McEwan Y Un Canon Científico
Ya he comentado por aquí que uno de mis escritores preferidos es Ian McEwan (constato, sin embargo, que olvidé dedicar una entrada a esa vertiginosa novela que es Sábado, me estoy descuidando demasiado). Hoy me ha llegado, a través de un mensaje de Mercé Piqueras (gracias, como siempre, Mercé) enviado a la lista de correo de la Associació Catalana de Comunicació Científica, un enlace avisando de una traducción de un artículo de McEwan delicioso, titulado "El canon científico: en busca de una tradición".La modesta proposición del escritor -y evidentemente amante de la ciencia- es la creación de un canon, al igual que se ha ido creando en literatura, que permita entender cómo se ha ido desarrollando la tradición científica. Qué lecturas han sido más influyentes, qué autores son los más necesarios para entender el conjunto... El artículo, en castellano, se encuentra en las páginas de La Nación, y merece la pena leerse a fondo. Se pregunta McEwan:
Idealmente, tras haber leído a nuestros contemporáneos, releemos a los poetas muertos con una nueva comprensión. En una tradición artística viva, los muertos nunca están muertos del todo. ¿Pueden la ciencia y la escritura científica, una enorme masa acumulada a lo largo de los siglos y semi olvidada, ofrecernos una tradición viva semejante? Y, si es así, ¿cómo podemos empezar a describirla?
Estoy completamente de acuerdo con McEwan: de hecho existe esa línea que marcaría uno (o muchos) cánones. Los científicos han sido lectores de científicos, además de lectores de artículos científicos de otros científicos. Y cualquiera ha quedado marcado por un texto. ¿Cuánta gente se ha convertido en biólogo por haber descubierto a Dawkins? ¿Cuántos alumnos llenaban la especialidad de astrofísica convencidos por haber visto el Cosmos de Carl Sagan -incorporo aquí la tv además de la literatura científica o de divulgación de la ciencia? Yo disfruté de ese librito sobre relatividad del mismo Einstein cuando estaba ávido de saber por qué todo eso no se nos contaba nunca en las clases de física de bachillerato, a pesar de que Asimov escribía continuamente sobre el tema. Posiblemente, además de textos de ciencia y textos sobre ciencia, que estudia McEwan en su artículo analizando los posibles problemas de selección, de estilo, de precisión (¿qué criterio debería ser el preponderante?), habrían de incluirse otros textos literarios, pero que han sido a menudo parte de la formación intelectua (¿necesaria?) de muchos científicos: sé que mis lecturas adolescentes de Verne influyeron de alguna manera en mi profesión, e incluso en mi forma de ver el mundo, de la misma forma que otras lecturas influyeron en mi criterio político o social, en mi descreencia, o en mi gusto en las diferentes artes.
McEwan deja abiertas muchas posibilidades y es cierto que su propuesta es interesante. Tentado estoy de lanzarla por aquí a los lectores habituales: ¿qué textos consideran que serían parte de ese canon de la ciencia? Y, sobre todo, ¿por qué? En el artículo que estoy mencionando, el autor se centra -y me encanta que lo haga- en el trabajo de Richard Dawkins (me recuerda que se cumplen este año el trigésimo aniversario de la publicación de El gen egoísta y me asusto de cómo pasa el tiempo. Yo lo leí, evidentemente, más tarde... ). Y, al final del artículo, en la cuestión de la ciencia y la fé.
Creo que a mediados de la década de 1970, cuando se publicó “El gen egoísta”, pocos de nosotros hubiéramos pensado que le dedicaríamos tanto espacio mental a la discusión de la fe en este nuevo siglo. Creíamos que como no tenía nada útil que decir sobre cosmología, la antigüedad de la tierra, el origen de las especies, la curación de la enfermedad y sobre cualquier otro aspecto del mundo físico, la fe se había retirado finalmente al lugar al que pertenece, la privacidad de la conciencia individual. Estábamos equivocados. Una enorme variedad de adoradores de dios-en-el cielo, con sus numerosas creencias mutuamente excluyentes (todas las cuales debemos "respetar") parecen ocupar ahora cada vez mayor espacio del discurso público. Aparentemente, todos ellos quieren decirnos cómo vivir y cómo pensar, o infligirnos las restricciones que han elegido imponerse a sí mismos.
Qué cierto: posiblemente con un buen número de lecturas científicas (especialmente para) para los jóvenes, se pudiera trabajar un poco para evitar esos totalitarismos del pensamiento. Qué mejor medicina que leer libros que, además, en su tiempo pudieron ser parte del Índice como peligrosas e impías lecturas.
En fin, que me encanta McEwan, y hoy un poquito más. A ver si me pongo a hacer una lista de mis imprescindibles....
Addendum
Se me olvidó comentarlo: el otro día estuve grabando una cosita en la Feria del Libro de Madrid, para TVE2, para el programa de madrugada -horario cultural- "A ciencia cierta". Coincidí además de con el director Esteban Sánchez-Ocaña y del buen amigo y excelente persona Joaquín Araujo con el también buen amigo y académico flamante de la lengua José Manuel Sánchez Ron, quien precisamente esa tarde -era el pasado lunes- dedicaba una charla a Ramón y Cajal, uno de los mentores de esa feria que este año pretende tratar de ciencia (aunque los libros científicos apenas se vean por los puestos, vamos, lo de siempre). Precisamente Sánchez Ron dirige una colección titulada "clásicos de la ciencia y la tecnología", de Editorial Crítica para la Fundación Iberdrola. Precisamente Sánchez Ron tiene un texto titulado "El canon científico", ensayo donde ahonda en la sugerencia de McEwan, y además constituye una propuesta que él convierte precisamente en una colección de libros. Entre ellos está el siempre necesario "Recuerdos de mi vida", de Ramón y Cajal, los "Fundamentos para una teoría de conjuntos" de Georg Cantor, la "Introducción al estudio de la medicina experimental", de Claude Bernard y la genial "Exposición del sistema del mundo" de Pierre-Simon de Laplace (en efecto, ese libro que todo el mundo menciona acompañado de la anécdota del "Sire, no necesito de esa hipótesis", constestación de Laplace a Napoleón, quien le preguntaba por qué en esa exposición no se hablaba de Dios). A ellos se une "Materia y Movimiento", de James Clerk Maxwell, un hueso duro, pero sin duda un clásico necesario.
«Si he logrado ver más lejos, ha sido porque he subido a hombros de gigantes», escribió Isaac Newton a Robert Hooke en 1676. Y si Newton, “el grande entre los grandes” creía esto, ¿podríamos opinar lo contrario nosotros, cuyos pensamientos y vidas se sostienen en buena medida sobre los cimientos que establecieron gigantes de la ciencia y la tecnología?escribe Sánchez Ron, sobre una colección que incorporará pronto más textos: Vesalio, Copérnico, Galileo, Newton, Lavoisier, Harvey, Laplace, Darwin, Mendel, Lyell, Claude Bernard, Pasteur, Ramón y Cajal, Faraday, Maxwell, Helmholtz, Einstein, Marie Curie, Cantor, Born o Heisenberg.
Addendum II
Comenta Toni Hernández en la lista de la ACCC que también Antonio Fernández Rañada ha escrito (en 2002, en El Cultural de El Mundo) sobre el tema (aquí en PDF):
Poco se puede entender del mundo sin integrar ideas cientficas en la cultura personal, pero cuntas o cules? Existe un canon literario, ese catlogo de libros imprescindibles para una persona culta porque sus autores han sido declarados grandes por la tradicin. Podemos hablar tambin de un canon cientfico? La pregunta es pertinente en esta poca compleja en la que es cada vez ms difcil, pero tambin ms necesario, saltar por encima de las tapias que encierran a las especialidades para mirar al mundo en su globalidad, luchando contra lo que Ortega calificaba, con un punto de desmesura, la barbarie del especialismo. Necesitamos disponer de alguna ayuda orientadora, algn criterio para establecer ese canon porque la tradicin se ha escindido aqu en compartimientos casi estancos a partir de mediados del XIX.