El Influjo Del Eclipse
Nota:Desde hace un montón de años (como ocho, pero no llevo la cuenta), cada curso, el Diario de Noticias me invita a ser columnista en su contraportada. Este curso me quería haber tomado un sabático, que uno acaba un poco cansado de verse el careto en el periódico todas las semanas, tiende a repetirse u obsesionarse (algo que los lectores de esta bitácora conocen bien) y demás resabíos de la cosa columnística. Para colmo, en el periódico, los domingos, meten una sección de astrología que es tan absurda y vergonzante que incluso me quejé en una de las últimas columnas de la pasada temporada. Uno está hecho a todo, y sabe que los medios de comunicación son así de ingratos, absurdos y analfabetos (por cierto, vean la estupidez última en La Vanguardia, lo cuenta rvr): me ha tocado compartir medio con mucho charlatán (para mi desmayo) y aunque siempre he mantenido las distancias -la elemental distancia que hay entre la razón y el cuento chino- ahí debe seguir la colaboración astrológica los domingos. Bueno, parece que en el Diario de Noticias me quieren -a pesar de todo, especialmente a pesar de mis columnas- y Pablo Muñoz, el director, consiguió convencerme de seguir. Los jueves, ahora, que es cuando va a salir mi columna, que mantiene el nombre genérico de Milenio por aquello de seguir con las tradiciones. Por cierto, alguien me preguntó que si eso tenía que ver con el nombre de ese programa de radio de misterios mentirosos, pero lo cierto es que no, que aquí "milenieábamos" desde mucho antes de que esa historia llegara a castigar a los oyentes. En fin, hoy ha sido mi particular vuelta al colegio, que ha sido un "decíamos ayer" que quedará más patente aún para los lectores habituales de la bitácora: hablo de lo que hablaba estos días...
MILENIO, Diario de Noticias
Jueves 29 de septiembre de 2004
Los antiguos chinos creían que un eclipse se producía porque un dragón engullía al Sol. Sólo tocando ruidosos tambores y chiflos se conseguía ahuyentar a la bestia y devolver al Astro Rey su hegemonía. Los astrónomos reales, castas de gran alcurnia, debían intentar prevenir los ataques del dragón, y eran castigados por el Emperador si fallaban. Dicen que gracias a ello comenzaron el estudio de los astros, por si las moscas y por si su cabeza.
Muchas otras creencias estrambóticas asocian los eclipses a terribles sucesos: algunos afirman que las embarazadas corren riesgo de abortos; ciertos musulmanes creen pecaminoso mirar al Sol en ese tránsito lunar delante de su disco; un conocido modisto auguró, hace seis años, la caída de una estación espacial sobre París e incluso el fin del mundo durante un eclipse.
Uno, que nunca ha creído en esas cosas, pero siempre ha querido disfrutar del espectáculo que ofrece la Luna delante de nuestra estrella, se alegra de que estos días no salga algún orate con la predicción catastrófica de turno, con motivo del eclipse que tenemos el próximo lunes, 3 de octubre. Aunque, si nos fijamos en la prensa, fácilmente podríamos pensar que, por ejemplo, el Partido Popular ha caído en el embrujo del eclipse, con eso de querer presentar su recurso al Constitucional de la ley de matrimonio homosexual. Algo eclipsados, desde luego, sí que andan, llevados de la mano del ultracatolicismo más anticientífico y antidemócrata que cualquier conjunción celeste pudiera convocar. Esperemos que, como a los chinos, se les acabe pasando el arrebato.