Vaya Valla
Publicado en Diario de Noticias
MILENIO, Jueves 6 de octubre de 2004
La solución para la avalancha de inmigrantes parece que pasa por una tercera valla. Primero se hace más alta la doble valla. Luego se pone una tercera. Entre medias, colocamos a los tercios de la legión cada dos metros. Posiblemente, la receta incorporará un número creciente de vallas cada vez más altas conforme los desvalidos del otro lado sean más y más tenaces en sus intentos de traspasar ese diferencial enorme que va entre morirte de hambre y estar en Europa. Posiblemente, se considerará la inclusión de sistemas disuasorios (no, no hablamos de un carnet de inmigrante ilegal por puntos), lo mismo electrifican la valla o siguen con los procedimientos de legalidad (y humanidad) dudosa a ambos lados de la frontera que sigue denunciando Amnistía Internacional.
Mientras tanto, una campaña continua, un poco oculta o que al menos no se quiere ni declarar ni reconocer como lo que es, va creando ese estado de opinión de que no nos hacen falta más inmigrantes (y menos aún tan oscuros, tan subsaharianos, tan poco adecuados), que irá acrecentando el temor irracional, el odio, incluso la violencia y desde luego, la justificación de cuanta valla o atropello sea menester.
Mientras tanto, claro, los compromisos de los países ricos para acabar con el hambre siguen sin cumplirse. El dinero de las vallas podría ser un buen comienzo para programas que vayan disminuyendo esa discontinuidad de renta per cápita de lo dos lados de la desidia, de la vergüenza... Pero eso, está claro, no toca. Ni se pide, ni se exige, ni se valora. Las vallas, sí.