Ciencia Viva

Desde hace ya 15 años, el programa educativo CIENCIA VIVA permite a estudiantes de bachillerato aragoneses acercarse al conocimiento científico con conferencias, talleres, exposiciones y viajes. Se trata de una iniciativa de las que deberían abundar, pero a pesar de que cada vez ha ido creciendo en Aragón, lo cierto es que por otros lados no ha cuajado algo así. Una pena, y desde luego, un logro el que Miguel Carreras y Javier García, con todo un equipo de colaboradores por multitud de centros educativos, realizan cada año. No lo hago por peloteo: echen un vistazo a la página web del programa y verán lo ambicioso, pero sobre todo lo atinado y entretenido del mismo. Es claro que el déficit científico de la cultura actual no se corrige sólo con esta iniciativa, pero sólo con iniciativas como esta podríamos llegar a pensar en corregirlo.
Varias veces en estos años he tenido el placer -y el honor- de colaborar con alguna conferencia, tanto para los alumnos como para los profesores. Ayer, en el Instituto de Educación Secundaria Domingo Miral, de Jaca, alumnos de ese instituto y del otro instituto jacetano, así como de los dos de Sabiñánigo, me tuvieron en su salón de actos de ponente. Hablaba de si se puede creer uno la pseudociencia, y hablaba del pensamiento crítico (algo en lo que, como saben los lectores habituales, ponemos mucho empeño desde ARP - Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico).
Estos adolescentes/jóvenes, nacidos hacia el año 88 u 89 que llenaban el salón, tenían ya bien asimilado todo un bagaje pseudocientífico que -como pasa con el común de la sociedad- no cuestionarán apenas a lo largo de su vida. Para ellos, es natural pensar que "algo" hay en la astrología que sirve, y al menos todos saben su signo del zodiaco, o incluso saben normalmente cómo dicen los astrólogos que son los nacidos bajo ese signo. Desde luego, gran parte de ellos cree que realmente sí hemos ido a la Luna, pero saben también, porque lo han visto en la tele, o lo han oído en la radio, o encontrado en más de una página por Internet, que posiblemente algún engaño enorme hubo en todo ello. ¿Qué pasa con esa bandera que ondeaba en la Luna? Posiblemente nadie hasta ayer (igual un sufrido profesor suyo, a lo más) les había planteado dudas sobre esas creencias. Y sobre otras bien asentadas no sólo en ellos, sino también en sus familias: muchos de ellos habían tomado anticatarrales homeopáticos esta temporada, por ejemplo, como pude comprobar. Pero nadie les había explicado que eso que estudian de los moles y del número de Avogadro permite hacer dudar muchísimo de que algo como un medicamento tan diluido pueda ser llamado realmente medicamento. Desde luego, se sorprendieron al saber que no hay evidencias serias que permitan creer que existen esos "poderes" de la mente, que la telepatía no ha sido comprobada experimentalmente más allá de algunas curiosidades estadísticas, que lo de la psicocinesis es poco más que ilusionismo y a menudo tomadura de pelo.
Quizá fue la primera vez en que alguien les planteaba por qué necesitamos creernos tantas cosas, o cómo es tan sencillo engañarnos (ser engañados, o engañarnos nosotros mismos) anteponiendo las expectativas, no reconociendo las casualidades... No creo que, tras la charla, dejaran atrás esas creencias, y algunos me decían que a mí tampoco tenían por qué creerme (un buen comienzo, les comenté: no hay por qué creerse a nadie si no aporta buenas razones). Alguno de sus profesores me indicaba que, de hecho, hay supersticiones que invaden el aula -por ejemplo, los amuletos para los exámenes, que llenan sus mesas... Tras la charla, muchos alumnos venían a preguntar sobre alguna cosa en concreto: sobre esos pilotos que han visto ovnis, por ejemplo... ¿ellos no son fiables? Cuando uno les dice que claro que pueden ser fiables, pero que la cuestión es realmente si podemos creernos que son infalibles, tuercen la cara.
Ciertamente, cuando uno tiene ya dieciseis o diecisiete años, ha asumido que un montón de cuestiones, simplemente, ni se cuestionan. Si lo ven en la tele, será por algo. Si todo el mundo lo dice, ¿por qué dudar? Si hasta los adultos son complacientes con todo eso que ellos ni siquiera sabían que era pseudociencia... ¿a qué plantearse que pueden estar engañándonos?