Rezar No Sirve Para Eso
La nota de prensa de EFE ha sido ampliamente difundida en los medios estos días pasados:LA SALUD Y LAS CREENCIAS RELIGIOSAS
Rezar no ayuda a sanar, según los científicos
Un estudio analizó el posible efecto de las plegarias en el paciente.
EFE 01/04/2006) La oración en favor de un enfermo no sirve para ayudar en su curación, según un grupo de científicos que estudió los posibles efectos beneficiosos de las plegarias y que publicará sus conclusiones en la revista American Heart Journal.
Durante las últimas dos décadas, diferentes estudios han procurado medir si las creencias religiosas y las oraciones de los pacientes --o en favor de los pacientes-- tienen algún efecto sustancial en la evolución de sus males o la recuperación después de intervenciones quirúrgicas. En este caso, un equipo del Instituto Médico Mente/Cuerpo del Centro Médico Beth Israel Deaoness, en Boston (EEUU) estudió el efecto de las oraciones y concluye que éstas no influían en la recuperación o no del paciente.
Bueno, como cabía esperar por cualquiera con dos dedos de frente y poca fe... podíamos decir. De hecho, así al pronto, uno lee sobre este trabajo y piensa en un buen candidato para los premios Ig-Nobel: tanto esfuerzo para investigar semejante patochada tiene el sello de lo que publica el Annals of Improbable Research. Pero lo cierto es que hay más: hay una larga historia de publicaciones que han solido afirmar ese valor y, desde luego, la acción activa de numerosos colectivos religiosos que lo dan por hecho. A lo segundo, poco se puede aportar: hay creencias para todos los gustos y si bien es cierto que entre algunos fundamentalismos (como los baptistas en EEUU, pero también los de la Meditación Trascendental en un modelo bastante similar, o incluso colectivos budistas, que también los hay, para apoyar "terapéuticamente" mediante sus rezos) se ha puesto muy de moda el asunto, mientras no molesten, cabe pensar, tampoco parecen hacer daño (aunque el estudio del AHJ deja algo en ese sentido). El problema estriba, como siempre, en la manía que tiene cierta gente de convertir algo de su creencia en la verdad única. Lo cierto es que muchas afirmaciones de las creencias son irracionales, pero el tema de que rezando se mejora la salud es algo que sí se puede comprobar. Y no es nada nuevo.
Hace año y medio escribía por aquí "El Valor Terapéutico De La Oración", en el que refería el estado de cosas entonces sobre el asunto. Y esto nos permite poner en contexto el estudio al que hace referencia la noticia. Ya hace unos años (en noviembre de 1999) se presentó un estudio, en Archives of Internal Medicine, de W.S. Harris et al., donde se pretendía haber encontrado un valor terapéutico a la oración. "Utilizando una muestra de unos mil pacientes, habían dividido a estos en dos grupos. Los pacientes del primero recibían la ayuda de un grupo de oración que rezaba por ellos. Los del grupo de control no. Los resultados era realmente notables: los del primer grupo habían abandonado la unidad de cuidados intensivos el primer día en mayor número, tres veces más que los que del grupo de control." (comentaba yo en el artículo citado) Unos años después, en octubre de 2001 aparecía otro experimento sorprendente del Centro Médico de la Univ. de Columbia en Nueva York (Kwang Cha et al, en Journal of Reproductive Medicine, en el que se concluía que la oración había "ayudado" a que técnicas de reproducción asistida fueran más efectivas (si lo oyen los obispos de la Confe les da un pasmo jajaja). Como contaba en mi artículo, haciendo referencia a un texto de Bruce L. Flamm del Skeptical Inquirer de septiembre de 2004, estos experimentos se habían desmontado por graves errores de selección de las muestras y demás barbaridades... Hay que añadir algún otro estudio que se realizó también en esos años, y que parecía apuntar a un valor terapéutico de la oración en ciertos casos. Por ejemplo, el de L. Leibovici, del Depto. de Medicina del Rabin Medical Center de Israel, "Effects of remote, retroactive intercessory prayer on outcomes in patients with bloodstream infection: randomised controlled trial", publicado en 2001 en el British Medical Journal. Un estudio interesante, porque analizaba también el efecto retroactivo.
Y más aún, tampoco era la primera vez que se afirmaba algo de eso. En 1965 se publicaba el estudio de Joyce y Welldon, del London Hospital College en el Journal of Chronic Diseases, "The objective efficacy of prayer. A double-blind clinical trial". En él, se estudiaron 19 pares de pacientes a lo largo de 18 meses, en una mezcla doble-ciego con periodos de rezos de seis meses. Aunque en uno de los periodos el grupo con plegarias mejoró, luego fue al contrario y aquellos primeros resultados no fueron concluyentes. En 1969 se publicaba el estudio de Cohipp con 18 niños con leucemia, donde el análisis -con un diseño de triple ciego- apoyaba el efecto terapéutico de la oración (Medical Time, "The efficacy of prayer: a triple-blind study").
La historia de este tipo de planteamientos, como vemos, no es precisamente nueva, y normalmente se atribuye a Francis Galton la paternidad de la idea, al menos de la idea de que la ciencia analizara este tema. El gran científico (por cierto, interesante la web que se dedica a su memoria y en donde se puede encontrar, oh maravilla, el texto) escribió en 1872 "Statistical inquiries into the efficacy of prayer" en el Fortnightly Review, que además fue una de las primeras aplicaciones de la estadística como herramienta científica. Galton se refería en ese artículo a un estudio anterior del Dr. Guy, sobre la longevidad de los reyes ingleses que, a pesar de verse -como cabeza de la iglesia anglicana- en los rezos de todos los fieles, no mostraban una esperanza de vida mejor que la de otras personas importantes coetáneas de ellos. Por cierto, que Galton no encontraba tal eficacia analizando estadísiticamente las muertes y la edad de la muerte de los miembros de casas reales, de clérigos, abogados, médicos y otras categorías (incluía, por ejemplo, los misioneros, muy rezados en la época por los fieles...).
Es curioso que pasara casi un siglo desde Galton hasta Joyce y Welldon sin que nadie se preocupara demasiado por el asunto. Por cerrar un poco los precedentes históricos, entre 1965 y el artículo de Harris de 1999 hubo varios estudios, destacando el de Randolph Byrd "Posivitve therapeutic effects of intercessory prayer in a coronary care unit population", publicado en el Southern Medical Journal en 1988. Un estudio ampliamente citado por quienes defendían el efecto de las plegarias, y que he encontrado completo en una página titulada Evidence for God from Science. No es casual: el estudio de Byrd y la marejada ocurrida a comienzos del milenio ha sido muy bien aprovechada por quienes pretenden que la ciencia demuestra la existencia de dios. Por cierto, para los interesados, recomiendo la lectura de un análisis de varios de esos ensayos realizado por Chaplain John Ehman, en noviembre de 2003, de la Association for Clinical Pastoral Education, más bien partidario, además del mencionado del artículo -este bastante demoledor- de Flamm en el Skeptical Inquirer.
Pero volvamos a 2006. El estudio que estos días ha llegado a los medios viene a dar la puntilla a las mencionadas (y otras) presuntas pruebas del valor terapéutico de la oración. Como cabía, por otro lado esperar. Se puede acceder al abstract del mismo en la revista American Heart Journal (AHJ). Su título completo: "Study of the Therapeutic Effects of Intercessory Prayer (STEP) in cardiac bypass patients: A multicenter randomized trial of uncertainty and certainty of receiving intercessory prayer", y lo firman un montón de autores (16) detrás de Herbert Benson. Un estudio, esta vez, adecuadamente randomizado, en seis hospitales diferentes, con protocolos bastante más sólidos que las investigaciones que pusieron de moda el asunto (al menos en el plano científico, es obvio que un familiar creyente de un enfermo puede estar perfectamente convencido de que rezando a su dios puede interceder de alguna manera para conseguir la deseada curación. Otra cosa muy diferente, claro, es que algo así esté ni de lejos comprobado.)
Se hicieron tres grupos en los que repartieron al azar a los pacientes que iban a tener una cirugía de bypass coronario. En el primero (604 casos), recibieron plegarias tras haber sido informados de que podrían (o no) recibirlas. En el segundo, (507 pacientes) , no se rezó por ellos, tras haberles informado de que podrían (o no) hacerlo. El tercer grupo (601 casos) recibió las plegarias tras haber sido informados de que se haría así. Lo que midieron fue si había complicaciones en los 30 días tras la cirugía. Y, en segundo lugar, si sucedía un "suceso mayor" o la muerte en ese periodo.
Me encanta la conclusión del artículo. La dejo tal cual en inglés:
Intercessory prayer itself had no effect on complication-free recovery from CABG, but certainty of receiving intercessory prayer was associated with a higher incidence of complications.
(CABG es la cirugía de injerto de bypass en arteria coronal, que fue la terapia en la que se evaluó el efecto intercesor -o no- del rezo). Las complicaciones no se refieren a que era un coñazo tener a la gente rezando por ahí en la UCI, sino a que, en los resultados, encontraron que un 52% de los pacientes por los que se había rezado tuvieron complicaciones tras la cirugía, frente al 51% de los que habían quedado sin rezo, en los dos primeros grupos. Curiosamente, en el tercer grupo (los pacientes sabedores de que se había rezado por ellos, y así era en efecto), las complicaciones aparecieron en un 59%, frente al promedio de los otros dos grupos, los que no sabían si sí o si no, donde sólo un 52% de las veces hubo complicaciones. Lo cierto es que la mortalidad y sucesos mayores fueron idéntica en todos los subgrupos considerados. Por cierto, que en el estudio había centros públicos y también privados, algunos de ellos de carácter religioso.
Habría que añadir, además, que este artículo del AHJ no es el primero que realiza el equipo de Benson, Dusek y Hibbek (y demás). Ya en 2002 habían publicado el diseño de la investigación y realizado el proceso, en la misma revista (el abstract aquí) Una práctica no del todo inhabitual, que en cierto modo marca el interés que había suscitado, sobre todo en EEUU, el asunto. Hay que recordar que, precisamente, en esa época estaba el asunto álgido, con los soprendentes resultados de Kwang.
En definitiva, que a pesar de la idea y a pesar de la abundancia de afirmaciones de que está comprobado científicamente que las plegarias ayudan en algún modo (cabe pensar divino) a la curación, lo cierto es que no hay nada del tema. Más bien, evidencia de lo contrario.
