Monote(m)ismo
Publicado en Diario de NoticiasMILENIO
Jueves 16 de marzo 2006
Uno intenta vivir su vida sin seguir los pasos que pretenden marcar curas, obispos, cardenales, papas y demás. Y, desde luego, sin cometer el error de caer en las garras de cualquier otro tipo de iluminado por el verbo divino de cualquier tipo (de dios, quiero decir). Uno se alegra, además, de que vivamos en una sociedad en la que, poco a poco, vamos consiguiendo poder desarrollarnos como ciudadanos sin tener que pedir permiso a estos personajes que, por aquello de tener un libro revelado y un dios omnipotente, pretenden dar en la cabeza con el libro a todo el que se mueva más allá de lo que quieren y, sobre todo, hacer de la omnipotencia de su creador la justificación de sus intentos de usurpar el poder civil.
Pero no es fácil, ni siquiera aquí (no digamos ya si uno vive en un país teocrático, donde la democracia queda suplantada por la voluntad divina, interpretada por los gurús de turno para mayor violación de los derechos humanos). Así que si uno se llama, por ejemplo, Leo Bassi y se le ocurre montar un espectáculo teatral en el que se reflexiona sobre estos temas de la relación iglesia-estado, lo tienes claro. Porque llega un arzobispo, como ha pasado en Toledo, te anatemiza, incitando de paso a sus fieles a guerrear contra el blasfemo, y luego el ayuntamiento, amparado en las empresas biempensantes, consigue prohibirte la función por el contundente mecanismo de quitar la subvención al festival de teatro donde habían programado el acto si no deponen su actitud.
Porque si bien aquí no se montan (ya) actos de fe contra los impíos que osen caricaturizar algún profeta, ni se lapida a la mujer adúltera o se le declara una fatwa al que se atreve a opinar en contra de lo que dice el Libro Santo, seguimos adocenados ante estas injerencias, que lo mismo hacen que se monten extrañas manifestaciones bajo palio incitando al incumplimiento de las leyes de este país que acaban convenciendo a alguien de colocar un artefacto incendiario en el camerino de un honorable bufón. Y así hasta ciento (y si no que nos explique el embajador en el Vaticano qué cosas dice y en nombre de quién). Demasiado monoteísmo monotemático como para llevar una vida medianamente descansada.