Religión O Religión
Pocas dudas me caben de que la nueva ley de educación que empieza su trámite parlamentario es mala. Es mala, pero no peor que las anteriores (y numerosas) reformas que se han ido metiendo casi cada legislatura en este país en los últimos dos decenios.Es malo lo que tenemos porque produce generaciones fallidas (incapaces de llegar a la media europea en conocimientos y destrezas). Malo porque permite el casi desmantelamiento de la enseñanza pública, incluyendo la completa desmotivación de sus empleados -además de la de sus clientes. Porque mantiene todas las estructuras que aseguran el clasismo, la intolerancia, dificultan la solidaridad entre quienes más tienen y menos tienen, los que llevan mucho tiempo y los que acaban de llegar. Malo porque se sucumbe una y otra vez a las modas en vez de diseñar un syllabus básico, bien definido y entre todos sobre qué es lo que debe conseguir una enseñanza pública en el siglo XXI. Aún no sabemos bien qué es estar alfabetizado en este país.
Y la nueva ley no ataca estos males de raíz, sino que pone uno o dos parches, quizá ni siquiera los más necesarios.
¿Desde hace cuánto tiempo se ha pedido un pacto de estado en el asunto de la educación? El problema es que se suele pedir con la boca pequeña. Dejar todo en manos de un equipo dócil (fiel al partido) de expertos en didáctica produjo el caos de la LOGSE, aunque desde luego si se quería conseguir la enseñanza obligatoria hasta los 16 años por algún sitio había que empezar. Dejar todo en manos de políticos manejados por quienes ganan dinero (y mucho dinero) con la enseñanza, sólo podía ser peor. Lo estamos padeciendo ahora. Pretender mantener un sistema descentralizado a la vez que centralizado sólo puede hacerse con un amplio consenso.
Lo que pasa es que no hay manera de establecer un consenso. Y una de las principales razones para ello es la postura beligerante de la principal empresa que vive de la educación: la Iglesia Católica. Si a ello unimos que el tipo de dependencias que consigue la Iglesia va más allá de lo que una multinacional muy poderosa hace normalmente, entenderemos que la historia sólo va a poder llevar dos caminos: o se hace lo que la Iglesia quiere, o se lucha contra ella.
Así lo ha entendido la Iglesia (Católica), embarcándose en una batalla en la que, esta vez, ha conseguido un gran apoyo social. ¿Por qué? Porque juega con ventaja: se trata de que siga controlando la educación de los hijos de quienes la apoyan. La realidad de la red escolar que depende de la Iglesia es que aparte de ser una empresa muy productiva, representa a un sector sociológico ligado a una idílica "España del bienestar": rentas más altas, mejores servicios y distribución social privilegiada (con adecuados huecos en las zonas más deprimidas socioeconómicamente), mayor pureza de raza frente a la mezcla de la inmigración que cae, mayoritariamente, en la red pública. Además, la ventaja en el juego se la proporciona un Concordato y un buen puñado de resoluciones del Tribunal Constitucional y del Supremo en el que adecuadamente se perpetúa el yugo que mantiene con el tema de la enseñanza de la religión, sobre todo en el aspecto de conseguir convertir en un vacío aburrido el tiempo que deben permanecer en el centro los alumnos cuyos padres han decidido no seguir esa asignatura. Manteniendo además su consideración académica, esta asignatura viene bien para el futuro. ¿Limita el que no tenga consideración académmica para pasar curso el contenido de la asignatura? Realmente, no: la propia labor adoctrinadora que se hace sigue. Se mantiene en la nueva ley ese regalo a la Iglesia de ese espacio de la educación de nuestros hijos para hacer proselitismo con toda impunidad. Pero ellos necesitan más, necesitan que siga siendo una asignatura con nota, no vayan los niños a tomarse al católico en gracia divina que les da esa clase por las barbas de un sereno... ¿No es en el fondo un poco patético que este sea una de las afrentas mas aireadas estos días por las asociaciones que se manifestaban el sábado?
(Siempre he pensado que, teniendo en cuenta que esos niños llegarán a ganarse el cielo, pero los que no vayan a esas clases difícilmente, la Iglesia tenía que estar ya contenta con salvar tantas almas. Lo que pasa es que, como siempre ha sucedido con las iglesias, siguen empeñadas en salvarnos a todos, incluso a los que no queremos su salvación)
Comprendo a muchos padres que apoyan estas reivindicaciones: con la posibilidad de que el Estado te pague la educación en un centro donde estadísticamente encontrarás a los vencedores, bien ordenado y mono y bien situado, ¿quién quiere mandar a sus hijos a un centro en el que se verá condenado a ...? Lo dejo en puntos suspensivos, para qué incidir en lo obvio. Ahora bien, vista la campaña de la Iglesia Católica, parece que lo único importante en la educación de este país es el tema de la enseñanza de la religión católica y las prebendas a la Iglesia. Y no es cierto. Lo más triste de la situación de estos días es que se está hurtando, una vez más, la posibilidad de un debate -al menos el parlamentario- en el que lo que se trate sea realmente la educación.
Comprendo por lo tanto que cada vez más gente esté reclamando una verdadera enseñanza laica. En uno de los comentarios de esta bitácora aparecía:
Manifestación Por Una Educación Laica, Sin Religión En Las Aulas, 15 de Diciembre de 2005, a las 18:30 h, en Plaza de Cibeles, Madrid
PÁSALO
No sé si la convocatoria se convertirá en una manifestación multitudinaria, o si se llegará a realizar. Pero quizá es el momento de decirle a la Iglesia Católica que este es un país que ya no es suyo. Al menos en la palabra de la Constitución. Otra cosa es que, de hecho, gran parte lo siga siendo.
Como ya saben, vivo en la diócesis de ese gran ideólogo de la Iglesia Católica española es que el arzobispo Fernando Sebastián. GNUdista recogía una frase suya, de su última "Carta desde la Fe" (de su epistolario hemos hablado aquí a menudo, como me recuerda Google). Pueden leer el texto en ecclesia digital. Hasta le doy la razón en algo:
Pero la cuestión de fondo no está ahí. Este recelo contra la presencia de la religión católica en la escuela pública es sólo la punta del iceberg. Lo que realmente pretende el laicismo es limitar la difusión de la religión católica en nuestra sociedad.
Pues sí, señor. Al menos la difusión pagada con el dinero de creyentes y no creyentes, para mayor gloria de los primeros y condenación, además, de los segundos.
Lo que uno echa en falta en esa carta pastoral es el asunto económico. Ese que les ha permitido vivir siempre tan bien, ese en el que tantas prebendas tienen. Tanto afán porque se reconozcan los derechos de la Iglesia como pone Sebastián (y los demás obispos), debería ir acompañado, aunque fuera sólo en una frase, del reconocimiento de la responsabilidad económica que han de tener. ¿Dónde está esa pretendida autofinanciación? Me parece muy bien que muchos de mis conciudadanos quieran tener una Iglesia Católica en este país, pero creo humildemente que se la deberían pagar ellos. Bien saben, claro, que el día que empezaran a cobrar a sus fieles para mantener la economía de su santa iglesia, andarían con problemas. Como Papá Estado les da la paga, ellos, mientras tanto, ahí siguen.
Así que no me extraña que gritaran cosas como: «Zapatero, masón y destructor». «De La Vega, De La Vega, como las brujas a la hoguera».«[...]Como nos priven de ella -de Religión, las llevamos al paredón».
Y ya vale, que hablar de los católicos siempre me deja de mal humor. Hay que ver la guerra que dan...