentes frente a Graham Bell. Grey consiquió un vibrador mediante bobinas, que denominó el telégrafo musical: las señales telegráficas creaban un sonido. Posteriormente desarrolló un altavoz elemental, con una pletina que vibraba, llevando las notas.
El desarrollo en esa época del teléfono permitó comprobar que las ondas sonoras se podían recogen en forma de corrientes eléctricas moduladas, y que luego era igualmente posible traducir esas señales electromagnéticas en sonido de nuevo, con una calidad similar al original. En esta idea, que nos parece ahora algo elemental (en un mundo en el que continuamente estamos comprobando cómo se codifican y descodifican señales sonoras o visuales), participaron numerosos ingenieros y físicos. De hecho, toda la historia de la música y de los instrumentos musicales sufrió a comienzos del siglo XX un importante impulso al incorporar la codificación y la síntesis electrónica de los sonidos.
¿Qué caracteriza un sonido musical? Por un lado su altura, relacionada con la frecuencia de oscilación del tubo (en un instrumento de viento, los más antiguos), o de una cuerda (como en una guitarra o en un piano). Esa resonancia del aire, o la oscilación mecánica, se transmite como una onda de presión: el sonido. Un tono puro es simplemente una onda sinusoidal: su frecuencia es la que percibe nuestro sistema auditivo, la repetición de los picos y los valles de esa onda. Pero un tono puro no tiene matices, mientras que los instrumentos reales sí los tienen. Ello se debe a que además de la frecuencia principal, una cuerda que vibra o un tubo que entra en resonancia, producen ondas más complejas, con diferentes armónicos (múltiplos de la frecuencia original).
En 1763 un matemático francés, Jean Baptiste Joseph Fourier, inventó un sistema de análisis mediante el cual cualquier onda se podía descomponer como una suma de ondas de tonos puros de diferentes frecuencias y diferentes fases (la fase hace referencia al momento en el que se produce el máximo de presión de la onda: dos ondas que sumamos pueden estar en fase si sus máximos coinciden, o desfasadas, si los máximos se producen en diferentes momentos. Las transformadas de Fourier siguen siendo hoy día el mejor método para analizar cualquier onda, como un conjunto de ondas sencillas. Un sonido musical de cualquier instrumento incorpora una compleja figura en ese espacio de frecuencias de Fourier: es lo que caracteriza matemáticamente el timbre del instrumento. A veces esa conformación es especialmente complicada, porque varía con el tiempo. Por ejemplo, un sonido de una cuerda percutida tiene un momento de ataque, en el que la intensidad (que asociamos con el volumen) va subiendo, y en el que se van sumando armónicos; posteriormente permanece como esa suma de ondas y, en un momento posterior, disminuye en intensidad (aunque no todas las frecuencias características a la vez).
En un instrumento musical, la manera en que se realiza esa emisión del sonido depende de muchas características físicas: los materiales de que está construido, incluyendo los barnices (algo que parece ser, por ejemplo, fundamental en la perfección sonora de los violines Stradivarius); pero también la forma de la caja de resonancia, y sobre todo la manera en que se toca el instrumento.
Las primeras síntesis eléctricas de sonidos naturales tenían el problema de poder reproducir todas esas características. En los tres primeros decenios del siglo XX, usando bobinas y válvulas de vacío, se consiguieron pianos y órganos eléctricos con los quelos matices del sonido se reproducían adecuadamente: el problema era que resultaban aparatos muy voluminosos, caros y complicados de mantener. Fue realmente la llegada de la electrónica, con el invento del transistor en 1947, el que permitió el desarrollode una electrónica suficientemente fiable y de tamaño y precio reducidos.
Investigación vs. Popularidad
En los años 60, existían ya sintetizadores de gran calidad, capaces de reproducir incluso las sutilezas de un violín (como el clavioline del francés M. Constant Martin, de 1947, uno de los primeros) o de la voz humana (los primeros sintetizadores de voz, ovocoders, nacieron a comienzos de los años 40). Sin embargo, eran instrumentos utilizados en laboratorios de investigación musical, que poco a poco se introducían en la música culta experimental, de escasa difusión pública, como el Centro de Música Electrónica de Columbia-Princeton (en EEUU) o el IRCAM francés (Instituto de Investigación y Coordinación de Acústica y Música, de Pierre Boulez). Robert Moog consiguió, sin embargo, con su sintetizador, dar el salto hacia el gran público. Y parte del éxito vinode la mano de un compositor y músico electrónico, Walter/Wendy Carlos, que con su Switched-on Bach (1968), una recreación libre de partituras de Johann Sebastian Bach creadas mediante sintetizadores, llegó a las listas de éxito de todo el mundo (el uso delas músicas de Carlos en películas de Stanley Kubrick, otro de los creadores de la estética modernista de finales de los 60, hizo aún más populares estos sintetizadores).
Aunque algunos grupos musicales llegaron a basar su trabajo en el uso de estas tecnologías (en los primeros años 70 se hablaba incluso de moog rock para referirse a estos músicos de rock experimental en los que la electrónica era parte básica), lo cierto es que los sintetizadores después de Moog fueron una herramienta que casi todos los grupos de pop y rock utilizaron en mayor o menor medida. Y lo siguen haciendo.
Enlaces
Moogmusic
Robert Moog and Moog Shynthesisers en Obsolete.com
Moog en la Wikipedia (inglesa), con numerosos enlaces interesantes.