Caye Y Zule
O sea, las Princesas de la nueva película de Fernando León de Aranoa. O sea, Cayetana y Zulema. O sea. madrileña y dominicana. Y putas. O sea. Una reflexión sobre las mujeres prostituidas, sobre el mundo, sobre qué somos y qué queremos ser, o sobre qué podemos y qué soñamos. Sobre amor. Y nostalgia. Sobre la familia, la sinceridad, la soledad. Sobre lo que se dice y lo que no se dice. Sobre miradas. Sobre la inmigración y sobre muchas otras cosas. (Algunas notas del director sobre Princesas están en Cómo Hacer Cine)
Hay mucha poesía en lo que nos cuentan estas princesas de verdad. Quizá el mayor logro de la película es que evita el juicio moral en el que fácilmente se podría haber caído. Lo que queda es un juicio social contundente, como sucedía en "Los lunes al sol", o también en "Barrio" o -quizá de forma más ingenua- en "Familia".
Y Candela Peña, que construye un mundo en su personaje. Algo que sabe hacer muy bien, sobre todo con esa dosis de amargura que también se le veía en "Torremolinos'73", incluso en "Descongélate", en "Días contados"... Con el contrapunto de Micaela Nevárez, otro apasionante trabajo actoral. Y el de Luis Callejo, el novio (sobre todo el cruce de miradas cuando descubre que, realmente, su novia trabaja de lo que trabaja).
Y Manu Chao, que sigue teniendo en esa canción eterna y siempre igual y diferente una calidez que llena las imágenes de esa calle en la que Caye y Zule buscan razones para sobrevivir. "Hay un día... un día que es la hostia", dice Caye. La peli es así.

Una última nota, agridulce. A pesar de que pueda parecer un retrato amable, uno se queda pensando por qué existen mujeres que se prostituyen. No hay putas, realmente, o "prostitutas", sino mujeres prostituidas, en una relación que -y eso sí lo transmite la película- siempre es desigual y humillante para la mujer. No hablo de moralinas sobre lo lícito de comerciar con el sexo, sino del hecho cierto de que gran parte de las mujeres prostituidas son mujeres acosadas y maltratadas por esos clientes que les pagan, en una relación que nunca es de igual a igual.