Boda Marica Pepera
Un (in)necesario comentario sobre lo del otro día, ya saben: la boda de un gay del PP (o los dos, no sé si los dos eran afiliados, lo que sí sabemos es que eran del mismo sexo y que uno de ellos sí es afiliado) que ofició el alcalde (del PP) de Madrid, y los dimes y diretes que se han traido este fin de semana con el asunto en el seno del Partido Pop. Que se lo miren, podríamos decir, porque es SU problema. Si ellos decidieron en su día recurrir al Tribunal Constitucional la ley del matrimonio homosexual, fue porque así lo decidieron, y la ley les asegura capacidad para hacerlo, más allá de que fuera una estupidez de unos carcas que viven más pendientes de lo que dicen sus confesores de la ultraortodoxia cristiana que de mirarse su ideario de derecha liberaloide. Una de tantas. Si miembros de ese partido no están de acuerdo con el tema y son partidarios de cumplir la ley del matrimonio homosexual, pues también están en su derecho. Y si no, si eso crea un conflicto, imagino, los comités de disciplina de ese partido podrán actuar conforme a su reglamentación, y establecer si los afiliados del PP pueden o no casarse siendo del mismo sexo, o si pueden oficiar bodas de este tipo en los ayuntamientos en los que trabajan como representantes públicos. Es un problema, desde luego, de ese partido: que decidan sus jerarquías si actúan monolíticamente como en otras ocasiones o si dejan cierta libertad. El resto de la ciudadanía, por supuesto, tenemos pleno derecho de poder opinar lo que nos parezca y, espero, los posibles votantes del PP deberán tomar en cuenta qué actitud tiene ese partido, por si consideran que el tema es relevante a la hora de decidir votar por ellos en cualquier elección. El espectáculo que están dando, también en este tema, les deja, en cualquier caso en evidencia ante la ciudadanía. Ellos verán si esto les conviene de cara a las cercanas elecciones municipales y autonómicas.
Personalmente, se me hace difícil pensar que un gay puede ser en estos momentos afiliado al PP, teniendo en cuenta que la línea oficial del partido apuesta tan evidentemente por la homofobia (defendiendo políticas que dejan menos derechos para los ciudadanos que son homosexuales). Pero incluso los gays tienen todo derecho a estar equivocados o a ser inconsecuentes con sus planteamientos. O, ya puestos, incluso de ser homófobos -que no sería nada nuevo en el mundo GLBT, y es que la mala educación puede crear monstruos de todo tipo. Pero, visto el estado de las cosas, me hace bastante gracia ver cómo concejales del PP ofician bodas de gays y lesbianas, como si no fueran del partido que son. Como si la cosa no fuera con ellos... ¿eso es ser un político competente? Para mí que no.
Por supuesto, no podía faltar en el asunto la esperable intervención de la jerarquía católica. Otra casa con encontradas posiciones en el tema GLBT y las bodas homosexuales, aunque con claros posicionamientos por parte de los poderes (ya saben, y en este caso la cosa emana parece ser de su dios, con lo que la autoridad es más alta que la de una junta directiva de un partido...). Otra casa con gays y con algunas bodas gays también. Con menos movimiento lesbiano porque ya se sabe que aquí, además, la mujer tiene un papel aún más secundario. Una vez más, están en su derecho de decir lo que sea, aunque lo que sea que dicen atente contra derechos y libertades fundamentales del ser humano y que incurran en la provocación y en las campañas más llenas de mentiras y odio que uno pueda imaginar. Con su pan se lo coman: sus fieles (los católicos) deberán mirárselo también, porque es SU problema. Nuestro problema, el del resto de los ciudadanos, es que este grupo de los católicos actúan (a la luz, pero también por detrás de las bambalinas) como poderes políticos. Y amparados incluso en prebendas bastante poco comprensibles, aunque bien asentadas en nuestro sistema legal. Por mi parte, a ver si lo cambiamos pronto y se les acaba esa capacidad de manejar tan extrademocrática.
Lo divertido es ver cómo se "pegan" dialécticamente entre los PPeros y los obispos. Más o menos, claro, que alguien les ha debido recordar hoy lunes que mejor no marear la perdiz, que queda feo. Y es que, ya decíamos, eso de que las elecciones se acerquen, de que los indicadores sociológicos muestran tan claramente cómo la sociedad ha superado el debate de las bodas homosexuales, deberá hacer que los políticos se desmarquen poco a poco de la muy monolítica posición católica. Y uno esperaría que esa misma posición avanzara un poco (unos cuantos siglos hacia el presente), aunque si las cosas de palacio van despacio, las de la catedral ni se ven en movimiento.
Mientras tanto, el mundo no se ha caído por tener, desde hace un año, los matrimonios homosexuales. No hemos visto familias desmembradas, ni una sociedad enferma abocada a su autodestrucción. Esos apocalípticos escenarios que predecían los cientos de miles (muchos, pero menos de los que decían las cuentas de los sicarios mediáticos de la derecha católica) de manifestantes convocados por la ultraortodoxia católica no se ven por ningún lado. Como todo el mundo sabíamos menos ellos, que sólo se miran el ombligo y sólo atienden al más rancio catecismo del odio. El otro día le intentaba explicar a un amigo americano la situación y se sorprendía de la "normalidad" con que todo se está desarrollando. Le expliqué que, como pasa con otras cosas, los católicos al fin y al cabo llevan su religión con muy poco ánimo normalmente, única manera de entender que por aquí se vendan tantos condones como se venden, o se practiquen tantos abortos como se practican, o se realicen tantos divorcios como se realizan etcétera etcétera. Que al fin y al cabo la muy católica España lo ha sido, salvo cuando la cruz iba acompañada del mandoble y tentetieso, un oasis en comparación con otros sitios. Especialmente, conveníamos, cuando se toca el tema sexual. Y es que, ay, con estos calores a ver quién se mantiene pío y vaticanista 100%. "De todas formas", me decía, "hay que ver lo que nos joden a pesar del celibato". Santas palabras. Pues con el PP lo mismo, lo que pasa es que ellos ni siquiera dijeron nada del celibato...